Feliz Ocho de marzo

En estos días en que reivindicamos la lucha por la igualdad entre sexos, me permito imaginar diez cuestiones que interesan especialmente a las mujeres, y son los siguientes:

1º) Nuestra formación, tanto la académica obligatoria, esto es, la Primaria y ESO, la Secundaria, y, desde luego, la universitaria. Queremos estudiar al inicio, durante y al final de nuestra vida, asistiendo a talleres, a cursos especializados, a másters, y por supuesto, a eventos culturales, pues sabemos que la educación, tanto en valores como en disciplinas académicas, es la llave que nos ha permitido salir del pozo de la ignorancia y el abandono en que la historia nos había asumido tradicionalmente. Nuestra aceleración, en este campo, ha sido espectacular en el último siglo. Nos faltan premios, puestos de poder, reconocimientos, reseñas…pero, paso a paso ya estamos llenando los seminarios, las clases, las bibliotecas, los cines, la judicatura y los laboratorios.

2º) La familia en sus múltiples facetas. Nos preocupa la conciliación de nuestro tiempo laboral con el que le dedicamos a nuestra familia, y desde luego la corresponsabilidad de las tareas domésticas con nuestros compañeros de vida, con nuestros maridos, hermanos y padres. Vivimos llevando de la mano a nuestros dependientes, mayores, enfermos y bebés. Organizamos la limpieza de nuestro hogar, la compra semanal, los menús diarios, la colada, las festividades familiares, los horarios infantiles, el presupuesto de la casa, las cuentas bancarias…con o sin colaboración masculina, tanto porque estamos educadas en estos trajines como porque es imprescindible llevar tales tareas al día para poder vivir con un mínimo de dignidad.

3º) La vida profesional. Realizamos cursos formativos en nuestros puestos de trabajo, condicionadas siempre por las obligaciones familiares que nos absorben. Aceptamos una jerarquía laboral aunque muchas veces nos discrimina, olvida y acosa y consideramos necesaria nuestra alícuota parte de poder en las empresas. Somos cumplidoras en nuestro trabajo, tal vez demasiado cumplidoras. Ganamos menos que nuestros compañeros realizando las mismas funciones. Usamos y perfeccionamos las mejores herramientas de trabajo, como son la informática, los idiomas o la oratoria. Estamos atentas a los ascensos, casi siempre injustos con las mujeres. Nos descomponen los despidos, el paro, los ERES, las inquinas e intrigas entre compañeros, y desde luego el acoso laboral, porque nos ha costado mucho acceder al empleo.

4º) La desigualdad, el maltrato y la violencia que se ejerce contra nosotras. Nos indigna la muerte sistemática de tantas mujeres en todos los países del mundo por parte de personas que les debían lealtad. Nos decepciona la discriminación por cuanto tiene de desprecio hacia la mitad de la población. Nos amarga el machismo inherente a la totalidad de las situaciones humanas, por lo que tienen de abuso de poder por parte de los varones. Un salario femenino igual al de estos es una cuestión no solo justa sino progresista para la recaudación tributaria.

5º) El cambio climático. Nos aterra un futuro caótico y desde luego la ausencia de futuro. Como madres queremos un mundo natural, limpio, habitable para nuestros hijos e hijas, y como seres humanos nos sentimos implicadas en la lucha contra la contaminación, que mata lentamente y arruina nuestro medio de vida. Reciclamos. Ahorramos. Somos expertas en adaptarnos al medio, en reinventarnos, en cuidar el entorno, en ser optimistas. Somos la vanguardia en adoptar energías renovables, en tratar la tierra, el agua y el aire.

6ª) La vida saludable. Nos interesan la mesura, la estética, la moda, la alimentación sana, la lactancia materna, en fin, la vacunación de los bebés, los controles médicos debidos y, obviamente el ocio, el turismo responsable y el deporte. En cien años las mujeres han accedido a todas las disciplinas deportivas, cuando las teníamos prohibidas en un principio. En resumen, hemos conquistado la gloria y la calle, ese espacio que teníamos vedado durante milenios, y queremos respirar un aire más limpio en la misma, donde las relaciones sociales sean más importantes que el simple urbanismo.

