“Los periodistas hemos hecho un autoaprendizaje muy rápido para ofrecer una información de calidad”

El periodista Pedro Lechuga realiza en su primer libro, “COVID-19 PERIODISTAS”, una visión global de la pandemia de la mano de 19 periodistas de otros 19 países.

Cuando el pasado mes de abril, el Gobierno turco retuvo un avión con más de 150 respiradores comprados por varias comunidades autónomas españolas a empresas de aquel país, el periodista Pedro Lechuga (León 1978) vio la necesidad de realizar un reportaje sobre cómo se estaba tratando ese tema en Turquía y compararlo con la visión que se tenía en España.

Aquel fue el germen del libro “COVID-19 PERIODISTAS”, un trabajo que le llevó a hablar con 19 colegas de otros 19 países con los que analizar el tratamiento informativo sobre la pandemia. Lechuga me cuenta que las entrevistas se llevaron a cabo por Skype y WhatsApp. Grabó charlas de unas dos horas con cada uno y después de transcribirlas les pidió el visto bueno para incluirlas en el libro. Unos son nativos, otros españoles que trabajan en el país en cuestión, pero de lo que este periodista está muy satisfecho es de la red de contactos que ha establecido en los cinco continentes.

En este libro el lector podrá conocer cómo se vivió la pandemia en Alemania, Argentina, Australia, Brasil, China, EEUU, Egipto, España, Francia, Holanda, Inglaterra, Italia, Marruecos, México, Portugal, República Dominicana, Rusia, Turquía y Venezuela.

Portada del libro

1- ¿Qué te impulsó a escribir el libro? ¿Crees que era necesario?

La necesidad de afrontar el estudio de lo sucedido desde un punto de vista global, huyendo del error de afrontar esta situación con una visión localista, lo que ha quedado demostrado ha sido un gran error y uno de los motivos por los que no se adoptaron medidas con antelación, que quizás hubieran reducido el impacto de este virus. Considero que todos los estamentos de la sociedad debemos hacer una autocrítica constructiva y detectar los errores que cometimos para aprender de cara al futuro. Gobernantes, científicos, periodistas y la propia ciudadanía tenemos que repasar como nos comportamos en los primeros meses de la pandemia y de esta manera conseguir reconocer los fallos, ya que la autocrítica sincera es el único camino para mejorar día a día. Espero equivocarme pero no veo mucha intención de hacer esta autocrítica, así que al menos he querido contribuir a destacar la importancia de hacer este análisis y entre todos conseguir estar mejor preparados para posibles situaciones similares que puedan suceder en el futuro.

2- Teniendo en cuenta que ni gobiernos, ni científicos, ni ciudadanos estábamos preparados para afrontar una pandemia como esta, ¿cómo crees que lo hemos hecho los periodistas?

En este aspecto hay que hacer varias diferencias. Por un lado, en aquellos países donde la libertad de prensa es prácticamente inexistente y los medios de comunicación son los gabinetes de comunicación del Gobierno, el ejemplo más claro es China, los periodistas no se han salido del guión establecido. Por otra parte, en los países en los que por diferentes motivos los Gobiernos adoptaron muy rápido medidas de prevención y de confinamiento los medios de comunicación rápidamente alertaron a la población de lo peligroso de la situación. Y por último, en la mayoría de los países protagonistas de este libro en los que los gobernantes minimizaron el problema que se nos venía encima es verdad que los periodistas en ese primer momento no estuvimos rápidos de reflejos. Nos creímos la versión oficial y no cuestionamos a las fuentes oficiales cuando en los respectivos países se decía que el problema no llegaría a su territorio con tanta virulencia. Los motivos que nos llevaron a caer en este error son múltiples: la precariedad laboral, la falta de periodismo especializado, la desconfianza en la información procedente de China… pero no nos podemos escudar en estas excusas y así no asumir el error. Está claro que todo eso influyó en que no alertáramos a la población de la gravedad de la situación, pero hay que reconocer nuestro fallo. Eso sí, luego en la mayoría de los países una vez recuperados de ese primer impacto, en líneas generales los periodistas y los medios de comunicación han hecho un gran trabajo, acudiendo a fuentes científicias y médicas, informando a la población sobre las medidas de prevención, denunciando fallos de las autoridades, la situación dramática en las residencia o la falta de equipos de protección para el personal sanitario.

