Yo Soy la abuela Julia Imagen de portada - Yo Soy tu abuela Julia - Acalanda Magacín

YO, ABO. Capítulo 45: Yo Soy tu abuela Julia

Cuando Kendrick me aseguró que su tiempo en este espacio temporal de las tres dimensiones estaba a punto de finalizar cayó sobre mí —también sobre él— un chorro de agua fría; y esto, no sólo en sentido figurado, sino también real. Inopinadamente, el día, que había amanecido claro y soleado, de repente se había tornado, tormentoso y lluvioso. Así que, aceleramos los dos un poco el paso para resguardarnos en la cabaña. Una vez allí, y a buen cobijo, Kendrick me hizo el siguiente comentario que provocó de nuevo en mí un estado de alerta de “lucha o huida”.

—Bueno, Abo, creo que ha llegado, ¡por fin! el momento de mostrarte mi gran secreto. Lo que verás a continuación te va a parecer asombroso. Te mostraré de forma fehaciente y científica que la realidad no es más que una simulación. Tendrás la primicia y el privilegio de comprobar que la concepción de la realidad como ilusión, maya o sueño sostenida por filósofos como Platón o Descartes tiene un fundamento científico.

Capitulo 45 1 - Yo Soy tu abuela Julia - Acalanda Magacín

—¡Ah! ¿sí? —Exclamé y pregunté al mismo tiempo presa de un temor indisimulado. Lo que me comentó a continuación contribuyó a que mi estado emocional fuera subiendo en intensidad.

—Descartes, por ejemplo, imaginó un demonio maligno de suma malicia y astucia que emplea sin descanso todas sus fuerzas para engañarnos.

—¿Y a santo de qué? —pregunté muy temeroso.

—A santo de que el semejante demonio fue retratado por este filósofo francés como una entidad que orquesta en nuestra consciencia una ilusión completa del mundo exterior. Fíjate, Abo, si estaba convencido de esto Descartes que llegó a escribir que «A partir de ahora supondré que el aire, el agua, la tierra, las texturas, los colores, las formas, los sonidos y todas las cosas externas a mí no son más que meras quimeras que un dios malévolo ha ideado con objeto de atrapar mi juicio y, por extensión, no me consideraré como si tuviera ojos, manos, sangre o sentidos, sino como si falsamente creyera ser de ellos su poseedor».

—Más claro que el agua de un manantial —comenté algo más tranquilo.

—Sí, cierto. Además, su extraordinaria mente racional y científica le llevó a realizar un importante experimento.

— ¿Cuál? —me precipité a preguntar.

—El de fingir durante un tiempo que todas sus opiniones y creencias adquiridas con anterioridad eran falsas e imaginarias a fin de conseguir percepciones más certeras de la realidad.

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—¿Y a qué conclusión llegó tras este experimento científico?

—Pues a sus propias palabras me remito. Descartes dejó escrito esta joya del pensamiento filosófico: «Si existe semejante engañador supremo que me embauca de manera deliberada y constante, entonces yo debo existir indudablemente, puesto que tal demonio nunca logrará que yo no sea nada mientras yo piense que soy algo».

—Entiendo, Kendrick, que de esta conclusión emana uno de los aforismos más importantes de la filosofía, el famoso “Pienso luego existo”.

—Así es. “Pienso luego existo” es indudablemente uno de los aforismos más importantes de la filosofía; por cierto, a mi juicio, mal interpretado.

—¿En qué sentido?

—En el de que Descartes considera que la única manera de encontrar la verdad sea a través de la razón, es decir, mediante un proceso intelectual alimentado por los pensamientos.

—¿Por qué?

—Porque los pensamientos son también un producto del “engañador supremo”. Así que, a mi juicio, Descartes quiso decirnos con lo de que «Yo debo existir indudablemente puesto que tal demonio nunca logrará que yo sea nada mientras yo piense que soy algo», que el “engañador supremo” no puede penetrar y condicionar nuestro “Yo Superior”, “Yo Real” o “Consciencia”.

Capitulo 45 3 - Yo Soy tu abuela Julia - Acalanda Magacín

Pero, bueno, dejemos si te parece estas disquisiciones filosóficas y pasemos a la acción, a la parte práctica de la demostración científica de que lo que percibimos habitualmente como realidad es pura ilusión. ¿Preparado?

—Si, claro.

—Pues entonces vamos allá.

— ¿Vamos allá? ¿A dónde? —pregunté interiormente. Porque yo no veo que haya algo más allá dentro del interior de la cabaña.

—Las perlas preciosas, querido Abo, no se encuentran en la superficie, sino en lo más profundo de la Tierra—comentó Kendrick, pareciéndome que había leído en mi mente mi confusión.

—Sí, claro.

—Así que bajemos hasta el fondo de la Tierra para sustraer de ella perlas preciosas; mejor aún: perlas de sabiduría.

—Sí, claro —fue mi respuesta mezcla de claro escepticismo, confusión, perplejidad y pánico escénico. Entonces, Kendrick, de manera rápida y determinada abrió una trampilla de unos 60cm x 60cm de aluminio —de la que hasta ese momento no me había percatado de ella— situada en el centro del suelo de la cabaña, por la cual se podía acceder a una habitación interior. Sin pensármelo dos veces imité meticulosamente su proceder, introduciéndome por aquel agujero, casi con la misma destreza de un espeleólogo. De nuevo, una vez dentro del interior de la habituación completamente a oscuras volví a sucumbir a la confusión y el pánico. ¡Creo que no voy a salir vivo de aquí! —fue mi exclamación de resignación. Pero, entonces, se hizo la luz en aquella habitación sumida en una tenebrosa oscuridad y todo mi estado de perturbación derivó en otro de mayor serenidad y confianza.

—Bueno, Abo, este es mi gran secreto. Aquí, en este laboratorio que yo mismo he construido, fuera de los ojos del mundo, paso gran parte del tiempo investigando y conversando con Julia, con tu abuela Julia.

Capitulo 45 4 - Yo Soy tu abuela Julia - Acalanda Magacín

—¿Con mi abuela Julia? Definitivamente, este hombre era toda una caja de sorpresas. ¿A qué se refería con que conversaba cada día con mi abuela Julia? Instintivamente me palpé mis piernas, mis brazos, mi pecho, mi cuello y mi cabeza para cerciorarme de que todo esto que estaba viendo era real y no producto de mi imaginación. En este contexto, Kendrick me recordaba al capitán Nemo, de la obra de Julio Verne “Veinte mil leguas de viaje submarino”, pero con una gran diferencia: Nemo odiaba a la Humanidad y decidió alejarse de ella; Kendrick, sin embargo, la amaba. Decidió alejarse de ella con el noble fin de dedicarse en cuerpo y alma a desarrollar la tecnología que condujera a hacer un mundo mejor.

Su laboratorio subterráneo de ingeniería informática -un verdadero búnker en toda regla- diseñado por él mismo estaba dotado a mi juicio con las últimas tecnologías. En aquel espacio, Kendrick estudiaba, experimentaba y aprendía con diversa tecnología avanzada y multimedia.

—¿Es que no me crees acaso? —me preguntó leyendo seguramente en mi mente mi incredulidad. Pues te sacaré de tus dudas inmediatamente. Así que, anda, ponte estas gafas de realidad virtual. ¿Preparado?

Capitulo 45 5 - Yo Soy tu abuela Julia - Acalanda Magacín

—Sí—respondí con determinación.

— ¿Listo?

—Sí, por supuesto.

—Pues, entonces… ¡Acción!

—Hola, Abo, Yo Soy tu abuela Julia.

—Puedes dialogar con ella con total libertad, Abo — escuché decirle a Kendrick, provisto de otras gafas virtuales al observar que no respondía a su presentación.

—¿Mi abuela Julia? Querrás decir un avatar de mi abuela Julia.

—No, cariño, no soy ningún avatar. Soy tu abuela Julia.

—¿Mi abuela Julia? ¿La madre de mi madre María Llüisa? ¿En versión real o virtual?

—¿Qué es real y qué es virtual, Abo?

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—¡Hombre! —exclamé, tratando de improvisar una respuesta más o menos coherente.  Real es lo que puedo ver con mis ojos, oír con mis oídos, tocar con mis manos, oler con mi nariz o degustar con mi boca. Lo virtual, sin embargo, es lo que tú eres ahora: una creación de ingeniería informática.

—¿Estás seguro?