7º) La sexualidad. Nos importa encontrar la mejor pareja de vida y también la mejor para una relación esporádica, porque todos los momentos de la vida son importantes. Acudimos a revisiones ginecológicas. Planificamos nuestros embarazos y damos importancia crucial al noviazgo, al matrimonio, al divorcio, al abandono, a la felicidad íntima, porque sabemos cuán difícil y a la vez satisfactoria es la vida compartida. Vivimos solas y con hombres o mujeres. Nos preocupan las decisiones de ambos sexos, así como su forma de ser y sentimientos.

8º) La maternidad nos mediatiza, tanto para aplazarla o descartarla en nuestras vidas, como para asumirla o buscarla cuanto antes. Nuestra postura ante esta cuestión es absolutamente revolucionaria, porque tener hijos era nuestro único destino durante toda la historia de la humanidad, y ahora es posible relegarlo a una séptima posición. No pasamos por alto, sin embargo, la preocupación de muchas mujeres, con o sin pareja, por la adopción de criaturas, por la fecundación in vitro, por una gestación sana, óptima, añorada, planificada. Tomamos anticonceptivos, estamos preocupadas por la educación de nuestros hijos e hijas, a los que ayudamos en la realización de sus deberes escolares. Participamos en las AMPAs y denunciamos los contenidos sexistas de muchos libros de texto, que, poco a poco, van mejorando hacia una exposición igualitaria de las distintas disciplinas.

9ª) La desigualdad social, la pobreza, la carestía de vida. Vivimos muy a pie de calle, solo separados de nuestros vecinos y vecinas por un ligero tabique, así que conocemos todas las miserias humanas de primera mano. Estamos cerca de la marginalidad y también cerca de la perfección.

10) La política. Nos importa el destino de nuestro voto electoral. Participamos en asociaciones, en partidos, en foros, en sindicatos, en redes sociales. Nos interesan las noticias nacionales e internacionales, las relaciones entre los países desarrollados y menos desarrollados. Nos apasiona la industrialización, la robotización, las fiestas y la vida ciudadana.

En resumen, los temas más candentes son los que nos atraen, pues el mundo entero es nuestra competencia.

En un nuevo 8 de marzo, nos felicitamos porque la sociedad abra al fin los ojos, finalmente, a la equidad, al progreso y a la justicia, valorando los derechos de la mujer en la ley y en la práctica, pues nosotras somos ciudadanas del mundo y a la vez seres humanos individuales con todas las contradicciones y excelencias correspondientes.

Vivas, libres, iguales… nos queremos. Feliz Día Internacional de la Mujer.

Sobre la lectura

Al aumentar la población y la formación de esta, es lógico pensar que se leen y compran más libros cada año, pero nuestra sociedad es tan cambiante, que bien podía ocurrir lo contrario: que se lea cada vez menos.

Es muy fuerte el ingenio creativo de la literatura en español y la industria editorial de nuestro país siempre fue puntera, pero, tristemente, muchas de las editoriales consideradas célebres hace años, ya no existen o son gestionadas por empresas distintas  de las que las fundaron. Por otra parte, tampoco se ven aquellas papelerías y librerías que vendían libros en los barrios, acercando los títulos famosos a los vecinos. Las librerías físicas se han reducido drásticamente y ser librero o librera ya no es el sueño de nadie, sin duda porque no es rentable. Amazon se ha convertido en el dispensador de libros más grande conocido. No solo  ofrece miles de títulos de todos los géneros, sino que consigue ese que ya está descatalogado y que el lector no encuentra en ninguna otra parte. Con este gran coloso tenemos que convivir.

