Ante la Stanford - En casa de Cristopher y Emily - Acalanda Magacín
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En casa de Cristopher y Emily

La vida, vista desde cerca es una tragedia; pero, observada desde lejos resulta una comedia.

YO, ABO. Capítulo 39: En casa de Cristopher y Emily.

Desconozco qué propició el que yo me encontrara en una clase de E learning en la Universidad de Stanford. ¿Producto de un narcótico introducido en la comida por Diego? ¿Hipnosis? ¿Chamanismo? ¿Proyección astral? ¿Teletransportación por una máquina del tiempo parecida a la creada por el ingeniero norteamericano George Van Tassel, de Giant Rock (California), allá por los años 50, a partir de una fórmula que le proporcionó alguien, al parecer, procedente de una nave voladora no identificada? ¿Quién sabe?  

Clase en Stanford - En casa de Cristopher y Emily - Acalanda Magacín

La máquina del tiempo de Van Tassel tenía cuatro pisos y superaba con creces a la ciencia electrónica de ese momento, basada en dos dimensiones de trabajo: el patrón eléctrico y el patrón magnético perpendicular a él. La idea de esta máquina del tiempo puede parecer en un principio un perfecto disparate, pero verosímil cuando se conocen sus fundamentos. En una entrevista televisada a Van Tassel, este ingeniero explicó que, de igual modo que un acontecimiento puede ser grabado y reproducido por medio de una cinta magnética, el campo magnético de la Tierra puede funcionar de la misma manera. 

Maquina del tiempo collage 2 - En casa de Cristopher y Emily - Acalanda Magacín

En fin, sea como fuere, yo me encontraba en el futuro (o en el eterno presente) por alguna de las razones que he señalado anteriormente, o por otras desconocidas para mí. Había llegado hasta aquí por la concatenación de una serie de causas. ¡Guau!, estaba ya viviendo a tope las sensaciones de estar en la Stanford University, una de las universidades más prestigiosas de los Estados Unidos, además de estar considerada como la segunda mejor del mundo.  Llegar hasta aquí no había sido sencillo. Además de vencer mis propios miedos y dudas, tuve que emplearme a fondo para cumplir con una serie de requisitos administrativos, como: Rellenar el formulario de aplicación en línea; el ensayo personal en donde tienes que indicar tus cualidades y el por qué debes ser admitido en la universidad; la tarifa de solicitud no reembolsable o solicitud de exención de tarifa; puntuaciones de las pruebas ACT o SAT sobresalientes; el informe escolar y carta de recomendación del consejero escolar; la  transcripción  oficial o resultados académicos al idioma inglés; cartas de recomendación de dos profesores;  y el portafolio de artes, resaltando talentos extraordinarios en las artes.

Temor en Stanford - En casa de Cristopher y Emily - Acalanda Magacín

 Sabía que un requisito indispensable para estudiar en la Universidad de Stanford es dominar el inglés, pues todas las clases son impartidas en el idioma; también que esta universidad te ofrece la posibilidad de realizar cursos de inglés certificados y avalados directamente por el departamento de idiomas de la universidad. Lógicamente, esta oferta es sólo a los efectos de reforzar el idioma. A mi me pareció muy interesante y necesario apuntarme a la academia de idiomas para desarrollar el habla, escritura y escucha del idioma con frases avanzadas y lecturas de texto correspondientes a mi área de estudios. 

  Sí, ya estaba en la  Leland Stanford Junior University con el convencimiento de  que esto me otorgaría un estándar académico muy alto, por la excelencia de los profesores y el acceso a todos los proyectos de investigación  e innovación que se desarrollan en esta prestigiosa universidad; al mismo tiempo se apoderó de mí una especie de “miedo escénico al pensar que por este espacio universitario habían pasado personajes de la talla de Herbert Hoover; Presidente 31 de los Estados Unidos; Larry Page. Cofundador y ex Director Ejecutivo de Google; Sally Ride. Astronomía y Física; primera mujer en el espacio; Felipe de Bélgica. Séptimo Rey de los Belgas; Reed Hastings. Cofundador y Director Ejecutivo de Netflix; Sterling K. Brown. Actor ganador del premio Emmy, así como casi una treintena de premios Nobel en diferentes campos. 

