Alberto Romero El Quijote 8 - CERVANTES: ECCE HOMO - Acalanda Magacín
Opinión José Antonio Hernández de la Moya Literatura Magazine

CERVANTES: ECCE HOMO

«El que anda mucho y lee mucho, ve mucho y sabe mucho» EL QUIJOTE

Este podcast, del que asumo la autoría junto con Casimir Soler, ha sido creado con la ayuda de herramientas de Inteligencia Artificial (IA).

Recuerdo que cuando era niño y aparecía ante mis padres muy sucio, despeinado, lleno de barro y arañazos, ellos me reprendían exclamando: ¡Hijo, vienes como un “ecehomo”! De mayor he podido comprender que la expresión “venir como un “ecehomo” viene directamente de la escena bíblica en la que Poncio Pilato presenta a Jesús al pueblo tras la flagelación, coronado de espinas y cubierto de heridas, diciendo: “Ecce homo (“He aquí el hombre”, en latín).

En la tradición cristiana y en el arte —sobre todo en la pintura y la imaginería— el “Ecce Homo” es una imagen de Jesús maltrecho, ensangrentado y con las ropas desgarradas. Con el tiempo, el término se aplicó humorísticamente a cualquiera que viniera hecho un desastre: sucio, despeinado, lleno de barro o arañazos… exactamente como un niño que ha pasado toda la tarde jugando sin control.

Comencé afirmando en mi artículo anterior, «El silogismo de Cervantes y El Quijote» que:

¡Amo profundamente a Cervantes, pero no creo que escribiera El Quijote!

Retrato de Miguel de Cervantes, autor del Quijote, con barba y gorro, vistiendo un collar de encaje blanco.

Una afirmación que parece contradictoria e incluso una provocación gratuita. Sin embargo, es la síntesis de una convicción sobre la vida y obra de Miguel de Cervantes, fruto de años de estudio y reflexión. En aquel texto expuse las primeras razones de mi postura; en este nuevo artículo, titulado con el bíblico y solemne nombre de «Cervantes: Ecce Homo», me propongo explicar con mayor claridad por qué sostengo esta tesis. Vaya por delante, que aquí no pretendo disminuir la figura de Cervantes, sino todo lo contrario: mostrarlo en su verdadera estatura humana, no como el creador de la obra, sino como el hombre de carne y hueso que, con sus aciertos y fracasos, hizo posible que El Quijote, la obra cumbre de la literatura universal y el pensamiento humano, viera la luz.

En efecto, Cervantes: ¡He aquí el hombre! No el erudito encerrado entre códices y bibliotecas, sino el ser humano que, marcado por la vida y sus reveses, llevó sobre sus hombros el peso de una obra que cambiaría para siempre el pensamiento universal. Frente a la figura inalcanzable de Juan Luis Vives —a quien considero el verdadero artífice intelectual del Quijote, por su inmensa sabiduría, su dominio de las letras y su vida virtuosa y ejemplar—, Cervantes se nos muestra próximo, tangible, casi hermano en la condición humana. Fue alumno aplicado en la escuela de la adversidad, conocedor de la pobreza, la cárcel, el desengaño y el combate, y quizá por ello el instrumento necesario para que esa obra cumbre viera la luz. En Cervantes contemplamos al hombre, y en él reconocemos un espejo de nuestra propia fragilidad y perseverancia.

Retrato de dos hombres con ropajes del siglo XVII, sosteniendo un libro abierto que contiene diagramas. Detrás se observa un mapa antiguo.
#DigitalArt #Midjourney #CasimirSoler

¡He aquí el hombre! La frase con la que Poncio Pilato presentó a Jesús al pueblo no es aquí un símbolo de derrota ni de humillación, sino de revelación: la aparición de una figura humana que, sin pretenderlo, se convirtió en puente entre lo divino y lo terrenal, entre la grandeza de las ideas y la crudeza de la vida.

En el vasto escenario del Siglo de Oro, Juan Luis Vives brilla como un faro de erudición y sabiduría, tan alto y lejano que sus ideas parecen suspendidas en una esfera reservada a los grandes sabios. Debe ser considerado el verdadero autor de Los “Quijotes” de Cervantes y de Avellaneda, por su formación, su pensamiento y la hondura universal de su mirada. Pero Cervantes, en cambio, nos pertenece de otra manera: por su proximidad y hermandad en nuestras flaquezas y aspiraciones.

