El proceso histórico español desde la dictadura a la democracia ha sido objeto de innumerables estudios y análisis, desde diferentes prismas. La reciente lección magistral, “Los gobiernos de Adolfo Suárez y Calvo Sotelo”, de Rafael Arias Salgado —testigo excepcional de uno de los periodos más apasionantes de la historia de España— impartida el 23 de septiembre, en la sala principal del Goethe-Institut de Madrid, es un nuevo botón de muestra del interés que sigue suscitando para los españoles este proceso histórico de cambio político conocido popularmente como “La Transición”.

Esta lección magistral fue impartida por Arias Salgado dentro del contexto del Curso Superior de Talento y Liderazgo Político,que imparte el Instituto de Liderazgo y Talento Político, una entidad comprometida con la formación y el desarrollo de líderes en el ámbito político y empresarial. Su objetivo principal es proporcionar una educación de alta calidad, enfocada en el liderazgo, la gestión pública, y la promoción del talento para enfrentar los desafíos actuales con integridad, excelencia y profesionalidad.

Recuerdo que el escritor, humanista, economista y político español, José Luis Sampedro Sáez, que obtuvo en vida diferentes reconocimientos por su sobresaliente trayectoria literaria y su pensamiento comprometido con los problemas de su tiempo, en un video del año 2011 que se ha hecho viral, titulado “Educados para no pensar”, nos exhortaba a promover el llamado “espíritu crítico”, como medio para vencer los actuales vientos desfavorables. Unos vientos desfavorables que, de acuerdo con Séneca —figura señera, admirada, influyente y respetada de la política romana durante los reinados de Claudio y Nerón— se producen cuando no sabemos a qué puerto nos dirigimos. En este sentido, considero que la brillante y amena clase magistral de Arias Salgado sobre los gobiernos de Adolfo Suárez y Calvo Sotelo, es una invitación para promover el desarrollo del “espíritu crítico” y ser “Educados para pensar”.

Muchos creemos, como José Luis Sampedro, que es urgente fomentar el “espíritu crítico”: una habilidad que conlleva analizar, sin prejuicios, lo que otros proponen, sometiéndolo al discernimiento del raciocinio. Evidentemente, el verdadero “espíritu crítico” es equidistante con dos extremos: el de la ciega obediencia a las opiniones, ideas, principios y normas impuestas desde fuera, y el del rechazo por el rechazo, que se opone por sistema a cualquier principio, idea o norma sugerida.
Se ha dicho —a mi juicio con razón— que la Transición española es la historia de un éxito colectivo; un gran abrazo entre hermanos; un logro increíble del conjunto de la sociedad española determinada a fijar su mirada en aquello que les unía, apartándola de lo que les separaba.

La sentencia “La concordia fue posible”, escrita en los muros de la Universidad de Salamanca, recordando a uno de sus alumnos más relevantes del siglo XX, y después utilizada como epitafio sobre la lápida de la tumba de Adolfo Suárez en la Catedral de Ávila, sintetiza perfectamente, con cuatro palabras, lo que fue este proceso de reconciliación nacional.
Creo que si hubiera que resumir a su mínima expresión todo el complejo proceso de la Transición Política Española, podría hacerse con una frase de once palabras: «De la Ley a la Ley, a través de la Ley». Aunque nos pueda parecer un trabalenguas o un slogan publicitario, esta frase es realmente un tesoro jurídico y político de valor incalculable. Fue formulada por Torcuato Fernández-Miranda, otra de las personalidades claves del proceso de la Transición, en cuya persona se aunaban los aspectos teóricos de la política —era Catedrático de Derecho Político—y los prácticos como político que conocía al dedillo la estructura del Régimen y cómo desmontarlo.