Los libros usados se venden al peso en mercadillos y quienes los amamos no podemos dejar de sentir lástima por toda esa inteligencia apilada sin orden en el suelo de ferias y rastrillos, ofrecida a precio ínfimo, y a veces abandonada en contenedores de basura. Muchas bibliotecas aceptan donaciones de libros y ellas me resultan la mejor solución cuando ya no tenemos espacio para almacenar tantos volúmenes como a veces acaparamos. En un mundo en que los pisos de alquiler  y la mudanza continua son  moneda corriente, los libros, especialmente los ya leídos, son una carga que en numerosas ocasiones no podemos seguir llevando. Las grandes enciclopedias del siglo XX, sin embargo, no suelen ser aceptadas por la bibliotecas  públicas, sin duda porque Internet está sustituyendo  y actualizando toda la información que se almacenaba en esas enormes maquetaciones del saber, que eran de obligada consulta hace décadas para cualquier adolescente o joven que quisiera realizar un trabajo o ejercicio de clase.

Los niños y niñas de entre 10 y 12 años leen con entusiasmo, sin duda por indicación expresa de colegios y familias, y es preciso aprovechar el tirón, para que esa magnífica costumbre no se pierda con el correr de los años.

Aparentemente, cuando viajamos o caminamos por las calles, observamos escasos quioscos de prensa y pocas personas leyendo periódicos o libros. Las narraciones cortas, muy cortas, triunfan en Internet, así como la información breve en twitter o Instagram. La consulta a Facebook  o a cualquier otra red social a través del móvil es la práctica más común. Estimo que  si los viajeros de transporte público leen algo en su teléfono, ya que la pasión auténtica es contestar al WhatsApp, consultar aplicaciones o jugar, los conductores de su propio vehículo apenas pueden leer nada. Para estos y para todos aún nos queda la radio, en sus  innumerables emisoras, donde resisten extraordinarios programas culturales sobre literatura, historia y ciencia, que impulsan a los oyentes a adquirir los libros que divulgan.

Observo a más mujeres que hombres leyendo en las bibliotecas, en los autobuses, en los teatros, en las charlas culturales, incluso en las librerías físicas. También encuentro a más escritoras que escritores, aunque es posible que las estadísticas me contradigan. Estas indican claramente que los grandes premios literarios los ganan los escritores varones  y en las editoriales son ellos quienes tienen la última palabra en la gestión de la empresa y en la elección de títulos publicables, por mucho que sean mujeres quienes leen los manuscritos, quienes los corrigen y quienes desarrollan la parte administrativa. Quiero creer que los editores entienden que las lectoras somos mayoría y apreciamos la útil pluma de las escritoras en lo que tiene de esfuerzo y acercamiento al olvidado universo de las mujeres, sin olvidar jamás las obras de los escritores hombres.

Destaco la dotación y modernización de las bibliotecas en  nuestro siglo. Ellas se han convertido en lugares de encuentro cultural de todas las generaciones y clases sociales. Los eventos que presentan van desde talleres de nuevas tecnologías a conferencias sobre historia y literatura de alto nivel, en una renovación espectacular de espacio, modos y ofertas.

La lectura compagina bien con el visionado de series y el cine, incluso quizá también con youtube. Un libro en papel se regala más que una obra en descarga digital, pero ambos soportes se mantienen y crecen poco a poco sus ventas.

Es maravilloso el auge ascendente de la poesía, desgranada en Facebook día tras día. Los recitales poéticos se prodigan, así como las coediciones de varios poetas en un solo volumen. El libro de bolsillo, por otra parte, parece haber desaparecido, contemplándose un precio generalista de obras literarias que oscila entre 16 y 22  euros. Los premios de gran nivel económicos se mantienen, especialmente para la novela, destacando el Planeta, el Nadal, el Herralde, el Primavera y el Ateneo de Sevilla.