No forjó su espíritu en el sosiego, en lugar apacible, en la amenidad de los campos, en la serenidad de los cielos, en el murmurar de las fuentes sino en la escuela sin descanso de la adversidad: soldado en Lepanto, cautivo en Argel, funcionario pobre, presidiario en Sevilla. En fin, en Cervantes quiero ver al hombre que, a pesar de la crudeza de la vida, se convirtió en el instrumento para que una obra literaria sin parangón emergiera a la luz.

Juan Luis Vives, es la contraparte de Cervantes: nacido en Valencia en 1493 y formado en las más prestigiosas universidades de Europa, encarna el modelo del pensador renacentista total. Su dominio de las lenguas clásicas, su vasto conocimiento de la filosofía, la teología, la política y la pedagogía, así como su profunda sensibilidad humanista, lo convierten en una figura difícil de abarcar incluso para el lector moderno.

Su obra no se limita a un ámbito concreto: abarca desde la reflexión sobre la educación de los príncipes hasta la reforma de la asistencia social, desde la ética personal hasta la crítica de los abusos eclesiásticos. Su pensamiento, de tan amplio que es, nos queda a menudo lejano, como una cima intelectual que se contempla desde abajo con admiración, pero también con la certeza de que pocos pueden alcanzar.

Cervantes, sin embargo, no conoció esa formación académica reglada ni el acceso directo a las fuentes clásicas. Su universidad fue la vida: el estrépito de las batallas navales, las privaciones del cautiverio, el laberinto de la burocracia y el peso implacable de la pobreza. Si Vives construye su visión del mundo desde la abundancia de conocimientos y la serenidad del estudio, Cervantes lo hace desde la escasez y el riesgo constante.

Retrato artístico de dos hombres en el contexto literario del Siglo de Oro español. A la izquierda, un hombre mayor con barba y un libro en las manos, y a la derecha, un hombre más joven en un entorno de estudio, escribiendo con un bolígrafo sobre un libro abierto.
#DigitalArt #Midjourney #CasimirSoler

En este contraste se revela una gran paradoja: la sabiduría y la erudición de Vives que, a mi juicio, «engendró la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno», es decir El Quijote; y la falta de formación académica y dedicación al pensamiento y la escritura de Cervantes que, por obra del destino, permitió que esta obra inmortal de la literatura luciera en el mundo. Por lo tanto, el primero aportó la arquitectura de ideas, el segundo abrió la puerta para que vieran la luz. Y es que, El Quijote, visto de esta manera es una especie de confabulación universal entre la prodigiosa mente de Juan Luis Vives y la vida repleta de adversidades de Miguel de Cervantes. Uno concibió esta obra con la precisión del sabio; el otro lo llevó a la imprenta con la fuerza del superviviente. Sin proponérselo (Vives murió en 1540 y Cervantes nació en 1547) caminaron por sendas distintas hacia un mismo punto: ofrecer al mundo la obra cumbre de la literatura universal. En fin, utilizando una expresión cinematográfica: dos hombres y un destino, unidos por la eternidad en las páginas de un libro inmortal.

Retrato de Juan Luis Vives a la izquierda, un filósofo y humanista español, y Miguel de Cervantes a la derecha, el célebre autor de 'Don Quijote'. Ambos son figuras destacadas del Renacimiento español.
Juan Luis Vives-Cervantes

Durante siglos, como he escrito en El silogismo de Cervantes y El Quijote, la figura de Cervantes ha sido objeto de una hagiografía nacionalista que tendía a ensalzar al héroe y a mitificar al genio. Por ello, el profesor Francisco Calero, catedrático emérito de filología latina de la UNED, se ha referido de forma clara y contundente a la necesidad de hacer una revisión crítica de la vida de Cervantes, principalmente en su obra El verdadero autor de los “Quijotes” de Cervantes y Avellaneda, afirmando que para hacer esta revisión crítica hay que partir de algunas ideas expresadas por el gran especialista en la vida de Cervantes, Jean Cannavagio autor de la Biografía Cervantes (1986, 1987 y 1997) y Vida y Literatura: Cervantes en el Quijote y Resumen Cronológico de la vida de Cervantes. Por llamativa y sorprendente es de destacar, a juicio del profesor Calero, la siguiente conclusión de Jean Cannavagio:

«Carecemos asimismo de una biografía crítica digna de este hombre; la mayoría de las biografías de este hombre son, en efecto, relatos novelados».

