Realidad 1 - El mago de la lámpara - Acalanda Magacín
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El mago de la lámpara

Sentía un entusiasmo indescriptible al comprender que dentro de mí existía un poder capaz de crear una realidad deseada, parecida a la magia.

YO, ABO. Capitulo 35: El mago de la lámpara

Sí, en efecto, ¿Cómo puedo aplicar de forma práctica en mi vida el principio hermético de la vibración? Esta es la cuestión.

Por lo que sabemos, la física cuántica —razoné—, ha logrado demostrar que las partículas subatómicas se comportan de una manera específica, en función de la observación. El llamado efecto observador determina que el punto de observación orienta la energía, conformando la materia. En realidad, lo que conocemos como mundo material es energía ya que un átomo se compone de un 99.9999 por ciento de energía y de un 00,00001 por ciento de masa. Luego, me surgió la siguiente pregunta nuclear: ¿Por qué solemos poner nuestra atención en el pequeño porcentaje del mundo físico cuando lo manifestado es esencialmente energía? 

Atraccion y pensamiento Collage 2 - El mago de la lámpara - Acalanda Magacín

Mediante esta sencilla reflexión lógica me empezaron a encajar algunas cosas como la llamada Ley de Atracción, popularizada por la escritora y guionista cinematográfica australiana Rhonda Byrne por medio de su libro “El Secreto”, publicado en el año 2006. Oí hablar de esta obra de pasada a mis amigos Manel y Gerard. Ellos me explicaron que Byrne creía que lo semejante atrae a lo semejante; que nuestros pensamientos y acciones atraen hacia nuestras vidas hechos, situaciones, eventualidades y personas semejantes. Bueno —me dije— quizás esto no sea una falacia, sino un axioma sustentado en los principios de la mecánica cuántica. Parece verosímil que, si todo es energía como afirman los científicos modernos, se pueda considerar que los pensamientos son unidades energéticas que atraen una cantidad de energía similar a la emitida; por este principio, los pensamientos negativos atraerán manifestaciones negativas, mientras que los positivos lo harán de forma positiva. 

Así que, ¡Ya está! —exclamé mentalmente—   para lograr atraer algo a mi vida lo que tengo que hacer es, pues, enfocarme en lo que deseo, pensarlo, sentirlo, imaginarlo y visualizarlo. 

Por supuesto, con el tiempo me di cuenta de que la “Ley de Atracción” no opera con la misma facilidad y rapidez con que se obtiene cualquier pedido por Amazon. Es que el campo cuántico no responde a lo que queremos, sino a lo que estamos siendo. Podemos querer ser muy ricos, pero si nuestra creencia arraigada en nuestro subconsciente es que la riqueza no da la felicidad o que los ricos no son personas honestas entonces estaremos bloqueando el flujo de la riqueza. La clave está en armonizar nuestros pensamientos con nuestros sentimientos y emociones. El Universo atenderá entonces nuestros deseos cuando somos capaces de enviarle una señal coherente, alineando nuestros pensamientos y sentimientos perfectamente. 

Asuncion y transformacion Collage 2 - El mago de la lámpara - Acalanda Magacín

Con el tiempo he podido comprender también que la Ley de Atracción se complementa con la Ley de la Asunción, desarrollada por Neville Goddard, uno de los grandes referentes del Nuevo Pensamiento, nacido en Barbados, por la que cualquiera puede convertir su sueño futuro en un hecho presente asumiendo la sensación del deseo cumplido; pero, ciertamente, entre ambas “leyes” hay sutiles diferencias. Mientras que la primera pone el énfasis en el pedir, operando desde el ego (quiero esta casa, este dinero, esta pareja…); la segunda en el crear y manifestar, operando desde el Ser, desde el “Yo Soy”.  

Neville Godard - El mago de la lámpara - Acalanda Magacín

Mientras mi avión surcaba los aires a gran velocidad con destino a San Francisco y mi compañero de vuelo seguía inmerso en el más plácido de los sueños, yo proseguía mi lectura de las enseñanzas herméticas con regocijo. ¡Uff! El tener la posibilidad de comunicarme con el campo cuántico —el gran mar de la información— por medio de mis pensamientos y sentimientos suponía para mí una gran revelación.

 Sentía un entusiasmo indescriptible al comprender que dentro de mí existía un poder capaz de crear una realidad deseada, parecida a la magia. La llave maestra para acceder a este poder se hallaba en el principio cuántico de que donde pones tu atención pones tu energía —algo que exige centrar la atención en el momento presente— lo que me permitiría conseguir alcanzar mis deseos y diseñar mi destino. Pero, evidentemente, no al modo que describe la canción de Alex y Christina, “Cuando crees que me ves, cruzo la pared y hago chas y aparezco a tu lado”, sino haciendo primero una revolución en mis hábitos cotidianos. 