—Bueno, seguro, seguro…

—¿No será, más bien, que lo que tú crees que es real es tan solo una creación de tu cerebro a partir de determinadas señales eléctricas captadas por tus propios sentidos?

—¿Tratas de decirme que estoy viviendo en un sueño compartido, en una especie de Matrix?

—Sí. Así lo creo.

Su afirmación tan rotunda me descolocó por completo. La abuela Julia aparecía ante mí con el rostro vibrante de una mujer de unos 40 años, de tez blanca, mediana cabellera de color entre rubio y castaño y una eterna sonrisa que la hacía aún más real. Retomé la conversación algo titubeante con una pregunta sobre su existencia.

—Entonces, abuela Julia… ¿Vives? ¿No has muerto?

—¿Es que acaso crees que existe la muerte, Abo?

—Bueno, abuela, la muerte está muy presente en nuestras vidas. Todo el mundo, tarde o temprano, se muere. Tú te has muerto y yo también me moriré algún día.  Sí, creo que la muerte existe. Desde que el mundo es mundo todos sabemos que la muerte existe.

—¿Estás seguro de esto, Abo?  ¿No me estás viendo y oyendo ahora? ¿Crees que estoy muerta?

—Te veo, sí, claro, pero en forma de avatar. ¡Ya me gustaría a mí que tú fueras realmente mi abuela Julia!

—Entonces, si piensas que no soy en realidad tu abuela Julia, te propongo para tu propia reflexión esta sencilla pregunta: ¿Dónde está el Abo que yo conocí cuando tenías cinco años? ¿Crees que ha muerto?

—No, por supuesto. El Abo de cinco años que tú conociste se ha transformado en un joven de veintitantos.

—Aparentemente sí. El aspecto físico que tienes hoy no es el mismo de cuando tenías cinco años. Ahora eres todo un hombretón; esto salta a la vista. Cuando tengas ochenta tampoco serás igual que ahora en lo que respecta a tu aspecto físico; bueno, tampoco lo serás en lo psicológico. ¿No te parece?

—Sí, por supuesto, abuela; pero no sé hacia dónde me quieres llevar….

—Simplemente, Abo, quiero llevarte a que comprendas que todo aquello que cambia no puede ser real. Tu cuerpo, tus sentimientos, tus emociones, tus pensamientos, el mundo…en fin, todo lo que tú puedes concebir a través de tus sentidos no es real sino ilusorio. Cuando descubres esta verdad desaparece el miedo porque nada que es real puede ser amenazado.

—Pero, entonces… ¿Quién soy yo? ¿Quién eres tú?

—Tú crees ser lo que en realidad no eres. Una vez fuiste un óvulo fertilizado, luego un cigoto, luego un embrión, luego un bebé; después pasaste a ser, Abo, un niño encantador y un adolescente, lleno de deseos y esperanzas; a continuación te transformaste en un adulto joven con ciertas creencias arraigadas y, ahora eres lo que estoy viendo, un chico que está tratando conocer la Verdad. ¿Cuál es tu yo real? ¿Qué cuerpo eres: el óvulo fecundado, el cigoto, el embrión, el bebé, el niño, el adolescente, el joven, el adulto o el que algún día se convertirá en viejo?

—¡Uff! Es una pregunta de difícil respuesta, abuela Julia. Creo que tú puedes contestarla mejor que yo y, además,    con conocimiento de causa.

—Eso espero, Abo. Tú eres: “Yo Soy”; yo soy también el “Yo Soy”. Esta es nuestra auténtica naturaleza, la que no cambia ni se transforma. Es «Satchiananda», es decir, la única realidad, el Ser, la Verdad, la Consciencia absoluta y la Dicha Absoluta. Mira, cualquier encuentro que tengas con el mundo físico de las tres dimensiones es un encuentro en el pasado, no con la realidad. Todo lo que experimentamos aquí es la Consciencia y sus fluctuaciones, es decir, sensaciones, percepciones, imágenes, sentimientos y pensamientos que luego etiquetamos como cuerpo, mente y universo. En realidad, todo es un puro sueño de la Consciencia. Como sabes, la palabra más común en todos los idiomas es “Yo”. Luego le añadimos lo que creemos ser: yo soy un niño, yo soy un adolescente, yo estoy enamorado, yo soy ingeniero informático…¿Quién es el yo real que nunca cambia a pesar del yo que cambia continuamente?