3- ¿Hemos ido aprendiendo (los periodistas) de los errores cometidos a medida que se conocía más sobre el virus y sus consecuencias?

Así es. Como decía anteriormente, tras el fallo inicial creo sinceramente que en líneas generales los periodistas hemos hecho un autoaprendizaje muy rápido para ofrecer a la ciudadanía información de calidad. Esto ha pasado por establecer nuevas fuentes científicas y médicas, familiarizarnos con conceptos y contenidos hasta este momento desconocidos para nosotros y sobre todo, por la valentía de cuestionar y denunciar los errores cometidos por los organismos públicos en la gestión de la pandemia.

4- ¿Cuál crees que ha sido el mayor error de los medios a la hora de informar sobre la Covid-19?

El mayor error sucedió en el inicio cuando no fuimos capaces de desmarcarnos de la versión oficial y contradecir con fuentes no gubernamentales la gravedad de la situación. Es lógico que se hayan dado algunos casos de sensacionalismo, pero considero que no ha sido algo generalizado, por lo que debemos estar satisfechos. Eso sí, es cierto que ha habido un pequeño porcentaje de periodistas y medios de comunicación, que a pesar de la situación tan excepcional que estamos viviendo no han sido capaces de salir de sus trincheras editoriales e ideológicas para intentar informar con una mayor neutralidad. Lo lamentable de esto es que si no lo han hecho ante esta situación tan dramática entiendo que no lo harán nunca. Está bien que los medios tengan línea editorial, pero ésta no es una patente de corso para mentir.

5- Una vez analizados los 19 países con los 19 periodistas, ¿qué conclusiones puede extraer el lector? ¿Le aclarará sus posibles dudas sobre lo ocurrido?

Considero que la principal lección que va a sacar el lector es que para analizar a la COVID-19 tenemos que levantar la mirada del suelo y echar la vista más allá de nuestras fronteras. Es una buena ocasión para dejar atrás nuestro egocentrismo y darnos cuenta que vivimos en un mundo interconectado. Además, estoy seguro que se le vendrán abajo algunos estereotipos al conocer a sociedades de países que quizás pueda considerar inferiores y que en este caso han respondido mejor que países supuestamente más avanzados. En este punto, por ejemplo la sociedad portuguesa ha dado un ejemplo a la mayoría del mundo autoconfinándose en casa antes de que lo ordenara el Gobierno y curiosamente a más de uno le sorprenderá que por ejemplo en Marruecos desde el primer día fue obligatorio el uso de mascarilla para salir a la calle. Estos son dos ejemplos muy concretos de acciones ocurridas en otros países y que demuestran que en situaciones de crisis no siempre responden de la mejor manera los que supuestamente son más avanzados. Con mi libro no pretendo sentar cátedra ni dar respuestas categóricas. Todo lo contrario. Lo que pretendo es plantear al lector una serie de preguntas que quiero que tras leer las opiniones y reflexiones de 19 periodistas de todo el mundo se dé él mismo la respuesta. Lo más interesante del libro es que en muchas de las cuestiones no hay un discurso único e uniforme de los periodistas, lo que sin duda creo que es lo más enriquecedor.

6- Hay sectores de la población que critican la escasa información sobre la dureza del virus y sus consecuencias. Sin embargo, hemos comprobado en otras ocasiones cómo se cuestiona la labor de los periodistas cuando somos demasiado explícitos a la hora de mostrar imágenes, por ejemplo. ¿Es un eterno debate? ¿Cuál es tu postura al respecto?