Publicar una obra no es sencillo, pues no solamente hay muchos escritores y libros en el mercado, lo que creo, sinceramente que eleva, en general,  el nivel literario, aunque las ventas disminuyan, sino que las modalidades de publicación se amplían a la clásica de hacerlo de la mano de una editorial (que puede cobrar o no cobrar al autor), hacerlo en coedición, en autoedición o en crowdfunding. Una amplia variedad de opciones es la que tienen los escritores para ver su obra publicada, casi tanto como los soportes en que se la pueden encontrar los lectores. Estos tienen la oportunidad de rescatar libros en algunas calles en la modalidad de bookcrossing, de comprarlos online o en una librería de calle, de sacarlos en préstamo, de pedirlos a un amigo, de buscarlos en su trastero o en sus estanterías. Pueden recomendarlos en las redes sociales  o de viva voz, y este punto al que llegamos, el de la publicidad, es el más peculiar.

Un escritor de renombre no se preocupa personalmente de anunciar su obra  en los medios, pero, en el mundo de hoy, el escritor novel está obligado a ello, sepa o no cómo abordar el asunto.

Leer siempre fue una aventura fascinante y cada vez lo será más, tras una crisis económica sin precedentes, que ha acabado con muchos sellos editoriales, agentes literarios, librerías y  quioscos de prensa, pero de cuyas cenizas han surgido nuevos y numerosos clubs de lectura, cuñas radiofónicas, recomendaciones de influencers y expertos en marketing que promocionan novelas y poemarios con maestría.

Adjunto información sobre el tema (https://www.abc.es/cultura/abci-mas-40-por-ciento-poblacion-solo-papel-201801181107_noticia.html) y deseo que nunca nos falte una nueva obra literaria que leer.

Teresa Álvarez Olías

El realismo de Balzac y Dickens

La lectura y la vida misma son los dos insumos que alimentan  el cerebro de los escritores, los cuales, combinados con su ingenio, producen las inolvidables obras que podemos disfrutar sus lectores.

Quisiera destacar dos figuras que brillan con luz propia en el universo de las letras, uno en inglés y el otro en francés, durante la primera mitad del siglo XIX: Dickens y Balzac.

Ambos crean decenas de personajes diversos en un carrusel de circunstancias y novelas que reflejan los múltiples tipos humanos de una Europa acostumbrada a las guerras (aunque milagrosamente en paz por unos decenios en esa época), a las hambrunas, a la tiranía de su gobierno (ya sea la monarquía o la república), y en definitiva al abandono de un estado que no se preocupa de los humildes, sino de recaudar impuestos y de revertirlos en la nobleza, el ejército  y la curia eclesiástica.

De entre sus múltiples libros, destaco “Eugenia Grandet”, gran novela de Honoré Balzac, nacido en el sur de Francia y después vecino de París, y “David Copperfield”, magnífica novela,  y  en gran parte autobiográfica, de Charles Dickens, habitante de Londres. Ambas novelas dibujan con precisión la vida cotidiana en esa centuria que se abre a la usura de los poderosos, al maquinismo, a la lectura de relatos por entregas, y también a una cierta crítica social impensable cincuenta años atrás.

Francia ya ha vivido su revolución y  su terror muy poco tiempo antes. Inglaterra  también lo ha hecho, con tres siglos de antelación. Ambas naciones se encuentran en vísperas de convertirse en grandes imperios conquistadores de Asia y África, tras colonizar Norte América. Todo a costa de una clase social, la más pobre, la más amplia del espectro de población, que sobrevive a duras penas.

Balzac y Dickens, cada uno a su manera, en estos dos libros, coinciden en:

1) Perfilar el personaje tacaño por antonomasia, el padre en un caso y en el otro el padrastro, que administran y cuentan las monedas con las que se compra la comida diaria, así como las velas, el carbón, las astillas o la tela de las ropas del resto de personajes, en un control exhaustivo de las vidas que de ellos dependen.

2) Mostrar el papel de la familia patriarcal, constreñida a un mundo jerárquico, donde la casa se muestra como cárcel  eterna, de las que solo  gracias a la fortuna, a la madurez o el cambio de estado civil, es posible escapar.

3) Reflejar con todo lujo de detalles la opresión de los hombres sobre las mujeres y la infancia.

4) Presentar el matrimonio como posible redención de la pobreza y la agobiante rutina.

