ENTREVISTAS ACALANDA - IÑAKI CARMONA: LA BÚSQUEDA DE LOS SÍMBOLOS, LA HISTORIA Y LA CONCIENCIA. - Acalanda Magacín
José Antonio Hernández de la Moya Opinión

IÑAKI CARMONA: LA BÚSQUEDA DE LOS SÍMBOLOS, LA HISTORIA Y LA CONCIENCIA.

Una propuesta de «Re-Evolución de las Conciencias» basada en la tradición para defender la soberanía humana.


Vivimos en una época dominada por la inmediatez, la información fragmentada y la aceleración tecnológica. Sin embargo, siguen existiendo investigadores que prefieren recorrer el camino largo: el de las preguntas fundamentales, la búsqueda del significado y el estudio paciente de las grandes tradiciones culturales y espirituales.

Iñaki Carmona (José Ignacio Carmona Sánchez) pertenece a esa categoría de pensadores. Escritor, conferenciante e investigador, ha dedicado décadas al estudio del simbolismo, la filosofía de la historia, la tradición sefardí, la Cábala, el esoterismo occidental y los problemas de la conciencia. Su trayectoria le ha llevado a dialogar con historiadores, científicos, filósofos y especialistas de muy diversos campos, siempre desde la convicción de que el conocimiento no debe fragmentarse, sino integrarse.

En esta entrevista, Iñaki Carmona comparte su visión sobre cuestiones que afectan directamente al ser humano contemporáneo: el sentido de la historia, la importancia de los símbolos, la herencia cultural sefardí, la relación entre ciencia y espiritualidad, los desafíos de la inteligencia artificial y la necesidad de recuperar una auténtica cultura de la conciencia.

1 Inaki Carmona - IÑAKI CARMONA: LA BÚSQUEDA DE LOS SÍMBOLOS, LA HISTORIA Y LA CONCIENCIA. - Acalanda Magacín

El lector encontrará respuestas que, en ocasiones, podrán resultar provocadoras; otras veces abrirán nuevas perspectivas de reflexión. En cualquier caso, constituyen una invitación a pensar por uno mismo.


ENTREVISTA

1.   Has dedicado gran parte de tu vida al estudio del simbolismo, la filosofía de la historia y las tradiciones espirituales. ¿Cómo nació esa vocación intelectual y qué autores marcaron tus primeros pasos?

Desde adolescente me hice preguntas sobre el sentido de la vida que no se satisfacían con lecturas convencionales. A esa edad no tienes aun un criterio para elegir bien autores, algo que se desarrolla con la edad:  muchas lecturas, y sobre todo peripecias vitales que van reconfigurando el “Ser” de uno mismo. No todo está en los libros, pero tampoco admito —a priori— una opinión de una persona cuando esta es más grande que su biblioteca.

Supongo que en esa temprana inquietud elegí autores por ser fáciles de encontrar y resonar con una primeriza búsqueda adolescente: García Atienza, Julio Caro Baroja, Fulcanelli…

2.   A lo largo de tu trayectoria has abordado temas muy diversos: cultura sefardí, masonería, esoterismo, antropología y conciencia. ¿Existe un hilo conductor que una todas estas disciplinas?

Para mí sí, pues el esoterismo es una ciencia del Ser que se expresa no solo de manera simbólica, sino también “simbiótica”.

En realidad, del Absoluto nada sabemos. Por eso al hablar de Ain, la Nada, u otras expresiones similares, preferimos considerarlas no como realidades en sí, sino como velos que nos apantallan su realidad infinita e incomprensible, si bien, absolutamente presente.

El esoterismo acepta como premisa que somos seres imperfectos, fractales de una fuente divina que se reconfigura a sí misma permanentemente hasta el infinito, metabolizándose con cada de uno de nosotros y nuestras experiencias.  Ahora bien, las formas superiores de la existencia no se alcanzan únicamente mediante el pensamiento racional, sino a través de procesos que comienzan precisamente cuando somos capaces de trascender sus límites. En ese nivel de experiencia, las ideas trascendentales dejan de ser simples conceptos para convertirse en realidades vividas. Por ello, solo pueden comprenderlas —y transmitirlas auténticamente— quienes han desarrollado una conciencia capaz de elevarse hasta esa dimensión del Ser.

3.   ¿Qué entiendes exactamente por «filosofía de la historia» y por qué consideras que sigue siendo necesaria en una época dominada por la información inmediata?

La filosofía de la historia no solo describe hechos (como hace la historia), sino que se hace preguntas más profundas. Entiende la historia, la evolución, el pensamiento y la conciencia, como un mismo proceso.

¡Claro que es más necesario que nunca, como el esoterismo!

El esoterismo «habla» una lengua difícil, pero no inaccesible, e intenta comprender las cosas hasta más allá de su apariencia. El esoterismo, reduciendo la necesidad de certidumbre, la incrementa, espoleando la curiosidad y el asombro más allá de los límites de la racionalidad domesticada.

Nos están “achicando“ el campo que ofrece la imaginación, la creatividad humana y el pensamiento crítico, con el fin de crear un “alineamiento” colectivo más permeable a los intereses de una elite manipuladora.

El lenguaje ha espoleado el conocimiento, cambiado estructuras en el cerebro a niveles profundos, lo que ha afectado a la evolución y al pensamiento. Empobreciendo el lenguaje, y cediendo el espacio de reflexión al algoritmo y al pensamiento sintético (todo es hoy “abrevia abrevia abrevia”) modelaremos una humanidad codependiente a la IA y sus derivadas, y no al contrario, como debería ser.

4.   Has escrito varios libros y más de un centenar de artículos. ¿Qué obra consideras más representativa de tu pensamiento y por qué?

El Retorno de los Sabios, porque fue un proyecto coral que reunió a algunos de los más destacados pensadores y científicos contemporáneos para debatir —y también confrontar críticamente— las cuestiones fundamentales que afectan al ser humano desde distintas escuelas de pensamiento y enfoques intelectuales. Lo más significativo fue comprobar que, más allá de las diferencias de lenguaje, metodología o tradición, todos ellos terminaban convergiendo en una misma realidad esencial: aquella que integra lo trascendente con lo cotidiano.

