Ayer viernes, 27 de febrero de 2026, en la Sala Europa del Senado, tuvieron lugar las V Jornadas del Papel Geopolítico de España en la Historia, un foro académico que reunió a historiadores, catedráticos y especialistas para profundizar en la influencia histórica de España en el orden mundial. La iniciativa fue coordinada por la senadora Esther del Brío, también profesora en la Universidad de Salamanca, quien abrió el evento con una ponencia que marcó el tono del encuentro.
Una mirada a la raíz: Isabel la Católica y el nacimiento de un nuevo mundo
La propia Esther del Brío abrió el encuentro con una ponencia titulada La América de Isabel la Católica. En ella destacó la dimensión política y jurídica del proyecto iniciado por Isabel I de Castilla, subrayando su visión estratégica y su voluntad de integrar jurídicamente los nuevos territorios.
Lejos de interpretar el descubrimiento únicamente como una expansión territorial, la intervención puso el acento en la dimensión legislativa y humanista del proceso. La idea de reconocer a los habitantes de América como súbditos de la Corona abrió debates jurídicos inéditos para la época y anticipó reflexiones que más tarde desarrollaría la llamada Escuela de Salamanca.

Salamanca y el nacimiento del derecho internacional
La influencia intelectual salmantina fue uno de los ejes centrales de las jornadas. Figuras como Francisco de Vitoria plantearon cuestiones fundamentales sobre soberanía, derechos naturales y límites del poder, configurando lo que hoy reconocemos como los cimientos del derecho internacional moderno.
En un momento en que Europa debatía la legitimidad de la expansión ultramarina, Salamanca ofrecía una reflexión ética y jurídica de enorme profundidad, cuyo eco alcanzó no solo a América, sino al conjunto del pensamiento político occidental.
Personajes y geopolítica: más allá del mito
Las mesas redondas abordaron también el papel de figuras históricas decisivas. Se analizó la dimensión geopolítica de Cristobal Colón y Hernan Cortés, no desde el mito o la condena simplista, sino desde su impacto en la transformación del mapa mundial.
Especial atención recibió la figura de Bernardo de Gálvez, cuya contribución a la independencia de los Estados Unidos fue recordada como ejemplo del papel decisivo de España en la configuración del equilibrio atlántico del siglo XVIII.
España y la construcción del mundo moderno
Uno de los mensajes centrales de las jornadas fue que la proyección española no se limitó a la conquista o a la expansión territorial. La fundación de ciudades, universidades y estructuras administrativas replicadas en América configuró una red cultural y jurídica de largo alcance.
España actuó, en muchos sentidos, como potencia organizadora de espacios políticos transcontinentales, estableciendo vínculos duraderos entre Europa y América que aún hoy influyen en la geopolítica global.
Las V Jornadas del Papel Geopolítico de España en la Historia confirmaron que el estudio riguroso del pasado no es un ejercicio de nostalgia, sino una herramienta para comprender mejor nuestro presente. Salamanca, cuna de pensamiento universal, volvió a recordarnos que la historia de España es también historia del mundo.
Epílogo personal: lo que Salamanca despierta
Creo que este tipo de jornadas no se organizan con el propósito de verter datos históricos y hacer reivindicaciones académicas. Me parece que tienen un significado más profundo: recordar que somos los herederos de una herencia que nos interpela.
Evocar a Salamanca no es baladí. Salamanca es la ciudad donde la palabra fue poder, donde el pensamiento se convirtió en norma jurídica, donde la conciencia moral intentó adelantarse a la fuerza de los hechos. Allí resonaron las preguntas que todavía hoy nos interpelan: ¿Qué es legítimo?, ¿Qué es justo?, ¿Qué límites tiene el poder?, ¿Qué dignidad posee el otro?
Cuando se evocan figuras como Isabel I de Castilla o Francisco de Vitoria, no estamos ante estampas de un museo nacional. Estamos ante decisiones humanas que condicionaron el rumbo del mundo. Y esa conciencia produce vértigo. Porque si ellos, en su tiempo, fueron capaces de pensar en términos universales: ¿Qué hacemos nosotros con la herencia recibida?
Me pregunto —y lo hago sin retórica— si no estamos viviendo una época que ha olvidado la dimensión intelectual y moral de la política. La geopolítica, hoy, suele reducirse a estrategia, influencia, bloques de poder. Indudablemente, el siglo XVI también lo fue, pero con un importante añadido: el de la dimensión intelectual y moral. La llamada Escuela de Salamanca no discutía solo de territorios; discutía también la naturaleza misma del ser humano.
Escuchar cómo se analiza el papel de Bernardo de Gálvez en la independencia norteamericana, o cómo se reinterpreta la acción de Hernán Cortes más allá de caricaturas, no debería llevarnos a la exaltación ni al rechazo automático. Debería llevarnos a algo más exigente: a comprender la complejidad. Tal vez esa sea la palabra clave: complejidad.
Un país que acepta su complejidad histórica está más preparado para afrontar su futuro. Un país que se simplifica a sí mismo termina debilitándose culturalmente. Estas jornadas, coordinadas por Esther del Brío, han recordado que la historia de España no cabe en consignas, ni en condenas sumarias, ni en orgullos huecos.
Cuando uno reflexiona con serenidad sobre el papel de España en la construcción del mundo moderno, le viene a la mente la siguiente pregunta nuclear, cuasi personal:
✅¿Somos hoy capaces de pensar con la misma ambición intelectual y moral con la que pensaron aquellos hombres y mujeres que, desde Salamanca, intentaron ordenar un mundo nuevo?
Si la respuesta es confusa, al menos queda el consuelo —y la responsabilidad— de volver a estudiar, volver a pensar y volver a dialogar. Porque la historia no termina en el pasado. Empieza cada vez que decidimos comprenderla.
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