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Conversaciones en Salamanca: Pascal Bruckner

La extensión temporal de nuestras vidas es, sin duda, una de las mayores conquistas de nuestra contemporaneidad.

CONVERSACIONES· 10 Noviembre 2021. 10:30H · Hospedería Fonseca, Salamanca
ORGANIZA: Centro Internacional sobre el Envejecimiento. CENIE.
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INTRODUCCIÓN

SOBRE FILOSOFÍA Y LONGEVIDAD

Una de las cuestiones claves a abordar en el diseño y planificación de nuestra sociedad es la derivada de la creciente prolongación de la esperanza de vida y, por tanto, de sus dos ámbitos inmediatos de conexión: el envejecimiento y la longevidad.

La extensión temporal de nuestras vidas es, sin duda, una de las mayores conquistas de nuestra contemporaneidad. Un fenómeno transformador de dimensiones planetarias, que nos sitúa ante la necesidad, y la feliz oportunidad, de generar nuevas respuestas ante todas y cada una de las nuevas preguntas que habremos de encarar. Porque no hay ámbito de nuestra vida particular y social que no quede sujeto a la nueva y esperanzadora circunstancia: del sanitario al laboral; del ambiental al financiero; del cultural y educativo al medioambiental; de lo público e institucional a lo privado.

Son las personas que trabajan en estos campos y buscan respuestas positivas en beneficio de toda la sociedad quienes protagonizan “Conversaciones en Salamanca”. Mujeres y hombres cuya dedicación y perseverancia son dignos del mayor reconocimiento y cuyas trayectorias personales y profesionales han de servir de estímulo, guía y liderazgo ante la tarea trascendental que a todos nos aguarda.

Una de esas personas es Pascal Bruckner. Filósofo, docente, ensayista y novelista durante 50 años de brillante ejercicio intelectual. 50 años de iluminarnos. 50 años de pensar libre, comprometida y magistralmente para unirse a nosotros ahora, bajo el sol de Platón.

Charles Pépin en el inicio de una conversación con Bruckner indicó: «Me gustaría contarles la historia de la madurez o más bien, la historia de un hombre. Un hombre que envejeció pero que no se lo tomó mal. Al sentir que su fuerza se debilitaba, se abrió más a la fuerza del mundo. Es curioso, además, no le había prestado demasiada atención antes, a esta fuerza del mundo, le faltaba tiempo para maravillarse con la belleza del mundo, tenía demasiado que ver con su propia fuerza, sus metas individuales, sus proyectos, sus éxitos… Tenía tanto que conquistar, tanto que poseer, que le faltaba ocio, que contemplar”.

Amar la vida, ¿Podemos realmente lograr, cuando ya hemos amado el amanecer, adorar el crepúsculo?

Es para responder a esta pregunta que, desde el CENIE y en Conversaciones en Salamanca, tenemos el honor y el placer de dar la bienvenida a Pascal Bruckner y de agradecerle que nos acompañe en la búsqueda de respuestas a qué es envejecer bien. En tal sentido, al tiempo que amablemente aceptaba estar con nosotros en Salamanca, nos señalaba los siguiente:

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la especie humana, al menos en los países desarrollados, ha ganado de veinte a treinta años de esperanza de vida adicional. En el siglo XVII en Francia, hombres y mujeres morían en promedio a la edad de 25 años y el cementerio estaba en el centro de cada pueblo. Esto significa que la muerte estaba en el centro de la vida, que era solo un simple intervalo entre dos nadas. 

¡Qué contraste con nuestro tiempo! 

Esta revolución en la longevidad plantea una serie de problemas: es necesario reorganizar el mundo del trabajo y posponer la fecha de jubilación para quienes no tienen trabajos arduos. También debemos repensar la escala de las edades de la vida y considerar que después de 50 años no estamos entrando en el ocaso de la existencia sino en el verano indio de la vida. Tenemos derecho a una segunda o tercera oportunidad y para muchos, hombres o mujeres, a una nueva vida amorosa. 

Tradicionalmente, la vejez fue vista como el período de apaciguamiento, de sabiduría hecha de benevolencia y resignación. Ya no podemos aceptar esta visión de una suave pendiente donde convergen el debilitamiento del cuerpo y el declive de las ambiciones. Y si la enfermedad continúa atacando, son las mentalidades las que deben cambiarse. 

En lo que tenemos que pensar ahora, en tanto los mayores serán mayoría a mediados del siglo XXI, es una vejez dinámica que permanece abierta al conocimiento, al deseo, a los viajes y no renuncia a nada más que a la renuncia.

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