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El lema oficial de la universidad,»Die Luft der Freiheit weht» (“Sopla el viento de la libertad”) no podía ser más adecuado para mi nueva etapa vital, en la que había aprendido a ir más allá de las palabras. Sentía que estaba en el lugar adecuado y el momento oportuno. Sabía que, cual tsunami, un tremendo cambio tecnológico estaba irrumpiendo en todas nuestras vidas a velocidades de vértigo, obligando a los jóvenes como yo a vivirlo intensamente y a prepararnos bien. Al mismo tiempo me era imposible olvidar las intrigantes palabras de Diego, mi amigo el chamán mejicano, afirmando que hace ya mucho tiempo que estamos tocando fondo; que el mundo se halla dentro de una crisis sistémica; que nos encontramos en plena decadencia; entrando en una profunda depresión; en un colapso de profundo malestar en casi todos los ámbitos… y que lo peor estaba por venir. Lo peor estaba por venir -me repetí. ¿Lo peor? ¿Pero no hemos pasado ya lo peor, collons?

Entonces recordé la lectura de un texto extraído de un libro escrito en alemán, del actor español de teatro y televisión, David V. Muro, virilizado en España y luego en todo el mundo, con la intención de poner en perspectiva las cosas que nos suceden. El texto dice lo siguiente: 

“Imagina que hubieras nacido en el año 1900. Cuando tienes 14 años empieza la Segunda Guerra Mundial y termina cuando tienes 18. Un saldo de 22 millones de muertos. Poco después aparece una pandemia mundial, la mal llamada gripe española, matando a 50 millones de personas. Tú todavía estás vivo y con 20 años. Cuando tienes 29 sobrevives a la crisis económica mundial que comenzó con el derrumbe de la bolsa de Nueva York, ocasionando inflación, desempleo y hambruna. Con 33 años el nacionalsocialismo llega al poder en Alemania. En el 36 llega la Guerra Civil Española y el 39 la II Guerra Mundial, que termina cuando tienes 45 años, con un saldo de 60 millones de muertos y un holocausto en el que al menos 6 millones de judíos perdieron la vida. Cuando tienes 52 empieza la guerra de Corea; cuando tienes 64 la de Vietnam, que termina cuando tienes 75 años. 

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Sí, ciertamente —pensé— siempre nos parece que nuestros problemas son “el más difícil todavía”, los mayores, los más acuciantes y los más graves; los que estamos viviendo en el “aquí y en el ahora”. Sin embargo, si los ponemos en perspectiva los relativizamos, en línea con el pensamiento del genial Charles Chaplin de que, “La vida, vista desde cerca es una tragedia; pero, observada desde lejos resulta una comedia”.

Una cosa tenemos clara como Humanidad desde que el filósofo griego Heráclito expresara el famoso aforismo que, “No es posible bañarse dos veces en el mismo río, porque nuevas aguas corren siempre sobre ti”; es la de que todo cambia, nada permanece. Sí, el cambio, ese gran motor que hace evolucionar las cosas y las personas.  Lamentablemente, que yo sepa, no existe “Manual de la Vida”, para prepararnos para el cambio.

Dialogo tecnologia 1 1 - En casa de Cristopher y Emily - Acalanda Magacín

El cambio, sí el cambio. El cambio inminente y radical en el mundo era lo que había impulsado a los amigos de Mari-Luz, Christopher y Emily, a dejar su casa de San Francisco para tomarse al menos un “año sabático” con el fin de poder asimilar todo lo que estaba por venir. 

—Lo que está por venir de manera inminente traerá nuevos paradigmas, nuevos modos de concebir el mundo —me comentó Christopher, mientras tomábamos un café en su amplio salón de su lujosa casa situada a las afueras de San Francisco. En el ámbito laboral, por ejemplo, el problema quizás no sea el desempleo, sino la empleabilidad, es decir, la capacidad para cubrir las vacantes de trabajo con seres humanos. 

Dialogo cambio tecnologico - En casa de Cristopher y Emily - Acalanda Magacín

—Sin embargo —apostilló su esposa Emily— aunque se dice que vuestra generación será la primera que vivirá peor que la de vuestros padres, al mismo tiempo será la generación que tiene más posibilidades que ninguna otra a lo largo de la Historia. Es verdad que vuestros padres vieron crecer sus vidas exponencialmente, pero también que ellos vivieron con unos parámetros vitales mucho más simples que los nuestros. Su sencilla hoja de ruta les hacía llegar hasta conseguir su propósito; la vuestra, sin embargo, es mucho más compleja, la más grande de la historia de la Humanidad.

—Sí. Esto es verdad, Emily —comenté.  Hoy vivimos con más información y de hacer y recibir cosas. Es como cuando mis padres tan solo podían elegir entre dos cadenas de televisión y ahora tenemos cientos de canales. Se diría que nos encontramos en un inmenso mar   de posibilidades que nos ha abordado por encima, por debajo y por los lados. Se podría decir también que vivimos en un mundo de extremos: el del mayor número de posibilidades y también de las mayores posibilidades de perderte.

—Por ello —comentó Cristopher, siguiendo todo este hilo argumental, lo que cualquier joven de tu generación debe hacerse es hacerse estas preguntas: ¿Qué es lo que puedo y me gustaría hacer en este mar de posibilidades? ¿Cómo puedo utilizar a mi favor estas nuevas herramientas proporcionadas por las nuevas y poderosísimas tecnologías que nos hacen casi “superhumanos»? Sí, apreciado Pablo, estas son las claves; las grandes preguntas que ha de hacerse cualquier joven de tu generación; las que tú te tendrás que hacer durante tu larga estancia en el espectacular templo de la inteligencia y del saber de la Leland Stanford Junior University.

Dialogo tecnologia 2 - En casa de Cristopher y Emily - Acalanda Magacín

Christopher era un hombre muy extrovertido, risueño y amigable; Emily era más reservada, aunque de talante bondadoso y generoso. Emily había dedicado su vida laboral a la medicina como estomatóloga en diferentes clínicas privadas; Christopher lo había hecho como profesor universitario, escritor y conferenciante de ciencias químicas. Habían creado una familia feliz de 4 hijos (2 chicas, Avery y Mía y 2 chicos, Michael y Matthew) con trayectorias personales y profesionales muy exitosas).

—Desde este momento esta es tu casa —afirmó con suma sinceridad y generosidad Christopher. Nuestro deseo es que seas tan feliz como nosotros lo hemos sido durante más de veinte años. Ante cualquier duda puedes llamarnos con toda libertad. Estaremos en “paradero desconocido”, tratando de reencontrarnos como pareja, como personas y asimilando lo que está por venir, que será muy gordo.

—¿Muy gordo? ¿Cómo de gordo? —pregunté muy perplejo.

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—Verás, Pablo. Como seguramente sabrás, la primera revolución industrial, comprendida entre 1760 y 1830, fue estimulada por las máquinas de vapor y alimentada por los combustibles fósiles; la segunda surgió entre 1860 y 1914, a partir de la electricidad y su introducción a la industria; la tercera, que va desde los años 60 del siglo pasado se caracterizó por la aparición de internet, la electrónica y los avances con la tecnología. Pues bien, actualmente nos encontramos en la llamada “Cuarta Revolución”, cuyos efectos hemos empezado a notar en el año 2010. Esta revolución, que se gestó durante los años 90, se caracteriza por la nanotecnología, los drones, las impresoras 3D, la realidad virtual, así como los primeros estadios de la inteligencia artificial y la robótica más avanzada. Estas nuevas tecnologías nos permiten que el trabajo mental automatizado sea más eficiente, consiguiendo una mutación en los modelos de producción, con el consiguiente cambio profundo en nuestra estructura social. Esto, quizás, no sea una nueva revolución industrial, sino algo más complejo y sofisticado. ¿Quién sabe si esta “Cuarta Revolución Industrial” sea el punto y final de un proceso que dé paso a un nuevo paradigma científico, tecnológico, social, político y económico? ¿A una “Quinta Revolución Industrial”? o, mejor aún, ¿A una nueva era?  Mi pregunta ahora es: ¿Estamos entrando ya en una nueva era de la Humanidad? ¿Una nueva era que afectará a todos los aspectos de nuestras vidas: las pensiones, las relaciones laborales, el mundo empresarial, la política, la sociedad o la economía? 

—Pues todo es posible —me limité a comentar.

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—Mira, Pablo, en 1958 el matemático húngaro-estadounidense,  Jhon Von Newman —uno de los más importantes del siglo XX—, que realizó contribuciones fundamentales en física cuántica, análisis funcional, teoría de conjuntos, teoría de juegos, ciencias de la computación, economía, análisis numérico, cibernética, hidrodinámica, estadística y muchos otros campos, habló del concepto de “singularidad tecnológica”, donde las máquinas serían autosuficientes, con un mundo técnicamente automatizado.

—Todo un profeta del esplendoroso futuro que le depara a la Humanidad —sentencié.

—¿Tú crees que será esplendoroso? —inquirió.  Esto es, sin duda, lo que todos deseamos, pero…

—¿Pero? ¿Qué hay de malo en un futuro tecnológico, donde las máquinas suplan los trabajos más engorrosos de los hombres, suplan nuestras carencias mentales y den soluciones imaginativas e inteligentes a muchos de nuestros problemas? 

Al formular estas preguntas, Cristopher guardó silencio. Un largo silencio, con su mirada perdida en el horizonte. Luego, pasado un tiempo, retomó la conversación, con una nueva pregunta.

—¿Has visto el clásico cinematográfico, “The fountainhead” (“El manantial”)?

—Pues no.

—Es un clásico cinematográfico del año 1943, basado en la novela escrita por Ayn Rand en 1943, dirigida por King Vidor y protagonizada por Gary Cooper, uno de mis actores favoritos. Te voy a mostrar uno de los momentos más álgidos de esta película: el alegato final. Es oro puro. Atento. 

Cooper - En casa de Cristopher y Emily - Acalanda Magacín

Un arquitecto (Howard Roark) manda destruir el edificio —me explicó para contextualizar— que había diseñado para otro colega que se había comprometido a mantener íntegramente el proyecto. Al descubrir que había sido alterado por costes más bajos, decide tomar la drástica decisión de destruirlo en defensa de sus ideales.  Es imputado por ello y llevado a juicio. El fiscal del caso somete al gran jurado la decisión sobre un tema crucial para nuestra era: ¿Tiene el hombre derecho a existir si se niega a servir a la sociedad? El arquitecto, por su parte, se defiende a sí mismo con este impresionante alegato final. Escucha. 

Hace millones de años un hombre primitivo descubrió cómo hacer fuego. Probablemente fue quemado en la hoguera que él había encendido para sus hermanos; pero dejó un regalo inimaginable al hacer desaparecer la oscuridad de la Tierra. Luego, a través de los siglos hubo hombres que dieron los primeros pasos por nuevos caminos, apoyados solamente en su visión. 

Los grandes creadores, pensadores, artistas, los científicos, o inventores lucharon contra sus contemporáneos. Se oponían a los nuevos pensamientos. Sus inventos eran denunciados y recusados; pero los hombres con visión de futuro siguieron adelante, lucharon y pagaron por ello. Pero vencieron. Ningún creador estuvo tentado por complacer a sus hermanos. El mantenía su verdad sobre todo y contra todo. Seguía adelante sin tener en cuenta con los que estaban de acuerdo con él o los que no, con su integridad con su única bandera. Él no servía a nadie ni a nada. Sólo vivía para sí mismo. Y sólo viviendo para sí mismo pudo lograr las cosas que luego han sido reconocidas como la gloria de la Humanidad. Esa es la naturaleza de la creatividad.   

El hombre no puede sobrevivir si no es a través de su mente. Llega al mundo desarmado. Su cerebro es su única arma. Pero la mente es un atributo del individuo. Es inconcebible que exista un cerebro colectivo. El hombre que piensa debe pensar y actuar por sí solo. La mente razonadora no puede funcionar bajo ninguna forma de coacción. No puede estar subordinada a las necesidades u opiniones de los demás. No puede ser objeto de sacrificio. 