Jean Cannavagio

Ciertamente, no pueden ser más pesimistas las conclusiones de Jean Cannavagio sobre la autoría del Quijote por parte de Cervantes, pero es que, como solemos decir, “a los hechos me remito”.


Al revisar de forma rápida la biografía de Cervantes llama poderosamente la atención su movilidad dentro y fuera de España: Alcalá de Henares(1547); Valladolid (1552); Córdoba (1553); Sevilla (1564); Madrid (1566); Roma (1570); Lepanto (1571); Mesina (1572);Nápoles (1573-1574); Argel (1576-1580); Orán (1581); Sevilla( 1587); Écija (1588-1589); Carmona (1590); Sevilla-Granada-Jaén-Montilla (1591); Sevilla (1592-1594); Toledo (1595); Sevilla (1597-1600); Esquivias (1602); Valladolid (1605); Madrid (1608-1616).


En fin, ¡Cuántas ciudades!, ¡cuántos cambios!, ¡cuántos viajes! Sin duda, como ha escrito el profesor Francisco Calero en su obra El verdadero autor de los “Quijotes” de Cervantes y Avellaneda, una vida nada favorable al estudio, al pensamiento, a la reflexión, a las lecturas, a la escritura.

Como vengo argumentando en todos mis artículos, El Quijote es una obra de sabiduría y erudición y ninguna biografía determina dónde y cómo adquirió Miguel de Cervantes toda la enorme erudición y sabiduría que contienen “Los Quijotes”.

Se viene aceptando que nació Alcalá de Henares el 29 de septiembre de 1547 y que falleció en Madrid el 22 de abril de 1616; que fue novelista, poeta, dramaturgo y soldado español. Asimismo, se viene admitiendo que Cervantes está considerado una de las máximas figuras de la literatura española —de aquí el apelativo de “Príncipe de los Ingenios”— autor del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, una obra magna precursora de la novela moderna. Sin embargo, sobre su vida y su obra se han abierto trascendentales enigmas como el de su lugar de nacimiento y su erudición y sabiduría.

Ilustración de un hombre vestido con traje del siglo de oro español, sosteniendo un libro titulado 'Don Quijote'. En el fondo, un edificio con vegetación, mientras que en las esquinas hay retratos de otros personajes históricos y artísticos.

Con respecto a su lugar de nacimiento, recientemente se ha redescubierto un documento judicial de 1593 (descubierto en 1914 por el abogado e historiador Adolfo Rodríguez Jurado) que incluye dos firmas de Cervantes, reconociendo que es “natural de Córdoba”. Según el investigador José de Contreras y Saro: «Hay muchos documentos de Miguel de Cervantes, pero este es el único en el que se precisa su edad, se habla de su naturaleza, se habla de su vecindad, se habla de su oficio como criado del rey, y se habla de que es escritor. Todo en un mismo documento». Por lo tanto, surge la duda razonable de si Cervantes nació realmente en Alcalá de Henares, en Córdoba o en otros lugares sugeridos como Alcázar de San Juan (Ciudad Real).

Pero como “no hay dos sin tres”, de acuerdo con el principio de la escuela pitagórica que establece que para equilibrar la dualidad debe aparecer un tercer punto, también recientemente, dos profesores de la Universidad de Sevilla, José Solis y Juan Montero, han salido al paso de esta información aduciendo que por el hecho de que Cervantes declarara en un juicio que era “natural de Córdoba”, no significa que hubiera nacido allí. Aclaran que se trata de una antigua polémica del pasado que ya fue resuelta hace más de un siglo por el gran cervantista Francisco Rodriguez Marín determinando que la declaración “soy natural de…” no ha de interpretarse de forma literal, sino para apelar a un sentimiento. En este mismo sentido se ha pronunciado Alfredo Martínez, profesor de Historia del Derecho de la Universidad de Sevilla, diciendo que, en la época de Cervantes, la expresión «natural de» no es fidedigna jurídicamente y que, más que una realidad con efectos jurídicos, expresa un sentimiento, es decir, sentirse oriundo de un lugar o que su familia lo sea. Recordemos que su abuelo, don Juan, fue corregidor en Córdoba e introductor en esta ciudad de la Compañía de Jesús. 

