Pudimos ver Ana de día el primer día de certamen. Pero, en realidad, ese no es el motivo para que inicie la serie de reportajes sobre los mejores títulos del Festival.

Ello es así porque es una conjunción de esplendor visual y recitales interpretativos al servicio de un guión original y potente que hubiese tenido que merecer mejor suerte en el reparto de premios. Pero no siempre las distinciones y las estatuillas están en el camino de las grandes películas…

(Todas las fotos que acompañan al reportaje – salvo, lógicamente, los fotogramas de la película que reproducimos– son de Lorenzo Hernandez: http://www.photolorenzohernandez.com/Lorenzo_Hernandez_Photographer/HOME.html. Las entrevistas se realizaron en colaboración con Marta Moreno. Tanto Lorenzo como Marta cubrieron el Festival para la revista Aurora Boreal.)

Una de las costumbres que todo cinéfilo debería practicar con implacable método sería aplicar una cierta indiferencia hacia los premios y galardones de certámenes y ceremonias varios. En 1958, la película polaca Eva quiere dormir de Tadeusz Chmielewski ganó la Concha de Oro de San Sebastián, hecho que no tendría excesiva relevancia si no fuera porque, en esa misma edición, también estaba Vértigo de Alfred Hitchcock, film que sólo se pudo llevar la Concha de Plata a la mejor película, exaequo con Rufufú de Mario Monicelli, y la Concha de Plata a la mejor interpretación masculina para James Stewart exaequo con Kirk Douglas por Los vikingos. Como Truffaut aún no había escrito su libro sobre el llamado maestro del suspense, se ve que nadie había apreciado aún en su justa medida las cualidades artísticas del director británico. Por cierto, en el jurado de ese año estaban, entre otros, Anthony Mann, Luis García Berlanga y Ana Mariscal, es decir, talento había de sobra… Para que vean y reflexionen. (Por cierto, en 1959 Hitchcock volvió a presentarse con Con la muerte en los talones y volvió a recibir la Concha de Plata, ganando en esta ocasión la Concha de Oro Historia de una monja de Fred Zinnemann…).

Viene todo esto a cuento de que, para mi gusto, la mejor película de la sección oficial del último Festival de Málaga, Ana de día, opera prima de la directora Andrea Jaurrieta, se marchó de vacío del certamen. Por sus grandes interpretaciones, por su poderío visual y por su original guion, sobraban los motivos para que, en cualquier apartado, recibiera su correspondiente Biznaga, pero los premios tomaron otras direcciones. Una grandísima injusticia que, en lo que a nosotros se refiere, vamos a intentar reparar en la medida de nuestras posibilidades dedicándole el primer reportaje de los que vamos a realizar profundizando en los títulos más interesantes y atractivos del Festival.

Fotograma de Ana de día.

Ana de día parte del tema literario del doble, tan vinculado a autores como Edgar Allan Poe, Robert Louis Stevenson, Jorge Luis Borges o Julio Cortázar y que en el cine ha estado presente en títulos como el episodio “The Case of Mr. Pelham” de la serie Alfred Hitchcock presenta, Tinieblas (1970) – también conocida como El hombre que se apareció a sí mismo – de Basil Dearden o Enemy (2013) de Denis Villeneuve. Ana, la protagonista de la historia, interpretada por Ingrid García-Jonsson, una chica joven que está preparando su tesis doctoral en Derecho, se encuentra un día con que hay “otra” persona (otra presencia física, cabria decir) que ha asumido sus cargas y obligaciones. En vez de reaccionar ante ello o, como mínimo, que la situación le provoque un estado de ánimo de angustia (que es lo habitual en este tema narrativo), Ana ve la ocasión de huir de una forma de vida que no le satisface, de modo que da un giro radical a su existencia, transformándose en Nina y entrando a trabajar en un music-hall desfasado y decadente. Si el planteamiento argumental ya es original, ello se complementa con dos elementos de gran valor. El primero, un magnífico planteamiento visual que remite al cine de Sirk, de Fassbinder, de Fellini, de Fosse y que, lejos de ser un mero preciosismo decorativo, acaba constituyendo una vía natural para el desenvolvimiento y desarrollo del argumento. El segundo, unos actores en estado de gracia que, aparte de Ingrid, que realiza, quizás, la mejor y más compleja interpretación de su carrera, también brillan a un gran nivel: Mona Martínez, en el papel de dueña de la pensión donde se marcha a vivir Ana/Nina; María José Alfonso, como dueña del music-hall; Álvaro Ogalla, como Marcelo, un personaje esquivo y misterioso que inicia una relación con Nina; un Fernando Albizu soberbio en su papel de maestro de ceremonias; Irene Ruiz como amiga de Ana y único nexo que la mantiene ligada a su antigua realidad…

Había mucho, por tanto, sobre lo que hablar de esta película, así que empezamos las entrevistas a todo el equipo con su directora, Andrea Jaurrieta, que, con sus explicaciones, nos ilustró ampliamente sobre el trasfondo en el que se desarrolla su film.

