El pasado jueves 14 de mayo, el emblemático El Episcopio de Ávila se convirtió en escenario de una velada cultural y reflexiva con motivo de la presentación de mi obra ¿QUIÉN ESCRIBIÓ REALMENTE EL QUIJOTE? La verdad silenciada por cinco siglos.
La elección de este lugar no fue casual. Presentar un libro que cuestiona uno de los grandes paradigmas de la literatura universal en una ciudad como Ávila —símbolo de libertad de conciencia, espiritualidad y profundidad intelectual— tenía para mí un profundo sentido personal y simbólico.

Un acto más allá de la presentación de un libro
Desde el inicio del acto quise dejar claro que no se trataba de una simple presentación literaria. Lo que allí se planteó fue una invitación al pensamiento crítico, al cuestionamiento sereno de los dogmas y a la reflexión sobre una de las obras más importantes de la cultura universal: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.
Agradecí especialmente al Ayuntamiento de Ávila la posibilidad de celebrar este encuentro en un espacio tan significativo como El Episcopio, así como al concejal de Cultura, Ángel Sánchez, por su deferencia y apoyo institucional. Del mismo modo, tuve palabras de reconocimiento para mi editor, José Antonio Fernández de la Orden, director de la editorial Mundo Libre Libros, por su compromiso con el pensamiento independiente y con aquellas obras que se atreven a abrir caminos nuevos.

Pero, sobre todo, el agradecimiento más sincero fue para todas las personas que acudieron al acto. Amigos, lectores, curiosos y amantes de la cultura que quisieron acompañarme en una jornada que para mí tuvo un profundo valor humano y emocional.
Ávila: ciudad de libertad y conciencia
Durante la presentación expliqué por qué deseaba que este acto tuviera lugar precisamente en Ávila. No solo por mis raíces abulenses —nací en Muñana y actualmente resido en Muñogalindo—, sino porque considero que Ávila representa, como pocas ciudades, el espíritu de libertad interior y valentía intelectual.

La muralla abulense fue presentada como símbolo de un espacio de protección frente al dogma impuesto, mientras que la figura de Santa Teresa de Jesús apareció como ejemplo de libertad de conciencia y búsqueda de la verdad frente a las estructuras rígidas de su tiempo.
También recordé que El Quijote posee un alma profundamente renacentista, más vinculada al clima espiritual e intelectual del siglo XVI —el siglo de Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz— que al barroco posterior.
El núcleo de la tesis
El eje central de la presentación giró en torno a la tesis principal del libro: la convicción de que Miguel de Cervantes no fue el verdadero autor de El Quijote.

Expuse ante los asistentes que esta conclusión no nace de un impulso provocador ni de una actitud contra Cervantes —a quien admiro profundamente como figura humana e histórica—, sino de años de lectura, análisis y reflexión.
La investigación me llevó a profundizar en las tesis del profesor Francisco Calero, catedrático emérito de Filología Latina de la UNED y uno de los mayores especialistas en la cuestión de la autoría quijotesca. Sus investigaciones sostienen con absoluta claridad que el verdadero autor de El Quijote es el gran humanista valenciano Juan Luis Vives.
Durante la intervención compartí numerosas referencias históricas, filológicas y filosóficas que, a mi juicio, muestran la enorme desproporción existente entre la biografía conocida de Cervantes y la inmensa erudición humanística, teológica y filosófica que contiene El Quijote.
Una invitación a pensar
Uno de los momentos más significativos del acto llegó cuando invité a los asistentes a realizar un ejercicio similar al planteado en la película Doce hombres sin piedad: no aceptar automáticamente lo establecido, sino concederse el tiempo necesario para examinar los hechos y reflexionar con libertad.

Porque el verdadero propósito de este libro no es imponer una verdad absoluta, sino abrir una puerta. Una puerta hacia la duda razonable, hacia la investigación y hacia el derecho legítimo a cuestionar aquello que durante siglos hemos aceptado como incuestionable.
Un libro que busca comprender, no destruir
Insistí especialmente en que esta obra no pretende destruir la figura de Cervantes. Al contrario. Considero que reducir El Quijote a una simple proyección biográfica del autor tradicionalmente aceptado termina empequeñeciendo tanto la obra como al propio Cervantes.
Mi planteamiento busca comprender mejor el origen profundo de una obra que considero, además de una gran novela —la primera novela moderna— un verdadero tratado de sabiduría, erudición y desarrollo espiritual.
Un ambiente de interés y reflexión
La presentación transcurrió en un ambiente de gran atención, interés y respeto intelectual. El público siguió con enorme interés las distintas reflexiones planteadas, especialmente aquellas relacionadas con la dimensión filosófica y espiritual de El Quijote, la figura de Juan Luis Vives y el análisis crítico de los paradigmas culturales.
Al finalizar el acto, numerosos asistentes compartieron impresiones, preguntas y comentarios, prolongando un diálogo que demuestra que la cuestión de la autoría del Quijote sigue despertando pasión, curiosidad y reflexión.
Una experiencia profundamente personal
Para mí, esta presentación supuso mucho más que un acto cultural. Representó la culminación visible de un largo camino de estudio, intuición y búsqueda interior.
Después de años de trabajo, poder compartir esta investigación en Ávila, rodeado de personas queridas y en un lugar cargado de simbolismo, constituyó una experiencia profundamente emocionante.
Porque, en el fondo, la búsqueda del verdadero autor de El Quijote es también una metáfora de otra búsqueda más profunda: la búsqueda de la verdad, de la libertad intelectual y del sentido último de las grandes obras humanas.
Y quizá, como señalé al concluir el acto, lo más importante no sea únicamente descubrir quién escribió realmente El Quijote, sino permitir que El Quijote nos interrogue a nosotros.


(Video promocional de la obra)
(Promocional)
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Querido José Antonio, me habría encantado estar allí contigo
en El Episcopio y vivir en persona
una presentación con tanta alma, reflexión y simbolismo. Al final no pude acompañarte físicamente, pero sí he recorrido tus palabras como quien vuelve a entrar en una vieja biblioteca llena de preguntas eternas.
Me parece admirable cómo
has conseguido convertir
una presentación literaria en algo mucho más profundo: una invitación
a pensar, a dudar y a mirar El Quijote no solo como una novela, sino como un misterio vivo que todavía nos sigue interrogando siglos después.
Y quizá eso sea precisamente lo más cervantino de todo: seguir buscando sentido entre la realidad, la ficción y los sueños imposibles.
Enhorabuena de corazón, amigo. Ávila
y ese escenario parecían escritos para una noche así.