¡Ojo! que hablo de Xabier Amoraga, Conde de Campohermoso, Antonio Piñero, Ramiro Calle, Alfredo Camarero, Mario Saban, Esteban Cortijo, Amin Egea, Fred Allan Wolf, Andrés Guijarro, Salvador Sandoval, Sergio Fernández López, Arturo Lezcano Fernandéz, Andrés Vazuqez Mariscal, Stanley Krippner, Manuel Carreira, Andrés Ortiz Osés, Federico González, Fernando Sánchez Drago, Alejandro Jodorowsky y Fernando Arrabal.

5.   Has investigado profundamente la presencia judía en Toledo. ¿Qué aspectos de la herencia sefardí española consideras que siguen siendo desconocidos para el gran público?

Toledo es una ciudad de Oriente anclada en Occidente. Toledo era la ciudad más abigarrada y cosmopolita de Europa. Cada grupo se regía por leyes propias. En toda la historia del Occidente europeo no existe un caso similar al de Toledo durante la Edad Media.

Como señaló María Jesús Rubiera Mata, el gran secreto que Toledo custodió durante siglos fue probablemente la presencia de cristianos nuevos depositarios de saberes heredados de Al-Ándalus: conocimientos que no solo pertenecían al ámbito religioso, sino también al científico y técnico. Esa transmisión cultural hizo posible el extraordinario desarrollo de la Escuela de Traductores y contribuyó a forjar la fama medieval de Toledo como ciudad de la nigromancia. En realidad, Toledo no destacó tanto por ser una ciudad tolerante como por ser una ciudad profundamente esotérica. Este factor coadyuvó a un fuerte intercambio cultural.

Hay que reseñar el importante apoyo de arzobispos toledanos como D. Raimundo (1124-1247) y D. Gonzalo García Gudiel (1280-1299), y avanzado el tiempo, el del propio rey D. Alfonso X el Sabio (1252-1284).

A los judíos traductores al servicio de Alfonso X se debe en gran medida el desarrollo de una prosa científica en castellano. Como los libros que se traducían estaba en lengua árabe, los arabismos léxicos, y el algunos casos estilísticos, resultaban inevitables. La materia científica obligaba a los traductores a la servidumbre de la literalidad. Probablemente Alfonso quería estar vigilante contra ese castellano agarrotado por el arcaísmo y dislocado por el neologismo. Del esfuerzo conjunto de los traductores y el rey salió un castellano científico en el que se podía dar la palabra original transcrita y luego su equivalente castellano.

Los sabios judíos no se limitaban a la traducción. Alfonso X también les encargaba la composición de obras, capítulos o apéndices técnicos originales, sobre todo cuando faltaban libros de cómo construir o usar algún aparato En estos casos los judíos tenían que crear un lenguaje científico-técnico nuevo. Cuando una traducción no le gustaba, Alfonso X la mandaba hacer de nuevo.

Esta compleja labor de traducción estaba inevitablemente expuesta a dificultades y equívocos. Conceptos antiguos adquirían nuevos significados al pasar de una lengua a otra. Baste un ejemplo: las siete vocales del griego debían trasladarse al latín medieval a través de un sistema vocálico árabe reducido a solo tres signos, con las inevitables pérdidas y transformaciones que ello comportaba.

En ese proceso, la aportación de los sabios judíos fue decisiva y trascendió con mucho el simple mecenazgo de Alfonso X. Como señaló Américo Castro, los colaboradores hebreos del monarca desempeñaron un papel fundamental en la consolidación del castellano como lengua de cultura y de enseñanza. Su escaso apego al latín, identificado con la tradición eclesiástica, favoreció la traducción directa del Antiguo Testamento al castellano durante el siglo XIII e impulsó una innovación de enorme trascendencia: la redacción en lengua romance de obras históricas, científicas y doctrinales, contribuyendo decisivamente al nacimiento del castellano como lengua del saber.

A partir de entonces la norma utilizada en castellano dejará de ser la usada en Burgos y pasará a ser la de Toledo (lingua tholetana será la primera denominación para la lengua castellana o española). La aportación literaria judía como recoge Fernando Díaz Esteban es, incluso, anterior a la propia existencia de la literatura castellana en cuanto tal.

Otro aspecto más tardío, por el que los judíos españoles contribuyeron a espolear la lengua y la literatura española, serían las traducciones de la Biblia, las llamadas “Biblias romanceadas”, traducciones castellanas de los siglos XII, XIV y XV, en las que intervenían los judíos cuando se quería traducir directamente del texto hebreo y no del latino. Los judíos españoles manejaban desde antiguo la lengua romance y sus propias traducciones bíblicas eran en definitiva una prueba innegable de ese conocimiento y uso lingüístico. Es más, la integración del pueblo judío en la cultura medieval hispánica fue tal, que, tras su expulsión, llevo consigo y difundió por toda la diáspora tanto las costumbres como la lengua española.

La intensa actividad editorial en lengua castellana desarrollada en Ámsterdam a partir del siglo XVII constituye uno de los mejores indicadores de la extraordinaria vitalidad intelectual del mundo sefardí. Cuando, en la segunda mitad de ese siglo, comenzaron a surgir las academias literarias entre los sefardíes, seguía existiendo una fecunda vida cultural tanto en España y Portugal como en los Países Bajos. Sin embargo, aquellas academias sefardíes se inspiraron claramente en el modelo español: no solo porque sus integrantes se expresaban en castellano, sino también por su estructura, su carácter aristocrático y el ambiente profundamente ibérico que conservaban, incluso lejos de la Península.

Perdona la extensión de esta respuesta, pero considero que esta aportación constituye uno de los capítulos más desconocidos de nuestra historia cultural. Junto con otras contribuciones sefardíes hoy mejor conocidas, explica hasta qué punto la diáspora española siguió desempeñando un papel decisivo en la transmisión del conocimiento y en el desarrollo intelectual de la Europa moderna.

6.   ¿Qué enseñanzas puede ofrecer hoy la tradición sefardí a una sociedad que busca fórmulas de convivencia intercultural?

En su vida intelectual en la temprana Edad Moderna, la comunidad sefardí de Ámsterdam, piedra angular del judaísmo hispanoportugués de la Europa occidental del siglo XVII, anticiparía muchos de los cambios de la mentalidad y los dilemas existenciales de la Ilustración, que en el mundo judío se concretó en la Haskalá (educación en hebreo), el judaísmo reformado que propugnó Moses Medelsonh (1729-1786) para hacer que la tradición judía se hiciera universalista, racionalista y cosmopolita. En este sentido, los sefardíes son los primeros judíos modernos o, al menos, los primeros en anunciar, a través de sus actitudes y su conducta, el comienzo de la modernidad en el judaísmo europeo.