Andrea Jaurrieta, directora de Ana de día.

ACALANDA MAGAZINE: Buenas tardes, Andrea. Como escribo en Acalanda Magazine, que es la revista digital de la Editorial Amarante, tengo que empezar forzosamente por la raíz literaria del film. En la película, ocupa un lugar central el tema del doble, del doppelgänger… Ahí nos encontramos al William Wilson de Poe, el Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson, Borges, Cortázar… Y, después, numerosas referencias cinematográficas: un episodio de la serie Alfred Hitchcock presenta, El hombre que se apareció a sí mismo, Enemy… Pero tú te alejas del enfoque habitual. Porque todas estas referencias giran en torno a la angustia de tener un doble. Pero tú lo enfocas como vía de liberación…

ANDREA JAURRIETA: Te falta una referencia literaria, que es El difunto Matías Pascal de Luigi Pirandello. Yo no la había leído cuando estaba escribiendo la película pero le presenté el tratamiento a un profesor mío, dramaturgo, que se llama José Ramón Fernández, lo leyó un poco y me preguntó: “¿Tú te has leído El difunto Matías Pascal?”. Le respondí: “No”. Y me dijo: “Pues es tu película”. Me sorprendió mucho… La obra de Pirandello va de un pobre desgraciado, no como Ana, que se va a Montecarlo, a jugar a la ruleta, se forra y, cuando se está volviendo a su pueblo, lee en el periódico que lo han encontrado muerto. Entonces, se dice a sí mismo: “¡Hala!¡Soy libre!” y se empieza a buscar su vida… No es lo mismo que Ana de día, obviamente, pero es muy parecido. Yo no lo había leído antes pero, aprovechando que existía, hay un momento en la película que es cuando ella vuelve a huir, se sienta en un banco, ve su sombra e intenta pisarla… Ese es un pasaje de ese libro. Eso es lo literario. Por lo cinematográfico, yo no quise ver Enemy cuando se estrenó porque tenía mucho miedo de que pudiera afectarme de algún modo y no he querido ver mucho. Conozco todas las que me has dicho, pero no querido verlas porque tenía, como te he dicho, mucho miedo a no ser original, a que Ana de día no llegara a ser mi propia idea, sino que me gustara tanto lo que viera que lo acabara incluyendo en mi película… Y quería que mi idea de principio se mantuviera en el resultado final.

ACALANDA MAGAZINE: Visualmente, en muchos momentos, me recuerda a Fassbinder y a Sirk… Digo Sirk porque las películas de este director se suelen centrar en las historias de personas que son lo que no quieren ser y esta película responde claramente a ese punto de partida. No sé si Cabaret de Bob Fosse ha podido también influirte… Lo interesante es que,  a partir de una situación aparentemente rutinaria, recibimos de repente un shock visual fortísimo… Evidentemente, era algo pretendido…

ANDREA JAURRIETA: Sí, claro, y que le impacte al espectador del mismo modo que le ha impactado a Ana ese nuevo mundo. Me ha gustado mucho esa idea de mujer encerrada en una vida que no sabe si quiere o no. Es una vida correcta, estupenda, cualquiera firmaría por esa vida (tiene buen trabajo, tiene un novio estupendo…) pero es que, a lo mejor, no quiere eso… Esa huída, a esa noche, con esa música, el momento en el que ella no se atreve a dar el paso y se pone la peluca, con Romance de valentía sonando de fondo, era entrar al mismo tiempo que ella en ese mundo… Y ver cómo va, poco a poco, inventando ese nuevo personaje, sobre la marcha… Por ello, todas las referencias que has dicho son correctas. Fassbinder, en cuanto a los cabarets. En cuanto a Sirk, podría ser estupendamente, no lo había pensado, pero como Fassbinder viene de Sirk, también… Y Cabaret me gusta mucho. Pero, también, hay que tener en cuenta que con el personaje del travesti (iba a ser una actriz pero como, al final, no quiso, fue Iván Luis, productor de la película, quien decidió a hacerlo) me di cuenta que también La caída de los dioses de Luchino Visconti y el personaje de Helmut Berger en ella se acabaron convirtiendo en una referencia…

