Lucas Albor

La imagen del escritor por Lucas Albor

– Pero, tú no tienes pinta de escritor, ¿eh?

– ¿Cómo? ¿Perdona?

– Nada, eso, que no pareces escritor…

Conversaciones parecidas suelen surgir en las presentaciones, charlando con una cerveza, o cuando la gente se entera de que he publicado una novela. Tarde o temprano sale, casi de manera inevitable. Parece que no tengo aspecto de escritor. Tampoco le doy demasiada importancia, pero es cierto que me resulta cuanto menos curioso, incluso sugestivo.

Básicamente, porque nunca me lo había planteado, quiero decir, si para escribir era necesario poseer determinados rasgos, o dar una determinada imagen. Simplemente escribía y punto. Ahora, escribo más o menos al mismo ritmo de siempre, tengo rachas, pruebo cosas, dejo textos a medias, los retomo, los corrijo, sigo intentándolo, muevo el libro, y entretanto me busco la vida. Supongo que algo así debería de ser. Sin embargo, la imagen, por algún oculto motivo, no encaja.

Ahora bien, ¿cuál es la imagen del escritor, o en general la imagen del artista? Seguramente, y ese es el punto incómodo, no tenga en absoluto que ver con nada de lo que uno escriba. Porque Golondrinas muertas en la almohada está funcionado.

Hay capítulos y párrafos que pasan por delante de ti como pasa un tren de mercancías. Rápido y sin previo aviso. Y tus ojos recorren el siguiente capítulo mientras tu cerebro saborea el anterior. Marcos Martínez

Un prodigio lingüístico lleno de fuegos artificiales que el lector no puede más que lamentar que termine cuando llega a la última página. Alejandro Gamero de La piedra de Sísifo

Cargada de descripciones grotescas, sucias, frías, escuetas y detalladas, dignas de una novela de Bukowski o Welsh. Daniel Aragonés de Surrealismo Subjetivo

Las críticas en general son positivas, la novela engancha, gusta, entretiene y hace pensar. Pero, pese a todo, sigo sin dar esa imagen. No tengo aspecto de escritor. Vamos a ver, ¿dónde está el problema?

Editorial Amarante - Lucas Albor - Golondrinas muertas en la almohada

Editorial Amarante – Lucas Albor – Golondrinas muertas en la almohada

Es por supuesto un problema conceptual. Un problema de heurísticos. Me da la impresión de que en el imaginario colectivo, al hecho artístico pareciera acompañar cierto aura, una serie de cualidades no definidas que nos permitirían identificar a tal o cual persona como escritor, pintor, etcétera. Tal vez un fular, o un abrigo raído pero coqueto. Tal vez un libro bajo el brazo, un peinado extravagante, quizás un sombrero cuidadosamente ladeado. Inflexiones en la voz, una forma peculiar de caminar, una mirada soñadora, cosas así. Ya sabéis, las musas.

Entonces, una vez alguien se entera de que me han editado un libro, rebusca en su cerebro para averiguar si las atribuciones previas que se había formado acerca de mí, encajan con su preconcepción acerca del genérico “artista”. Y no encuentra nada. Yo no llevo sombreros ni fulares ni hablo con las musas. Me limito a escribir. Maldita sea. Entonces sueltan esa frase, sonriendo casi con extrañeza, de una manera ambigua. Tú no tienes pinta de escritor, me dicen. Lo importante, por supuesto, era el aura, no la obra. Da igual lo que hagas, con tal de que le cuentes a la gente que lo haces. Entonces todo encajaría.

Supongo que es por eso, por lo que no doy la imagen de escritor, o de artista. No me visto como un artista, no hablo como hablan los artistas, no tengo amigos artistas, y apenas hablo de las cosas que escribo. De hecho, no me gustan los artistas. Ni los escritores. Me caen mal. Porque sospecho que la imagen del escritor tiene muy poco que ver con el valor de lo que uno escriba. Y a mí lo que me gusta es escribir, os lo aseguro, no ir por la vida contándole a la gente lo fantásticamente bien que escribo. Así que no, no tengo pinta de escritor, lo siento, qué le vamos a hacer, nadie es perfecto, ¿verdad?

Artículo de Lucas Albor.

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