Me sugiere al leer el título de su poemario, Palabras me lleven, que Francisco Rubén Rosa se ha entregado por completo a su creación, anteponiendo la creatividad a su propia voluntad, manifestando su condición de instrumento al servicio de las letras. Nada es lo que aparenta sin embargo, ni siquiera el título, lo suficientemente sugerente como para intuir el contenido que espera encerrado en este bello poemario.

Antecede al poemario de Francisco Rubén Rosa, una portada elegante y a simple vista sencilla, pero cargada de misterio y simbolismo.

Como si hubiera encarnado a algún autor del Siglo de Oro, Francisco Rubén nos muestra una poesía heredera de los poetas culteranos, de aquellos que hacían de la poesía altar para venerar las letras, esmeradamente elegidas, tratadas como emperatrices, dueñas de la creatividad y de un universo único que él sabe describir y mostrar a la perfección. Su poesía es una exaltación del léxico más exquisito, poesía para gustos refinados, para amantes de las letras… de las buenas letras. Eso, en cuanto a su apariencia externa, porque a poco que leamos algunos de sus versos podremos comprobar que su poesía abarca un gran número de temas que nos conduce y transporta de aquí para allá, en un pacto no tratado pero que se acepta con gusto. Francisco Rubén juega a las adivinanzas con el lector, que de no estar atento puede llegar a perderse como prisionero en el laberinto de Creta. Su gusto por la historia clásica nos deja reminiscencias que aluden a la antigua Grecia, como encarnar en una estatua griega de un museo, o nos transportan al mundo de los personajes de caballería que tanta fama y prestigio la pluma de Cervantes les otorgó. Poesía misteriosa y enigmática que convierte un simple gesto mundano como dar un paseo por una calle cualquiera, en un mitológico viaje cargado de sensaciones y elevada visión literaria. Son sus versos magníficos vehículos para homenajear a aquellos grandes como Salinas o Quevedo, pero también para agradecer de una manera majestuosa y ejemplar a quien fuera su profesor, Juan Antonio González Iglesias, a quien no pasa por alto y menciona en su contraportada y a quien también dedica un hermoso verso.

Una delicia, un reto, un descubrir y en definitiva un auténtico placer supone leer Palabras me lleven, versos que deben ser leídos con calma, saboreándolos lentamente, un disfrute para los sentidos, pero también un tributo al intelecto y a la cultura en general.

Isamar Cabeza


1 thought on “La belleza y el misterio fundidos en los versos de Francisco Rubén Rosa

Gracias por comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: