La mejor manera de estar y de no estar en el mundo. El arte me conecta con lo sagrado, en su concepción más amplia, con lo intangible.

Sea a través de la música, la más envolvente de las artes, sea la escultura, cuyo golpe visual o táctil arrastra al resto -emoción e intelecto-, sea la literatura, la pintura, la danza… ¡Oh, la danza! El hombre roza, gracias al arte, con lo divino. Regresa al Todo del que forma parte y su ser percibe mínimamente, lo que la razón permite, el Universo del que es parte.

La danza. Expresión sutil del espíritu. El cuerpo se doblega a la vibración del Todo, a los círculos concéntricos de energía. En su ansia por la altura, por la evaporación y conexión total, mas consciente de la forma que lo contiene… Y consciente, del Amor, de la caída, de la cercana promesa, en la danza, amará el cuerpo sobre el suelo, los pies que pisan, amará el devenir de todo movimiento… Los brazos, el vientre, el pecho… Este latir que nos agarra a la vida. Sostenidos. Consciente del amor… Aproximándose a él con la yema de los dedos, en danza sublime.

En mi caso, escribo… para ser justa con mi espíritu. Como un modo de meditación. De abrir mi boca, mis órganos, al Universo… En Filosofía y poesía, María Zambrano dice “El hombre se mantiene en disponibilidad siempre”. Así concibo, no la labor, sino la necesidad del poeta cuando siente la conexión y vibra en el Todo. Tal vez sí la labor, también. Cada ser, en su dignidad, ha de cumplir su oficio. Donar al mundo aquello que se le brindó como un don. Facilitar el regreso, la comunicación, ser canal. Pues, como también diría Zambrano, “La poesía quiere reconquistar el sueño primero”. El sueño que sería “vivencia” primera, olvidada en la noche de los tiempos.

El concepto de poesía, probablemente con una función pedagógica y en pro de la memorización, se viene clasificando, etiquetando, por etapas, generaciones, estilos, intenciones… Si bien, a lo largo de la historia, el concepto de poesía, por ejemplo, de Homero, dista mucho de comprenderse por sus contemporáneos de igual manera a como pudo entenderse en época de Verlaine.

En cualquier caso, con los criterios y etiquetas actuales, podría decir que mi voz no es social, si bien, a mi entender, no hay nada más «social» que la búsqueda del regreso del hombre a su origen divino, inmaterial, espiritual. Búsqueda de su conexión con la naturaleza, y por ello, con la Bondad, en mayúsculas. La bondad primera. De su conexión armónica y, así, justa, con el resto de seres. Una conexión de no imposición, de respeto, de vibración conjunta. De escucha. El arte: Una suerte de escucha de lo invisible.

Así, en ocasiones, clamo por la justicia. Y mi voz es grito por la necesidad urgente de humanidad, pues el hombre, la mujer, son reflejo, como el resto de seres naturales, de lo sagrado. Y mi voz se duele por el respeto al ser humano, que debe ser venerable.

En una realidad en la cual la dignidad de los seres ha sido vulnerada, el arte tiene la función de educar, del latín EDUCARE (‘dirigir, encaminar, doctrinar, perfeccionar las cualidad intelectuales y morales, por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos…’ DRAE). De educar en sensibilidad, en pensamiento complejo, abstracto, respetuoso con toda forma de existencia.

Hemos de reclamar una educación humanista, amplia en saberes, que ponga en valor el cuidado del espíritu, a través del refinamiento de los sentidos, de la moral en el sentido más amplio y humanista. Para ello, el arte, las artes, son canal primordial.

El progreso del hombre no puede medirse en cuanto progreso material. El progreso debe medirse en progreso conjunto. Desde una visión amplia de la existencia. Y, por tanto, respetuosa. La Educación es el camino para la transformación de nuestra mirada y de nuestro sentir. Transformación de la consciencia, del latín CONSCIENTIA (1. ‘Capacidad del ser humano de reconocer la realidad circundante y de relacionarse con ella.’ 3. ‘Conocimiento reflexivo de las cosas.’ 4. ‘Acto psíquico por el que el sujeto se percibe a sí mismo en el mundo’. DRAE)

Concibo el arte una vía de conexión con el espíritu, de acceso a un saber más alto, a un conocer, «toda ciencia trascendiendo», dice San Juan de la Cruz. Arte y pensamiento. Arte y acción para devolver la dignidad al hombre. Para devolverle a un estado consciente: que repare en una existencia por encima de las superfluas necesidades. Un estado consciente de la vibración conjunta de los seres. En vibración con lo abstracto de estadios superiores, con lo ininteligible.

El arte como vía de regreso y conexión. Pensamiento -acción- catarsis.

Vuelvo a recoger un fragmento de María Zambrano cuando en Claros del bosque habla de aquel que

acaba encontrándose, por puro presentimiento, recorriendo bosques, de claro en claro, tras del maestro que nunca se dio a ver: el Único, el que pide ser seguido, y luego, se esconde detrás de la claridad. Y al perderse en esa búsqueda, puede dársele el que descubra algún secreto lugar en la hondonada que recoja al amor herido, herido siempre, cuando va a recogerse.

María Zambrano – Claros del bosque

Aquel que, perdiéndose en esa búsqueda, dejándose en pasivo conocimiento o en camino por la alta y estrecha ladera del místico carmelita, adentrándose en estadios más conscientes, puede, como en la danza, alcanzar a presentir con la yema de sus dedos, la claridad más alta que nos circunda, y de la que somos.

Mónica Velasco Martín
Poeta. Profesora de lengua castellana y literatura


1 thought on “Una suerte de escucha de lo invisible

  1. Me ha gustado mucho el artículo y tu expresión, con independencia del tipo de texto rezuma poética en las palabras, en la expresión escrita. Y suscribo, sobre todo: «Hemos de reclamar una educación humanista, amplia en saberes, que ponga en valor el cuidado del espíritu, a través del refinamiento de los sentidos, de la moral en el sentido más amplio y humanista».
    Gracias por tus palabras, sin duda inspiradoras.

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