Editorial Amarante en la Feria del Libro de Madrid

La caseta de la Librería Gaztambide acogerá las firmas de nueve autores que publican con esta editorial.

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Amarga la época en la que impera el silencio

Tiempo de silencio es una novela de Luis Martín Santos decisiva para entender la literatura española del siglo XX, en especial la de los años 60.

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Erasmo Cachay, presente en el Día del Libro del Instituto Cervantes de Múnich

El acto contará con más escritores que debatirán sobre escribir en español en el “exilio lingüístico alemán”.

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“El abismo en el tiempo”, de Howard Phillips Lovecraft

Estamos ante una historia corta y angustiosa, magistral, narrada en primera persona. Se trata de una obra precursora de las novelas posteriores de ciencia-fiction del siglo XX, basada en datos científicos, en descubrimientos geográficos e históricos, muy al estilo de los siglos XVIII Y XIX.

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Carlos de Tomás: “Hay que escribir con verdad”

El novelista, poeta y biógrafo presentó “Zapatos en la estrada”, una historia urbana de perdedores.

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Feliz año 2018. Más lectores, libros y librerías

Entramos en 2018 y nos  deseamos unos a otros suerte, paz, amor y felicidad.

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Campaña “Lee con Amarante”: Diciembre

ACALANDA Magazine en su propósito de conseguir fomentar el hábito de la lectura continúa su campaña “Lee con Amarante“. Con este motivo obsequiaremos a los lectores de ACALANDA Magazine 20 unidades de uno de los títulos de Editorial Amarante.

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Oscar Wilde. De Profundis, el peso de una sociedad intolerante

Conmemoración de la muerte de Oscar Wilde. El 30 de noviembre pasado se cumplieron 117 años de la muerte de Oscar Wilde, gran dramaturgo, poeta  y escritor en prosa. Nació en Dublín, cuna de insignes escritores reverenciados por el pueblo, en el tiempo en que Irlanda pertenecía al Reino Unido. Fue un brillante alumno, tanto del Trinity College de la universidad irlandesa primero, como de la universidad inglesa de Oxford después.

Alumno de arte y literatura clásicas, de Grecia y Roma. Empezó a publicar libros muy joven. Nacido en una familia rica y tradicionalmente irlandesa, en su juventud buscó la belleza en cualquier obra de ingenio artístico y literario y así la plasmó en la suya propia. Fue un esteticista de gran fama social en sus artículos, en sus poemas y en su única novela: La importancia de llamarse Ernesto. Políticamente practicó un cierto anarquismo filosófico y gustó de llevar una vida hedonista y lujosa. Se casó,  tuvo dos hijos y pudo publicar ampliamente, triunfando en la sociedad de su tiempo. Pero, todo cambió cuando conoció a lord Alfred Douglas y mantuvo un romance con él.

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Oscar Wilde en Merrion Square, Dublin

Debido al derroche monetario que ambos practicaban, Wilde empezó a perder dinero y a la vez le denunció el padre de su amante por sospechar una relación fuera de la norma entre ambos. Tras la denuncia tuvo lugar un juicio, que revolucionó las costumbres moralistas de la época y alcanzó mucha repercusión, debido a la fama de Wilde. La sentencia se dictó de manera ejemplarizante y condenó, por el delito de sodomía, a dos años de trabajos forzados en la cárcel de Reading, Londres, al insigne autor.

Fruto del trauma que supuso la estancia en la misma, donde el frío, la escasa comida y el trabajo demoledor eran continuos, Oscar Wilde escribió De Profundis en 1895, un revulsivo libro donde el escritor busca la felicidad en la humilde vida cotidiana de presidio, en el recuerdo a su amigo, incluso en el tocar fondo socialmente.

Esta obra en prosa, escrita en primera persona, de unas doscientas páginas, describe la aceptación de la condena y el descenso a los infiernos de un vividor, que nunca antes había conocido la miseria, la soledad ni el desprecio de nadie. Wilde no se rebela en este libro, solo se dirige a su amante explicándole que el padre de éste le denunció por gastar entre ambos una considerable fortuna y también porque condenaba la relación amorosa entre los dos.

La sociedad de finales del siglo XIX no podía aceptar una relación homosexual, al contrario, la encarcelación del famoso escritor desencadenó una represión sexual en toda Europa. Como consta en De Profundis, el autor pierde la patria potestad de sus hijos e intenta encajar este gran dolor en la esperanza de recuperarla cuando salga de la cárcel, pero no la recuperará, lamentablemente. Es más, Oscar Wilde vivió solo unos pocos años tras su puesta en libertad, y ya no pudo volver a ser el famoso e influyente escritor de antaño. Murió en París, sumido en la indigencia, a los 45 años.

De profundis supone un antes y un después en la obra  y vida del autor. Antes amaba la naturaleza, la patria, la buena comida, la vida relajada, la fama, el ocio, el culto a las letras clásicas, la caricatura social desde su posición de influyente articulista y dramaturgo inteligente, fuera de lo común. Ahora, al pasar por la cárcel, el protagonista y autor ama al pueblo inglés, a las sufridas clases populares que trabajan de sol a sol y que pueden ser encarceladas por delitos comunes.

En este libro, escrito en presidio junto con el poema La balada de la cárcel de Reading, cuenta la desolación en la que vive a su antiguo compañero, aunque no se dirige a él como a un amante, lo que habría resultado aún más escandaloso para la gente de su tiempo. Wilde describe una relación, pero no se jacta de ella, al contrario, comprende que debe ser, que es, una relación prohibida y poco conveniente. Se lamenta del dinero gastado y del tiempo dedicado a su amigo, dando la razón a la sociedad que le ha condenado, acepta su castigo, defendiendo a la vez el amor filial, la amistad, el patriotismo, e incluso el orden establecido en las costumbres. La obra nos muestra gran dominio del lenguaje y exacerbada percepción de la belleza en la naturaleza y en las relaciones humanas.

Teresa Álvarez Olías

Fotografías: Cortesía de Wikipedia

Campaña “Lee con Amarante”: Noviembre

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Libros juveniles

Juvenil 1Uno no es famoso hasta que no aparece en un calendario para apadrinar mascotas. Es duro reconocerlo, sí, pero la vida es dura y las leyes que la rigen están forjadas en fraguas de mil vulcanos. Es esa ley de vida que hay que beber a grandes sorbos en pequeños vasos de los de dura lex, sed lex, que se decía antaño. Sin embargo, el que uno no sea célebre o siquiera reconocible tiene también sus cosas buenas como, por ejemplo, que se puede ser cualquier otra cosa mientras tanto. Ser o parecerlo, que el mundo de las etiquetas es algo inabarcable y al igual que el universo se encuentra en continua expansión como si de una cadena de supermercados se tratase. Somos la etiqueta que nos cuelga, como el champú o la ternera, pero sobre todo somos algo con fecha de caducidad, ingredientes, alergógenos y, si la ocasión se tercia, dos por uno.

Resulta fácil observar cómo el afán por etiquetar cualquier realidad se ha extendido como una mancha de aceite de ricino alcanzando casi todos los ámbitos de la vida, tanto que hasta en el mundo de las letras han hecho números y se ha decidido entre arrobos que lo mejor es no sustraerse al encanto de etiquetar. Basta con entrar en una librería y pasear la vista por sus estantes para comprobar el entramado de categorías que cuartean sus estancias lo cual, tratándose de un único producto como es el libro, debería llevarnos a la irreflexión de preguntarnos si de verdad existen tantos géneros literarios como trayectos en metro. Uno siempre ha pensado que los libros debieran dividirse en dos, los que forman mera información encuadernada, y los libros propiamente dichos. Dentro de los primeros estarían los de bricolaje, cocina, textos legales o científicos y, si nos apuran, los destinados a mamoncetes que empiezan a deletrear. Solo el resto son libros con sus más y sus memos. Dividir las obras en géneros puede resultar higiénico si se quiere pero tiene su puntito de denigrante, básicamente porque los libros únicamente pueden ser buenos o malos, a criterio y matiz de cada cual, y poco importa lo demás.

A pesar de todo no podemos negar la utilidad de esta práctica para un comercio, pero hay que cuidarse de los engaños y muy especialmente los que tienen que ver con los denominados ‘libros juveniles’. Y es que resulta extraño que mientras conviven entre nosotros jóvenes que alcanzan casi la cuarentena por convención social, los libros que supuestamente les están destinados continúan dormitando en las mismas estanterías de siempre. Puede que la categoría de libro juvenil sea una de las mayores aberraciones que la pobre industria editorial ha creado al no aclararnos por qué su denominación, si hace referencia al autor o al futuro lector y, en tal caso, nos quedamos sin saber qué es un lector juvenil. Cabe pensar que el calificar un libro de esta guisa suponga degradarlo porque de manera más o menos consciente se expulsa de su ámbito al público que, aunque sea en la intimidad, no casa bien con la categoría de juvenil. Negar que las vivencias o las aventuras, las chorradas o los muermos de los jóvenes no interesen a quienes se tachan de adultos es una sandez solo al alcance de un adulto que nunca leyó libros infantiles. Admitir su segregación nos llevaría a reconocer lo inaceptable, que hay personas que no están formadas o maduras para leer según qué cosas hasta cierta edad, y especificar qué cosas son esas nos conduce irremediablemente al absurdo de abordar la cirujía de manejar la mente de cualquier lector y, con ello, a adulterar el libro.

Juvenil 2Leer un libro juvenil no es cosa que haya que tomarse a la ligera, y tras no pocas averiguaciones podríamos decir que existen tres mundos dentro de la literatura juvenil. El de autores tontos que creen que sus lectores también lo son; las buenas obras desarrolladas con el tierno encanto que se le supone a personas de determinada edad; y los grandes libros que encierran tras una exquisita factura y la dulzura de la infancia, las grandes cuestiones que aquejan a la humanidad. Todo lo demás se nos antoja moda efímera porque realmente poco importa que el joven lea mucho o poco y qué es lo que lea. Lo realmente incomprensible es que se expulse de ese paraíso con pluma flamígera al resto de lectores como si las obras juveniles adolecieran de inmadurez, fuesen incompletas o resultasen mentalmente defectuosas. Y este es el tema, porque tan libros son como los que jactanciosamente se autocalifican como volúmenes hechos y derechos para gente de criterio firme y sólida intelectualidad.

Por alguna razón que se nos escapa se pretende minusvalorar en estos libros la alta categoría que se espera de ellos o, lo que es lo mismo, confesar contritos que ya no hay quien escriba como Andersen, Salgari, Verne o la propia Elena Fortún. Y reconocerlo duele, y mucho. Quien no es capaz de encontrar en un libro juvenil una joya es incapaz de saber dónde tiene la cara ni la contraportada, y merece que lo agarren de las solapas para regañarle. Luego gustarán o no, faltaría más, pero somos de la opinión de que en literatura no hay género pequeño si el alma del lector es tan grande que cabe en la cabeza del autor. No debemos dejarnos engañar por una lectura sencilla, ágil y risueña cuando detrás de esas letras que bullen hormonadas se esconden los grandes problemas que, en su pequeñez, afligen a esos jóvenes que somos nosotros mismos cuando no fingimos. Leer libros juveniles debiera ser acto de sinceridad implacable, pero no. Tal vez un gesto de rebeldía, pero tampoco. Nadie que lea suplementos culturales reconocería que se muere por leer un libro juvenil de los de pasiones con acné o aventuras en vespino. A fin de cuentas nadie reconoce que el autor más leído en España sea Corín Tellado. O un tal Marcial Lafuente Estefanía, que ahí ahí andan…

La Divina Comedia. Primeras ilustraciones

Por Erick Guerra

La Divina Comedia fue escrita por el poeta florentino Dante Alighieri, entre el 1307 aproximadamente (año en que fue desterrado de Florencia por problemas políticos) y terminada años antes de morir en 1321.

Su nombre original fue “La Commedia”. Dante explica en una carta dirigida a “Cangrande della Scala” por qué eligió esta palabra. Y fue porque “(…) la obra tiene un comienzo turbio y agitado (Infierno) y un final sereno y apacible (Paraíso), y porque además la lengua empleada fue el “vulgar”, no el latín, más adecuado para una tragedia según las reglas clásicas”.

Fue Boccaccio quien la calificó como “divina” por considerarla una obra de excelencia. Y de este modo, el adjetivo pasa a formar parte en la edición que lleva a cabo Ludovico Dolce en 1555.

la divina comedia 2

En ella se relata el viaje imaginario de Dante, en la Pascua del año 1300, quien inicialmente se halla perdido en una selva oscura, que es la alegoría de la vida humana, con todas sus problemáticas y tentaciones. En ese lugar aparecen una pantera simbolizando la lujuria; una loba que personifica la avaricia y un león que representa a la ambición y la soberbia. Es aquí donde aparece el poeta Virgilio, enviado por Beatriz, una dama virtuosa, quien lo guía atravesando el Infierno y el Purgatorio. Allí se queda, dejando a Dante en manos de la virginal Beatriz, quien conduce al poeta por el Paraíso. Aquí se llega al final del viaje contemplando las almas bienaventuradas que están cerca de Dios, de acuerdo a su grado de santidad. Hasta que por último, se encuentra el Empíreo, en donde Dante puede contemplar a Dios.

Este poema narrativo ejerció una profunda seducción en sus lectores a lo largo de los siglos desde Miguel Ángel, Rodin en esculturas, o en la música de Schumann y Rossini.

La Divina Comedia ilustrada

Pero quien se destaca en el área plástica es Sandro Botticelli (1445-1510), quien realizó 102 dibujos ilustrando los tres cantos, sobre vellum (un pergamino flexible de piel de ternera), utilizando la punta de metal y tinta marrón con plumilla y pincel.

la divina comedia 1

El texto ilustrado por este pintor renacentista continúa con la tradición de los códices miniados medievales, ya que acompañan al texto de la obra en la cara posterior del vellum, en este caso.

Tanto se compenetra este artista que Giorgio Vasari (1511-1574) dice que Botticelli “dedicó tanto tiempo a esta obra que de ello se siguieron infinitos desórdenes en su vida, pues por ellos dejó abandonado su trabajo”.

Estos dibujos acompañan el recorrido del poeta en cada uno de las tres partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso, que tienen 33 cantos cada una, a los que se agrega un canto introductorio, sumando un total de cien cantos.

De este modo el Poema escrito por Dante se estructura en:

  • El Infierno que se divide en 9 círculos.
  • El Purgatorio que se distribuye en 7 gradas o terrazas.
  • El Paraíso, en 9 esferas.

Estos números no son casuales, ya que el simbolismo del tres, está presente en toda esta obra. Ya que tres son los personajes principales, tres las estrofas y son tres partes con 33 cantos cada una. Estas a su vez introducen al número 9, que es un múltiplo de 3, y que a su vez tiene su propio significado.

Botticelli ha seguido el recorrido respetando absolutamente lo que el poeta florentino ha escrito. Así realiza un dibujo de: “El demonio Barbarrizada” en el Infierno XXII siguiendo exactamente la descripción de Dante.

O a Lucifer en el Invierno XXXIV. Es aquí donde Dante ha puesto los peores suplicios para quienes han sido traidores de quienes los han favorecido. La imagen muestra a Lucifer masticando la cabeza de Judas, mientras muerde los pies de Casio y Bruto, condenados por haber dado muerte a César.

Otros ejemplos de sus magníficos dibujos del poema son: el Paraíso VI, donde Dante describe a quienes que (a su juicio) por su afán de gloria y debido a sus obras y hazañas, merecen estar en el primer nivel del cielo. Y en el Paraíso XXI, la escalera de Jacob donde ya en el séptimo cielo Beatriz sube en la luz de los bienaventurados.

Erick Guerra. Escritor y creador de Biografías.wiki

Relecturas – “De ratones y hombres”. Steinbeck

Por Teresa Álvarez Olías

Novela publicada en 1937, Steinbeck nos ofrece junto a un retrato social una reflexión filosófica sobre la vida. Nos sitúa en un momento de entre guerras en Estados Unidos antes de la declaración de los derechos humanos y sumergida la sociedad americana en La Gran Depresión, mucho antes de la integración de los negros. Miles de braceros recorren el país buscando granjeros y patronos que les proporcionen empleo durante una temporada, durante esos empleos se hospedan en la granja, como en un internado, trabajando de sol a sol, descansando los domingos.

Steinbeck

George y Lennie, éste con ligera discapacidad mental pero muy fuerte y efectivo a la hora de trabajar, son los protagonistas principales. Llegan a una granja donde otros hombres trabajan también para el amo. Éste es violento y está recién casado con una mujer con la que no es feliz, que a su vez se aburre en la plantación y quiere hablar, divertirse, salir, encontrar una vida mejor donde se sienta comprendida.

Lennie no controla su fuerza, pero es amable y necesita cariño. Depende emocionalmente de su compañero George, que cuida de él y trabaja a su lado desde hace años. Lennie quiere tener un ratón al que acariciar para compensar sus necesidades afectivas, pero su amigo, una y otra vez, le quita la idea de la cabeza, por la excentricidad de la misma, que sin duda estaría muy mal vista por el resto de los braceros.

Un sábado por la noche, mientras todos los trabajadores visitan un burdel; Lennie, el bracero negro y la esposa del amo se encuentran en la granja. Los tres hablan con descuido y a la vez con tristeza de sus respectivas soledades, tan distintas y tan parecidas. Mujeres, negros y discapacitados estaban aún más marginados que los jornaleros mismos, en un período en que la miseria, la crisis económica después del crack del 29 y el analfabetismo eran comunes incluso en el país más rico del mundo. La población crecía, en las ciudades y en el campo, abandonada a su suerte. El estado apenas se conmovía por la pobreza extrema, la marginación o el paro de los individuos.

La tragedia sucede de forma inesperada en la estancia aislada del bracero negro. El amo acaba enterándose de lo sucedido y busca al culpable, que ha huido. Pero es difícil escapar, demasiado difícil y el final, aunque tristemente esperado, resulta demoledor.

El autor elige para la novela un título maravilloso y muy adecuado, igualando a ratones y hombres, dos especies animales que circulan sobre la tierra. Dos especies que son extremadamente resistentes, aun cuando los hombres, debido a su raciocinio, deberían haber aprendido hace mucho tiempo a convivir y a tolerarse por completo los unos a los otros.

Esta obra tuvo un gran éxito entre la crítica y Steinbeck fue galardonado con el New York Drama Critics Award. La novela fue llevada al teatro, donde también gozó de gran popularidad.

Recomendamos la traducción de Román A. Jiménez en EDHASA, 95 páginas; ISBN: 9788435009140

Otras obras de este autor que obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1962: “Las uvas de la ira”, 1940; “La luna se ha puesto”, 1942; “Al este del Edén”, 1952.

Teresa Álvarez Olías

 

Novedades Amarante otoño-invierno 2017

Este otoño, la editorial del búho continúa aproximándonos a la literatura de calidad, autores consagrados que tienen mucho que decir en el panorama español de las letras, otros escritores no tan conocidos y algunos ensayos que continúan trepando en el interés lector. Amarante sigue abriéndose paso en un sector cada día más cambiante y difícil.

Destacamos la última novela del conocido escritor noir Antonio SalineroQué bello es morir“, la narrativa histórica de Roberto González Amado con “Azar y cenizas” o la novela negra del exitoso escritor cordobés Félix Ángel Moreno con “Acuérdate de Paula por que vas a morir“.

Esta temporada dará que hablar la novela de Teresa Álvarez Olías, “Campo de amapolas“, una historia que arranca en el tardo franquismo y que emociona por su sinceridad y sencillez, un derroche de buenas letras. O los versos de uno de los poetas consagrados que mejor se adentran en la poesía de la vida y la existencia, sus metáforas nos llegan muy adentro en “Ciclo de vuelos bajos“, del bilbaíno de adopción José Serna Andrés.

Continúan escalando posiciones los ensayos “Miedos de hoy” de Luis Díaz Viana y “Vademécum de oposiciones y concursos” de José Ramón Chaves, al que añadimos la novedad: “Niñas y maestras en la escuela del franquismo” de la escritora y profesora salmantina Rosa Elena Hernández. Y las novelas “Amar a una terrorista” de Julio Bernárdez, que se presentará en Bilbao el próximo día 9 de noviembre, y “Dos gotas” de Ana Francés.

La mayoría de estas obras y otras del catálogo de Amarante se presentan en distintos lugares de la geografía española, por ello ofrecemos el enlace a los distintos eventos programados por la editorial:

https://editorialamarante.es/eventos

Catalogo novedades primer trimestre 2017

Catálogo en formato .PDF

 

Robar un libro. O así

Mentiría si dijera que nunca he leído un libro sacado de la librería de otra persona. Pero tampoco diría la verdad si negara que siempre lo hice sin que su legítimo dueño supiera que se lo había tomado prestado. O robado, o hurtado según los más puristas, debería decir. Lo cierto es que sólo quien ha vivido esta experiencia sabe bien de lo que hablo, es una pulsión atávica, lo ves, alargas el brazo hasta la estantería cuando no mira nadie, y vuelves a retocarla para cubrir el hueco moviendo los demás libros para que no se note la falta. Y de ahí al bolsillo interior de la americana, luego se disimula sonriendo y todo habrá pasado antes de que el infeliz despojado se dé cuenta. Cualquiera que haya pasado por semejante trance sabe que jamás volverá a (h)ojear el libro robado, pues eso le llevaría a preguntarse por qué lo ha hecho y enloquecería antes de tiempo tratando de encontrar una pregunta adecuada a su respuesta. No, estas cosas se hacen porque sí, igual que todo aquello que jamás podremos olvidar por mucho que no lo intentemos.

Más tarde, cuando regresamos a casa, colocamos el libro arrebatado, ¡cómo olvidarlo!, horizontalmente en el zulo que hemos de hacer deprisa y casi corriendo, como las tumbas de esas personas que atropellamos sin querer por las noches en las carreteras comarcales, ahí donde le echaremos un postrer vistazo sabedores de que será el último. Siempre sabremos que está ahí, en ese pudridero de libros robados, pero no lo miraremos más a los ojos de las tapas porque la vergüenza nos puede. Ni lo leeremos, ¡por supuesto que no!, hacerlo sería igual que utilizar el mismo plato que acababa de utilizar otra persona para comer sin limpiarlo antes.

librosLos libros no se roban para ser leídos, sino para excitarnos robándolos. En efecto, aguardamos pacientes mientras leemos plácidamente una novela en nuestro sillón preferido, a que venga de visita a nuestra casa su dueño más o menos legítimo. Le hacemos pasar y le agasajamos con lujos asiáticos, le abriremos nuestro corazón y nuestra nevera, nuestra alma y nuestro baño, pero callaremos acerca de que uno de los libros de la estantería que tiene a sus espaldas de cornúpeta literario es en realidad suyo. Le miraremos frente a frente mientras, tras él, vemos el ominoso ejemplar. Miras al hombre, luego al libro, y sonríes como si fuera la primera vez. Es en ese momento cuando las manos empiezan a sudar y la boca se nos seca mientras cavilamos acerca de cuán sabia es la naturaleza porque por la boca no se suda.

-¿Me estás escuchando?

Es la voz del invitado que nos interpela cuando la conciencia del crimen despierta al subconsciente y nos hace conscientes de la inconsciencia cometida. Es entonces cuando el cuerpo se nos agarrota y ya no responde como antes, los ojos comienzan a rebelarse mientras una y otra vez se posan a pesar de nuestra resistencia en el ejemplar proscrito que asoma detrás de nuestro amigo.

-Sí, te escucho, es que (es que: expresión que nos delata) me estaba acordando de otra cosa.

Lo cual es cierto y falso al mismo tiempo, pues a tal grado de degradación intelectual somos capaces de llegar en semejantes situaciones.

Es en este punto cuando comprendemos la verdad última de lo primero que hicimos antes, cuando se cae la persona que cabalgaba encima de nuestro lomo equino, cuando nos entra esa otra cosa, ese nervio ansioso que nos lleva a refregarnos las manos en los muslos por pura angustia, cuando el cielo del paladar se nos nubla y la sonrisa pueril de antes se torna ahora en gótica temprana. El invitado nos mira como sabe que no queremos que nos mire diciéndonos sin palabras que lo sabe, pero ni siquiera entonces nos atrevemos a preguntar qué es lo que sabe porque ya lo sabemos: lo sabe todo….

De nada servirán nuestras tretas de siempre para abortar la visita y desembarazarnos del invitado, tan eficaces cuando no deben serlo:

-¡Bueno! ¡Qué bien lo estamos pasando!,- le decimos ladinos-. Pero no quiero robarte más tiempo, seguro que tienes cosas que hacer.

-No.

Estaba cantado, ya no hay marcha adelante.

Y al echarse hacia atrás en el sillón cruzando doloso las piernas, nuestro amigo provoca que el libro, el suyo, el robado, parezca levitar sobre su tupé. A su lado, en otra mesita, se encuentra el libro que estábamos leyendo cuando vino a vernos. De alguna manera parecen estar comunicándose ambos volúmenes, pero nunca debemos fiarnos de las apariencias cuando todo es lo que parece. Acorralado por la sonrisa de nuestro amigo, tan dulce como implacable, recordamos a Poe y a su cadáver emparedado, y la luz se licua hasta desaparecer. El libro parece latir, palpitar, podemos escucharlo como si fuera el mismo Poe, siempre Poe. Y nos creemos preparados para soportar aquel martirio, creemos que ninguna narración extraordinario podrá acabar con nosotros y que sabemos cómo vencer aquel acoso. Pero nunca contamos con la pregunta que entonces lanza mi amigo:

-No te lo vas a creer. ¿Sabes qué me ha ocurrido hoy?

Y con crispante meticulosidad me cuenta una historia absurda y delirante, la misma que con algo más de detalle se narra en el libro, su libro que ahora es mío, el que yace arrebatado sobre su cabeza. No cabe la más mínima duda en aquella pequeña habitación, mi amigo sabía que le he robado su libro y me aprieta el alma tratando de exprimir mi confesión. Debía mantenerme fuerte, agarrado a una roca en aquel mal tempestuoso de crímenes en zapatillas de estar por casa. Decido cerrar los ojos y aguantar el resto de su historia.

Cuando vuelvo a abrirlos descubro que todo sigue como antes. La desazón ha terminado y mi invitado, en pie, anuncia su marcha. Fue un rival duro, lo reconozco, un enemigo digno pero creo que al cabo, en general, logré ganarle a los puntos suspensivos.

En la puerta nos damos la mano y hablamos de las cosas habituales y estúpidas pensadas durante siglos para este tipo de despedidas, hasta que al fin se marcha.

Al entrar en casa grité dos veces. La primera fue de rabia por todo lo ocurrido, satisfecho y pletórico.

La segunda, al descubrir que me había birlado la novela que estaba leyendo cuando llegó.

Iván Robledo

 

Una de títulos

Por Iván Robledo

Para quienes nunca supimos a ciencia cierta si aquel dichoso cajón era ‘desastre’ o ‘de sastre’, y aun así sobrevivimos, nunca lo tuvimos fácil para lo que realmente no importaba. Pareciera como si los problemas fuesen más problemas que para el resto, y los entresijos del mundo una jungla por asfaltar. Pero entre tanto dislate también teníamos héroes, y de entre ellos nuestros preferidos eran los que trabajaban poniéndole títulos a los libros. Luego descubrimos que la cosa no era así, pero ya era tarde.

Ser “titulador” de libros era el sueño de nuestras mil y una mañanas. Preguntarse qué fue antes, si la gallina o la tortilla, el libro o el título, parecía la clave de todo entre tanto caos. Nos hacíamos cábalas tratando de averiguar si el autor soñaba el título y después tiraba de él hasta forjar una obra, o acaso no se atrevía a hacerlo hasta verla terminada. Y, para que usted comprenda, en esos pensamientos se nos consumían las horas.