ACALANDA MAGAZINE: Hay una tercera vertiente de la película que también me parece muy interesante. No sabemos los detalles de la historia del personaje de Ingrid, pero sí sabemos qué le sucede… Me ha recordado un poco los versos de Antonio Machado, que dicen aquello de que “…borrada la historia/contaba la pena”… Por ejemplo, la relación que Ingrid tiene con su madre, se revela con la pelea que tiene con la dueña de la pensión, el personaje interpretado por Mona Martínez. Porque esa no es una discusión entre la dueña de una pensión y su cliente, se acaba convirtiendo en una discusión entre madre e hija…

ANDREA JAURRIETA: Claro, es que, de repente, Mona se convierte en ese personaje de madre represiva, un personaje que se ha visto en mujeres previas, en un mundo que se está muriendo junto a esa pensión… Y que le dice lo que le diría una madre de ese tipo: “Haz lo correcto, haz lo correcto, haz lo correcto…”. Entonces, que no se contara la historia de Ana era premeditado en el guion. Había mucha gente que decía que la contáramos… Pero es que no quería hacerlo. Se entiende perfectamente, la vamos a ver cuando el personaje de Mona vea el vídeo y no hace falta más. Yo, lo que quiero ver, es una chica que no está satisfecha y que quiere iniciar una nueva vida. Lo otro ya lo hemos visto muchas veces. Es mejor centrar la historia en esa necesidad de ruptura…

ACALANDA MAGAZINE: Se podría decir que hay una película A, que es la que vemos, y una película B, que sólo está en la mente del espectador y que este debe reconstruir…

ANDREA JAURRIETA: Exacto. Eso es lo guay.

ACALANDA MAGAZINE: Llama la atención la iluminación que utilizas con Ingrid cuando ella sale desnuda. Es muy atrevida. Porque no favorece nada…

ANDREA JAURRIETA: Supongo que te refieres a la escena que está en la casa del personaje de Marcelo, interpretado por Álvaro Ogalla. Ahí, además, está pensado, porque vemos las escenas de cama y ellas siempre están estupendas… En cambio, aquí se levanta, se pone unas bragas, se pone unas medias que le llegan muy altas y se siente hundida en ese momento… Ha dado ese paso creyéndose fuerte pero en ese instante se siente mal… Después, sí, decide que sigue pero Ana, su antigua vida, todavía está presente… Había que representar la dureza porque, para ella, ese momento era duro. En general, no me ha interesado lo favorecedor. Quería que lo bonito, desde el punto de vista estético, estuviera en el cabaret, en la pensión, con esas luces antiguas, pero es que la historia con Marcelo tampoco es una historia bonita, es una historia en la que ambos se juntan porque se atraen, porque ambos están huyendo y por esa cosa del misterio pero, en realidad, él es un cobarde. Ella se siente bien porque se ve que está rompiendo con su vida anterior aunque, al principio, está muy molesta, pero, luego, de repente, se la ve completamente animal… No quise favorecer, quise dar impresión de verdad. Así, al principio de la película, vemos a Ingrid como una chica gris, palidita, tonos rosita, la coletita… Después, vemos su transformación física cuando inicia una nueva vida porque, entonces, ella se siento mucho más ella, nueva vida que puede ser equivocada o no pero que, al menos, la está decidiendo ella misma…

ACALANDA MAGAZINE: Hay algo increíble y es que los treinta primeros segundos de película bastan para revelar que estamos ante un personaje que se siente incómodo en la piel que tiene. Me gusta mucho el guion cuando le preguntan de qué va su tesis doctoral y no sabe muy bien cómo explicarlo…

ANDREA JAURRIETA: Claro, dice algo así como: “Más o menos, va de esto…”, porque, en realidad, le interesa una mierda. “¿Qué te gusta?”, y contesta; “No sé, el cine…”. Es una chica que se ha dejado llevar toda la vida. Eso le pasa a muchas personas, a muchos hombres y mujeres que se dejan llevar en la vida y no se atreven a tomar las riendas. Si a Ana no le hubiera salido esta doble, probablemente no se hubiera atrevido a romper. Pero le sale y decide ser valiente. Hay una frase en el guion en el que ella dice eso: “Por primera vez, me siento valiente”. De hecho, a mí, más que el tema del doble, me interesa más el tema de la huida. Siempre lo he tenido presente en todos los cortos que he hecho. Esta necesidad de huida, realizada o no realizada por los personajes, estaba llevada al extremo con el tema del doble. Aunque, eso sí, el tema del doble siempre me ha parecido fascinante… Por ejemplo, me encanta Persona de Bergman, cómo está realizada, cómo hay un momento de simbiosis de las dos en el que no se sabe, al final, si son uno o dos personajes… Y en Ana de día he querido dejar la duda de si el doble verdaderamente existe o no.  

