El peor libro del mundo

Estar sobrevalorado está sobrevalorado, resignémonos, y por más que nos esforcemosPortada cada día nos asaltan nuevas e increíbles historias de superación que nos hacen sentirnos como patanes apabullados ante tanto reto y cima alcanzada. Nos enternece asistir a esas tales superaciones entre aplausos, vítores y confetis, competiciones que a vista de sofá logran que recuperemos la fe en el ser humano, porque si hay algo verdaderamente humano es ver cómo nuestros congéneres se esfuerzan en lograr cosas increíbles que nos traen al pairo. Eso nos gusta, para qué negarlo, pero disfrutar, lo que se dice disfrutar, lo hacemos al ver cómo se estrellan tantos y tantos al estilo del patinador on the rocks sobre el hielo cayendo estrepitosamente con las piernas en alto. Es entonces cuando la diversión se vuelve sabiduría, y el filósofo hispano que todos llevamos dentro dicta su sentencia: “si yo ya lo sabía…”.

Gracias a esa gente que tanto se esfuerza por nosotros podemos conocer con periodicidad helvética quién es, por ejemplo, el hombre más rápido del mundo. Ya saben, ese momentazo atlético en el que una serie de señores corren sin motivo aparente para obsceno goce de un planeta que los observa, ¡y los anima!, desde una tasca bocadillo en mano. Podemos afirmar que correr es de cobardes, pero si reflexionamos sobre el asunto veremos que semejante fulgor en pantalón corto que bate plusmarcas en algo más de lo canta un gallo no es cuestión baladí, pues nos deja abierta la puerta a plantearnos cuestiones de gran calado como, por ejemplo, saber quién es el hombre más lento del planeta. Descartando siquiera por instinto que lo sea el último de esa carrera, cualquiera de nosotros podría ser el candidato perfecto, que méritos no nos faltan para alzarnos diligentemente con tan perezoso galardón. Y es que ser el hombre más remolón del globo, siendo reconocimiento alcanzado en buena lid, no deja de ser un título y eso, en los tiempos que corren, es mucho más de lo que cualquiera puede llegar a soñar. Sería, en los tiempos del selfie, un homenaje a la foto finish.

Peor libro 2Ocurre sin embargo que la tontería de las listas del uno al diez sobre cualquier cosa, como los atletas mencionados o lo que queramos imaginar, se nos está yendo de las manos. No parece sensato que sepamos recitar de memoria listas y más listas de las diez mejores cosas, pero seamos incapaces de recordar una sola de las diez peores que no sean de amigos y conocidos. Es lo mismo que ocurre con la mil listas que existen, todas distintas entre ellas, sobre los mejores diez libros de la literatura universal, la patria o la en comandita. De lo que sea, todos conocemos una de esas listas, y si no nos la inventamos. No hay medio de comunicación que se precie que no tenga la suya, ni crítico ni criticón que nos haga tragar con la propia generalmente adobada por criterios que también merecerían contar con su propia lista. Lo que ocurre es que, como en el atletismo, el tiempo libre que nos deja no estar en ninguna nos permite preguntarnos cómo sería una lista con los diez peores libros y, si queremos llegar al fondo del asunto, cuál sería el peor libro del mundo en la peor de las categorías posibles, la de “libro recomendado por un amigo”, ahí donde no existe perdón posible. Precisamente hablando de estas cosas conocido es el caso en el ámbito cinematográfico del director Ed Wood, considerado el peor director de la historia sin que todavía sepamos a qué se debe tal mérito viendo lo que vemos en cada festival de cine que organiza cada pueblo. Además de ignorar quiénes son los nueve que le preceden, es un hecho que el tal Ed Wood se ha convertido gracias a su demérito en seguidísimo autor de culto, creando así una gran paradoja de difícil digestión.

