Para aquellos que no lo sepan, me presento: mi nombre es Aitana Monzón y soy una de las semifinalistas del I Premio Nacional de Poesía Viva #LdeLírica.

Supongo que como quien juega a la lotería y espera las horas, impaciente, frente al calendario, así espero yo cada vez que envío un nuevo poemario, novela o columna con el fin de que vea la luz, de que sea premiado, de que sea editado. O lo que es lo mismo, de que sea reconocido el trabajo sudado y sangrado. He de decirles también que el mundo de las letras es una vorágine que viene y va, que se mueve hacia el sur o el norte dependiendo de la marea. Y la marea, en este caso, no es más que el juicio y la decisión de unos señores jueces. O de un oráculo que vaticina nuestro propio destino. (Hay que ver lo exquisitos que nos ponemos los artistas cuando hablamos de nosotros mismos…) En este caso, se me ha pedido hablar de lo que para mí supone enfrentarse a un micro abierto en el I Premio Nacional de Poesía Viva #LdeLírica convocado por El Corte Inglés junto con el Teatro Real. Les voy a ser sincera. Puestos a hablar del destino, ¡quien me hubiera dicho a mí un año atrás que mis más profundos pensamientos verían la luz! Soy joven. Tengo, dicen, toda la vida por delante. Pero también tenía toda la esperanza por detrás. Escribir es el motor de la vida. Es la impronta que merece nuestra memoria a su paso por la tierra. Es desgarrarse el alma a trompicones, “volar y acariciar la lluvia. / Es ahogarse y naufragar en fuego”, como detallo en uno de mis poemas. Todo acto pasional conlleva un gran acto de amor y sacrificio detrás. ¿Y qué hay más pasional que la poesía?

Ahora estoy tranquila, en septiembre Deus providebit. Decía mi muy querida Dickinson que “ignoramos nuestra verdadera altura hasta que nos ponemos en pie”. Me dice mi círculo que soy persona de poca fe. Yo quiero pensar que soy alguien objetivo. De todas formas, en la poesía no hay rival, como no hay fronteras y no hay dos puños iguales. Cada uno, con sus más y sus menos, defenderá lo suyo como si fuera hijo de su sangre. Reiremos, quizá. Nos equivocaremos, nos pondremos nerviosos, sí, también. Pero aprenderemos el valor de la justicia y la tolerancia, que parece escasear en estos días. Yo, por mi parte, prometo defender lo mío con la misma pasión con la que lo creé. Buena fortuna, pues. Y que Atenea me asista.

Aitana Monzón


1 thought on “In bocca al lupo

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