El propio rabino Hillel, fue quien definió que el hecho de ser judío pasa antes que cualquier otra cosa, por el mandamiento levítico 19;18: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». De tal forma que puede concluirse que la civilización judía es una exploración de la Ética. El comportamiento ético es la forma en que se metaboliza el alma. 

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Grabado del siglo XVIII que ilustra la vida de la comunidad sefardí en Ámsterdam, centro neurálgico de su red comercial.. Fuente: DEA PICTURE LIBRARY / De Agostini via Getty Images

Los judíos medievales heredaron este sistema tradicional de enseñanza, en el que la educación se consideraba un derecho fundamental. Durante su Edad Media, fueron numerosas las sinagogas y academias de estudios superiores que adquirieron prestigio internacional y a las que llegaron a asistir bastantes estudiantes extranjeros.  La fama de sus rabinos no tuvo parangón en toda Europa, así como sus programas pedagógicos.

En definitiva, la educación constituyó uno de los pilares fundamentales del mundo judeoespañol. Su organización llegó a ser tan sólida que, en 1432, las comunidades judías de Castilla promulgaron unos estatutos, redactados en lengua romance, que establecían impuestos específicos para sostener las asociaciones Talmud-Torah, dedicadas a la enseñanza. La importancia concedida al saber era tan profunda que no resultaba extraño encontrar comunidades que aún carecían de cementerio propio, pero que se sentían orgullosas de disponer de buenas escuelas y de fundaciones destinadas a asegurar la educación de las nuevas generaciones.

La influencia judía en la Escuela de Salamanca se manifestó principalmente a través de la formación hebraísta de sus miembros y la ascendencia conversa de figuras clave que integraron el pensamiento bíblico con la escolástica. La reconciliación entre la fe y la razón propuesta por la escuela tiene raíces en la tradición de pensadores como Maimónides, cuyo esfuerzo por armonizar a Aristóteles con los textos bíblicos influyo profundamente en la teología escolástica que los salmantinos renovaron.

El pensamiento económico de la escuela de Salamanca (teoría del valor, precio justo y propiedad privada) comparte principios éticos presentes en la tradición judía y el Talmud. La noción de una ley común a toda la humanidad (ius gentium) se nutrió de la exegesis bíblica y la ética de la Ley de Moisés, que define la vida y la propiedad como derechos naturales inmutables. Francisco de Vitoria nació en Burgos, probablemente en 1483, hijo de Pedro de Vitoria y de Catalina de Compludo, emparentada con la familia judeoconversa de los Cartagena. Su defensa de los derechos naturales de los indígenas americanos se basaba en la idea de que todos los hombres son creados a imagen de Dios, un concepto central del judaísmo.

Mucho antes de cualquier otra revolución, como la francesa o la americana, la Escuela de Salamanca, influenciada en parte por la ética humanista de los descendientes de conversos, sentó las bases del derecho internacional, al punto de que, en el momento de la constitución de la ONU, los juristas americanos reclamaron la fundamentación del derecho internacional en principios morales y derechos de gentes de acuerdo con los postulados de Vitoria.

El Sistema Interamericano de Derechos Humanos —integrado por la Declaración Americana, la Comisión Interamericana y la Corte Interamericana de Derechos Humanos— hunde sus raíces en tres principios fundamentales del pensamiento de Francisco de Vitoria y de la tradición del derecho natural y del derecho de gentes. En primer lugar, su iusnaturalismo, al fundamentar los derechos humanos en la ley natural inherente a la dignidad de la persona. En segundo lugar, su universalismo, al reconocer la igualdad esencial de todos los seres humanos, con independencia de su origen, condición o cultura. Y, finalmente, su dinamismo, al concebir la protección de esos derechos como un proceso en constante evolución, capaz de adaptar sus instituciones y mecanismos a los nuevos desafíos de cada época.

7.   Has recibido reconocimientos de instituciones vinculadas al mundo sefardí. ¿Qué significado personal tienen para ti estos homenajes?

Vengo de una familia trabajadora, humilde y numerosa. Desde muy joven tuve que abrirme camino por mí mismo, compaginando como pude los estudios, el trabajo y la propia supervivencia. Nunca he pedido nada a nadie, ni siquiera cuando más lo necesitaba. He afrontado la vida con determinación y con la mejor de las sonrisas, convencido de que Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros.

He desempeñado trabajos muy duros y otros menos exigentes, pero siempre con la certeza de que, cuando uno no puede hacer lo que ama, debe aprender a amar lo que hace. Esa actitud transforma el esfuerzo en aprendizaje y la dificultad en una oportunidad de crecimiento.

Creo que, si uno vive con humildad, perseverancia y confianza, sin malgastar sus fuerzas en la autocompasión ni en culpar a los demás de su destino, sino dedicándolas a avanzar, a construir y a mejorar cada día, aquello que Dios tiene reservado para nosotros acaba llegando, tarde o temprano.

Hay una enseñanza del libro de TOHT que dice: «Haz siempre lo correcto, y el Universo empezará a trabajar para ti».

Como anussim —descendiente de judíos convertidos al cristianismo—, recibir el reconocimiento a mi labor de divulgación de la cultura sefardí por parte del Consejo Sefardí de Jerusalén, una institución con una larga y prestigiosa trayectoria histórica, fue algo que nunca habría imaginado. No entraba en los pronósticos de una persona sencilla y trabajadora como yo, ajena a cualquier institución académica, cultural o docente.

De hecho, todos los reconocimientos que he recibido a lo largo de los años —procedentes de Suiza, Israel, México, Estados Unidos e incluso de distintas instituciones españolas— han llegado siempre desde fuera de mi ciudad, Toledo, y al margen de sus instituciones locales. Lejos de producirme amargura, esa circunstancia me ha enseñado que el verdadero valor de un trabajo no depende del lugar donde se realiza, sino de la huella que deja en quienes saben apreciarlo.

Duele, porque Toledo no es para mí únicamente un lugar en el mapa. Es una patria espiritual, emocional y cultural; la tierra que alimenta mis raíces y la savia que nutre cuanto soy y cuanto aspiro a ser. Por eso, toda indiferencia hacia mi trabajo la siento también como una herida en ese vínculo profundo que me une a la ciudad.

