A veces, la vida decide ignorar el guion que con tanto esmero habíamos escrito. En esos momentos, cuando el «Plan A» se quiebra y nos deja ante un silencio demoledor, surge una pregunta inevitable: ¿Cómo seguimos adelante cuando el camino previsto ya no existe?
Para Belén Fernández del Pino Navarro, esta pregunta no fue un ejercicio teórico, sino una realidad que se impuso a los quince años tras un accidente de tráfico que redefinió su existencia. Aquel fue solo el primero de muchos desafíos —enfermedades y pérdidas— que la obligaron a convertirse en una experta en el arte de vivir. Su obra, El camino de la superación: Plan B, no es un manual de autoayuda convencional cargado de recetas mágicas; es un testimonio honesto y una guía de autocoaching que nos invita a pasar de la aceptación pasiva a la acción consciente.

Belén nos propone una distinción psicológica fundamental: mientras que reconstruir es el intento —a veces frustrante— de volver a ser quienes éramos, reinventarse es el acto creativo de usar nuestros restos y recursos para diseñar una nueva forma de estar en el mundo. A través de su «alquimia del dolor», nos enseña que la felicidad no es la ausencia de problemas, sino la capacidad de saborear la vida mientras los resolvemos.
Hoy conversamos con ella para entender cómo transformar el diálogo interior, desafiar nuestros propios límites y, sobre todo, aprender a trazar esa ruta alternativa que nace cuando la adversidad se convierte en nuestra maestra más exigente.

—ENTREVISTA—
1. El punto de inflexión: Tú afirmas que la sabiduría nace cuando se traza una ruta alternativa tras el estruendo de la adversidad. Mirando hacia atrás, a ese accidente a los quince años, ¿en qué momento dejaste de luchar contra la realidad para empezar a «jugar la partida» con las cartas que te habían tocado?
Cuando salí del coma y me fueron descubriendo las consecuencias devastadoras del accidente, tuve que reprogramarme. No sé si tarde horas, días o meses en hacerlo, pero la decisión fue rápida; el tiempo corría en mi contra. Había estado a punto de morir y, ya en la UCI, supe con certeza que quería vivir y hacerlo con intensidad. En realidad, en esa ocasión (y en todas en las que he tenido que luchar contra la adversidad), el instante mágico en el que dejas de luchar contra la realidad y decides aceptarla es, eso, un instante. Miras el problema de frente y decides que no va a poder contigo y, entonces, como has dicho con mucho acierto, empiezas a jugar la partida. El proceso siguiente es más largo, pero más lúcido porque la decisión ya está tomada. Avanzas con tu primer peón y empiezas a trabajar para alcanzar el objetivo. No hay marcha atrás, solo marcha adelante, así que aceptas lo ocurrido y te metes de lleno en tu nueva vida. Puedes luchar contra la realidad y estancarte en la pena o en el “¿y por qué a mí?” o puedes aceptar la adversidad y minimizar sus efectos, haciendo, con lo que te queda, lo mejor posible.
2. La necesidad de narrar: Tu obra El camino de la superación: Plan B nace de una necesidad vital de procesar un año de reflexión. ¿Qué descubriste sobre ti misma en el proceso de escritura que no hubieras comprendido durante los años de lucha activa?
En realidad, descubrí todo y no descubrí nada. Todo estaba dentro de mí, lo único que hice fue buscar y encontrar las palabras para expresar todos esos sentimientos y sensaciones que quería transmitir con mi historia de vida. Con mi Plan B me he hecho consciente del camino tan largo que he recorrido y, ahora, desde la perspectiva que da la madurez, he sido capaz de concentrar en un libro esa caja de herramientas de la que tanto hablo y que he ido desarrollando durante estos largos 37 años que han pasado desde el principio de mi segunda vida. He sido bendecida con un gran espíritu de lucha y de superación y me siento tan agradecida que he tenido la necesidad de contarlo y compartirlo, porque sé que se puede y quiero que lo sepa el mundo entero.
3. El duelo como enseñanza: Mencionas que evitar los duelos nos hace perder la enseñanza que el dolor puede otorgarnos. Desde una perspectiva psicológica: ¿Cómo podemos permitirnos vivir ese dolor sin que nos paralice o se convierta en una identidad permanente?
Liderando nuestra vida y nuestra mente. Permitiéndonos llorar, pero no ahogarnos en un mar de lágrimas. Perdonándonos los momentos de debilidad, pero manteniendo la disciplina interior suficiente para no compadecernos de nosotros mismos. Creo que teniendo ganas de vivir y dejando que esas ganas vuelen libres, es imposible estancarse o acomodarse en la pena. Verdaderamente, yo no me veo ni me he visto nunca en ese papel. Puede ser cómodo a corto plazo, pero peligroso a la larga. Creo que el dolor es un gran maestro porque convierte la disciplina interior de la que hablo en la capacidad de elegir siempre la opción más difícil en detrimento de la más cómoda que, además de hacerte avanzar, se convierte en una dinamo generadora de energía que te retroalimenta allanando el camino de la superación.