Precisamente éste es uno de los temas que abordo en el libro y como era de esperar, no hay una opinión generalizada en una u otra dirección por parte los periodistas entrevistados. Hay quienes defienden que no hay imágenes tan duras que no deban ser publicadas y los que consideran que para hablar de una catástrofe no hay que ser tan explícito y mostrar imágenes de fallecidos o de féretros. Es un eterno debate que por ejemplo en nuestro país vivimos con el terrorismo. Eso sí, es curioso como en sólo unas décadas hemos pasado de ver imágenes de gran dureza tras los atentados terroristas a un escenario donde quizás se esté protegiendo demasiado al espectador. Lo que es cierto es que son muchos los fotoperiodistas y cámaras de televisión de nuestro país que se han quejado porque no han tenido ninguna facilidad para captar las imágenes de los dramas que se estaban viviendo. Es más, he escuchado a algunos médicos que defienden que hubiera sido positivo que la ciudadanía hubiera visto imágenes de lo que realmente pasaba en las UCIs para así ser consciente de lo que se estaba viviendo. Lo ideal es encontrar el equilibrio, pero en este tema es prácticamente imposible, así que en una situación tan excepcional como la que estamos viviendo creo que hubiera sido más positivo para la sociedad haber mostrado imágenes que reflejaran la crudeza de lo estaba pasando y de esta manera intentar ejercer una influencia entre la población para sensibilizarla y de esta manera evitar las imágenes que vimos tras el desconfinamiento y en la actualidad en las que queda patente la mezcla de ignorancia, soberbia o desconocimiento de aquellos que no cumplen con las normas básicas de prevención. Es muy descriptivo que haya sido la DGT quien utilizara las imágenes del Palacio de Hielo de Madrid vacío para concienciar sobre las muertes causadas por los accidentes de tráfico y por otro lado, las campañas de las autoridades se hayan decantado por lo positivo y por el lado supuestamente bueno de todo esto remarcando por ejemplo que salimos más fuertes de este drama. Sería interesante ver que opinarán dentro por ejemplo de 50 ó 60 años cuando acudan a la hemeroteca y vean que las imágenes más duras de este drama escasean.

7- ¿Qué papel han jugado los bulos, la desinformación durante la pandemia? ¿También han existido en otros países? ¿Ha descendido su propagación con el tiempo?

Si en algunos países ya convivíamos con el problema de los bulos antes de la llegada de la COVID-19, éste se ha visto acrecentado por varios motivos tras la pandemia. Las informaciones contradictorias de los representantes gubernamentales y de la propia OMS ha provocado una desconfianza entre la población más que justificada y que ha favorecido que al final nadie crea nada de las fuentes oficiales y se dé más credibilidad a otras fuentes que en muchos casos carecen de fiabilidad. El miedo de la población también ha provocado el aumento de la desinformación. Además, hay países en los que precisamente la desinformación ha sido impulsada desde el Gobierno. El ejemplo más claro es Brasil, en el que Bolsonaro ha utilizado noticias falsas y desinformación en su beneficio, manipulando vídeos e impulsando campañas de desprestigio a periodistas y medios de comunicación a través de redes sociales. En Egipto, por ejemplo, difundir información falsa o el mal uso de las redes sociales es delito. Desde el comienzo de la crisis ONGs nacionales e internacionales han denunciado el aumento de denuncias a personas que a través de las redes sociales han cuestionado las medidas adoptadas por el Gobierno durante la pandemia, por lo que estamos ante un ejemplo de la utilización de la excusa de la lucha contra la desinformación para coartar libertades. Esto mismo sucede en China. En el lado opuesto están por ejemplo Portugal o Australia, países donde no existía ni antes ni existe después de la pandemia un grave problema con los bulos y la desinformación a través de las redes sociales, ya que los periodistas y medios de comunicación de dichos países gozan de credibilidad entre los ciudadanos, lo que favorece el que no busquen información en canales paralelos.

8- ¿Crees que habrá un periodismo post pandemia? En caso afirmativo, ¿cómo será?