8.   En tus conferencias sueles abordar el papel de los símbolos en la construcción de la cultura. ¿Qué es un símbolo y por qué sigue siendo tan importante en la sociedad contemporánea?

Muchos símbolos esotéricos —la serpiente, el círculo, la estrella o el árbol, entre otros— aparecen de forma recurrente en culturas muy diferentes y alejadas entre sí. Esta universalidad guarda relación con lo que Carl Jung denominó el inconsciente colectivo: imágenes arquetípicas que el ser humano reconoce de manera intuitiva porque representan realidades fundamentales como la vida, la muerte, el equilibrio, la transformación o la unidad.

Ahora bien, hablar de esoterismo exige un uso especialmente cuidadoso del lenguaje. Cada nueva cosmovisión incorpora términos y neologismos destinados a expresar experiencias que difícilmente pueden encerrarse en las palabras comunes. Por ello, el verdadero lenguaje esotérico busca que el significante y el significado mantengan una profunda resonancia simbólica, de modo que la palabra no solo describa una realidad, sino que también la evoque.

A diferencia de las pseudofilosofías de consumo rápido, el auténtico esoterismo —como puede apreciarse en la tradición sufí— no se caracteriza por construir sistemas cada vez más complejos, sino por conducir a una comprensión cada vez más sencilla y esencial. La sabiduría auténtica no necesita artificios. Como recuerda un antiguo principio espiritual, «un ciego no puede guiar a otro ciego». Solo cuando el discípulo está verdaderamente preparado aparece el maestro; y, paradójicamente, quien lo es de verdad rara vez se considera a sí mismo un maestro.

En este sentido, Schwaller de Lubicz explica magistralmente que, en el auténtico esoterismo, las relaciones simbólicas no son meras analogías intelectuales, sino también relaciones simbióticas: vínculos vivos que expresan una correspondencia profunda entre los distintos planos de la realidad. Fruto de sus investigaciones sobre el Templo de Luxor, llegó a la conclusión de que este santuario —como tantos otros de la antigüedad— fue concebido como una representación del microcosmos humano. En sus propias palabras: «El templo entero es un libro explicativo de las funciones secretas de los órganos y de los centros nerviosos». Desde esta perspectiva, la arquitectura sagrada deja de ser un simple espacio de culto para convertirse en una imagen simbólica del propio ser humano, reflejando el antiguo principio hermético según el cual el macrocosmos y el microcosmos se corresponden y se iluminan mutuamente.

El templo hindú responde a una concepción simbólica análoga a la del templo egipcio. Su planta arquitectónica se identifica con Purusha, el «Hombre Cósmico», arquetipo del ser universal. Todo el edificio se concibe como un diagrama sagrado en el que se disponen los centros sutiles de energía —los chakras—, entendidos como los puntos de conexión entre el hombre individual y el Hombre universal.

La planta tradicional se organiza en una retícula de sesenta y cuatro cuadrados, cada uno de los cuales se asocia a determinadas divinidades vinculadas simbólicamente a los miembros y órganos vitales del cuerpo humano. En el centro se sitúa Brahma, el Principio creador, correspondiente al corazón del hombre: ese centro espiritual donde, según la tradición hindú, reside la presencia de lo divino. De este modo, el templo deja de ser una simple construcción para convertirse en una representación del ser humano transfigurado y del orden del universo, reafirmando la antigua correspondencia entre el microcosmos y el macrocosmos.

Este modelo esquemático se trasladará evidentemente también al cristianismo. La iglesia está construida conforme a un esquema cruciforme que no solo es imagen del cosmos por su orientación en el suelo conforme a los ejes cardinales, cruz plana, sino también por su alzado, que la convierte en cruz sólida, tridimensional, cuyo eje vertical se identifica con el Axis Mundi: esquema del cuerpo humano.

Algunos, en época contemporánea, como Schneider, conservaban nociones en pleno siglo XX. Y del conocimiento de la ciencia sagrada él extrajo la luz gracias a la cual realizo sus descubrimientos, preparando su sistema de símbolos arcaicos de origen musical. Encontró relaciones simbólicas iguales entre las tradiciones chamánicas siberianas, los magos africanos, y las danzas rituales en España.

Schneider sostuvo que, bajo las múltiples formas adoptadas por las antiguas tradiciones, se han conservado unas mismas correspondencias simbólicas, expresadas en el arte mediante animales, figuras y motivos de profundo significado. Uno de los descubrimientos que más confirmó esta intuición lo realizó en Cataluña, al estudiar los capiteles del claustro del monasterio de San Cugat. Allí observó que cada pareja de pequeñas columnas correspondía a una nota musical y que la disposición de las esculturas componía una melodía identificable con una variante del himno Iste Confessor.

Pero el simbolismo iba aún más lejos. La secuencia de las figuras representaba también el ciclo del año astrológico, siguiendo el ritmo de las estaciones y reproduciendo los movimientos rituales de antiguas danzas, como la danza de las espadas, la tarantela o la morisca, todas ellas relacionadas con tradiciones de carácter iniciático y de sanación. Schneider volvió a aplicar este método interpretativo en el claustro de la catedral de Santa María de Gerona, donde creyó reconocer, igualmente codificado en la disposición de las esculturas, un Himno a la Mater Dolorosa.

Su investigación sugería así que la arquitectura románica no era únicamente un lenguaje de piedra, sino también un lenguaje musical y simbólico, capaz de transmitir conocimientos mediante una compleja red de correspondencias entre imagen, sonido y significado.

Lamentablemente hoy hemos perdido la conexión con la enseñanza del símbolo y lo reducimos a meras analogías. Pero, como vemos, la naturaleza del símbolo es muy profunda.

9.   Has estudiado la relación entre la Cábala, la masonería y diversas corrientes de pensamiento occidental. ¿Qué aspectos suelen malinterpretarse cuando se habla de estas tradiciones?

A pesar de nuestra sociedad actual, relativista y nihilista, que busca en el transhumanismo una especie de alternativa tecnocrática al deseo interno de trascendencia, el esoterismo continúa presente. En la era moderna, su permanencia desafía la visión científica y secularizada del mundo, logrando armonizar mitología y razón, dos polos que a menudo parecen irreconciliables.

