
En el episodio del «Canónigo de Toledo», don Quijote afirma que su nombre será recordado “a despecho y pesar de cuantos magos crió Persia, brahmanes la India, gimnosofistas la Etiopía”. Este pasaje llama la atención porque, en la tradición clásica, los gimnosofistas —“sabios desnudos”— se situaban normalmente en la India, no en Etiopía. La explicación de esta localización se encuentra en Filóstrato de Atenas, autor de Vida de Apolonio de Tiana, quien sitúa a los gimnosofistas en Etiopía. Esta interpretación fue comentada posteriormente por Juan Luis Vives en sus comentarios a La Ciudad de Dios de San Agustín, donde explica que los gimnosofistas etíopes derivarían de sabios procedentes de la India que emigraron hacia el Nilo. Así pues, la referencia de don Quijote no es una simple extravagancia del personaje, sino que revela un conocimiento erudito de tradiciones filosóficas antiguas transmitidas por Filóstrato y recogidas por Vives.
En el episodio de «El canónigo de Toledo», don Quijote se enorgullece de ser caballero andante y dice:
«Caballero andante soy, y no de aquellos de cuyos nombres jamás la fama se acordó para eternizarlos en su memoria, sino de aquellos que, a despecho y pesar de la mesma envidia, y de cuantos magos crió Persia, brahmanes la India, gimnosofistas la Etiopía, ha de poner su nombre en el templo de la inmortalidad, para que sirva de ejemplo y dechado en los venideros siglos, donde los caballeros andantes vean los pasos que han de seguir, si quisieren llegar a la cumbre y alteza honrosa de las armas».
EL QUIJOTE, I, XLVII.
Como es bien sabido, en la antigüedad grecolatina se reconoció la existencia de hombres muy sabios procedentes de diversas partes del mundo. Normalmente, los brahmanes y los gimnosofistas fueron situados en la India, los magos en Persia y los druidas en la Galia. Por eso, llama la atención que don Quijote ubicara a los gimnosofistas —sabios desnudos— en Etiopía. Esta localización tiene que ser explicada en una edición comentada del Quijote y no lo hacen Francisco Rico y sus colaboradores en su amplia edición.
Pues bien:
¿De dónde procede la idea de que los gimnosofistas habitaban en Etiopía?

La respuesta la podemos encontrar en un autor griego muy poco conocido, perteneciente al movimiento de la Segunda Sofística, llamado Filóstrato de Atenas (170-247 d.C.), autor de «Vida de Apolonio de Tiana». Esta obra se la dedicó a Julia Domna, esposa del emperador romano Lucio Septimio Severo (193-211 d.C.), gran mecenas de la literatura y la filosofía. Se trata de una biografía novelada que relata la vida, viajes y enseñanzas de Apolonio de Tiana, un filósofo y místico del siglo I d.C. Apolonio es presentado como un sabio itinerante que combina rasgos de filósofo, taumaturgo y profeta.
Pues bien, Filostrato en esa obra localiza a los gimnosofistas en Etiopía, mientras que todos los autores antiguos, como Plinio, Solino, Estrabón, Apuleyo, Porfirio o San Agustín localizaron a los gimnosofistas en la India; sin embargo, Juan Luis Vives, en sus «Comentarios a La Ciudad de Dios de San Agustín», explica la opinión distinta de Filóstrato con respecto a la procedencia de los gimnosofistas en el siguiente pasaje de la obra citada:
«Pero no yerra Filóstrato. Cierto, el origen de esos filósofos se remonta a la India, país en el que a decir de Estrabón, Libro XVI, hubo dos clases de sabios. Por una parte, los que vivían en las ciudades y se llaman civiles, brahmanes en la lengua local. Por otro lado, existían en ese mismo territorio, unos filósofos que habitaban en el bosque desnudos, en ocasiones cubiertos con hojas y cortezas de árboles, llamados hermanos y gimnosofistas, de los que derivaron los gimnosofistas de Etiopía. En efecto, se cuenta que los ribereños del Indo se trasladaron con un ingente y poderosísimo ejército hasta Etiopía, instalándose junto al Nilo».
JUAN LUIS VIVES
La localización de los gimnosofistas en Etiopía no fue, por lo tanto, una nueva locura de don Quijote, sino fruto del conocimiento que tenía el autor del Quijote de la obra de Filóstrato, por cierto, muy poco conocida.
Si F. Rico y sus colaboradores no llegaron a conocer que detrás de las palabras de don Quijote se ocultaba Filóstrato de Atenas, me parece que es«De toda imposibilidad imposible» que Miguel de Cervantes hubiera leído a ese autor griego. Quien con toda seguridad lo leyó fue Juan Luis Vives y, además, en su lengua original, porque Filóstrato no había sido traducido al español.
Bibliografía.

Autobiografía de Juan Luis Vives: Una vida modélica dedicada al estudio y la escritura


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