Hoy seguimos analizando y hablando de este proceso político. ¡Excelente noticia! Ya lo creo que lo es porque, para saber hacia dónde vamos, tenemos que saber primero de dónde venimos.
La primera vez que oí afirmar que el llamado “ESPÍRITU DE LA TRANSICIÓN” fue un clima, un ambiente, un estado de conciencia social, creado por una serie de valores profundos tales como el deseo de la reconciliación nacional, la generosidad, la valentía, la lealtad, la altura de miras, el trabajo por el interés general, el abrazo entre conciudadanos, plenamente arraigados en Adolfo Suárez, fue para mí una auténtica revelación. Hasta ese momento no era consciente de que el carisma de un hombre, su fuerza interior y sus valores profundos fueran capaces de crear ese clima, ese ambiente, ese estado de conciencia, ese espíritu, capaz de hacer posible la transformación de una España secularmente dividida por odios irracionales por otra de la reconciliación nacional.
Esta idea —novedosa para mí— fue expuesta por Ángel Luis Alonso Muñoz, Alcalde de Cebreros por aquella época, durante la grabación del programa radiofónico, “Adolfo Suárez, seis meses después”, dirigido y presentado por mí en Radio 5 (RNE). En este programa especial, dedicado a abordar la figura de Adolfo Suárez tras su fallecimiento seis meses después, Alonso Muñoz sostuvo, plenamente convencido, que determinados valores profundos inherentes en Adolfo Suárez condicionaron todo el proceso del cambio político. Literalmente afirmó: «El “espíritu de la Transición” son los propios valores de Adolfo Suárez».
—¿Pero cómo es posible que el carácter de un hombre pueda condicionar nada menos que el proceso de un cambio de régimen político?—pensé.

Hoy creo firmemente que esto es posible. Ciertamente, el liderazgo de un hombre o de una mujer ha guiado, influido y motivado a personas, sociedades, colectivos, naciones y estados; e, incluso, ha sido capaz de transformar radicalmente el mundo. Esencialmente, el liderazgo proporciona dirección, cohesión y sentido de propósito compartido. En este sentido, no cabe duda de que Adolfo Suárez fue un gran líder, capaz de entender el signo de su tiempo y hacia dónde soplaban los vientos. Un gran líder animado por el noble e histórico propósito de conducir a España y al conjunto de los españoles hacia buen puerto, a pesar de los diversos vientos desfavorables (desafíos o retos, si se prefiere) de aquel convulso momento.
Durante la lección magistral impartida en el Instituto de Liderazgo Político por Arias Salgado —una de las grandes voces de la democracia española, según declaró la presidenta de este Instituto, María Dolores de Cospedal, en su presentación— se refirió al liderazgo del presidente Suárez, subrayando cuatro rasgos de su carácter: la capacidad de dirección, la capacidad de negociación, la capacidad de integración y la capacidad dialéctica; también el talante reformista y democrático de Suárez, quien «buscaba una Constitución de todos y para todos», marcando varios hitos destacables: la Ley para la Reforma Política, la legalización del Partido Comunista, la dialéctica con la oposición, el decreto de ley de Normas Electorales, la convocatoria de las Elecciones Generales de 1977, y el restablecimiento de la Generalitat de Cataluña.

Mi buen amigo, el emprendedor y escritor, Julián González Iglesias, autor del libro “Dioses de nuestros padres”, ha escrito que «No sabemos qué acontecimientos del presente van a diseñar el futuro, pero sí aquellos acontecimientos del pasado que han diseñado nuestro presente». Pues bien, en esta interesante obra, González Iglesias —testigo de los históricos procesos de transformación política y social en Alemania, iniciados con la “Caída del muro de Berlín”, y en la Unión Soviética con la “perestroika” de Gorbachov— sostiene la novedosa tesis de que estos acontecimientos que cambiaron Europa y el mundo, se precipitaron como consecuencia del asombroso ejemplo español de cambio político. No creo que sea una tesis descabellada. Más bien considero que debería de ser estudiada con detenimiento y en profundidad. Apunto para quienes deseen «sacar nota» que el “Efecto mariposa”, empleado inicialmente para la ciencia meteorológica, es una metáfora para indicarnos que ciertas acciones, aparentemente insignificantes, pueden influir en grandes acontecimientos.

Estoy convencido de que el “ESPÍRITU DE LA TRANSICIÓN” cambió profundamente para bien nuestras vidas; que propició un clima idóneo para que la concordia entre todos los españoles fuera posible; y para sentar las bases de un Estado Social y Democrático de Derecho exitoso del que hoy estamos disfrutando. También que todas las cosas en el Universo deben su existencia a un propósito; y que, para llevar a buen puerto una gran obra humana de carácter colectivo, es imprescindible el concurso de hombres y mujeres provistos de un sólido liderazgo basado en valores.
El universal humanista alemán, Johann Wolfgang von Goethe escribió que «El talento se cultiva en la calma; el carácter se forma en las tempestuosas oleadas del mundo». Por ello, Rafael Arias Salgado, durante su lección magistral basada en la experiencia, nos advirtió que «los rasgos del líder no son eternos, se pueden desgastar, y cuando se desgastan aparece el declive del liderazgo».
Muchas gracias por acompañarnos. Acceso a las conversaciones.
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