Andrea Jaurrieta conoce perfectamente los antecedentes literarios de su película.

A pesar de que sólo tiene 26 años, Ingrid García-Jonsson ha demostrado saber moverse en una amplísima variedad de registros que nos llevan a pensar que, con toda seguridad, se va a convertir en una de las grandes actrices de nuestro cine. Desde una película realista como Hermosa juventud de Jaime Rosales, pasando por el cine de autor más audaz en Berserker, una superproducción internacional como Gernika, una muestra de genuino cine negro en Toro, hasta llegar a una película de acción como Zona hostil. Ahora, da un paso más en su carrera con un papel rico y complejo. Un nuevo reto que ha logrado superar con nota bien alta.

El autor del artículo escuchando las explicaciones de la protagonista, Ingrid García-Jonsson, sobre su(s) personaje(s) de Ana/Nina en la película.

ACALANDA MAGAZINE: Ingrid, hace unos meses te entrevisté y me dijiste que tenías mucha ilusión con este proyecto, Ana de día. Ahora, que hemos visto la película, ya sabemos por qué. Es una excelente película con un gran personaje. ¿Has leído libros o visto películas sobre el tema del doble?¿O has preferido enfrentarte al personaje en blanco?

INGRID GARCÍA-JONSSON: A mí no me gusta utilizar referencias ni cinematográficas ni literarias porque, como son copias de la realidad, si yo hago una copia de la copia pierdo mucha calidad. Entonces, prefiero trabajar con referencias reales. Youtube, por ejemplo, es una herramienta maravillosa para buscar según qué cosas. Y la gente de la calle, mis amigos, mi familia, mi propia experiencia personal, con todo eso tiro… En cuanto a las referencias, yo creo que van más por el trabajo de Andrea, la directora, lo que ella quiera hacer con la cámara, con la historia, más que el trabajo del actor, que consiste en dotar de verdad a eso que está pasando.

ACALANDA MAGAZINE: ¿Qué fue lo que te atrajo originalmente del proyecto?

INGRID GARCÍA-JONSSON: Directora novel, peli complicada, muy diferente a otras, un guion fantástico, aunque después se ha cortado un montón la esencia de la historia permanece… Y era un papel de protagonista, que llevaba mucho tiempo sin hacer y me apetecía, porque, después de Hermosa juventud, tenía dudas de si yo iba a ser capaz de sostener un papel protagonista, porque fue un proceso muy concreto, con un director muy especial y con una forma de trabajar que no se da siempre en la industria y no sabía si en otro lugar iba a poder demostrar que podía hacer ese trabajo… Y por ahí tiré. También es verdad que a mí me pierden las películas independientes. Cuanto más arriesgado sea el proyecto, más alocado, más diferente sea, más me atrae porque es el tipo de películas que me gusta.

ACALANDA MAGAZINE: ¿Cómo ves tú la utilización del tema del doble en la historia?

INGRID GARCÍA-JONSSON: Yo creo que es una excusa y un detonante para facilitar al personaje escapar de alguna manera. Yo creo que genera una mecánica de pensamiento en el espectador muy atractiva. Porque todo el mundo ha soñado alguna vez con eso, con clonarse y con tener a alguien haciendo lo que tú tienes la obligación de hacer. Entonces, me pareció un punto para conectar muy interesante y que, después, se desarrolla de manera muy poco convencional porque uno espera que haya más interacciones con el doble, algo así como pasa con Enemy, que está basada en el relato de Saramago, que el personaje siempre está buscando qué ocurre con este doble… En Ana de día, lo que la protagonista se plantea es que, si hay alguien haciendo lo que se supone que tú debes hacer, ¿por qué no te vas? Como línea argumental, me parece muy interesante esa premisa, atrapa… Además, tiene una lógica que se entiende con facilidad: ¿por qué otra razón un personaje como Ana iba a huir? No puede irse y dejarlo todo. Necesitaba a alguien que la sustituyera de alguna manera. Porque es una valiente al final de la película. Porque, al principio, es una cobarde que huye como las ratas.

Ingrid García-Jonsson, caracterizada como Nina, en un fotograma de Ana de día.

ACALANDA MAGAZINE: Hemos comentado con Andrea que habéis sido muy valientes con las decisiones de fotografía que habéis tomado. Sobre todo, con las escenas de cuerpos, con iluminación muy dura… Le hemos dicho a Andrea que nos recordaba mucho a Fassbinder.