Cuando en el siglo XVIII ocurrió la gran ruptura epistemológica y el cientificismo del XIX amenazó con eliminarlo, el saber esotérico sobrevivió en ciertos reductos. Así, en el siglo XX resurgió como un recurso para enfrentar los conflictos individuales y colectivos que evidenciaban el fracaso de la civilización. Ahora bien, la confusión entre esoterismo y pseudociencias ha distorsionado el significado del término, mezclando prácticas ajenas a su tradición. Muchos lo asocian con habilidades sobrenaturales, sin conocer su base histórica.

El auge de gurús y medios ha difundido fórmulas espirituales superficiales, distintas al propósito original de la espiritualidad. Sin embargo, existen quienes defienden la distinción entre tradiciones auténticas e interpretaciones modernas. Es clave diferenciar el estudio serio de las soluciones rápidas del mercado espiritual.

10.¿Crees que la pérdida de la comprensión simbólica está empobreciendo nuestra visión del mundo?

Sin duda. Muy influido por Schneider, Cirlot sostenía que, con frecuencia, en sus sueños, en sus poemas e incluso en los actos más insignificantes de su vida cotidiana percibía la presencia de una dimensión «otra», una realidad subyacente que lo impulsaba a buscar su significado simbólico. Para él, esos símbolos no eran simples construcciones subjetivas, sino portadores de verdades susceptibles de expresarse objetivamente. De ahí que escribiera: «El simbolismo liga entre sí los fenómenos correspondientes al mismo ritmo, permitiendo incluso su sustitución mutua».

Esta concepción sitúa al símbolo muy por encima de la alegoría o de la metáfora. El símbolo no inventa la realidad, sino que la revela, estableciendo correspondencias entre planos aparentemente distintos —la naturaleza, el arte, el ser humano y lo sagrado— que participan de una misma estructura profunda. Por ello, para Cirlot, interpretar un símbolo no consistía en descifrar un código arbitrario, sino en reconocer el orden invisible que subyace bajo las múltiples formas de la existencia.

De ello se derivan consecuencias de tipo ontológico y gnoseológico, que Jung amplia a lo psicológico al establecer la profunda y constante relación que existe entre ritmo y emoción. Si el ritmo común tiende a explicar el hombre por el mundo, el arquetipo de Jung tiende a explicar el mundo por el hombre.

Algunos cabalistas identifican el Tselem como la manifestación de la imagen divina presente en el ser humano, hasta el punto de convertirlo en un símbolo del verdadero Sí mismo. Tselem significa «imagen», y el Génesis afirma que el hombre fue creado «a imagen (Tselem) de Dios». La tradición mística interpreta esta afirmación como algo más profundo que una semejanza exterior: alude a una realidad espiritual latente, un cuerpo de luz o cuerpo sutil que se va revelando mediante la purificación interior, la contemplación y la meditación.

Gershom Scholem cita un manuscrito conservado en Oxford, titulado Manojo de rosas de secretos, en el que varios místicos cabalistas describen la experiencia de contemplar su propio Tselem como una figura luminosa. Para Scholem, estas visiones remiten a una idea esencial de la mística: el conocimiento del sí mismo como camino hacia el conocimiento de Dios. Entrar en el propio interior equivale a aproximarse a esa «naturaleza perfecta» del ser, donde la imagen divina se manifiesta en toda su plenitud.

11.Has participado en investigaciones relacionadas con fenómenos de conciencia y experiencias consideradas anómalas. ¿Qué te llevó a interesarse por este campo?

Para quien no lo sepa, he sido el único investigador español que ha participado como operador en experimentos destinados a registrar voces de origen no identificado bajo condiciones de estricto control técnico. Estos ensayos se realizaron en presencia de profesionales como el ingeniero de sonido Newell, exdirector de Virgin Records y autor de numerosas publicaciones sobre electroacústica, sonido y grabación profesional. El equipo también contaba con técnicos de sonido, físicos e investigadores como Ingrid y Uwe Hartmann, este último catedrático de Sistemas de Información en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Stralsund, cuyas investigaciones se centran en la posible influencia de la conciencia sobre procesos aleatorios.

Los experimentos se llevaron a cabo en entornos altamente controlados, como estudios de grabación profesional, laboratorios universitarios de acústica y cámaras anecoicas, siguiendo protocolos diseñados para minimizar interferencias y fuentes convencionales de error. Sus resultados fueron objeto de publicación en una revista especializada dedicada a la neurociencia y a la física cuántica.

Mi experiencia personal durante aquellas investigaciones fue profundamente sorprendente. En esas condiciones de control se registraron voces cuyo origen no pudimos identificar mediante los procedimientos empleados, algunas de las cuales parecían responder de forma coherente a las preguntas formuladas durante las sesiones. Entre ellas, interpreté algunas como pertenecientes a personas fallecidas de mi entorno. Esa es mi vivencia y la manera en que la experimenté, sin pretender que constituya una explicación definitiva del fenómeno.

Precisamente por ello, nunca he considerado estas grabaciones únicamente como un fenómeno parapsicológico. A mi juicio, representan un indicio de que aún desconocemos aspectos fundamentales de la naturaleza de la conciencia. Más que buscar respuestas en explicaciones extraordinarias, creo que estos fenómenos invitan a replantear una cuestión mucho más profunda: cuál es la verdadera relación entre la conciencia, la información y la realidad. En ese sentido, encuentro más fecundo situar estas investigaciones en diálogo con las grandes tradiciones filosóficas y sapienciales, que desde hace milenios vienen interrogándose sobre la naturaleza última de la mente y del ser.

Desde una perspectiva filosófica, la energía puede entenderse como el puente entre la información y la materia. Es el medio a través del cual la información se transmite, se amplifica y actúa sobre las estructuras materiales, haciéndolas dinámicas y organizadas. En los organismos vivos, esa información se expresa mediante ritmos, pulsaciones, vibraciones y patrones de resonancia que coordinan la actividad biológica y psíquica. En este sentido, el ritmo constituye una forma de orden y, como tal, puede describirse mediante relaciones numéricas.

Las antiguas tradiciones sapienciales situaron el corazón como el centro de la relación entre el ser humano y lo divino, no solo como órgano físico, sino como símbolo del núcleo espiritual de la persona. Del mismo modo, muchas de ellas sostuvieron que el cuerpo humano posee una dimensión vibratoria en la que cada órgano mantiene una determinada correspondencia con formas, proporciones y sonidos. Estas correspondencias no deben entenderse únicamente en un sentido acústico, sino también simbólico y armónico, como expresión de un orden profundo que vincula al ser humano con el cosmos.