Antes, para qué negarlo, todo parecía más fácil y sin embargo lo era. Tomaba usted un libro dejando mellada la estantería, sin disimulo leía “Las aventuras de…”, y ya se hacía una idea de casi todo lo demás. O, mejor aún, encontraba un “Tratado de…” para el que luego no cabía quejarse alegando indefensión. “Cinco semanas en globo”, por ejemplo, era un libro que narraba las cinco semanas que pasaron sus protagonistas en un globo, y nadie se preguntaba por qué el título callaba sobre qué hacían allí esos tipos. Tenías que leerlo para saber qué les llevó a emplear su tiempo en semejante alarde aerostático, y a día de hoy resulta sencillo imaginarnos a Verne cuando puso punto final y se sentó a pensar en un título. Y eso le honra, porque ayuda al lector a elegir lo que ha de desechar.

Cinco semanas en GloboNo todo, sin embargo, resultaba idílico en materia de títulos. Cervantes no llamó “El Quijote” a su obra cumbre e hizo bien, pues hubiera resultado un anacronismo fatal antes de publicarse, lo cual nos permite hacernos una idea de la importancia que tiene su elección para toda novela. Y es que hoy, para bien o para mal, las cosas están cambiando en ese sinsentido. El arte de titular merece a juicio de algunos la categoría de subgénero literario por su preciosismo desde el momento en el que su búsqueda lleva al autor a dedicar las horas más entregadas de su esfuerzo a tan titánica hazaña, lo cual ha de serle reconocido como mérito en su debe o su haber. No resulta exagerado decir que la lectura de títulos de novelas puede resultar en ocasiones más gratificante que la de sus contenidos, y basta acercarse al escaparate de una librería y dedicarle un tiempo maravilloso a escrutar la relación de publicaciones y disfrutar cuanto el tiempo nos lo permita para deleitarnos con ellos. Poco importa que de su lectura no podamos saber de qué trata el libro, y a veces mejor será así porque la satisfacción de tan originales composiciones merece tal recreo. Es entonces cuando imaginamos al autor en su lóbrega morada apostado frente a dos urnas, y en cada una de ellas unas papeletas con sustantivos abrumadores y adjetivos descalabrantes, lo imaginamos suspirando antes de sacar una primera referida, por decir algo, al tiempo, al cosmos o alguna virtualidad telúrica para, seguidamente y aprovechando el anterior suspiro, extraer la correspondiente de la segunda urna ornando la anterior con adjetivaciones imposibles que te arañan el alma, construcciones semánticas apiroladas o un juego de palabras en lo que importante es no participar. Por si acaso.

Y del escaparate dicho al suplemento cultural o la página de turno donde leer, y a ser posible en voz alta, la relación de títulos transformada en dicha pocas veces soñada. Atrás quedan las cinco semanas en globo o los tratados sobre los tratados. El título se ha convertido en parte de la obra por mucho que, al concluirla, nos preguntemos qué cuerno tendrá que ver aquello con aquisto. Pues bien, hemos hecho la prueba y, ¿cómo no licuarnos de gusto al obtener títulos como “Los sicómoros no andan de puntillas”, “Saturno y el jabón” o “El alma empanada”? Confiando en que esos libros no existan en realidad, ¿alguien da más? Pruebe a hacerlo y se sorprenderá.

Hay que confesar que siempre hemos sido amigos de títulos que no tienen nada que ver con la historia, pero solo cuando se hace por fastidiar, que es cosa distinta, y es que a la hora de buscar un título cada maestrillo tiene su enciclopedia y así debe ser porque que no hay arte menor. Los libros, en fin, no debieran ser como el nombre de esas medicinas pensadas para equivocarnos al querer recordarlas.

Campaña “Lee con Amarante”: Agosto

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El mejor alimento ecológico: los libros

cerebroSi suele bautizarse como alimento ecológico al que se produce sin sustancias químicas, podría decirse que el mejor alimento ecológico para la mente son los libros: nutren el cerebro, favorecen el desarrollo sostenible como persona, no contaminan a los demás (cada uno lee por sí y para sí) y respetan el ambiente (nada refleja mejor la serenidad y la quietud que alguien leyendo en soledad).

Por eso cobran actualidad las bellas y provechosas palabras del impresionante discurso pronunciado por Federico García Lorca en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros, en 1931, donde encumbra los libros como primera necesidad, y del cual extraigo este fragmento:

No solo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Poco imaginaba el poeta las tendencias actuales… Sigue leyendo El mejor alimento ecológico: los libros

Soy leyentor de libros… sí, ha leído bien

archivo_000-104Acabo de enterarme que estoy enfermo pues la revista científica Muy Interesante, me informa que la adicción de comprar libros de forma compulsiva para luego acumularlos sin leerlos es una patología que los japoneses llaman “Tsundoku”.

Y digo enfermo porque como toda patología es cuestión de grado y confieso que tengo en casa más libros de los que he leído, y necesitaría varias vidas para leerlos todos. También es cierto que soy culpable de peregrinar en las ciudades hacia las librerías de lance donde me gusta escudriñar por las estanterías y difícil es que salga sin comprar nada.