INGRID GARCÍA-JONSSON: Sí, Fassbinder es una referencia en Ana de día. Yo, cuando hago las películas, no me fijo en los planos, ni observo cómo iluminan… Estoy haciendo las escenas y ya está. Luego, la verdad, es que Juli Carné es un director de fotografía maravilloso y ha sabido dotar a cada escena de algo único… Creo que la cámara cuenta muchas cosas del personaje y de cómo funciona la cabeza de Ana. Más allá de ser valiente o no, es que es mi trabajo. Eso sí, salir de la zona de confort me gusta. Y una vez allí, teniendo en mente que, ¡ojo!, es un rodaje, hacer según qué cosas…

ACALANDA MAGAZINE: ¿Qué hay de ti en el personaje de Ana?¿Hay algo de tu vida en él?

INGRID GARCÍA-JONSSON: Pues, mira, yo estudiaba Arquitectura porque no sabía qué hacer con mi vida y mis padres no me dejaban hacer Bellas Artes porque ambos son artistas y querían que yo fuera una persona seria y de provecho y acabé entrando en esa carrera porque tenía nota y quería hacer Escenografía. Cada año, por mayo, antes de los exámenes sobre todo, o después del primer cuatrimestre, me entraba la crisis y lloraba y no sabía qué hacer… Yo estaba ya de actriz, haciendo cosas en Canal Sur o en cortos que me llamaban de universitarios y cosas así, hasta que me llamaron para una película que se rodó en Sevilla, Noche y día, en la que estaban Tom Cruise y Cameron Diaz de protagonistas, y ahí me di cuenta que lo que quería era estar en un rodaje, que es lo que verdaderamente me pone y lo que me motiva a levantarme a las cinco de la mañana. Y decidí apostar, ir a Madrid e intentarlo porque, si no, siempre iba a estar con la cosa en la cabeza de lo que podría haber sido y no fue y me parece una sensación terrible, que ya la había experimentado con otras cosas y no quería volver a experimentarla.

ACALANDA MAGAZINE: Hay algo muy complicado en tu papel y es que en ningún momento se dice explícitamente cuál es el pasado del personaje sino que se nos va revelando este a través de sus sucesivas reacciones… Así ocurre, por ejemplo, con la escena de la pelea entre Mona y tú, en la que, aparte de la pelea entre sí, se nos está revelando como es la relación de Ana con su familia…

INGRID GARCÍA-JONSSON: Y, además, ocurre que cuando Mona descubre la cinta de vídeo, se ponen todas las cartas sobre la mesa. Ya no tengo que intentar que no descubra nada de mí, ya lo sabe todo, ¿para qué hablar con ella de otra manera? Tu “madre” ya sabe todo de ti… Me gusta mucho eso que has visto en la película porque sí que es verdad que, de pronto, se produce ese momento de “ya sabes quién soy yo, ya sé quién eres tú” cuando llevas un tiempo conviviendo, vamos a pelearnos y a sacar todo fuera porque esta situación de andar de puntillas se mantiene pero sólo un ratito… Al final, te tienes que enfrentar a las cosas. Y uno tiene que enfrentarse a los padres, por supuesto. En mi caso, yo me llevo mejor con mi madre que lo que se lleva Ana con la suya en la película…

ACALANDA MAGAZINE: ¿Cómo ves el papel que juega en la película ese mundo del music-hall decadente, que habéis dicho que en Madrid se está perdiendo?

INGRID GARCÍA-JONSSON: Andrea es fanática de las películas de Fellini y de toda la nouvelle vague… Es un tipo de películas que todos recordamos y que son muy icónicas y yo creo que a Andrea le apetecía mostrar un poco el mundo de Almodóvar de sus primeros años, esa frescura que tienen esos lugares y, más concretamente para este personaje, que yo creo que es una chica que ha visto muchas películas y que es algo que ella tiene en su imaginario, de pronto verse en una historia tan fantástica, una especie de Amelie por momentos, es muy atrayente para ella porque es algo que no se parece en nada a la realidad. O que creemos que no se parece porque aún quedan antros en Madrid y en otros sitios que son así. También está bien recuperarlos. A veces queremos ser muy modernos y ser como punteros y que todo esté iluminado con neones… Que yo soy muy fan de Nicolas Winding Refn y de la gente que se inspira en él pero también tenemos otras cosas, que son muy nuestras y que deberíamos estar orgullosos de ellas y deberíamos mostrarlas más. Y esto es algo muy importante de la historia nuestra, de nuestra esencia y de lo que somos. Hay otra cuestión importante y es que Ana entra dentro de una especie de limbo. Son todos personajes que están estancados como ella había estado en algún momento. Dentro de todos esos personajes inmóviles, porque ellos van a seguir siendo los mismos, los personajes de la pensión, los del music-hall, entonces generar ese contraste entre esos personajes que no van a cambiar y un personaje que está en pleno proceso de cambio es muy interesante y bonito.