Desde esta perspectiva, escuchar el cuerpo equivale a descubrir la armonía que subyace a su propia estructura. Del mismo modo que un prisma descompone la luz blanca en los colores que la constituyen, la resonancia permite imaginar que la unidad del ser humano puede manifestarse como una pluralidad de ritmos, formas y sonidos que revelan la geometría íntima de nuestra propia naturaleza.

12.En una época en la que la ciencia explora cada vez más los misterios de la mente, ¿Cómo crees que deberían dialogar la investigación científica y las tradiciones espirituales?

Hasta la segunda mitad del siglo pasado, la tecnología se percibía como un instrumento mediante el cual se podían suplir las deficiencias morfo fisiológicas de nuestros cuerpos. Hoy en día, la tecnología, especialmente la digital, se concibe como una herramienta que presenta la posibilidad de mejorar las condiciones físicas y mentales del ser humano, a través de un proceso mutuo que está en el principio de la evolución hacia el individuo biotecnológico. La tecnología tiene un papel importante en terrenos como la biología. Se investiga, por ejemplo, la unión entre las células biológicas y los chips. Al mismo tiempo, la tecnología va más allá de la penetración para crear biología, con chips que vigilan el crecimiento de proteínas o células.

Esta combinación, que empuja al ser humano más allá de sus posibilidades biológicas, es el principio pensante del transhumanismo, y nos encamina a la integración del cuerpo orgánico y los sistemas inteligentes, sin parada en la estación del ser humano que vive, ama, sueña, y cuando se repiensa a sí mismo encuentra una ventana al universo, no como punto de fuga, sino con sentido de trascendencia. Los paradigmas antropocéntrico y tecno céntrico son hoy, dos fuerzas centrifugas que apartan al hombre de su centro, desfigurándolo al servicio de la mente-colmena.

Y, sin embargo…

A pesar de nuestra sociedad actual, relativista y nihilista, que busca en el transhumanismo una especie de alternativa tecnocrática al deseo interno de trascendencia, el esoterismo continúa presente. En la era moderna, su permanencia desafía la visión científica y secularizada del mundo, logrando armonizar mitología y razón, dos polos que a menudo parecen irreconciliables.

Cuando en el siglo XVIII ocurrió la gran ruptura epistemológica y el cientificismo del XIX amenazó con eliminarlo, el saber esotérico sobrevivió en ciertos reductos. Así, en el siglo XX resurgió como un recurso para enfrentar los conflictos individuales y colectivos que evidenciaban el fracaso de la civilización. Ahora bien, la confusión entre esoterismo y pseudociencias ha distorsionado el significado del término, mezclando prácticas ajenas a su tradición. Muchos lo asocian con habilidades sobrenaturales, sin conocer su base histórica.

El auge de gurús y medios ha difundido fórmulas espirituales superficiales, distintas al propósito original de la espiritualidad. Sin embargo, existen quienes defienden la distinción entre tradiciones auténticas e interpretaciones modernas. Es clave diferenciar el estudio serio de las soluciones rápidas del mercado espiritual.

13.¿Qué entiendes por conciencia? ¿Consideras que estamos cerca de comprender su verdadera naturaleza?

La conciencia continúa siendo uno de los grandes enigmas de la ciencia y de la filosofía. A mi juicio, comprenderla exige aprender a distinguir entre dos modos fundamentales de atención. El primero es el foco convergente, mediante el cual dirigimos nuestra conciencia hacia un objeto concreto, hacia la materia, el análisis y la acción. El segundo es el foco divergente, que consiste en abandonar la fijación sobre un objeto determinado para abrir la atención a un estado de presencia más amplio, donde el protagonismo deja de recaer en las formas y se desplaza hacia el flujo, el proceso y la energía.

La física contemporánea nos recuerda que la realidad puede describirse, según el contexto, mediante propiedades ondulatorias y corpusculares. Más allá de su significado estrictamente científico, esta dualidad constituye una poderosa metáfora para comprender nuestros propios estados de conciencia: una atención orientada hacia lo concreto y otra abierta a la totalidad.

En la década de 1970, el doctor Les Fehmi investigó cómo la actividad eléctrica del cerebro variaba según el tipo de atención que desarrollaba la persona. Sus trabajos sugirieron que los estados de atención abierta o difusa presentan patrones cerebrales diferentes de los propios de la atención focalizada, abriendo nuevas perspectivas para el estudio de la conciencia.

Mi impresión es que, cuando la actividad analítica de la neocorteza disminuye y cesa el diálogo mental constante, accedemos a niveles más profundos de autorregulación del organismo. En ese estado, la atención deja de ser un simple instrumento cognitivo para convertirse en un medio capaz de influir sobre nuestra propia experiencia interior. Las antiguas tradiciones ya afirmaban que allí donde se dirige la atención se moviliza también la energía. Quizá el futuro de la investigación sobre la conciencia consista precisamente en comprender la naturaleza de esa relación.

La evolución biológica se sustenta en la información codificada en el ADN y en otros mecanismos moleculares que permiten a los organismos sobrevivir, adaptarse y reproducirse. Sin embargo, cabe preguntarse si la evolución puede entenderse únicamente como el resultado de procesos físico-químicos o si, además, existe una dimensión informacional más profunda que todavía no comprendemos plenamente.

Desde una perspectiva especulativa, podría imaginarse que un observador dotado de un conocimiento completo de esos procesos fuese capaz de introducir nueva información en el momento preciso, orientando así la aparición de nuevas posibilidades evolutivas. En tal caso, la transformación no dependería únicamente de la materia, sino también de la capacidad del organismo para recibir, interpretar e incorporar esa información. La vida necesitaría, por tanto, no solo un código biológico, sino también una disposición para «escuchar» aquello que el entorno pone a su alcance.

Esta idea conduce a una reflexión más amplia: quizá la información constituya un principio tan fundamental como la materia y la energía. Si así fuera, la mente dejaría de ser un simple producto de la evolución para convertirse en una dimensión inseparable de la propia realidad. Espacio, tiempo, materia y conciencia aparecerían entonces como aspectos interdependientes de un mismo proceso de manifestación.