Sí, de los hábitos me habló mi amigo Manel. “Somos —según sentenció el gran Aristóteles— lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito”. Y ahora veía con mayor nitidez que lo que nos impide avanzar son ciertos hábitos de comportamiento de pensamiento o reacción emocional, ya que nuestra personalidad crea nuestra realidad personal; una personalidad hecha con cómo piensas, cómo actúas y cómo te sientes. Así que —pensé— el Pablo que viaja en este avión hacia un destino incierto es el resultado de un modo de pensar, sentir y actuar; por lo que, si desea cambiar una nueva realidad personal, tendrá que cambiar su personalidad y reinventarse. En otras palabras, tendrá que reflexionar sobre lo que ha estado pensando y cambiarlo.

Vibracion y fisica Collage 2 - El mago de la lámpara - Acalanda Magacín

Esta tiene que ser mi nueva y gran decisión: Vivir el momento presente con plena atención mental, observando las decisiones y comportamientos diarios que han dado lugar a mis hábitos. Tendré que hacerme consciente de mis hábitos y comportamientos inconscientes, incluyendo mi forma de hablar. Después tendré que observar esas emociones que me mantienen conectado al pasado y preguntarme: ¿Permanece esta emoción a mi futuro?, lo que me obligará a dejarla pasar con el recuerdo asociado a ella. Asimismo, tendré que determinar qué emociones son más útiles para mi futuro, tratando de familiarizarse con una nueva forma de ser. 

Ahora empezaba a comprender por qué la gente por lo general no consigue crear la realidad deseada; sencillamente, porque mantienen la misma personalidad de siempre, sin comprender que para cambiar cualquier realidad hay que convertirse primero en otra persona; algo que, por cierto, es un acto de superación personal. ¿Es fácil? No lo es; por lo tanto, hay que luchar a brazo partido contra nuestras propias creencias limitantes, procedentes de nuestra “vocecita interior”, con mensajes del tipo:  No puedo, es demasiado difícil, soy demasiado esto, soy demasiado aquello, soy mayor para esto, estoy cansado, es demasiado tarde para cambiar….En fin, en expresión cuántica se dice que estamos atrapados en la energía del pasado, culpando de nuestras circunstancias a esto o a aquello. 

Durante aquel viaje tomé la decisión más importante de mi vida: cambiar mi personalidad con el fin de cambiar mi vida. Para ello, puse en funcionamiento el mecanismo de la autoobservación, por medio de la cual me hice consciente de cómo hablaba y cómo actuaba. Inmediatamente comencé a darme cuenta de que yo no era la programación grabada en mi mente inconsciente; que se había activado una cualidad desconocida para mí hasta entonces: la cualidad de observador, es decir, la Consciencia observando el programa instalado en mi mente. 

Empecé a sentir que estaba fuera del frasco, con la capacidad para ver desde fuera objetivamente lo que había dentro del mismo. Este descubrimiento trajo consigo una nueva responsabilidad: la responsabilidad de no culpar a nada ni a nadie de mis circunstancias de vida pues era plenamente consciente de que yo, y sólo yo, el capitán de mi barco, el artífice de mi propio destino, el creador de mi realidad. 

Cuando fui capaz de neutralizar la voz interna que trataba de impedir que continuara mi camino de transformación, se inició para mí un proceso creativo emocionante. Comencé a preguntarme: ¿Qué pensamientos quiero grabar y activar en mi cerebro? ¿Qué atención e intención deseo poner en mi mente? ¿Qué comportamientos deseo desplegar durante el día? Para ello, nada más despertarme me formé el hábito de instalar en mi cerebro el hardware neurológico de cómo deseaba que fuera mi día, consciente de que cuando estamos plenamente presentes, el cerebro no sabe distinguir entre lo real y lo imaginario. 

La perseverancia de este hábito me llevó a controlar de forma consciente mi mente. No se trataba de pensar positivamente de forma forzada, sino de superarme hasta hacerme una nueva personalidad, pensando, actuando y sintiendo de forma diferente, lo que me hizo ver con la máxima claridad todas las sincronicidades y serendipias que iban apareciendo en mi vida. Con esto empezó a llegar mucha información sustancial para mi crecimiento interior: libros, música, videos, gente, etc. Comprendí, por fin, que este es el funcionamiento normal del Universo.