Ana de día parte del tema del doble, del doppelgänger, el cual atrajo a autores tan distintos como Poe, Stevenson, Pirandello, Borges o Cortázar.

Uno de los puntos fuertes de Ana de día es el excelente trabajo del reparto que da vida a los personajes secundarios, que acaba reforzando con su fuerza la complejidad y envergadura del personaje de Ana/Nina. Empezamos conversando con Mona Martínez (a quien hemos visto recientemente en la serie Vis a vis), que, como hemos estado diciendo, es la dueña de la pensión donde la protagonista decide alojarse y con la que inicia una relación de mucha más enjundia de la que inicialmente cabía esperar.

Mona Martínez, que interpreta el papel de la dueña de la pensión donde se aloja la protagonista de la película, Ana.

ACALANDA MAGAZINE: Mona, tu personaje, al principio, parece que va a ser secundario, pero va ganando peso, va ganando peso, hasta llegar a una importancia muy significativa en la trama. ¿Viste eso en el guion desde el principio?¿Te indicó ello la dirección en la que debías enfocar tu trabajo?

MONA MARTÍNEZ: Sí, porque ¿sabes además qué pasa? Que mi personaje, Sole, es el opuesto complementario absoluto al de Nina. Porque, cuando una se extrema para un lado, la otra se extrema para otro. Es decir, cuando Nina se mete en ese mundo porque no le gusta la vida que tiene, Sole también intenta salir de la vida que lleva pero, al final, no puede. Entonces, creo que eso se va desarrollando maravillosamente durante la película. Cuando lo leí, pensé que era un opuesto al personaje de Ingrid y que, como diseño, contaba mucho más de lo que estaba pasando a Ingrid, no en sí lo que le estaba pasando a Sole, sino que colaboraba en expresar lo que le estaba sucediendo y lo que tenía que sucederle a la protagonista.

ACALANDA MAGAZINE: Eso es precisamente algo que hemos hablado con Andrea e Ingrid. En ese contexto, nos ha gustado mucho la escena en la que discutes con ella y que deja de ser una pelea entre la dueña de la pensión y su clienta para ser una pelea entre “madre” e “hija”.

MONA MARTÍNEZ: Totalmente. Yo creo que lo que le ocurre a Sole es que le pasan tantas cosas cuando Nina aparece en su pensión y rompe todo el sistema que ella había establecido, que la desborda y eso se habló mucho con Andrea… Nunca se sabe si lo que articula emocionalmente la situación es que está enamorada de ella y de ahí surge su afán por controlarla o que si quiere ser como ella o que no puede soportar que alguien sea libre y que entre y salga como quiere, son una mezcla tal de emociones, de celos, que no llegamos a ver con claridad de qué se trata, que hasta a Sole le cuesta gestionar todo eso… Y ella necesita controlarlo todo. Investigar quién es Nina… Ahí, durante el rodaje, tuvimos abierto aclarar cuáles eran sus sentimientos y en qué se convertía eso. Eso es una cosa interesante en Andrea Jaurrieta. Hay cosas que las deja abiertas para ver cómo se desarrollan, para no cerrar mucho las situaciones.

Mona Martínez, en un fotograma de Ana de día.

ACALANDA MAGAZINE: Uno de los aspectos más interesantes de la película es que todo se sabe de manera indirecta. Por ejemplo, tu personaje no conoce el mundo en que se desenvuelve Nina. Lo conoce sólo por referencias.

MONA MARTÍNEZ: Ella no conoce ese mundo tan sórdido pero el mundo en que se mueve ella, que ella cree que es muy normal, es sórdido, muy sórdido. Ella es el timón de toda la gente y vemos cómo es un ejemplo de que si el otro se siente mal, tú te sientes bien porque le estás haciendo el bien pero, en realidad, tú te estás llevando lo bueno… Por la caridad entra la peste, como dice el refrán. Y ella ejerce eso en la pensión. Es muy sórdido lo que crea a su alrededor. Vive de la pena de uno, del dolor de otro, de ser madre de todos… Está enganchada al chaval marroquí, al que quiera echar y no puede. Entra, entonces, un elemento joven, guapa, excepcional, y eso rompe todos los sistemas que ella tiene organizados de años y años…

ACALANDA MAGAZINE: Logras una gran impresión de veracidad y de verdad en tu personaje…

