Nueva York

Nueva York fue el corazón origen de Estados Unidos y es magnífico asistir, con su lectura, al crecimiento de una insignificante colonia sobre la desembocadura del East River en el océano Atlántico.

Tiempo de lectura:7 Minutos

Rutherford escribe su novela Nueva York con la fuerza de un habitante de la misma, que bucea en la Historia alimentando las sagas de una familia holandesa, otra italiana y una tercera inglesa durante cuatrocientos años, sobre un territorio habitado también por indios aborígenes, los primeros, los genuinos pobladores de la zona, y esclavos negros, que fueron llevados de África a América durante tres siglos para ser vendidos como fuerza de trabajo.

Nueva York fue el corazón origen de Estados Unidos y es magnífico asistir, con su lectura, al crecimiento de una insignificante colonia sobre la desembocadura del East River en el océano Atlántico. En esta novela histórica, donde grandes hitos bélicos, políticos, terroristas y también catástrofes naturales ponen marco a dos dinastías, una holandesa y la otra inglesa, la ciudad brilla como el faro que jamás se hunde, por muchas revoluciones que se den cita en sus calles. Generaciones enteras de holandeses e ingleses van enfrentándose entre sí, poblando el puerto y construyendo cabañas y modestas casas, negociando con los indios y rindiendo cuentas a sus metrópolis, ayudados por sus esclavos negros, que fueron traídos en masa desde el noroeste de África, en uno de los más denigrantes tráficos de seres humanos de la Historia Moderna.

Siglo a siglo, según la novela, se van levantando plazas, monumentos, mercados, que van transformando una aldea olvidada del Nuevo Continente en una ciudad faro para emigrantes de todas las naciones del mundo: Italia, Irlanda, Rusia, Noruega, India, Japón… Su condición de puerto de mar con río navegable hacia el interior de tierras norteamericanas la convierte en un punto de encuentro entre comerciantes, caza fortunas, emigrantes, empresarios, banqueros y últimamente turistas.

Rutherford tiene otras dos novelas similares y grandiosas, Londres y París, descritas con el amor y la majestad que se merecen ambas ciudades claves en la historia de Occidente, desde su fundación, hace dos mil años, hasta nuestros días. Hombres y mujeres, ricos y pobres, jóvenes y viejos, cada cual con su carácter, unos decididos, los otros rencorosos y belicistas, conforman la historia de la ciudad en la que viven y que aman con pasión. El autor tiene el mérito de repasar los hitos históricos acaecidos en cada una de ellas como circunstancias vitales de familias luchadoras y asentadas en Londres y París con mayor o menor fortuna.

En Nueva York a menudo las virtudes y defectos de los abuelos y bisabuelos son heredados por sus descendientes en una repetición de juego de dados perverso y continuo. La suerte y el dinero se enlazan una y otra vez en el compendio de setecientas páginas de la novela, prueba magistral de la documentación e imaginación que Rutherford acuñó para no dejar cabos sueltos, para hilar los amores, desamores, guerras y proclamaciones institucionales. Entre todos los episodios narrados, destacan la independencia de Gran Bretaña por parte de Estados Unidos, además de las escaramuzas bélicas de cuatro siglos decisivos en la historia moderna, durante los cuales la hegemonía política mundial pasó de Holanda, España, Francia, Portugal, e Inglaterra a Estados Unidos.

La fascinación por Nueva York se ve acrecentada por novelas como esta, y por decenas de películas que la retratan, además de por crear el mito de la ciudad y tierra de la libertad, donde cualquiera podía hacerse rico empezando de cero, olvidando su pasado miserable. Tal vez el mito se ha hecho realidad, o no, cada neoyorkino podría tener una opinión según le haya ido económicamente, pero lo que sí ha conseguido esta megalópolis cosmopolita es congregar a gentes de todas las razas, religiones y actividades.

Otras novelas sobre esta gran urbe son “Washington Square”, de Henry James, “Ragtime” de E. L. Doctorow, “Última salida para Brooklyn” de Hubert Selby, “La vida fácil’, de Richard Price, “Un árbol crece en Brooklyn”, de Betty Smith, “Las hermanas Grimes”, de Richard Yates, “Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay”’, de Michael Chabon, “American Psycho”, de Bret Easton Ellis, “Otro país”, de James Baldwin o “El hombre invisible”, de Ralph Ellison.