¿Ocurre lo mismo en el mundo abisal de la literatura? Nadie se atreve a reconocerlo, pero como ocurre con casi todas las cosas importantes de la vida, lo hablamos en la intimidad. Si somos incapaces de ponernos de acuerdo sobre qué criterios permiten afirmar que un libro es, en esencia, un gran libro, ¿cómo podremos coincidir acerca de los peores? Es el problema de que cada membrillo tenga su librillo, que no hay manera de hacernos entrar en sinrazón. Aunque sola sea por razones de salud mental, la locura de reconocer que hay libros aspirantes a engrosar la lista de los peores del mundo haría un gran bien al conjunto de la población, saber que junto a la lista de los más vendidos, o los más populares, o los mejor considerados o, en el colmo del paroxismo, los más leídos haya otra clasificación que recoja los despojos de la literatura, haría feliz a mucha gente. No por prurito científico sino por algo más parecido a la sección de los telediarios en los que vemos a gente tropezar y caer para nuestro desternille, todo un soplo de aire fresco para nuestro rencor y una caricia que sacia, hasta donde llega, nuestro resentimiento.

Pero mucho ojo con esto porque si lo pensamos bien la mera posibilidad de que esa lista existiese, el que nos fuera dado conocer qué libros son los peores del planeta, semana a semana, lista a lista, lograríamos el efecto contrario al buscado cuando el morbo endémico que nos alimenta y la maldad que atesoramos hacen el resto. Esos libros acabarían siendo los más codiciados solo por el hecho de poder verter sobre ellos nuestras frustraciones y desenmarañar nuestras pesadillas más o menos inconfesables, despertando un insano deseo por conocerlos y así darle sangre embutida a los más vendidos y admirados, pues tal es nuestra condición. Si nos permitieran conocer cuáles son los peores libros del mundo, la maldad del hombre los convertiría en los más buscados y, posiblemente, los más leídos. Es decir, en best sellers.

“Patria”. Premio Nacional de Narrativa

“Patria” de Fernando Aramburu continúa recibiendo galardones, al Premio de la Crítica se suma el Premio Nacional de Narrativa, entre otros. El autor dijo esta pasada primavera que estaba preparado para “gestionar el éxito” porque ha llegado cuando ya tiene mucha obra publicada y a una edad madura. “No hay vértigo” para encarar la siguiente publicación, al contrario, dijo el escritor en varios medios: “Esto me da tranquilidad económica para encarar los siguientes proyectos”. Que tendrán que esperar porque, por ahora, Patria le sigue absorbiendo buena parte de su tiempo.

“Patria” es una gran novela, donde el fanatismo político se combina con la vida familiar, para mostrar el lado humano del terrorismo y la variante egoísta de la familia, contradicciones ambas que configuran la existencia de los mortales y que son la clave del éxito comercial del libro.

Estamos ante una obra extensa que disecciona a dos familias, saltando de personaje en personaje, yendo de adelante hacia atrás en el tiempo una veces y de atrás hacia adelante otras, dedicando unas cuantas páginas a cada protagonista y dejándonos continuamente en suspense para pasar a contarnos las peripecias de otro.

Fernando_Aramburu_en_Dresde

Dos amigas y madres de familia, Miren y Bittori, son claves en esta narración, que se atreven a abordar un asunto reciente, el cual marcó la vida vasca y por extensión la española, durante cincuenta años, el terrorismo de ETA.

Se dice que el País Vasco es el asentamiento de un matriarcado y en la novela se corrobora por completo, pues los personajes femeninos son fuertes, dominantes y seguros. Dos madres se posicionan frente a frente, a pesar de haber sido amigas durante su juventud. Miren es proetarra, de convicciones firmes, desconfiada, madre por encima de todo, y está orgullosa de tener un hijo terrorista en la cárcel. Bittori es madre también, valiente, vasca pero no proetarra, víctima en cualquier caso, situada por la vida en el polo opuesto de su antigua amiga y vecina.

Un asunto tan duro y poco grato, tan visceral como es el posicionamiento a favor o en contra de crímenes aleatorios entre familias del mismo pueblo, y del mismo país, se narra en “Patria” como si fuera un tema más en la línea de las actividades cotidianas  de los protagonistas, tales como ir a la taberna, comprar en la carnicería, echarse la siesta o salir el domingo a montar en bicicleta.