MONA MARTÍNEZ: Yo, para crear este personaje, he tomado referencias de mi vida. Yo he vivido situaciones así. Yo he vivido en cuarteles. Yo he tenido que viajar cuando a mi padre, que era militar, lo trasladaban. Estaba en un sitio, vivíamos en pensiones… Y esas pensiones todavía existen. El otro día, yo, que tuve que ir a un sitio para recoger ropa vi bajando el edificio, que era un edificio de Madrid, “Pensión Mayte”. Y yo dije: “Lo que daría por entrar en esta pensión y ver cómo es la Pensión Mayte”. Y hay gente que vive en las pensiones, con dueñas de pensiones que lo han sido de toda la vida, que tienen su pajarito, su loro y su casa y el cliente es como si fuera familia, ella lo tiene que controlar todo…

ACALANDA MAGAZINE: Por el modo en que se desarrolla la historia, tu personaje no entra en ningún momento en contacto con el mundo del music-hall donde entra Nina. ¿Qué impresión recibiste cuando viste el despliegue visual que tiene lugar en la película?

MONA MARTÍNEZ: ¿Sabes una cosa? Cuando leí el guion, como yo he sido bailarina, yo he bailado durante diez años en salas de fiesta, yo conocía ese mundo, y ese mundo me apasionaba… Me encantaba ver cómo vivían esas gentes, cómo pensaban, cómo se mantenían, cómo seguían viviendo de eso… Entonces, cuando yo leí el guion, yo pensé que yo quería ser la madame. Y, de hecho, se lo dije a Andrea. Pero Andrea me dijo que no, que yo tenía que ser la dueña de la pensión. Pero te juro que me gustaba muchísimo, y, entonces, me colé en más de un rodaje para ver cómo lo estaban haciendo y vi a Fernando, que está magnífico, Iván Luis, nuestro productor que también es actor, que hace de travesti… Por lo tanto, no ha habido tanta sorpresa.

Mona Martínez, retratada en la terraza del Hotel Málaga Palacio, con la catedral de la ciudad a sus espaldas.

Finalmente, hablamos con un actor veterano como Fernando Albizu y una actriz joven como Irene Ruiz (la hemos podido ver no hace mucho en la serie Carlos, Rey Emperador) para que nos expliquen cómo ven a sus respectivos personajes.

Fernando Albizu, que interpreta al maestro de ceremonias en un music-hall decadente en Ana de día.

ACALANDA MAGAZINE: Algo que nos ha llamado la atención en Ana de día es que hay una clara protagonista, que es el personaje de Ingrid García-Jonsson, pero ello no representa un obstáculo para que el resto de personajes tenga una enorme fuerza y personalidad. Es obvio, por ello, que lo primero por lo que tenemos que preguntaros es por vuestros personajes. ¿Qué nos podéis contar de ellos? Empecemos por el maestro de ceremonias, Fernando…

FERNANDO ALBIZU: El maestro, The Master, el maestro de ceremonias… Representa a lo más sórdido de la sociedad por la manera de vivir pero no por lo que vive… Él es un tío que tiene mucho que dar, que no puede darlo. Y entiende muy bien la problemática de Ana. Entonces, es que no sé cómo explicarlo… Es un padre… (Fernando se emociona.)

IRENE RUIZ: ¡Qué bonito eso que dices! Sigue por ahí…

FERNANDO ALBIZU: Pero es que no es su padre. Él la entiende, entiende cuál es su frustración, pero no quiere empujarla a nada, solamente quiere ponerle la mano para que ella sea como ella quiere ser. Sin dar consejos, sin dar opinión, sólo prestando el hombro para que llore si le hace falta…

ACALANDA MAGAZINE: Tu personaje, Irene, es el único nexo que tiene Ana con su anterior realidad. Su tesis doctoral siempre está en la maleta de ella…

IRENE RUIZ: Su tesis doctoral, el vídeo que le preparó, los regalos… Es ese punto de conexión con la vida que estaba llevando. Ángela, mi personaje, era su mejor amiga, amiga de la infancia… Es una chica formal, es la supermujer que está queriendo construir la sociedad en muchas mujeres de nuestra generación, eso de ser la estudiante perfecta, la trabajadora perfecta, la madre perfecta, la novia perfecta… Y Ángela representa eso y es de lo que Ana está huyendo. Ángela no lo entiende. Si le hubiera ocurrido lo que le ocurrió a Ana, jamás hubiera huido, hubiera plantado cara a dicha situación. Entonces, cada pequeño detalle de Ángela que va apareciendo en la película (la tesis, el vídeo…), son esos pequeños recuerdos que le hacen pensar que eso sigue ahí, que, aunque ella haya huido, ese pasado continúa estando presente.