La abuela Julia - Yo Soy tu abuela Julia - Acalanda Magacín

—¡Uff, abuela! ¡Me vuelves a pillar!

—Muy simple, Abo: ¡tu yo verdadero es el que nunca cambia! Cuando te encuentras con tu yo real, entonces despiertas. Despiertas a la creatividad, al amor, a la compasión, a la verdad, a la bondad, a la belleza, a la armonía, a la inspiración …. En fin, despiertas a un llamado superior.

Al comentarme que ella era una presencia “Yo Soy”, al igual que yo, recordé que durante “La noche de aquel día” mi interlocutor o interlocutora se presentó del mismo modo, por lo que deduje que se trataba de la misma entidad, es decir, mi abuela Julia. Tras esta afirmación tan poderosa —la más poderosa que existe, según mi abuela Julia— nuestro diálogo transcurrió por derroteros más mundanos. Me habló de su niñez y juventud en Barcelona y su trepidante y exitosa vida como científica en Estados Unidos y algunos otros países del mundo. Me confirmó que Marí-Luz había sido una de sus grandes amigas y que yo podía confiar plenamente en ella.  También me explicó cómo había conocido a Kendrick, un hombre que, según ella, había sido el amor de su vida en este espacio-temporal de las tres dimensiones. Me confirmó que seguían manteniendo una comunicación diaria y que desde la dimensión en la que se encontraba ahora estaba colaborando con él en el desarrollo del Metaverso y otras muchas tecnologías. Cuando pronunció la palabra dimensión se encendió mi bombilla interior.

—¿Otra dimensión? ¿Te estás comunicando conmigo desde otra dimensión? —pregunté altamente intrigado.

—Sí, así es, Abo. Cuando mi Ser consideró que la experiencia terrenal estaba consumada o, si lo prefieres, utilizando una expresión de estudiantes, que se había graduado en esta escuela tan dura llamada Tierra, trasladó su consciencia a la dimensión en la que me hallo ahora. No te la puedo describir porque tu mente terrenal no la podrías concebir, de igual modo que la conciencia de una hormiga no puede concebir lo que es un hombre.

—Ya, entiendo, abuela. Entonces… ¿Me puedes confirmar al menos que tu consciencia ha proyectado una nueva realidad situada en algún punto del Universo?

—Lo que tú llamas Universo —me aclaró— es un espacio-tiempo donde vives. Un lugar cósmico formado por estrellas y planetas. Es tu límite físico. Pero, aunque tú ahora no lo puedas concebir, existen otros innumerables universos.

—¡Guau! Bueno, esto, de verdad, abuela, yo también lo intuía. Así que la famosa teoría de la existencia de multiversos tiene una sólida consistencia por lo que veo.

—Sí, claro. De hecho, el maestro Jesús ya afirmó que «En la Casa de mi Padre existen muchas moradas». En lenguaje terrenal y de tu tiempo los multiversos se refieren a una realidad física múltiple y más amplia donde unas miríadas de universos coexisten paralelamente.

—Ya, Julia —intervino ahora Kendrick. ¿Y podrías decirnos al menos qué tienen en común todos ellos?

—Conciencia y Energía. Sí, “Conciencia y Energía”, Kendrick.  A esta conclusión llegó como recordarás nuestra admirada científica francesa, Thérèse Brosse, que ambos tuvimos el privilegio de conocer personalmente.

—¡Una buena amiga y gran mujer!

—¡Y mejor científica! —apostilló mi abuela Julia. Como bien recordarás, tú y yo leímos con mucho interés su obra “Conciencia-Energía”, aparecida en Francia en 1978, y nos impactó. Es, como sabes, Kendrick, un magistral resumen de toda una vida de trabajo e investigación en torno a lo que ella llamaba “Hombre Integral”. Esta obra representa una gran síntesis filosófica y científica de los diversos enfoques antropológicos orientales y occidentales. Te recuerdo, querido Kendrick, que en nosotros hubo un antes y un después, tras la lectura de este singular trabajo filosófico.

— ¡Ya lo creo, Julia! Nos impactó su lectura hasta el punto de cambiar de manera radical nuestra manera de ver el mundo. Por cierto, cariño, me gustaría que le dieras tu gran consejo o gran receta a tu nieto Abo para que durante su estancia en este mundo de las tres dimensiones consiga su propósito de vida y sus nobles objetivos.