4. Reinvención vs. Reconstrucción: Esta es quizá tu lección más poderosa. ¿Cómo se acompaña a alguien que está atrapado en el deseo de «volver a ser el de antes» para que empiece a ver la reinvención como una evolución y no como una pérdida de esencia?
Cuando tuve el accidente mi padre preguntó a un amigo catedrático de psicología por la receta para ayudarme a afrontar lo que había ocurrido. “Cariño y sentido común”, le dijo, “cariño y sentido común…”. Cuando no es posible reconstruirse, hay que reinventarse y el acompañamiento, en ese caso, creo que consiste en ayudar al otro a ponerse ante el espejo. Con todo el cariño y la paciencia del mundo, pero sin eufemismos, sin compadecerle. No es lo mismo, comprender que compadecer. Lo que ha pasado, ha pasado y creo que, cuanto más rápido se acepte (o se ayude aceptar) más limitados serán los efectos secundarios de lo ocurrido y más rápido podremos salir del caos. Puede hacer falta ayuda profesional y hay que pedirla si así fuese, pero creo que el entorno, la familia, el círculo más cercano (profano en la materia) es vital y puede usar el cariño y el sentido común como herramienta para ayudar al otro a seguir.
5. El lenguaje de la voluntad: Propones sustituir el «no puedo» por un «¿y por qué no?». ¿Cómo afecta este cambio en el diálogo interior a nuestra capacidad neuropsicológica para encontrar soluciones donde antes solo veíamos muros?
Afecta positivamente, muy positivamente. Frente a la adversidad, muchas veces el principal enemigo es uno mismo. Imagínate ser capaz de responderte a ti mismo ¿y por qué no? cada vez que piensas que no puedes. Yo lo he hecho y es magia pura. Puede sonar un poco simplista, pero piénsalo, la frontera entre poder y no poder puede estar definida por una sencilla pregunta. Luego hay que empezar a trabajar, pero, de entrada, pensar que es posible (en vez de encerrarse en un “no puedo”) facilita mucho las cosas. No es el “qué”, sino el “cómo”. Respóndete a ti mismo ¿por qué no voy a poder? y luego empieza a buscar la forma de hacerlo… y así siempre… la meta se ve mucho más cerca con esta actitud tan optimista. Además, esto se entrena, es como un gesto deportivo. A base de repeticiones se puede automatizar.
6. Contra la receta mágica: Tu libro se aleja de la autoayuda convencional. ¿Crees que la sociedad actual nos ha debilitado al vendernos la idea de que la felicidad es la ausencia de conflictos?
Seguramente sí, pero creo que quien más y quien menos, si piensa en su propia vida, tiene más de un argumento para rebatirlo. Yo no me canso de decir que precisamente es todo lo contrario. La felicidad no es la ausencia de problemas, sino la capacidad de disfrutar y saborear la vida, mientras los resolvemos. Solucionar nuestros problemas o conflictos es muy gratificante, pero formar parte de la solución lo es mucho más. La felicidad no es un estado, sino que son instantes y hay que tener la valentía y la determinación de encarar los problemas de frente y disfrutar de la vida a la vez. Dijo Juan Pablo II que los días buenos te dan la felicidad y los malos la experiencia y creo que no se puede disfrutar plenamente de los buenos, sino se han conocido los malos.