El creador se mantiene firme en sus convicciones. El parásito sigue las opiniones de los demás. El creador piensa. El parásito copia. El creador produce. El parásito saquea. El interés del creador es la conquista de la Naturaleza. El interés del parásito es la conquista del hombre. El creador requiere independencia. Ni sirve ni gobierna. Trata a los hombres con intercambio libre y elección voluntaria. El parásito busca poder. Desea atar a los hombres para que actúen juntos y se esclavicen. El parásito afirma que el hombre es sólo una herramienta para ser utilizada; que ha de pensar como sus semejantes y actuar como ellos y vivir la servidumbre de la necesidad colectiva, prescindiendo de la suya.

Fíjense en la Historia. Todo lo que tenemos. Todos los grandes logros han surgido del trabajo independiente de mentes independientes; y todos los horrores, de los intentos de obligar a la Humanidad a convertirse en robots sin cerebros y sin almas; sin derechos personales; sin ambición personal; sin voluntad, esperanza o dignidad. 

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—¿Qué te ha parecido, Pablo? —me preguntó Cristopher, apagando con el mando a distancia la emisión de esta impresionante secuencia del clásico cinematográfico “The fountainhead” (“El manantial”).

—Me ha parecido inquietante. Por supuesto me ha gustado mucho la interpretación de Gary Cooper con su alegato final, pero me ha inquietado el que la Humanidad pueda estar sucumbiendo a un nuevo horror, en el que los seres humanos lleguemos a ser robots, sin cerebros y sin almas, sin derechos personales, sin ambición personal, sin voluntad, esperanza y dignidad.

—Sí, esto es verdad —comentó Cristopher. Esperemos que este mal augurio nunca llegue a producirse. Sería el fin de la Humanidad tal como la hemos conocido hasta ahora. ¿Has oído hablar de David Icke?

—No. ¿Quién es este señor?

—Es un exfutbolista y locutor deportivo ​ Ha escrito más de 20 libros, auto publicados desde mediados de los años 90, y ha hablado en más de 25 países. ​ Cuando escuché una reflexión que hizo hace unos 20 años me inquieté. Hoy las considero proféticas.

—¿Sí? ¿Qué dijo?

—Que hay una agenda y que es la hora de la verdad para la raza humana. Que hay una red de línea de sangre entrecruzadas que quieren traer su estructura fascista global. 

-¡Uff!, ¡y con qué fin! —protesté. 

—Con el fin—según David Icke— de crear un gobierno mundial en el que los actuales estados nacionales serían meras unidades administrativas. Habría también un banco mundial central y una moneda que no sería efectivo, sino electrónica, con claras implicaciones evidentemente para la libertad humana. Por supuesto, tendríamos un ejército mundial. ¡Ah, y una policía mundial en la que cada uno de nosotros estaríamos microchipeados con todos nuestros detalles, financieros, de salud, de preferencias, etc. En fin, un sistema de control terrorífico que permite conocer dónde estamos y qué estamos haciendo. Y todavía peor: un sistema que puede llegar a conocer nuestros procesos emocionales y mentales para manipularlos. 

—¿Pero ¿cómo es posible todo esto? Parece un mal sueño. ¿Cómo podemos evitarlo?

—Según David Icke esto será inevitable a menos que despertemos y lo hagamos rápidamente. Pero, bueno, no nos pongamos trágicos, que de otras circunstancias adversas hemos salido. Por cierto: ¿Tienes hambre? 

—Bueno, sí, un poco —me limité a responder

—¿Te apetece que tomemos un delicioso “Hot dog?  Los que prepara Emily son únicos. 

—Sí, claro. Seguro que los hace deliciosos.

—Pues entonces pasemos a la cocina, que Emily nos está preparando un verdadero manjar.