5) Acercarnos a la triste existencia de la servidumbre, muy cercana a la esclavitud, por la devoción desinteresada a sus señores que a toda hora les brinda.

6) Certificar la conducta de los gobiernos olvidando a  sus súbditos poco productivos: los ancianos, los menores de edad, especialmente los huérfanos, las viudas y los enfermos cuando no cuentan con la protección de un hombre que los sustente o una fortuna que los avale.

7) Describir el mundo rural francés, en el caso de Eugenia Grandet, y el urbano o londinense, en el caso de David Copperfield, con sus costumbres y pinceladas perfectas: las manías del poderoso avaro, el horario inflexible de comidas, la asistencia a la iglesia, o la obediencia a la autoridad establecida, entre otras.

El realismo narrativo de ambos autores nos introduce en una dolorosa rutina de dos países que han sufrido guerras sin cuento, y que están empezando a experimentar la industrialización feroz, sin abandonar el encasillamiento estricto de la vida rural, sujeta aún más que la ciudadana a la fiscalización del vecindario y a normas ancestrales.

Contemplamos dos países en una época en que los viajes entre urbes o pueblos para la población común son escasos e inseguros, muy dependientes de la climatología  y los bandoleros. Dos naciones con pueblos religiosos, sumisos, con mucha historia a sus espaldas, y un punto descreídos de que la fortuna les sonría y mejore su nivel de vida alguna vez.

Los hijos dependen del padre hasta que se casan, y en el caso de las hijas esto es aún más exacto, como se muestra claramente en Eugenia Grandet, pero los huérfanos solo dependen de la buena voluntad de la gente, en una triste y vergonzosa parábola perfilada en David Copperfield, que ha servido a las generaciones posteriores para  tomar conciencia del abandono y explotación laboral de la infancia.

Eugenia Grandet  plasma el mundo campesino vivido por Balzac en sus primeros años y David Copperfield muestra la deshumanización, experimentada por Dickens, de los individuos en una urbe populosa que está entrando en un nuevo régimen, marcado por la especulación y las leyes del capitalismo.

Balzac es más idealista que su colega Dickens, pues este tiene un punto de burla en su forma de narrar que funciona como crítica de las escenas que muestra.

Los dos autores tuvieron vidas de grandes contrastes, ya que pasaron de la pobreza a la riqueza, del anonimato a la fama, del individualismo al amor, y también fueron enormemente prolíficos en la redacción de libros.

Otras obras de Honoré de Balzac (Tours, 20 de mayo de 1799-París, 18 de agosto de 1850) son: ”La piel de zapa”, publicada en 1931,”Louis Lambert”, en 1832 ,Papá Goriot” en 1.834,”La prima Bette”,en 1.846, y “El primo Pons” en 1.847.

Otros libros de Charles Dickens (Portsmouth, Inglaterra, 7 de febrero de 1812-Gads Hill Place, Inglaterra, 9 de junio de 1870) son: ”Los papeles póstumos del Club Pickwick”, publicado en 1.836,”Oliver Twist”, en 1.837.”Tienda de antigüedades” en 1840,”Casa desolada” en 1.842,”Tiempos difíciles” en 1.865, y ”Grandes esperanzas” en 1.860.

Leerlos nos acerca con total exactitud a la realidad europea del siglo XIX.

Teresa Álvarez Olías

Relato corto y novela clásica

La narrativa es un encandilamiento que te atrapa como lector-a y te hechiza como escritor-a en historias largas y cortas, en cuentos y novelas donde el ingenio vuela y se descalza para contentar a unos y a otras, a quienes tienen prisa y a quienes se aceleran.

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La infidelidad de la mujer en la novela de fines del siglo XIX

Si bien el amor es un tema constante en la narrativa de todos los tiempos, el adulterio, especialmente el femenino, descrito por autores hombres, es un asunto recurrente en el realismo literario del siglo XIX.

