El polímata suizo, Jean-Jacques Rousseau, cuya herencia de pensador radical ha quedado en el imaginario universal sintetizada en sus dos famosas frases, «El hombre nace libre» y «El hombre es bueno por naturaleza», nos dejó también otra preciosa e inmortal perla de sabiduría: «Si quitaseis de nuestros corazones el amor a lo bello, nos quitaríais el encanto de vivir». Una hermosa cita que nos recuerda que la belleza siempre nos insta a apreciar la vida de un modo más pleno.

¡Sí, el amor por lo bello! Así lo viene sintiendo firmemente desde su más temprana edad Ricardo Sanz, considerado uno de los mejores retratistas y paisajistas españoles de las últimas décadas; un pintor cuya técnica depurada consigue composiciones exquisitas donde los efectos de la luz quedan reflejados en sus cuadros con gran maestría; un artista plástico solicitado por personalidades de la realeza, la aristocracia, la política y la cultura, atraídos por la belleza y la elegancia de sus trazos.

Su nueva exposición, “La belleza como Esencia del Arte”, compuesta por una treintena de cuadros, que se podrá contemplar hasta el 24 de mayo en el Colegio de Ingenieros de Caminos de Madrid (C/ Almagro, 42), supone la gran síntesis de un largo y fructífero trabajo pictórico de años, en el que el objeto de todo su esfuerzo artístico ha sido la búsqueda de la belleza, tamizada por su propia personalidad. Una muestra caracterizada por el dominio de la luz y el dibujo, donde el maestro vasco busca siempre la belleza en cada pincelada a través del estudio de la luz.
En una reciente entrevista concedida a TVE con motivo de esta exposición, Sanz confesaba que ya en la adolescencia lo que más le atraía era la belleza, expresada en un sinfín de manifestaciones, como un cuadro, una catedral o la música. Y es que, ciertamente, la belleza será siempre un misterio que nos invita a explorar, apreciar y encontrar el significado profundo de todo lo que nos rodea.
En “La belleza como Esencia del Arte”, —que combina tradición e innovación—, descubrimos retratos de figuras destacadas de la sociedad española, flamencas, paisajes urbanos y de la naturaleza, creadas con pincelada suelta, fresca y colorista, donde Ricardo Sanz —que considera que el único objeto del arte es el goce del espíritu— ha intentado acercarse a lo sublime, consiguiendo remover en el espectador emociones profundas.

Ricardo Sanz es vasco de nacimiento y madrileño de adopción. Nació en San Sebastián en 1957, iniciando su fructífera carrera de artista plástico a los catorce años con el maestro José Camps. Su abuelo materno, propietario de la galería de arte “La Perfecta”, tuvo una estrecha relación con pintores de fama universal de la talla de Sorolla, Zuloaga y Vázquez Díaz. En este ambiente propicio fue donde Ricardo Sanz comenzó en los años setenta su andadura por el mundo del arte plástico.

Se licenció en Historia por la Universidad de Deusto. En Madrid continuó su formación en Historia del Arte y pintura figurativa. Pasó una temporada en Italia y se instaló un tiempo en París. De la observación de las obras de las grandes pinacotecas y, tras muchos años de aprendizaje con grandes maestros, logró dominar el color y el lenguaje de la luz. Hoy vive en Madrid, aunque sigue desplazándose con frecuencia a San Sebastián, dos ciudades recurrentes para su obra paisajística en la que, guiado por su libertad onírica, nos muestra a Madrid bajo la lluvia o a la Gran Vía sin coches y a San Sebastián bañada por el sol.
Su obra —galardonada con importantes premios como el Nacional de Cultura Viva y la Medalla Paul Harris— ha ido evolucionando desde su inicial gama de colores suaves y grises, inspirados en los impresionistas vascos y franceses, hasta una paleta más luminosa y colorista. Observamos en ella la influencia de Velázquez, Van Dyck, Rembrandt, la pintura del siglo XIX y la Escuela Española; también a los retratistas Ricardo Macarrón, Revello de Toro, Antonio López y Torrents Lladó. Las playas que pinta nos recuerdan claramente a Sorolla.

Así que, en esta última colección pictórica de Ricardo Sanz, “La belleza como Esencia del Arte”, expuesta en el Colegio de Ingenieros de Caminos —un bellísimo palacio neorromántico, por cierto— vamos a encontrar, como no puede ser de otra manera, belleza artística. ¡Sí, belleza artística! Otra de las múltiples manifestaciones de la vida que, en puridad, y de acuerdo con el filósofo alemán Immanuel Kant, «La belleza artística no consiste en representar una cosa bella, sino en la bella representación de una cosa».
José Antonio Hernández de la Moya
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