7. La brújula de la incertidumbre: Para un lector que hoy enfrenta una «oscuridad profunda», ¿Cuál es ese primer paso práctico que tú le sugerirías dar mañana mismo para empezar su propio Plan B?
Ponerse a andar. Hasta el camino más largo se inicia con un primer paso. A mis lectores les diría que cierren los ojos y descubran que el negro que ven no es absolutamente negro. Inténtalo… ¿ves que tiene puntitos blancos? Ahora cierra los ojos más fuerte, apriétalos… ¿ves que tu oscuridad sigue teniendo puntitos blancos? Pues esto es la vida y es la adversidad y el secreto para afrontarla es precisamente seguir con fe ciega esos puntitos blancos, convirtiendo la incertidumbre en certezas. En cualquier escenario, por aciago que parezca, siempre hay algún elemento, una persona, una idea, una palabra o una esperanza a la que entregarnos para encontrar la salida. Aférrate a ello, que te sostenga, síguelo y se capaz de convertir esa pequeña esperanza en un objetivo y ¡a por él!
8. El concepto de «Victoria»: En tu obra invitas a saborear las pequeñas victorias. ¿Cuál ha sido tu «pequeña victoria» más significativa de esta última semana?
Pues esta entrevista es una pequeña/gran victoria y dos presentaciones de mi libro que me han propuesto precisamente esta última semana. Estoy intentando difundir mi “Camino de la superación: Plan B” para que llegue al mundo entero mi mensaje optimista y tan necesario en estos tiempos extraños que nos ha tocado vivir, pero no cuento con ningún apoyo editorial ni económico, así que es una gran victoria que tú y tus “apuntes de sabiduría” os impliquéis en mi proyecto y así lo celebro y, por supuesto, lo agradezco. Tengo un trabajo de mucha responsabilidad y tres hijos pequeños, así que no me sobra mucho tiempo para la promoción de mi libro. Cualquier pasito en este sentido es para mí una gran victoria.
9. Los referentes. En tu Plan B haces referencia de forma recurrente a Sun Tzu, Viktor Frankl, la Madre Teresa de Calcuta, Rafa Nadal. ¿Tienen algo en común? ¿De qué manera te han ayudado a salir de la oscuridad? ¿Qué te han aportado?
¿Algo en común? Mucho: fortaleza, empuje, afán de superación, optimismo, experiencias en primera persona… ¿y qué me han aportado? También mucho: herramientas, conceptos, esperanza, valores, perspectiva y mensajes que han inspirado mis páginas. Sun Tzu me dio su “arte de la guerra”, que aplicado a cualquier batalla vital transmite un montón de conceptos que, en mi caso, ya estaban ahí, en mi cabeza, pero que él transformó en palabras que me ayudaron a transmitir lo que albergaba mi corazón. Viktor Frankl me confirmó lo que es vivir con sentido ¿qué puede haber más terrible que sufrir la crueldad más absoluta en el plano físico, psicológico y emocional a la vez y superarlo con dignidad, estoicismo y espíritu positivo ¿puede haber un ejemplo más grande de Plan B? Nuestro Rafa Nadal certificó el valor del esfuerzo y la motivación y la idea de comparar la aceptación, la actitud y la voluntad con el gesto deportivo que muestra que este se puede entrenar, desarrollar e incluso perfeccionar, aunque no venga de fábrica. Finalmente, madre Teresa de Calcuta aporta dignidad y valor en toda su trayectoria “la vida es una aventura ¡atrévete!” y “haz que en vez de lástima te tengan respeto”. Quizá deberíamos leerlos más…

10. La evolución del mensaje. Tú has conseguido la cátedra en la facultad de la adversidad y los golpes duros. Ahora eres un faro, una guía para muchos. Mirando hacia el futuro, ¿hacia dónde se encamina ahora tu labor de divulgación? ¿Contemplas llevar este «Plan B» a nuevos formatos —como talleres de autocoaching o una continuación literaria— para seguir enseñando a otros a transformar sus intuiciones en certezas?
Muchas gracias por unas palabras tan bonitas, José Antonio. Como gran apasionada de la vida que soy te digo “a todo que sí”. Me encantaría llevar a cabo esa labor divulgativa tan necesaria, poder desarrollar con eficacia talleres o cualquier iniciativa que me ayude a transmitir mi mensaje y, por supuesto, una continuación literaria (¿acaso lo dudabas?). Además, me lo planteo como un reto porque no tengo grandes medios, pero tengo el mensaje, la experiencia, la marca de las cicatrices, las ganas y la ilusión. Tengo muy claro el “qué”, ¡ahora voy a por el “cómo”!


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