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Contracorriente, la más bella opción. Iniciativas ciudadanas en pos de la cultura

Cuando el sistema político no ofrece lo que la sociedad necesita, ella misma lo reclama, ella misma lo crea. Se llama revolución cultural.

Llegando ya a finales del último mes, toca hacer recuento del año 2020 no ha sido un año cualquiera, tampoco lo debió de ser el 36 para nuestros abuelos y antepasados, como tampoco ninguno de los que estuvieron marcados por guerras, calamidades y otras pandemias.

Para nosotros este 2020 ha sido traumático, para los que aún podemos contarlo. Nos ha tocado sufrir la pérdida de personas queridas, la falta de libertad acostumbrada, las normas instantáneas que nos hacen estar pendientes de las noticias para intentar no quebrantar la ley… pero estamos, aún estamos y seguimos, eso es lo que importa.

Ni en nuestras peores pesadillas podríamos haber imaginado que tendríamos que vivir una situación así. Represión, aislamiento, soledad, encierro, pérdida de trabajo, miedos, incertidumbre y mucha paranoia. No es cuestión de ser catastrofista, es ver la realidad de nuestro entorno, es analizar, no elucubrar ni formular hipótesis sobre la vacuna ni la fecha en que todo esto acabe, es comprobar lo que el miedo y la mente de cada uno es capaz de crear o fantasear en cuanto al tema.

Siempre me ha parecido muy curioso y simplista, que haya personas que clasifiquen a todo el mundo en base a dos grandes grupos, por ejemplo: los que fuman y los que no o los que dicen todo lo que se les viene a la cabeza y los que se lo callan todo. Hoy yo voy a imitar a este tipo de personas y siguiendo el mismo esquema me voy a atrever a añadir un grupo más al universo de los casos extremos. Así que, haciendo uso de la vieja fórmula popular diré que «existen dos tipos de personas»; los que abogamos por la cultura de cualquier manera y bajo cualquier circunstancia y los que no.

Tan imprescindible nos resulta a los de mi grupo, la cultura, como inútil parece resultar a los que no le prestan atención. «¿Tan importante es?». Se preguntarán muchos. «En momento de crisis hay que atender las prioridades y salir delante de cualquier manera», se oye decir. Sí, estamos de acuerdo y es lógico, pero ¿a qué precio?

Si seguimos con las clasificaciones también podemos ver que existen aquellas personas que perseguirán sus sueños durante toda su vida y los que se apañan cubriendo sus necesidades materiales. Unos sacrifican bienes materiales por satisfacer el espíritu y otros sacrifican sus sueños por poder tener todos los bienes materiales que se les antoje. La satisfacción no es comparable en ningún caso, pues cuando es el alma la que se enorgullece o alegra por un logro conseguido, el momento se graba a fuego y cada vez que lo recordemos estará intacto, en el mismo estado que estaba cuando lo vivimos. Sin embargo, cuando la alegría viene dada por la compra o el regalo de un objeto es una emoción efímera, que satisface un rato pero no a nuestra esencia, solo al ego y eso además de que no perdura, crea dependencia, crea necesidad.

La cultura, ese espectro luminoso, voz que nos habla en verso y nos envenena el alma con sabiduría, concepto difuso para muchos y tan valioso para otros, provoca que muchos nos pongamos a su servicio sin pedir nada a cambio. Todo se resume en tener el objetivo claro, es saber con total certeza que el ser humano debe cultivarse, debe aprender a pensar por sí mismo para ser libre, para poder sacar sus propias conclusiones y tomar sus decisiones según su propio criterio. La cultura no congenia con el miedo ni el adoctrinamiento, no agrupa bajo un mismo pensamiento, ahí está la gracia, ahí está el encanto, el que cada cual aporte algo diferente según su inteligencia, su emoción, su sensibilidad… La cultura nos descubre como seres genuinos y auténticos, eso es lo que debemos defender, sernos fieles a nosotros mismos, frente a ser esclavos del miedo y del sistema.

La cultura siempre engendrará a seres libres, soñadores utópicos que dan aire fresco a la humanidad, soplos de aliento, vientos de vida, flores silvestres que sin manos que las cultiven, crecen, adornan, perfuman y embellecen la vida de todos.

Espacio radiofónico dedicado a la cultura

Isamar Cabeza

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