Desde esta perspectiva, el tiempo no sería únicamente la medida del cambio, sino también el escenario donde la conciencia despliega su experiencia y donde la información puede transformarse en realidad vivida. Tal vez sea precisamente en esa interacción permanente entre información, conciencia y materia donde se encuentre una de las claves aún desconocidas de la evolución del universo y del propio ser humano.

14.Has colaborado con científicos, investigadores y especialistas de diferentes disciplinas. ¿Qué has aprendido de ese diálogo entre humanidades y ciencia?

Buda planteó la situación del individuo desde una óptica muy sutil basada en su perfecto conocimiento de la realidad. La dirección existencial de cada individuo se halla en sus propias manos, condicionada por un pasado determinado sí, pero abierta a un futuro sin determinar que el individuo irá creando con sus actos presentes. La clave para ello radica en abandonar la producción de acciones perjudiciales que generan sufrimiento, producir acciones saludables basadas en decisiones sabias e implementarlas de manera sostenida.

La adversidad también es campo de conocimiento ligado a la evolución personal y el esoterismo te prepara frente a lo imprevisible, instruyéndote en que también detrás de las malas experiencias hay retos que esconden enseñanzas profundas destinadas a operar como aceleradores de la conciencia. Al fin y al cabo, somos causa y consecuencia.

Aludir a que el esoterismo es algo “oculto” y “secreto”, es una noción demasiado general, y no se puede definir una especialidad sin construirla en su objeto.

Estudiosos como Faivre han sugerido cambiar el impreciso sustantivo singular (esoterismo) por el adjetivo plural (esotérico), algo que adquiere mayor connotación histórica.

Sin embargo, yo prefiero referirme a este campo como «Ciencia del Ser», pues comparte límites con lo que llamamos ciencias humanas. Analizando el concepto de “ciencias ocultas”, parece contradictorio unir la idea rigurosa y demostrable de la ciencia con el misterio de lo oculto. Muchos practicantes del ocultismo han tratado de dotar de fundamentos teóricos y prácticos a sus saberes, hallando supuestas leyes en el mundo invisible, análogas a las de la naturaleza. de nosotros mismos.

Símbolos como el Árbol de la Vida ilustran cómo cualquier transformación en el alma humana impacta en todos los universos, y viceversa. Activar ese poder interior genera cambios tanto en la percepción individual como en la realidad universal. Así, cada acción humana posee una trascendencia profunda, pues parte de la premisa de que todo elemento de la realidad comparte la misma estructura y patrón.

15.Algunas de tus investigaciones sobre fenómenos poco convencionales han despertado tanto interés como controversia. ¿Cómo afrontas el escepticismo?

¿Cómo afronto el escepticismo? No me preocupa. Hay tres cosas que te enseña la ciencia del Ser: Que no somos víctimas; que no somos jueces; que no somo salvadores.

Dentro de la historia de las religiones coexisten dos orientaciones principales. La primera puede denominarse hermenéutica, propia de quienes sostienen que es posible captar el sentido y la significación profunda de un fenómeno. La segunda, abanderada por Claude Lévi-Strauss y sus discípulos, niega la posibilidad de comprender el significado original de un pensamiento ajeno al nuestro.

Este repudio a la exégesis y a la hermenéutica es suficiente para demostrar que el método estructuralista resulta ajeno al quehacer del historiador de las religiones. El deber principal de este último —más allá de sus posturas personales— consiste en intentar descifrar el sentido original de un fenómeno sagrado, así como observar e interpretar sus transformaciones. Después de todo, los historicismos son mitos producidos por el hombre, no productores de este.

Por otro lado, el esoterismo de las formas tradicionales vigentes hoy en Occidente posee un carácter netamente religioso, definido por tres elementos esenciales: un dogma, una moral y un culto. En contraste, el esoterismo fue progresivamente relegado dentro de las propias instituciones, ya que a menudo dio pie a herejías y desviaciones divergentes de la ortodoxia.

Así, mientras la religión considera al Ser en tanto que está circunscrito al estado individual humano —asegurándole las condiciones más favorables dentro de dicho límite, sin pretender que lo trascienda—, la iniciación tiene como objetivo sobrepasar las fronteras de la individualidad, permitiendo el acceso efectivo a estados superiores. Cabe aclarar que, en este contexto, lo esotérico alude estrictamente a la dimensión interior; por lo tanto, difiere del «éxtasis» místico (el cual implica un retorno a la condición individual) y dista por completo de los «viajes astrales» y otras veleidades ocultistas.

El hombre de la tradición —particularmente de la tradición occidental cristiana, con su profunda riqueza mítica del Éxodo y de la Redención— es un ser en alianza con el Ser. No se trata del Ser abstracto de los lógicos, sino del Viviente (como los seres vivientes en la visión del profeta Ezequiel). El círculo anfibólico que conduce de la criatura al Creador, y que luego reconduce de vuelta, saca a la luz aquello que ambos tienen en común: el amor. Así, este proceso no constituye una tautología, sino un auténtico método intuitivo donde la experiencia de la realidad brota de la reciprocidad del recorrido mental.

16.¿Qué diferencia existe entre la duda científica legítima y el rechazo prejuicioso de determinadas investigaciones?

Un negacionista es alguien que rechaza a priori todo lo que desconoce, negándose a salir de su zona de confort; en cambio, un escéptico admite que la verdad es discutible en términos razonables. Ahora bien, al esoterismo real —entendido como la ciencia del Ser que armoniza la espiritualidad con el conocimiento humano, no para «iluminarse», sino para realizarse plenamente en el mundo— se debe ingresar como a un templo: con el sombrero quitado, pero no sin la cabeza.

El esoterismo se ha desfigurado tanto alcanzado el siglo XXI, que al menos en España es considerado por el mundo académico como un fenómeno de nulo interés ligado a la subcultura popular. Sin embargo, en otros países existen instituciones respetadas dedicadas al estudio serio del esoterismo como campo académico fundamental para comprender la historia intelectual europea.

Los estudios esotéricos serios y contemporáneos comenzaron en 1964, gracias al mérito de la Sección de Ciencias Religiosas de la EPHE (Escuela Práctica de Altos Estudios de París), la primera institución universitaria en crear una Dirección de Estudios para la Historia del Esoterismo Cristiano, originalmente a cargo de François Secret. Más tarde, bajo la dirección de Antoine Faivre, la cátedra se transformó en Historia de las Corrientes Esotéricas y Místicas en la Europa Moderna y Contemporánea. Finalmente, en el año 2001, con la llegada de Jean-Pierre Brach, adoptó su denominación actual: Historia de las Corrientes Esotéricas en la Europa Moderna y Contemporánea.