La COVID-19 ha provocado y provocará grandes cambios en todos los sectores y el del periodismo no será una excepción. En primer lugar, tenemos que ser conscientes de que en la mayoría de los países ya se están registrando importantes reducciones de plantillas y el cierre de algunos pequeños medios. Por lo tanto, la precariedad laboral aumentará y la pluralidad informativa disminuirá. Esto a priori nos sitúa ante un futuro poco esperanzador, pero no debemos caer en el pesimismo. Tenemos que ser fuertes y aprovechar también algunas oportunidades que nos ofrece esta pandemia. Por ejemplo, los medios de comunicación han tenido audiencias históricas y gran parte de la población ha vuelto a tomar a los medios como fuente de información. Por lo tanto, tenemos que aprovechar esta tendencia y hacer bien nuestro trabajo para conseguir que esa gente con el paso de los meses no vuelva a dejar a un lado a los medios de comunicación en favor de las redes sociales. Como en toda crisis, habrá oportunidades y los periodistas tenemos que estar atentos. Lo que está claro es que aumentarán los freelance, lo que no es malo, siempre y cuando consigamos que los gestores de empresas periodísticas entiendan que el trabajo de calidad cuesta dinero. Y lo más importante, tenemos dos objetivos a corto y medio plazo. Concienciar a la población de que la buena información cuesta dinero y de esta manera, los medios digitales consigan ser rentables a través de los muros de pago, y no cansarnos de hacer pedagogía con los ciudadanos para recordarles las diferencias entre los medios de comunicación y las redes sociales.

9- ¿Qué has aprendido tú como periodista después de escribir el libro?

Que jugamos un papel más importante de lo que muchas veces pensamos y que cuando se habla de que el periodismo es un servicio esencial no es una simple frase hecha, sino una realidad constatable. También he aprendido que es importante volver a dar importancia a la información internacional. En la mayoría de las ocasiones estamos centrados en lo local y esto no nos permite tener una visión global, que por ejemplo en el caso de la pandemia hubiera sido de gran ayuda. También he aprendido que es necesario que los grandes medios apuesten otra vez por fortalecer las corresponsalías en el extranjero y que no sólo nos debe importar la libertad de prensa en nuestro país. Que en China no hubiera libertad de prensa ha sido determinante para que lo que empezó como una epidemia acabara en pandemia. Sin duda, me siento una persona afortunada al haber podido conocer y charlar con estos 19 periodistas, los que me han permitido conocer más al detalle nuestra profesión a nivel mundial. Una enseñanza que precisamente es la que quiero compartir con el lector.

10- El libro fue vetado por Amazon para su venta por “no incluir información oficial” sobre la enfermedad. ¿Lo crees justificado o piensas que puede haber otros motivos ?

Que Amazon tenga unas pautas de contenido que indiquen que sus clientes sólo tengan a acceso a fuentes oficiales en temas relacionados a la COVID-19 es injustificable y peligroso. No podemos olvidarnos que las fuentes oficiales no son siempre sinónimo de veracidad. Y durante la pandemia hemos tenido muchos y muy variados ejemplos de cómo desde fuentes oficiales no se han dado informaciones transparentes y veraces. Por lo tanto, no podemos permitir como sociedad que se nos coarten libertades, en este caso la libertad de prensa, con la excusa de luchar contra la desinformación. ¿Qué hay de malo en que una persona pueda leer las opiniones de 19 periodistas en relación a la COVID-19? Si aceptamos sólo tener acceso a las fuentes oficiales entonces los periodistas y los medios de comunicación sobramos y estaríamos viviendo en una sociedad como la de China. ¿Es esto lo que queremos de verdad? No nos estamos dando cuenta pero estamos cayendo en la dictadura del algoritmo, que es la que marca el producto que se puede comprar o no, qué noticia se puede compartir en redes sociales o en WhatsApp, etc. ¿En base a qué principios se decide qué contenido es peligroso o malicioso y cuál es bueno para la sociedad? Pero bueno, quizás esto sea tema para mi segundo libro.

Elena Martín Morollón

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