La presente reflexión me llevó automáticamente a otra de gran enjundia. ¿La unidad esencial de todo lo creado, esgrimida por los grandes maestros de todos los tiempos y regiones, santos y avatares, surgió de una comprensión directa de la física cuántica? ¿Todos ellos estaban sintonizados con el quantum del Universo, intentando explicarnos con sus parábolas, cuentos, relatos e historias esta realidad de una forma comprensible? ¿La oración —establecida en cualquier religión— es, en realidad, una afirmación del poder del pensamiento y nuestra propia unidad con todo lo que es? ¿La ciencia moderna está contribuyendo con su metodología y descubrimientos a que entendamos mejor los mensajes espirituales, religiosos y filosóficos que la Humanidad ha venido recibiendo para la comprensión de su existencia?

Jesucristo dijo que “En la Casa de mi Padre existen muchas moradas”. Hoy, la física cuántica, afirma que existen diferentes mundos en los que vivimos.  Está el mundo macroscópico que vemos; pero también el microscópico de nuestras células, de nuestros átomos y de nuestras partículas subatómicas. Mundos diferentes con su propio lenguaje y sus propias matemáticas, aunque complementarios. Sí, es verdad —pensé— yo soy mis átomos, pero también mis células, mi fisiología macroscópica. Yo Soy, pues, en diferentes campos de manifestación, algo que me lleva a afirmar ya sin el menor género de dudas que, la verdad fundamental —descubierta por la filosofía, la espiritualidad y ahora la ciencia—  es el principio de la Unidad. A esto nos han llevado los estudios de la física cuántica. 

Todos los textos religiosos —deduje— nos han asegurado que nuestras oraciones e intenciones son siempre respondidas por Dios. Lo que ha hecho la física cuántica es explicarnos cómo sucede esto. ¡Bingo!

En efecto, la física cuántica nos explica que el campo cuántico contiene todas las probabilidades que luego materializamos en la realidad por medio de nuestros pensamientos y sentimientos. El campo cuántico es energía con la capacidad para organizarse a sí misma. Y, todo, absolutamente todo, células, moléculas, átomos, partículas subatómicas, humanos, planetas, estrellas, galaxias, etc. está conectado a esta energía más allá del espacio y del tiempo. ¿Se refirió Jesús de Nazaret al principio del entrelazamiento cuántico, cuando afirmó que lo que “¿Dios ha unido, que no lo separe el hombre?

¿Puede la física cuántica explicar a Dios? Parece que sí, al menos nos explica cómo podemos interactuar con el Creador. Las oraciones, los rituales, los cánticos o las meditaciones prescritos por todas las religiones y filosofías del mundo vienen siendo medios para pedirle a Dios que manifieste nuestros deseos, nuestra conexión divina. Y parece que en esto como en otras tantas cosas la ciencia y la espiritualidad son totalmente coincidentes. 

A la luz de la física cuántica, las oraciones, junto con el resto de las prácticas religiosas y espirituales, para que sean efectivas, tienen que ser algo más que recitar las palabras y cantos; deben contener sentimiento, propósito e intención.

La conocida prescripción contenida en el Evangelio de San Mateo de “Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y a quien llama se le abrirá”, debe unificarse, pues, con el principio hermético y cuántico de la vibración. Y es que nuestros pensamientos, sentimientos y emociones generan determinadas ondas cerebrales que se propagan hacia todo el tejido del Universo.

Luego de estas amplias reflexiones sobre el Principio de Vibración y sus aplicaciones prácticas en mi mundo de las tres dimensiones, pasé al cuarto de estos principios: el de la Polaridad.

Polaridad y equilibrio Collage 2 - El mago de la lámpara - Acalanda Magacín

Este cuarto principio hermético afirma que Todas las cosas son duales; todas tienen polos, todas tienen su par opuesto. Los opuestos, como el gusto y el disgusto, son idénticos en esencia, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son verdades a medias; toda paradoja se puede esclarecer”.

La primera palabra que vino a mi mente al leer el fundamento de este principio fue: paradoja. Comprendí al instante que las antiguas paradojas, que siempre han confundido las mentes de los hombres, expresadas con dichos, máximas o aforismos, quedan perfectamente explicadas con la comprensión de este principio. Un principio que encierra la verdad de que todas las cosas manifestadas tienen dos lados, dos aspectos, dos polos; un par de opuestos con innumerables grados entre ambos extremos; que todo es y no es al mismo tiempo; que todas las verdades no son más que medias verdades; que toda verdad es medio falsa; que todas las cosas tienen dos lados; que siempre hay un reverso para cada anverso, etc.