Aramburu nos adentra en la historia de dos familias, amigas en un principio, la primera formada por una pareja, dos hijos y una hija, y la otra integrada por el matrimonio, con un hijo y una hija. Cada miembro de las mismas va creciendo y madurando, encontrando pareja, estudiando, enfermando, sufriendo rupturas amorosas, asistiendo a manifestaciones y a fiestas, yendo a misa, tomando el autobús, teniendo hijos, incluso discutiendo, y mucho, entre hermanos, padres y cónyuges.

No descubre al lector en qué ciudad y año se coloca el narrador en cada momento, aunque sí se adivina que siempre se centra en algún pueblo con puerto de mar cerca de San Sebastián. Víctimas y verdugos viven frente a frente, se conocen, son de la misma clase social, son vascos y hablan los mismos idiomas, ese el terrible mensaje del autor en la novela. El fanatismo y el crimen destruyen la amistad entre ambas familias y corroen por dentro a todos sus miembros, pues el odio se esparce como agua o humo. Esta historia familiar nos muestra una trágica circunstancia nacional reciente, que conmocionó al mundo.

El jurado ha sido preciso al destacar de la obra galardonada “la voluntad de escribir una novela global sobre unos años convulsos en el País Vasco”.

Teresa Álvarez Olías

Fotografías: Fuente Wikipedia

 

 

Editorial Amarante ubicada en el Barrio del Oeste de la ciudad de Salamanca

El Barrio del Oeste de la ciudad de Salamanca es uno de los 19 barrios de España que destaca El País como mejores a nivel cultural, vivible y alternativo; y de imprescindible visita si se está en estas ciudades.

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Tributación de los derechos de autor

Con ocasión de la polémica entre Gobierno y autores españoles que condenaba a los creadores mayores de 65 años entre elegir cobrar la pensión o percibir la cantidad correspondiente en concepto de derechos de autor, es conveniente resaltar algunos aspectos de interés tributario.

Los derechos de autor son unas de las principales fórmulas que cualquier persona del mundo de la cultura tiene para poder obtener un rendimiento derivado de su creación artística. Lo más habitual es que el artista ceda los derechos de explotación de sus obras a una empresa que es la que se encargará efectivamente de hacer dinero con ellos y de gestionarlos. Esta empresa (productoras, editoriales, etc.) le remitirá la parte que le corresponda por la comercialización y uso que terceras personas hagan de su creación.

manual-practico-de-derecho-tributario-parte-general-600La tributación por derechos de autor tiene implicaciones tanto en la imposición directa (IRPF) como en la imposición indirecta (IVA).

En el ámbito de la imposición directa, toda factura, sea emitida por la propia empresa o por el autor, deberá incluir también la correspondiente retención del IRPF (entendida como un porcentaje que el pagador del rendimiento detrae de los rendimientos percibidos por el autor con el objetivo de ingresarlo en Hacienda).

Los derechos de autor se pueden clasificar en las tres categorías siguientes:

> Rendimiento del trabajo cuando se concede el derecho de explotación a terceros y no existe ordenación de medios de producción propios ni de recursos humanos (en el caso de que existiera estaríamos hablando de un rendimiento de actividad económica). Como requisito esencial se ha de cumplir que se ceda el derecho a la explotación (rendimientos derivados de la elaboración de obras literarias, artísticas o científicas).

> Rendimiento de capital mobiliario cuando se conceden los derechos de explotación de la obra pero el beneficiario no es el autor sino otra persona (por ejemplo, en el caso de los herederos).

> Rendimiento de actividad profesional cuando se ceden los derechos de explotación pero sí existe ordenación por cuenta propia de medios de producción y de recursos humanos, o de ambos, con la finalidad de intervenir en la producción o distribución de bienes o servicios (caso de la autopublicación, por ejemplo).

Atendiendo a la tabla de retenciones e ingresos a cuenta aprobada por el  Ministerio de presentacioncarloscabrerizo0031Hacienda y Función Pública, si hablamos de un rendimiento del trabajo, el tipo de retención será del 15% para este año 2016.

En el caso de calificarlo como un rendimiento del capital mobiliario, el tipo de retención aplicable para este año es del 19%.