Destacan también por su fama “La Edad de la inocencia”, publicada en 1.920, “Manhattan Transfer” de John Dos Passos, editada en 1.925, “El guardián entre el centeno”, de J. D. Salinger, que salió a la luz en 1.951 o “Desayuno en Tiffanys”, escrita por Truman Capote en 1.958.

Asimismo, algunas de las múltiples películas rodadas con Nueva York como fondo son King Kong (última versión) de Peter Jackson, rodada en 2.005, Un día en nueva York, estrenada en 1.949 por Gene Kelly y Stanley Donan, El diario viste de Prada de 2.006, Otoño en Nueva York de 2.000, La edad de la inocencia de Scorsese en 1.993, Solo en casa 2, estrenada en 1.993 (donde se muestra la Nueva York en Navidad), Historias de Nueva York de Scorsese, Coppola y Woody Allen, Los cazafantasmas de 1.984, Manhattan de Woddy Allen estrenada en 1.979, Kramer contra Kramer de 1.979, Sexo en Nueva York, dirigida por Michael Patrick King en 2.008 y otras muchas que constituyen el fondo de decenas de historias de amor, de negocios, de familias que se enriquecen o empobrecen, de hombres y mujeres que quieren llegar a ser estrellas del celuloide y que pueblan el imaginario colectivo mundial.

Rutherford muestra en Nueva York una paleta de personajes dispares, tanto masculinos como femeninos, de personas que cambian de actitud y sueños a lo largo de su vida, como suele ocurrir en el mundo real, y también de tipos humanos comunes y corrientes que se cruzan con los históricos desvelando la intimidad de unos y de otros. Tras el visionado de tantas películas que nos muestran la ciudad, la lectura de esta obra de Rutherford, nos sitúa en el marco geográfico de edificios y lugares públicos, geográficos también, que hemos visto docenas de veces en pantalla, y que nos hacen creer que Nueva York es nuestra ciudad también, pues las destruidas Torres Gemelas, Central Park, La Gran Manzana, La Estatua de la Libertad, la estación de Pensilvania, la calle 42, la Quinta Avenida, los taxis amarillos o Los puentes de Brooklyn son parte de nuestra memoria visual .

Ambientada y publicada en los años 80 destaco otra joya literaria sobre esta maravillosa ciudad, la novela “La hoguera de las vanidades”, escrita y publicada en 1.987 por Tom Wolfe, donde un rico empresario nos muestra su personal ascenso al cielo de los ricos y vertiginoso descenso a los infiernos de la pobreza por un asunto, en apariencia trivial.

Otra gran novela sobre el Nueva York de principios del siglo XX y la emigración española en esa ciudad es “La hijas del capitán” de María Dueñas, magistral obra y tema que no abordó Rutherford, ni apenas otros autores, a pesar de la importancia que la comunidad española supuso para esta urbe.

Una gran tristeza invade a los lectores de este libro de Rutherford, y es conocer que la pandemia del corona virus se está cobrando miles de vidas en la ciudad que tanto hemos contemplado en las películas dirigidas por Woody Allen, y cuya fuerza hemos escuchado en las canciones de Frank Sinatra. Muchas de estas vidas perdidas son mayoritariamente de negros y latinos, los más pobres de sus habitantes, que no pudieron pagar las altas primas de los seguros de salud privados de su país, el país, es paradójico, más rico de la Tierra .

En este estado de melancolía emocional te invito ver de nuevo la película “Soy leyenda”, dirigida por Francis Lawrence en 2.007, y protagonizada por Will Smith, en una Nueva York desierta, asolada por una pandemia, que necesita vacuna para que todos sus habitantes vuelvan a ser humanos. A veces la realidad supera la ficción.

A continuación, puedes ver también “El planeta de los simios” de John Dexter, protagonizada por Charlton Heston en 1.968 y sentir el vértigo de los últimos fotogramas.

Leer Nueva York y ver en pantalla tantas películas y series sobre esta ciudad es pasear por la capital del mundo, nuestra segunda casa.

Cuídate mucho.

Teresa Álvarez Olías

Un pensamiento en “Nueva York

  1. Creo que es necesario, querida Teresa, citar la trilogía sobre NY de Paul Auster. Obra imprescindible. Y puestos a citar, la última y magna obra del escritor murciano Pedro López Fernández, novedad 2019 en Amarante, por título: Las cenizas de Manhattan. Obra que recorre cien años de la Gran Manzana en la vida de un emigrante polaco.

Responder a Carlos Cancelar respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.