La física clásica determina que existen electrones negativos y protones positivos; la filosofía taoísta afirma que no existe ni lo bello ni lo feo, sólo una de las dos cualidades en diferentes grados: más bello o menos bello.

¡Ahora caigo! —exclamé. Ahora veo muy claramente cómo se manifiesta este principio en nuestro plano físico. Por ejemplo, el calor y el frío son de naturaleza idéntica, diferenciándose en los grados. Al observar con detalle cualquier termómetro, vemos que no marca el cese del calor y el comienzo del frío absolutamente, ya que todo se reduce a vibraciones más o menos elevadas o bajas. De igual modo, nuestra consideración de elevado y bajo que utilizamos con mucha frecuencia, no son más que polos de la misma cosa. Lo vemos también en los puntos cardinales Si viajamos alrededor del mundo en dirección al Este, llegará un momento en que alcanzaremos el Oeste; Si lo hacemos hacia el Norte, llegaremos hacia el Sur y viceversa.

La luz y la oscuridad son polos de la misma cosa, con muchos grados entre ambos. La escala musical es la misma. Partiendo del sí en adelante llegaremos a encontrar otro sí y así sucesivamente, siendo las diferencias entre los extremos también cuestión de grados. En la escala del color sucede otro tanto, siendo la intensidad vibratoria la única diferencia que existe entre el rojo y el violeta. Lo grande y lo pequeño son cosas relativas. Igualmente lo es el ruido y la quietud, lo duro y lo blando, lo afilado y lo romo. Positivo y negativo son los dos polos de una misma cosa, con innumerables gradaciones entre ambos. Bueno y malo no son cosas absolutas; A un extremo lo llamamos bueno y al otro malo, o Bien al uno y Mal al otro, de acuerdo con el sentido que queramos darle. Una cosa es menos buena que la que le es superior en la escala, pero esa cosa menos buena, a su vez, es mejor comparada con la que tenga el más o el menos regido por la posición que tenga en la escala.

Como el Principio de Correspondencia —inferí—  determina que “lo que está abajo es arriba”, es decir, todas las condiciones se dan en los diferentes planos existenciales (físico, mental y espiritual) el de la Polaridad será de aplicación también en el plano mental. Por ejemplo, consideramos que el amor y el odio son completamente diferentes e irreconciliables; ahora bien, a la luz del Principio de Polaridad, vemos que no existe un amor absoluto o un odio absoluto. Los dos no son más que términos aplicados a los dos polos de la misma cosa. En una escala encontramos más amor o menos odio, si ascendemos por ella, o menos amor si por ella descendemos. El valor y el miedo quedarían también bajo la misma regla. En fin, los pares de opuestos existen por doquier. Donde encontremos una cosa, encontraremos también su opuesta, es decir, los dos polos. 

Abo mirando por la ventanilla 1 - El mago de la lámpara - Acalanda Magacín

Tras hacer una larga y profunda respiración y contemplar serenamente el cielo despejado por la ventanilla del avión, combine conmigo mismo en que aceptar y aplicar este Principio de la Polaridad en mi mundo conllevaba reconocer la realidad de las cosas por lo que son, no por lo que yo quería que fueran; también que me convenía familiarizarme con él ya que su comprensión me arrojaría mucha luz para afrontar los problemas de mi día a día. Sí, en lo sucesivo -determiné- me tomaré las cosas (las personas, las situaciones, etc) por lo que son, buscando apreciarlas y disfrutarlas, aprender de ellas y, finalmente, liberarlas. 

Es que, pensándolo bien, todas las cosas en la vida, tienen su aspecto positivo y su contraparte negativa. Hay alimentos dulces y otros salados; hay momentos felices y momentos de tristeza.  Aceptarlo así —me dije— será la manera inteligente de aprender y salir fortalecido de las que se me vayan presentando de forma negativa, y disfrutar de las que se manifiesten en modo positivo. 

¿Puedo cambiar mi mal humor, que siempre entorpece las buenas relaciones con los demás?  ¡Ya lo creo! Siguiendo este maravilloso Principio de la Polaridad podré transmutarlo fácilmente, convirtiéndolo en buen humor, lo que me permitirá mejorar el clima en mi entorno, hacer buenos amigos y conseguir que mis jefes y colaboradores remen conmigo en la misma dirección. Y digo que me parece fácil conseguirlo porque verdaderamente mis estados mentales y el de los demás es cuestión de grados; luego puedo fácilmente elevar mis vibraciones positivas a voluntad, cambiando la polaridad. Y, ahora, a por el siguiente principio: el del ritmo.

Pablo Martín Allué


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