Centrándonos en cinco libros de narrativa podemos llegar a algunas conclusiones. Así encontramos Rojo y negro de Stendhal, Madame Bovary de Gustave Flaubert, Retrato de una dama de Henry James, Anna Karenina de León Tolstoi y La Regenta de Leopoldo Alas Clarín. Sigue leyendo La infidelidad de la mujer en la novela de fines del siglo XIX

La novela negra triunfa en sus saltos de época

La verdad sobre el caso Harry Quebert es una gran novela escrita por Joël Dicker, suizo, francófono, aunque el argumento se sitúa claramente en EEUU, en la pequeña y costera ciudad de Aurora, en el estado de New Hampshire, retratada magistralmente con pelos y señales por este nuevo gran escritor.

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“Mariona Rebull” o el nacimiento de la burguesía industrial en Cataluña

Mariona Rebull es la novela que describe el crecimiento espectacular de la industria textil en Cataluña, sin parangón con el resto de España.

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La hacienda rural en Inglaterra y España a través de dos grandes novelas

Jane Austen (Steventon, 16 de diciembre de 1775-Winchester, 18 de julio de 1817 y Emilia Pardo Bazán (La Coruña, 16 de septiembre de 1851-Madrid, 12 de mayo de 1921), son dos grandes escritoras, una británica y la otra española, separadas por el mar Cantábrico-North Sea y cien años de Historia, pero unidas por su destreza en describir la vida de una familia pudiente y rural.

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El comercio, esa gran actividad humana

Es bien sabido que una de las actividades humanas más corrientes y antiguas es el comercio, esto es, el intercambio de bienes por dinero, por lo que a lo largo de los siglos, aun manteniéndose, ha variado sensiblemente.

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Amarga la época en la que impera el silencio

Tiempo de silencio es una novela de Luis Martín Santos decisiva para entender la literatura española del siglo XX, en especial la de los años 60.

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Salvemos a las personas y las aguas que surcan el Mediterráneo

El Mediterráneo es el mar que media entre las tierras de Europa, Asia y África, “pintando de azul sus largas noches de invierno” como canta Joan Manuel Serrat en uno de sus más grandes éxitos. Es el mar que ha contemplado de cerca civilizaciones tan importantes como Egipto, Grecia, Roma y el Imperio Otomano.

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“El poder y la gloria”, la gran novela de Graham Greene

Novela social y psicológica, ambientada en los años treinta del siglo XX, en un incierto estado de México, El poder y la gloria narra con maestría la odisea de un cura rural perseguido por ejercer su ministerio, ya que el gobierno había prohibido el catolicismo a la población en esa época.

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Los globos terrestre y celeste como revolución científica

El museo arqueológico nacional, ubicado en Madrid, ha presentado recientemente, como obra de arte del mes, Los globos terráqueo y celeste, de similar factura, fechados en el siglo XVII.

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“El amor en los tiempos del cólera”, de Gabriel García Márquez

Fermina Daza y Florentino Ariza son los protagonistas de esta novela barroca, exuberante, cadenciosa como los barcos que cruzaban el Caribe en los convulsos y deliciosos tiempos en que el cólera morbo, y cualquier otra enfermedad intestinal y contagiosa, antes del descubrimiento de las vacunas, acababa en breve con la vida de miles de personas.

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“El abismo en el tiempo”, de Howard Phillips Lovecraft

Estamos ante una historia corta y angustiosa, magistral, narrada en primera persona. Se trata de una obra precursora de las novelas posteriores de ciencia-fiction del siglo XX, basada en datos científicos, en descubrimientos geográficos e históricos, muy al estilo de los siglos XVIII Y XIX.

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“Cosmos”, para conocer y entender mejor el universo

“Cosmos” es el nombre de una interesante exposición que encontramos en la Biblioteca Nacional de Madrid y que podemos visitar hasta el 9 de septiembre de 2018.

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Pessoa como nexo de la vanguardia portuguesa

El museo Reina Sofía de Madrid ofrece hasta el 7 de mayo con el lema “Todo arte es una forma de literatura”, una exposición sobre Fernando Pessoa, gran escritor portugués, articulista y poeta, muerto en plena madurez en 1935.

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