ACALANDA MAGAZINE: ¿Cuál fue vuestra primera reacción al leer el guion?

FERNANDO ALBIZU: A mí, me suscitó muchas dudas. Porque todo era muy chulo pero había muchas cosas en mi personaje que a mí me costó entender. Esa doble personalidad de este señor, que es cocainómano y alcohólico, y que su propia vida no la sabe gestionar bien pero que, en cambio, sepa ayudara otro, esa dicotomía es la que más me enloquecía… Pero, luego, Andrea consiguió que fuera una cosa normal. ¿Cómo lo ha conseguido? No lo sé. Pero ella me ha llevado por ahí, sin ninguna presión…

IRENE RUIZ: Mi personaje es un poco especial porque no pertenece al mundo general de la película, por así decirlo. Entonces, planteaba que si alguien, mañana, en un momento dado, te dice que le ha aparecido una doble, tú, como persona humana y real le respondes que no es posible… La cuestión era cómo trabajar esa premisa tan surrealista desde un punto de vista humano y más realista. Y creo que ese ha sido el mayor reto que supone el personaje de Ángela, y me lo llevé al terreno, más humano, de una amiga que decide que te abandona, que abandona su vida y no quiere saber más de ti. Y, desde ahí, enganchamos con lo emocional y con la amistad… El personaje de Ángela, además, es el que nos hace que la aparición del doble es real y es un poco como el ojo del espectador. Pero, bueno, al final, que cada cual decida… Yo trato el doble como un personaje real y como un personaje vivo. Pero, después, que sea lo que el público quiera.

ACALANDA MAGAZINE: ¿Habéis visto referencias de otras películas que tratan el tema del “doble”?

FERNANDO ALBIZU: Yo no. A mí no me gusta hacer ese tipo de trabajo. Prefiero trabajar desde cero. Sí trabajo, por ejemplo, con música. Pero con otras películas y otros actores no me gusta porque luego parece que estás copiando…

IRENE RUIZ: Claro. Aquí, era más cuestión de atmósfera, de mundo, de este olor un poco lumpen que, ahí, sí nos metidos todos mucho para crear el mundo en el que Nina empieza a navegar.

ACALANDA MAGAZINE: Fernando, tú tienes una escena álgida, en que se te ve sudando, que tuvo que ser muy difícil interpretarla…

FERNANDO ALBIZU: Sí, eso fue un ataque de ansiedad que me pidió Andrea y era muy complicado hacer eso porque no tengo un referente de eso en mí mismo. Entonces, me dejé llevar y ella hizo que fuera una cosa muy natural (entre comillas) pero, cuando terminé, estaba a punto de darme un jamacuco, estaba revuelto por dentro, ya que era, además, pleno agosto… Y lo hice a partir de un referente absolutamente físico porque, emocionalmente, no tenía antecedentes de haber vivido una situación así… Pero, claro, el utilizar lo físico me llevó a eso…

ACALANDA MAGAZINE: En cambio, tu personaje, Irene, es el único comedido de la película…

IRENE RUIZ: Lo es. Es complicado porque cuando, al final, cuando el personaje de Ángela entra en el music-hall, yo veía a todos los actores pasándoselo bien y yo casi pedí que me empezaran a poner plumas como a ellos. Fue muy bonito que mi personaje entre mientras el resto se está divirtiendo y se mueve en otro rollo… Porque yo era allí como una marciana. Y es que ese era el efecto. Ver cómo la vida de Ana irrumpe en la vida de Nina. Yo soy, en realidad, esa Ana del pasado. Y con un simple choque de miradas, se enfrentan lo que ahora es Ana ahora de lo que fue.

Irene Ruiz interpreta a la amiga de Ana, su único nexo con su realidad pasada.

Terminamos las entrevistas y nuestra visión de Ana de día se amplía y se dispara en numerosas direcciones. ¿Es, quizás, un retrato de España, un país donde realidad y apariencia compiten entre sí y se rehúyen sistemáticamente?¿En el que queremos enterrar un pasado que, pese a todo, sigue vivo y continúa formando parte de nuestra idiosincrasia?¿Es un retrato de una generación a la que se le exige la perfección sin que se le ofrezca nada a cambio? Puede ser todo eso y mucho más porque es una película lo suficientemente rica y ambigua como para que cada espectador pueda sacar sus propias conclusiones. Ahora, es el público el que tiene la palabra…

Al fondo, lejana, Ingrid García-Jonsson, como Lejana de Julio Cortázar, una de las grandes referencias literarias del tema del doble.

 

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