Ilustración en sepia de un hombre con sombrero, mirando sobre su hombro, rodeado de imágenes más pequeñas de otros hombres en trajes de época.

Y en cuanto a su erudición y sabiduría, todas las biografías se limitan a comentar que Cervantes se estableció con 19 años en Madrid en 1566, formándose en el Estudio de la Villa con el catedrático de gramática, Juan López de Hoyos. Al parecer, López de Hoyos, estaba familiarizado con las ideas erasmistas.

En un libro que publicó en 1569 sobre la enfermedad y muerte de la tercera esposa de Felipe II, la reina Isabel de Valois, López de Hoyos incluye dos poesías de Cervantes, a quien califica de «nuestro caro y amado discípulo». Para ciertos cervantistas, estas poesías son las primeras manifestaciones literarias de Miguel de Cervantes.

Nadie ha sabido determinar durante cuánto tiempo asistió Cervantes a esta institución académica. La estancia de Cervantes como estudiante en el Estudio de la Villa no está nada clara. J.M. Bernáldez Montalvo en su obra, Historia de una Institución madrileña, lo pone en duda:

«¿Fue Cervantes alumno de López de Hoyos en el Estudio Municipal, como reza una lápida conmemorativa de esa institución? Los “madrileñomanos” lo afirman sin reservas. Los cervantistas críticos lo dudan o lo niegan en redondo. Hay algo seguro: solo lo sería por pocos meses»

J.M. Bernáldez Montalvo

Sí, en efecto, todo apunta a que la estancia de Cervantes en el Estudio de la Villa lo fue durante muy poco tiempo —quizás meses— pues se conserva una providencia de Felipe II de 1569, por la que establece prender a un tal Miguel de Cervantes, acusado de herir en un duelo al maestro de obras, Antonio Sigura.

Se ha especulado con que, si se tratara realmente del supuesto autor de El Quijote y no de un homónimo, este grave incidente le habría empujado a Cervantes a huir de España, encontrando refugio a las órdenes del cardenal Giulio Aquacviva, siguiéndolo por diferentes ciudades de Italia. Al parecer, no estuvo mucho tiempo a su servicio porque, pronto ocupó el puesto de soldado en la compañía del capitán Diego de Urbina. Embarcado en la galera Marquesa, participó con 24 años, el 7 de octubre de 1571 en la famosa batalla de Lepanto, «la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros», formando parte de la armada cristiana dirigida por don Juan de Austria.

Collage of various artistic interpretations of Ecce Homo, showcasing a blend of colorful textures and materials.
Pinturas y esculturas del artista plástico Alberto Romero

Su periplo italiano, centrado en batallas navales y no, como a veces se comenta en el estudio de la cultura renacentista, finalizó en Nápoles con 28 años en 1575. Durante su regreso a España sería apresado, junto con su hermano Rodrigo, el 26 de septiembre por una flotilla turca y conducido hasta Argel, donde permaneció durante 5 años. De acuerdo con la biografía aceptada esta experiencia dejará una huella significativa en Cervantes que habría quedado reflejada en El trato de Argel, La Galatea y Los trabajos de Persiles y Segismunda.

Una vez en España, su vida no fue, en absoluto, tranquila y propicia para el estudio y la reflexión. En mayo de 1581, Cervantes se trasladó a Portugal, donde se hallaba entonces la corte de Felipe II, con el propósito de encontrar algo con lo que rehacer su vida y pagar las deudas que había contraído su familia para rescatarle de Argel. Le encomendaron una comisión secreta en Orán, por sus muchos conocimientos de la cultura y costumbres del norte de África.