Sí, creo que lo que nos había preparado era un verdadero manjar. Se trataba de una comida típica americana, que a mí me supo a gloria bendita, consiguiendo saciar mi “hambre de lobo”. Aunque por guardar la formalidad no se lo había confesado a Cristopher, en realidad tenía hambre, mucha hambre, tras el largo y cansado viaje desde España. El hot dog, o perrito caliente, preparado por Emily me recordó que estaba en América. Me trajo a la memoria el típico partido de béisbol, que tantas veces hemos visto en las películas de Hollywood, en el que un vendedor se pasea entre los aficionados o un puesto callejero como telón de fondo para una escena de comedia romántica, ofreciendo estas típicas salchichas con panecillo, aderezadas con ketchup y mostaza. Luego, Emily nos ofreció otro plato típico: la jambalaya, un plato a base de arroz con pollo, jamón, langostinos y pimienta que resulta bastante picante. Emily me aclaró que, pese a sus orígenes humildes, pues era una comida que se preparaba con las sobras de comidas anteriores, hoy en día la jambalaya es un plato icónico de Luisiana. La cena quedó finalizada con “El apple pie”, un postre típico de origen inglés, a base de masa de hojaldre cubierta de manzanas laminadas, con una pizca de canela por encima y acompañada de una bola de helado de vainilla. 

Perrito caliente - En casa de Cristopher y Emily - Acalanda Magacín

—Eres una gran cocinera, Emily —comenté mientras degustaba lentamente un trozo de la tarta de manzana. Todo me ha resultado muy bueno. Gracias.

—Gracias a ti, Pablo. El mayor agradecimiento que una cocinera puede recibir es que su comida sea del agrado de los comensales. 

—Sí, esto es verdad, Emily. Es que comer bien, como sabes, es uno de los grandes placeres de la vida. 

—Es cuestión de ponerle ganas y tiempo. Seguro que tú también llegarás a ser un buen cocinero, empujado por la necesidad claro. San Francisco y la universidad de Stanford harán de ti un gran ingeniero informático y también un buen cocinero. 

—Espero que sea como dices, Emily. Gracias.

Temor en Stanford 4 - En casa de Cristopher y Emily - Acalanda Magacín

—Nosotros saldremos de viaje mañana a primera hora en nuestra segunda casa: nuestra maravillosa auto caravana; así que, tu debut como cocinero será mañana mismo. Tienes reservas en el frigorífico-congelador para varios días. Luego podrás reponerlo con compras en los supermercados de la zona de los que te hemos hablado. Nosotros te dejamos ya. Nos vamos a dormir que mañana es “día de escuela”, ja, ja, ja. Vamos, que nos espera un día muy duro de viaje.  

—¿Tenéis decidido ya cuál será vuestro primer destino?

—Sí, es lo único que tenemos claro. Todo lo demás vendrá por añadidura -respondió Cristopher. Queremos visitar el Parque Yosemite, donde estaremos un par de días. Está a unas cuatro horas de aquí.

—¿Lo conocéis?

—Sí. Hemos estado en varias ocasiones —respondió ahora Emily.  Es impresionante. Te lo recomendamos. Cuando tengas ocasión no dudes en hacerte una escapada. Impresiona por su precioso valle glaciar rodeado de imponentes montañas (las famosas El Capitán y Half Dome), con fantásticos saltos de agua. Tampoco se puede disfrutar de maravillosas vistas desde espléndidos miradores como Tunnel View o Glacier Point. Impresionan también los bosques de secuoyas, donde uno se siente minúsculo al lado de estos enormes árboles. 

—Por cierto, la visita que hicimos a este parque con nuestra común y querida amiga, Mari-Luz, tu abuela Julia y su pareja, el profesor Kendrick fue inolvidable —se apresuró a comentar Cristopher.

—¿Cómo? ¿Conocisteis a la pareja de mi abuela Julia? ¿Al padre de mi madre? —comencé a preguntar con enorme estupor, consciente de que se habría una nueva línea de conversación que podría poner en peligro la decisión de mis anfitriones, Cristopher y Emily, de irse pronto a dormir. 

—Sí, claro —afirmó Emily. Es un hombre excepcional, con el que hemos seguido manteniendo una gran amistad. 

—Pero… ¿es que vive aún?

—Sí, afortunadamente. ¿No te lo ha comentado Mari-Luz?

Pablo Martín Allué


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