Por último, si se califica como un rendimiento de actividad profesional, el tipo de retención aplicable será del 19% para este año en curso.

El uso o utilización de los derechos de autor llevará IVA cuando sea el propio autor quien emita la factura por la venta de su creación en sí o sus derechos. En este último caso, aparece el hecho imponible denominado prestación de servicios.

Carlos María Cabrerizo, es escritor y funcionario del Cuerpo Superior del Ministerio de Hacienda y Función Pública, y autor de Manual Práctico de Derecho Tributario – Parte General

 

Sobre el libro electrónico. Precio y comodidad

Por aquello de que las palabras traducidas precisamente del inglés resultan absurdas, es oportuno matizar el desatinado concepto de libro electrónico. Sencillamente, tal cosa no existe. Electrónica: (1) Estudio y aplicación del comportamiento de los electrones en diversos medios, como el vacío, los gases y los semiconductores, sometidos a la acción de campos eléctricos y magnéticos. (2) Aplicación de estos fenómenos.

Me pregunto qué hace tal término en medio de todo esto, pero uno nunca sale de su particular asombro. Lo que conocemos hasta la fecha por soporte digital donde es posible leer un texto, sea el que sea, ha suscitado muchas polémicas tanto en contra como a favor, arguyendo los que apoyan este sistema su comodidad y ergonomía, mientras que los más conservadores ven un extraño artilugio, complejo y repleto de incomodidades.

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Grandes libreros. Cristóbal González – Gaztambide

Fundada en 1992 por Cristóbal González, un profesional del mundo del libro con medio siglo de experiencia a sus espaldas, Librería Gaztambide es hoy en día una de las más importantes librerías independientes de Madrid, siendo además referente en libros de texto e idiomas.
Cristóbal, que sigue al frente de la librería, ha sabido transmitir a sus empleados y a su siguiente generación la cultura del libro y una cuidada atención al cliente que, sin duda, es una de sus señas de identidad. Todos los que forman parte de esa familia ponen su empeño en que el cliente se sienta a gusto en cuanto cruce sus puertas y salga satisfecho con el trato recibido.

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El dilema de las editoriales. La columna de Francisco Micol.

La vieja y lamentable historia de los grupos editoriales no empezó ayer ni tampoco hace veinte, treinta o cien años. La idea inicial, vamos a ella, parece lógica y hasta coherente. El cometido de una editorial que se precie de serlo, versa en sacar a la luz aquellos manuscritos que desde una óptica más bien subjetiva merezcan ser editados. Es decir, se convierten tales empresas en juez, jurado y verdugo. Supuestamente amantes del arte escrito, los editores, que hay muchos y muy pocos respetables, deciden, al mejor estilo de un cónclave cardenalicio, qué obras serán editadas bajo su solemne, dudoso sello, y qué otras no merecen ni ser leídas.

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Qué son los DRM y por qué Editorial Amarante no los usa

DRM viene del inglés “digital rights management” que se traduce como gestión de derechos digitales aunque en la práctica se conocen como “sistemas anticopia“.

Comprar contenido con este sistema incrustado conlleva que para visualizar el libro, música, películas, fotografías o cualquier archivo digital en el que esté embebido debas utilizar el software del creador de las restricciones de forma que de manera síncrona le traspasa tu información a tiempo real, realizando la monitorización, trazabilidad, control y limitaciones efectivas en el uso del archivo digital que has comprado. Por lo general la información incluye el modelo y software del dispositivo en el que visualizas los archivos, tus datos personales e identificativos, también los datos del titular de la descarga, la ubicación física de la persona que lo usa, el número de veces que se abre y visualiza el contenido, el número de dispositivos en el que pueden reproducir el archivo, la navegación y la experiencia de uso del archivo… permite incluso el bloqueo y borrado remoto. Dichas prácticas, desde nuestro punto de vista, suponen un ataque directo a la privacidad personal del lector, al que pueden llegar a criminalizar, ya que los presupone abusones e incluso ladrones. Sigue leyendo Qué son los DRM y por qué Editorial Amarante no los usa