No digamos cuando paseo por la zona de librerías de las grandes superficies donde paso mis ojos como un escáner por los lomos de los libros, los hojeo e incluso leo fragmentariamente y me siento como en medio de una fiesta, saludando rápidamente a todos.

Pero no seamos catastrofistas. Actualmente impera la manía de poner etiqueta patológica a todo lo que son manifestaciones de la personalidad. Sin embargo merece la pena detenerse un instante a reflexionar sobre ese fenómeno de acaparación doméstica de libros… aguardando lector. Sigue leyendo Soy leyentor de libros… sí, ha leído bien

Claves sorprendentes del mundo literario, según Eduardo Mendoza

archivo_000-97Siempre he admirado a Eduardo Mendoza (reciente Premio Cervantes 2016) por ser literariamente “ambidextro”, con capacidad para escribir cosas serias y cosas divertidas con fuerza seductora, pero sobre todo porque algunas de sus numerosas obras (“El misterio de la cripta embrujada”, “Sin noticias de Gurp”, por ejemplo) tienen el envidiable don de atrapar al lector y hacerle sonreír, reír, reflexionar y no soltar el libro hasta terminarlo.

Para mí es un prodigioso cruce o delicioso cóctel de Tom Sharpe, Martin Amis y el anónimo autor del Lazarillo de Tormes. Casi nada.

Además resulta cautivador en las entrevistas por su cercanía, llaneza, claridad y mirada irónica sobre la compleja pecera que es la vida. De hecho acepta ser una combinación de gamberro y caballero:

Si eres solo un gamberro, eres un indeseable. Si solo eres un caballero, eres un muermo. (El País, 7-1-17).

Por eso, me pareció oportuno y útil espigar algunas entrevistas a D. Eduardo en que vierte opiniones y criterios sobre el oficio de escritor y el lugar del lector, que aunque siempre lo dice sin pretensiones de pontificar, creo pueden ser de gran interés a los que nos asomamos desde el burladero al mundo literario. Sigue leyendo Claves sorprendentes del mundo literario, según Eduardo Mendoza

Soy culpable de comprar libros de segunda mano

Vintage Antique pocket watch on the background of old booksCuando era niño de EGB en una España que iba desperezándose, el dinero y los juguetes escaseaban y la evasión de la penuria y el aburrimiento la proporcionaban los tebeos, los cuentos y luego ya adolescente, las novelas.

Las bibliotecas públicas arrancaban pero resultaba laborioso el largo paseo hasta sus umbrales, buscar entre libros adquiridos por frío criterio ministerial y superar para el préstamo los filtros propios de una frontera (acreditación, sellado, visado de tenencia de libro por diez días con penalización del retraso en devolver, etc).

Fue entonces cuando descubrí el paraíso perdido… que sería paraíso recobrado… Sigue leyendo Soy culpable de comprar libros de segunda mano

Librería Lello de Oporto: Harry Potter ni está ni se le espera

libro-disneyAcabo de visitar Oporto y me he asomado a visitar la librería Lello e Irmao, calificada como de las mejores librerías del mundo.

Realmente es una librería bella y espectacular, quizá de las mas populares del mundo pero no de las mejores.

Lo de popular viene dado porque fue el escenario elegido para el lanzamiento editorial de la obra Harry Potter y el legado maldito (Harry Potter and the cursed child), siendo el imaginario popular el que sitúa allí escenas de la saga. Dentro de la saga, lo que sí existe es el famoso andén 9 y ¾ de la estación de King’s Cross, pero la única conexión entre Harry Potter y la librería Lello es que su autora J.K. Rowling pasó una estancia en Oporto y la visitó. De ahí a que se inspirase en ella para describir la librería Florish & Blotts hay un trecho enorme. Y decir que la escalera Carmín inspiró las escaleras de Hogwarts es mas arriesgado que afirmar que los Fusilamientos de Goya inspiraron a Picasso el Guernica.

O sea, la relación de Harry Potter y la librería Lello se explica en términos de puro marketing.

Eso demuestra que buena parte de las legiones de visitantes de la librería ni siquiera han leído las obras de Rowling sino que se sienten cautivados en el mejor de los casos, por la flauta mágica de unas películas de éxito inspiradas en obras literarias admirables, y en el peor de los casos por el poder seductor de folletos turísticos.

Lo que es innegable es el valor artístico del edificio e instalaciones de la librería, pues cuenta con una bellísima fachada neogótica, datada en 1906 (con un ventanal triple a cuyos lados se representa pintados el Arte y la Ciencia) y una escalera de cuento de hadas que se enrosca en el interior y alfombra de rojo y madera un entorno de libros. Pero pasemos al interior… Sigue leyendo Librería Lello de Oporto: Harry Potter ni está ni se le espera