En la época en que se supone que escribió y publicó La Galatea, su primera gran obra literaria (allá por los años 1581-1585) mantiene relaciones con Ana Villafranca de Rojas, casada con un tabernero llamado Alonso Rodríguez. De esta relación nació su hija Isabel Rodríguez y Villafranca, bautizada el 9 de abril de 1584 en Madrid. Fue reconocida por Cervantes cuando contaba con dieciséis años y se había quedado huérfana. Unos meses después, el 12 de diciembre de 1584, Cervantes contrajo matrimonio con Catalina de Salazar y Palacios, dieciocho años menor que él, en el pueblo toledano de Esquivias y, en 1587, viajó a Andalucía como comisario de provisiones de la Armada Invencible.

El 21 de mayo de 1590 Cervantes pedía en un memorial dirigido al Consejo de Indias que se le hiciese «merced de un oficio en las Indias», de los tres o cuatro que había vacantes: la contaduría del Nuevo Reino de Granada, la Gobernación de la provincia de Soconusco en Guatemala, la contaduría de las galeras de Cartagena de Indias o el cargo de corregidor —actualmente un alcalde — de la ciudad de La Paz.

En el informe que acompañaba a dicha súplica se citaban todos los méritos de guerra del desafortunado manco, y además se decía que era «hombre hábil y suficiente y benemérito para que V. M. le haga merced, porque su deseo es de continuar siempre en el servicio de V. M. y acabar su vida como lo han hecho sus antepasados, que en ello recibirá muy gran bien y merced». Por cierto, llama la atención que en este informe Cervantes no indicara su condición de escritor. La respuesta del Consejo de Indias no pudo ser más escueta. El futuro “Príncipe de los Ingenios” fue despachado con esta escueta respuesta: «Busque por acá en qué se le haga merced. En Madrid 6 de junio de 1590».

A partir de 1594 (con 47 años) será recaudador de impuestos atrasados, un empleo que le acarreará numerosos problemas y disputas, puesto que era el encargado de ir casa por casa recaudando impuestos, que en su mayoría iban destinados a cubrir las guerras en las que estaba involucrada España.

Con 50 años, entre septiembre y diciembre del año 1597 es encarcelado en la Cárcel Real de Sevilla tras la quiebra del banco donde depositó al parecer la recaudación. Ciertos exegetas de la obra cervantina, han querido ver que en el siguiente texto del prólogo del Quijote que Cervantes pudo concebir la novela: Y, así, «¿Qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?» Evidentemente, la descripción parece más bien un elocuente recurso literario evocador de una vida difícil o adversa más que una pista para señalar dónde se concibió la obra.

Collage de pinturas coloridas que representan personajes de la literatura, incluyendo a un hombre de barba y un molino de viento, evocando el estilo de Don Quijote.
Pinturas del artista plástico Fidel María Puebla

 Y llegamos a 1604, año en el que Cervantes se instala en Valladolid (Corte Real de Felipe III desde 1601). Ese mismo año de 1604, Antonio de Herrera y Tordesillas, Cronista de Indias y Censor de la obra de Miguel de Cervantes, ​autorizó la impresión. Ese año, por cierto, de acuerdo con el artículo El Quijote de 1604, publicado en la prestigiosa revista literaria Zenda por el investigador José Delfín Val, El Quijote circuló por Madrid y por Valladolid antes de que empezara a venderse por Castilla, legalmente en 1605. Y en enero de 1605 publicó la primera parte de la que será su obra magna: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. A partir de aquí comienza la leyenda.

Miguel de Cervantes —esto es innegable—fue un andariego y aventurero incansable que se matriculó en la escuela de la adversidad y de los golpes duros; que conoció la pobreza, la guerra, la prisión, el fracaso y el desprecio; que tuvo, en fin, una experiencia humana dura pero riquísima.

Ciertamente, anduvo mucho, pero… ¿leyó mucho? Les recuerdo que en el Quijote está escrito que:

«El que anda mucho y lee mucho, ve mucho y sabe mucho».

