En Toledo, ciudad donde el tiempo parece dialogar con la eternidad, hay acontecimientos que trascienden lo meramente artístico para convertirse en auténticos símbolos de memoria, identidad y sentido. Uno de ellos tendrá lugar este próximo 8 de mayo, cuando el Colegio Nuestra Señora de los Infantes acoja la inauguración de la escultura La Virgen del Pozo, obra del artista plástico toledano Alberto Romero.
Un milagro hecho forma
No toda escultura es solo materia. La Virgen del Pozo de Alberto Romero es, en esencia, una narración detenida en el tiempo.
Inspirada en una pintura de Juan Correa de Vivar de 1552, la obra recoge un episodio que pertenece tanto a la historia como a la tradición espiritual: el milagro asociado al Cardenal Silíceo. Un niño cae a un pozo y es rescatado sin vida. Sin embargo, al ser depositado bajo el manto de la Virgen, recupera el aliento.

La escultura no busca recrear el dramatismo del suceso, sino capturar su instante esencial: el gesto. La mano extendida del niño, la acogida silenciosa de la Virgen. En ese diálogo mudo se condensa todo: fragilidad humana y amparo trascendente.
El bronce, material de permanencia, se convierte aquí en vehículo de lo intangible.
La memoria que vuelve al origen
Hay obras que, además de contar una historia universal, cuentan también una historia personal.
Para Alberto Romero, esta escultura es un regreso. Fue alumno del mismo colegio donde ahora quedará instalada la obra. Allí vivió sus primeros años, participó en tradiciones que aún perduran y construyó una relación profunda con ese espacio. Décadas después, regresa no como estudiante, sino como creador.

«Es un acto que me traerá recuerdos inolvidables», confiesa Romero, quien recuerda cómo, siendo joven, participaba en las tradicionales ofrendas florales de los viernes de mayo. Ahora, esa tradición se renueva: los alumnos tendrán a la Virgen en tres dimensiones, integrando el arte, la fe y la comunidad escolar.
No es un detalle menor. Hay algo profundamente simbólico en que un hombre vuelva al lugar donde se formó para dejar una obra destinada a acompañar a nuevas generaciones. Es el círculo de la vida, pero también el de la gratitud.
Tradición viva, no recuerdo muerto
El acto de inauguración estará presidido por Francisco Cerro Chaves, actual arzobispo de Toledo, y contará con elementos que forman parte de la tradición del colegio: los seises, la ofrenda floral del mes de mayo y la participación de la comunidad educativa.

Sin embargo, lo verdaderamente significativo no es el acto en sí, sino lo que permanece después.
La Virgen del Pozo no será una pieza contemplativa aislada, sino una presencia cotidiana. Estará en el patio, en el paso diario de alumnos y profesores. No como objeto de museo, sino como símbolo vivo: protección, guía, referencia silenciosa.
Sabiduría y amparo
En tiempos donde el conocimiento se mide en datos y la educación se orienta a resultados, esta obra introduce una pregunta más profunda: ¿Qué significa aprender?

Quizá la sabiduría —la verdadera— no consista solo en acumular conocimientos, sino en reconocer los gestos que nos sostienen. En identificar quién nos tiende la mano cuando caemos. En comprender que toda vida necesita, en algún momento, un manto que la acoja.

La Virgen del Pozo es mucho más que una escultura. Es una metáfora esculpida: la del ser humano que, en su fragilidad, encuentra auxilio; y la de una comunidad que, generación tras generación, sigue transmitiendo no solo enseñanza, sino sentido.

Porque, al final, aprender también es recordar de dónde venimos… y hacia dónde estamos llamados a ir.
(Promocional)
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