¿Cuándo fue la última vez que realmente vio un árbol? No que pasó junto a él, o que disfrutó de su sombra, sino que se detuvo a verlo.
Vivimos, como dice el biólogo Raúl de Tapia, en una sociedad con “ceguera arbórea”. Vemos los árboles como “mobiliario urbano que se puede quitar y se puede poner”, olvidando que son “el primer centro de atención primaria que tenemos”, seres vivos que “están absorbiendo toda la contaminación” a nuestro alrededor.
Este jueves, 13 de noviembre, a las 19:30 horas, en un escenario cargado de simbolismo, tenemos una oportunidad única de curar esa ceguera. La aclamada escritora Clara Obligado y el biólogo y poeta Raúl de Tapia (conocido también como Raúl Alcanduerca) presentarán en el Museo Art Nouveau y Art Déco – Casa Lis de Salamanca su libro, “Un árbol de compañía”.
No es una presentación de libros al uso. Es una invitación a hacerse preguntas. Es la revelación de una amistad y la crónica de una colisión de paradigmas.
I. La “Voz Mestiza”: Lo Aéreo y lo Subterráneo
“Un árbol de compañía” no es un manual de botánica ni un simple poemario. Es, en palabras de sus creadores, una “fusión entre Ciencia, Arte y Naturaleza”, el nacimiento de una “voz mestiza”.
La obra nace de un asombro. Clara Obligado relata que el proyecto surgió de revelaciones que la dejaban “atónita”. Frases que De Tapia, el biólogo, le soltaba con naturalidad científica: “¿Sabes que los árboles están vivos y muertos a la vez?” o “¿Sabes que los árboles inventaron internet?”.
Estas no son metáforas. Son hechos. La vida de un árbol reside solo en sus milímetros exteriores; el resto es una estructura muerta de soporte. Y sí, bajo el suelo, una vasta red de hongos micorrícicos —la “Wood Wide Web”— conecta a los árboles, permitiéndoles intercambiar nutrientes y enviar señales de alarma.
El libro captura este diálogo entre dos perfiles radicalmente complementarios:
- Lo Aéreo (Las Letras): Clara Obligado, definida como “escritora y extranjera”. Exiliada de Argentina en 1976, su obra explora la memoria y la identidad desde el desarraigo. Su búsqueda de la naturaleza es una forma de echar nuevas raíces.
- Lo Subterráneo (La Ciencia): Raúl de Tapia, un “biólogo, botánico y degustador de paisajes”. Es el director de la Fundación Tormes-EB y ganador del Premio Nacional de Medio Ambiente.
Este “maridaje” explora “Memoria y naturaleza, ramas y raíces, lo aéreo y lo subterráneo”, todo lo “que nos une al suelo y… nos hace devorar el aire”. Es un diálogo donde, en palabras de Obligado, “El arte… explica mejor que los mensajes científicos lo que a veces no somos capaces de comprender”. Y donde De Tapia responde con la frase que define toda su carrera: “la ciencia es poesía demostrada”.
II. La pregunta central: ¿Qué ve en la Portada?
La propia portada del libro, visible en el cartel del evento, es la primera pregunta que se le hace al lector. Es un mapa de la dualidad que define nuestra era. ¿Qué vemos? ¿Un árbol o una red?
1. El Árbol (El Individuo): La Doctrina de Cajal. Vemos un árbol, una entidad discreta. Esta es la metáfora fundacional de la neurociencia moderna, establecida por Santiago Ramón y Cajal. Con sus dibujos, que asemejan estudios botánicos, demostró que el cerebro no era una red continua, sino un “jardín” de “árboles” (neuronas) individuales que se comunican por “contigüidad” (sinapsis), pero que permanecen separados.
2. Las Raíces (La Red): Al mismo tiempo, vemos un sistema de raíces vasto, entrelazado, no jerárquico. Es un “rizoma”, el concepto filosófico opuesto al “árbol” jerárquico.
- En el bosque: La “Wood Wide Web” (la red de micorrizas).
- En el cerebro: El descubrimiento de “Nanotubos de Tunelización (DNTs)”. Estos son “puentes físicos” crean una “red logística” para transportar materiales, no solo señales.
La portada del libro es, por tanto, una imagen del “Jardín Interconectado”: la individualidad del árbol de Cajal sustentada por tronco individual. El individuo de María Castro Pérez y Diego Gómez el “ciudadano neurona”.
III. Por qué Este Jueves y por qué en la Casa Lis
La elección del lugar no es una casualidad. Es una declaración de intenciones.
El Museo Casa Lis es el “Herbario de Cristal” por excelencia. Construido por Joaquín de Vargas y Aguirre, es una joya arquitectónica: su fachada norte es una delicada obra modernista en piedra; su fachada sur, una proeza industrial de “hierro y vidrio”. En su interior, la “gran vidriera emplomada” filtra la luz sobre una colección de 19 series de “criselefantinas” (oro y marfil), porcelanas y vidrios. Es un lugar que, para adorar la forma de la naturaleza, la abstrajo y la silenció.

Este jueves, en ese mismo invernadero de belleza artificial, entrará el “bosque viviente”. Entrará la voz del “Herbario Sonoro” (el aclamado proyecto de De Tapia en Radio 3) y la palabra precisa de Obligado. No vienen a abstraer la naturaleza, vienen a devolverle la voz.
IV. La Invitación Final: Un Acto de Resistencia
Este evento es una oportunidad para hacerse preguntas. Los autores no vienen a dar un sermón; vienen a compartir un asombro. Vienen a invitarnos a “recuperar la amistad por los árboles entendiéndolos”.
Comprar “Un árbol de compañía” es más que una adquisición literaria; es un acto de “militancia” ecopolítica. El propio De Tapia, director de la Fundación Tormes-EB, destina los beneficios de sus obras a proyectos de restauración real.
Adquirir este libro ayuda a financiar “Arte Emboscado”, una “galería de arte a cielo abierto” donde esculturas de Coral Corona (como una garza de 4.5 metros o un pájaro carpintero de 6.5 metros) se integran en un bosque restaurado.















Este jueves, 13 de noviembre, a las 19:30, en la Casa Lis, tiene una cita.
Es una invitación a escuchar, a preguntar y a redescubrir lo que nos une al suelo. Para quienes no puedan asistir en persona a Salamanca, la oportunidad de unirse a esta “respiración compartida”, de curar la “ceguera arbórea” y de participar en este acto de “resistencia hermosa” está a su alcance.
Puede adquirir “Un árbol de compañía” y comenzar este viaje hoy mismo a través del siguiente enlace:
Como concluye Clara Obligado, “Yo creo que plantar un árbol es plantarnos. Es plantarnos, decirnos ‘hasta aquí vamos a llegar.’ En ese sentido estamos al lado de los árboles. O sea, ellos se plantan y nosotros también”.
© Fotografías de Raúl Alcanduerca, Fundación Tormes-EB y Arte Emboscado.
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