El Quijote

La universalidad del Quijote consiste, no sólo en haber sobrepasado nuestras fronteras, haber sido traducido a muchas lenguas y ser valorado por gentes de todas las condiciones, sino también en ser un arsenal de temas humanos y divinos, tratados o aludidos con la más certera visión y penetrante criterio. Sus citas inolvidables e intemporales demuestran con qué tino describió su autor la realidad del ser humano, desde la crítica literaria, las costumbres populares o cultas, la historia, la moral, la religión, los sentimientos y pasiones, hasta los más mínimos detalles de la existencia cotidiana. Todo ello hace de El Quijote una obra sublime, una joya preciosa, un diamante de innumerables aristas, descriptivas de todas las facetas de la vida humana.

Por lo tanto: ¿Estaba preparado Cervantes para diseñar esta catedral literaria, que requiere de grandes conocimientos y de la máxima reflexión?

Como ya he escrito en otras ocasiones, para el profesor Francisco Calero, autor de la obra El verdadero autor de los “Quijotes” de Cervantes y Avellaneda, ¡de toda imposibilidad, imposible! que Cervantes pudiera diseñarla, tanto por la escasez de sus estudios como por la ajetreada vida que llevó muy alejada de las características favorecedoras de la creación literaria.

En esta obra citada (Pág. 49), el profesor Calero reproduce el siguiente comentario del prestigioso mercedario y académico de número de la Real Academia de Doctores de España (RADE), Luis Vázquez Fernández, procedente de su artículo Miguel de Cervantes: enigmas a descifrar en su libertad encadenada (Estudios. Revista semestral de la Orden de la Merced):

«¿De qué vivió Cervantes después del matrimonio con su esposa Catalina de Salazar y Palacios, 18 años menos que él, en Esquivias? Se casan el 12 de diciembre de 1584. De hecho, su matrimonio no le dio la felicidad. Él tenía que buscar un oficio y pronto se separa físicamente de ella. La madre de Miguel fallece el 13 de junio de 1585. ¿Estaba Cervantes en Madrid? Lo ignoramos. Es nombrado en Sevilla “Comisario del proveedor de las galeras reales”. Se entrega a los negocios, trafica en cartas de pago, libranzas y valores. No logró con su pluma lo necesario para vivir. Y tuvo que andar de cobrador de alcabalas. Pero parece que, en Sevilla, sobre todo, frecuentaba los garitos y se aficionó al juego. Se hizo lo que hoy llamaríamos un “ludópata”».

Luis Vázquez Fernández

En fin, como diría un prestigioso abogado durante un pleito importante, “No hay más preguntas, Señoría”.

Estatuas de dos figuras históricas, una de ellas con una túnica y el rostro serio, y la otra vestida con armadura y sosteniendo un sombrero, representando personajes del Siglo de Oro español.
Esculturas de Juan Luis Vives y Miguel de Cervantes

¡He aquí el hombre! No el mito intocable ni el genio inalcanzable, sino el ser humano que encarnó, con sus cicatrices y su esperanza, la posibilidad de que una obra inmortal naciera en condiciones adversas, caminando entre deudas, oficios menores y decepciones.

Cuando lo contemplamos desde la distancia, junto a la sombra sabia de Juan Luis Vives, percibimos que el milagro del Quijote fue posible porque a la erudición de uno se unió la resistencia del otro. Y de esa combinación surgió una voz que nos sigue hablando por los siglos de los siglos, uniendo lo alto y lo bajo, lo eterno y lo cotidiano.

Cervantes es, en este sentido, el “Ecce homo”, es decir, el hombre que puso la lámpara encima del celemín para que la luz de la obra cumbre del pensamiento humano pudiera alumbrar a toda la humanidad.

Reconocerlo así no disminuye su grandeza, sino que la eleva, pues nos recuerda que las empresas más grandiosas necesitan de manos humanas que las hagan posibles.


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2 comments on “CERVANTES: ECCE HOMO

  1. Avatar de Javier Iglesias
    Javier Iglesias

    A mí me gustaría saber cómo explican (entre otros muchos imposibles) que en la biblioteca de don Quijote hubiera libros que no estaban editados a la muerte de Luis Vives.

  2. Avatar de Javier Iglesias
    Javier Iglesias

    O cómo sabía Luis Vives que los morosos iban a ser expulsados de España en 1609.

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