La mujer del Tiempo

Cuando solo teníamos un “hombre del tiempo”, Mariano Medina, que se acercaba a la mesa camilla de nuestros salones para presentarnos el pronóstico, basado en una ecuación lineal de segundo grado, su información era diáfana: playa sin nubes, clima templado o calor sin excesos (nada que pueda alarmar a la “inteligencia humana”.