Serás amado el día que puedas mostrar tu debilidad sin que el otro se sirva de ella para afirmar su fuerza. Esta frase de Adorno en Minima Moralia es una guía necesaria para la vida. Esa debilidad nos hace construir muros de contención, corazas duras como la piedra, fachadas diversas. Ponemos en marcha todo un ejército psíquico para que no se note. Y, en ese escondite, nos hemos perdido de vista.

La frustración en las relaciones humanas se debe, en parte, a que no sabemos qué hacer constructivamente ni con nuestra debilidad ni con la del otro, y eso tiene lugar en cualquiera de los contextos cotidianos de la vida. Hemos aprendido lo amenazante que resulta una debilidad porque nos han dañado desde ella. No hay persona que se libre de esa experiencia. Y tenemos pendiente aprender a mirar de frente las debilidades para sanarlas y convertirlas en motor de desarrollo. Pero el problema no es la debilidad en sí, sino su desconocimiento. Sólo cuando sabes de ella puedes defender tu dignidad sin que nadie te confunda. Y si no has sido capaz, suele haber alguien que la percibe y la respeta como parte de ti y te inicia en el arte de la curación. De hecho suelen ser procesos entrelazados.

La frase de Adorno habla de no esconder la fragilidad como prueba de amor y eso es una potencia tanto para quien la muestra como para quien la recibe. Ejercer el poder como dominación sobre el otro es una impotencia porque no puede haber alegría transformadora y expansiva a costa del sufrimiento de un semejante o, en otros términos, no hay dominador que no sea víctima de su propia dominación.

Fue una delicadeza que liberaras para mí una de las históricas inseguridades sobre ti mismo, y comprendí que cualquier modalidad de amor se da cuando pasa algo así.

Belén Blesa Aledo

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