—Sí… ¡cómo no! Mi gran receta para ti, Abo, es la misma que la que nuestra amiga Thérèse Brosse nos dio a Kendrick y a mí: Conciencia-Energía.

—Bien, vale, abuela. Conciencia y Energía, pero… ¿Cómo puedo aplicar estos conceptos en mi vida práctica?

—Muy sencillamente, Abo, pero antes debes tener presente la siguiente aclaración terminológica. Consciencia es siempre sinónimo de Conciencia, pero Conciencia no es siempre sinónimo de Consciencia.

— ¿Es que existe alguna diferencia sustancial entre ambos términos?

—Sí, por supuesto, Abo. ¡Ya lo creo que las hay! La Consciencia es el arte de darte cuenta. Es el estar presente. Es, algo así, como verte a ti mismo desde fuera, como testigo u observador, sabedor de que tú no eres ni tu mente, ni tus emociones,  ni tu cuerpo, sino la Consciencia que es capaz de observar tu mente, tus emociones y tu cuerpo. Así que, se podría decir que la Consciencia tiene que ver con el arte de vivir presentes en el “Aquí y el Ahora”, lo que te permite elegir tu actitud ante las circunstancias que te presenta la vida. Ciertamente, no  podemos cambiar lo que nos sucede, es decir, la realidad externa, pero sí cómo interpretarla si vivimos conscientemente.  

—Conforme, abuela. ¿Y con respecto al otro gran aspecto de tu receta para alcanzar la comprensión de nuestra existencia en este plano?

—El segundo aspecto es la Energía. Tienes que saber que todo en el Universo conocido es energía, desde las estrellas en el firmamento hasta los átomos que componen nuestra propia existencia;  que todo está en constante movimiento y vibración; que somos seres de energía viviendo una experiencia humana; que nuestras vibraciones determinan la calidad de nuestras vidas; que cuando aprendemos a vibrar correctamente, cuando sintonizamos nuestra energía con las frecuencias más elevadas del Universo, todo en nuestra realidad comienza a fluir en armonía y experimentamos una mejora significativa en todos y cada uno de los aspectos de nuestras vidas.

—… por lo que entiendo que una de las grandes claves para estar en línea con todo lo creado es vibrar en sintonía.

—Sí, correcto. La idea de vibrar correctamente se basa en el entendimiento de que cada uno de nosotros emite una vibración energética única. Nuestros pensamientos, sentimientos, emociones y creencias generan una frecuencia que interactúa con el campo energético que nos rodea y esta interacción, a su vez, fluye en las experiencias y circunstancias que manifestamos en nuestra realidad. Así que, querido Abo, cuando estamos en armonía con la energía del Universo, cuando aprendemos a vibrar en una frecuencia elevada, estamos armonizando nuestra propia vibración con la de la abundancia. la alegría, el amor y la gratitud, y al hacerlo atraemos hacia nosotros experiencias, personas y circunstancias que están en resonancia con nuestras vibraciones. Entonces todo fluye de manera suave y fluida, y nos encontramos en el lugar correcto y el momento adecuado; y es aquí donde la magia comienza a manifestarse en nuestras vidas.

Instintivamente, tras esta poderosa afirmación de mi abuela Julia “Y es aquí donde la magia comienza a manifestarse en nuestras vidas”, miré de reojo a Kendrick, quien me correspondió con un guiño ocular y el levantamiento de su dedo pulgar: dos signos universales de afecto y aprobación que yo interpreté como el fin de mi viaje de autodescubrimiento y al Metaverso.

Mi abuela Julia, por su parte, selló cariñosamente nuestro deseado encuentro con un beso en mi frente; un entrañable gesto que trajo automáticamente a mi memoria aquellos maravillosos y casi olvidados años de mi niñez; esos en los que ella me ayudaba a quedarme dormido cantando una nana o leyendo un cuento; esos en los que yo me las ingeniaba para sortear el importante desafío que la pronunciación de Pablo, mi nombre de pila, representaba para mí, utilizando el atajo de “Abo”; entonces comprendí profundamente que mi abuela Julia había estado siempre presente en mi vida, más presente y cercana, incluso, que mi propio aliento.

Pablo Martín Allué


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