En 1999 se fundó en la Universidad de Ámsterdam el Departamento de Historia de la Filosofía Hermética y Corrientes Afines, estableciendo una cátedra ex profeso presidida por Wouter J. Hanegraaff. Pocos años después, en 2002, la Universidad de Lampeter (Reino Unido) fundó un Centro de Esoterismo Occidental. Casi en paralelo, en la Universidad de Exeter (Reino Unido) nació el Exeter Centre for the Study of Esotericism (EXESESO), el cual contaba con su propia cátedra titulada Western Esotericism y ofrecía un programa académico completo.

Por si fuera poco, la Universidad de Lausana estableció en el 2003 un programa bianual a cargo de Silvia Mancini, que se centraba en la introducción al estudio de estas temáticas.

En Alemania, en la Universidad Martin-Luther de Halle-Wittenberg, se han creado programas de investigación dedicados a las corrientes esotéricas de la Ilustración y a los movimientos hermético -esotéricos de la primera época moderna. Podríamos seguir indefinidamente.

Esta comunidad de académicos, mediante la colaboración mutua y la revisión por pares, aporta un riguroso marco teórico y una perspectiva histórica indispensable. Su trabajo permite diferenciar nítidamente el esoterismo histórico de fenómenos contemporáneos como la New Age —surgida en California durante los años setenta—, la cual fue anticipada por el teosofismo de Alice Bailey y masificada posteriormente por obras de realismo fantástico como Le Matin des magiciens.

17.Has impartido conferencias en diversos países. ¿Has observado diferencias significativas entre la manera en que distintas culturas se acercan a la historia, la espiritualidad o la conciencia?

Con la salvedad de las cosmovisiones particulares, el Ser humano responde a mismos patrones universales.

18.Desde tu experiencia internacional, ¿Qué imagen se tiene en el exterior de la herencia cultural española y sefardí?

Se ha construido una imagen basada en estereotipos y en clave puramente emocional. Sin embargo, como hemos visto, el aporte de la comunidad sefardí a la historia universal es tan mayúsculo como desconocido.

Dada la inusitada vitalidad de la que siguió gozando la lengua castellana, no es de extrañar que un judío portugués, Abraham de Fonseca llegará incluso a escribir en Amsterdam una Ortographía castellana (1663) y que esta fuera la primera lengua vernácula en la que se redactó una obra cabalística: Puerta del cielo de Alonso de Herrera. Particularmente sobresale el que el periódico judío más antiguo que se conoce es La Gaceta de Amsterdam que se publicó desde 1675 a 1690 en castellano. Y, tampoco sorprende que el primer trabajo que trata de los negocios y métodos de bolsa en todas sus ramas, Confusión de confusiones de Joseph Penso de la Vega (1688), también se escribiera en castellano siendo todavía en nuestros días la mejor descripción de las operaciones de valores y acciones.

Si bien es innegable la contribución judía a la ética y a la evolución del pensamiento occidental, su impacto en la economía resulta igualmente crucial. La comunidad sefardí de Ámsterdam —la célebre Amsterdamsche— desempeñó un papel estratégico en el florecimiento de la potencia financiera holandesa debido a una vasta red mercantil que conectaba Brasil, México, el Río de la Plata, Marruecos, Turquía, Italia, la India, Madeira y las costas africanas. En aquella «Jerusalén del norte», los sefardíes lideraban el comercio de diamantes, e incluso contaban con sus propios armadores y corsarios. Esta pericia financiera se trasladó pronto a Inglaterra; en 1715, los corredores judíos figuraban entre los actores más dinámicos y activos de la Bolsa de Valores de Londres.

La expansión portuguesa y la diáspora sefardí fueron movimientos simultáneos, por lo que en todo ese proceso los cristianos nuevos ocuparon posiciones clave en el comercio marítimo portugués. Su red más extendida, la que dirigía desde ciudad de México el cristiano nuevo Simón Vaéz de Sevilla, era a la vez transatlántica y transpacífica al involucrar a tres continentes. En Sevilla sus socios privilegiados eran hermanos o primos suyos nacidos en Castelo Branco (Portugal).

Los judíos habían tenido un papel central en los descubrimientos portugueses y españoles, Ya en 1320 el toledano Isaac Israelí resumió el conocimiento astronómico de su época, clarificando el calendario y la cronología judíos. Abraham Crescas de Mallorca elaboro en 1337 un celebrado mapamundi. Su hijo, Yehuda Crescas, fue el primer director del observatorio náutico de Enrique el Navegante   en Sagres y ayudo a cartografiar sus exploraciones

En Salamanca, Abraham Zacuto, compilo su Almanach perpetuum, cuyas tablas astronómicas -y el astrolabio mejorado que fabrico- fueron usadas como guías en los viajes de Vasco de Gama, Alvares de Cabral, Alburquerque y Colón. Podríamos seguir indefinidamente ….

19.Diriges actualmente el programa “Soñando Sueños”. ¿Qué te aporta el formato radiofónico que no encuentra en los libros o las conferencias?

Radio Sefarad es el órgano de difusión de la Federación de Comunidades Judías de España. Son muy exigentes en sus criterios de redacción y en la selección de sus colaboradores, ya que es el portal cultural de referencia para un público —tanto judío como no judío— de un nivel cultural medio-alto. Agradezco profundamente a una de sus redactoras y querida amiga, Raquel Cornago, por darme la oportunidad de abordar ese envés de la historia y de los acontecimientos, adentrándome en terrenos heterodoxos.

Tanto Raquel como la emisora han entendido perfectamente que también existe un riguroso marco de estudio en aquellos temas que escapan a lo normativo.

20.¿Cuáles son las preguntas fundamentales que siguen guiando tu búsqueda intelectual después de tantos años de investigación? ¿Acaso la conciencia es igual a Dios?

El Adán Kadmón posee un profundo significado simbólico en hebreo. Si leemos su nombre en el sentido de la escritura sagrada, de derecha a izquierda, encontramos las letras álef-dálet-mem (Adán) y qof-dálet-mem-vav-nun (Kadmón). En síntesis, la álef se topa con una resistencia (dálet y mem) para, finalmente, transformar dicha resistencia de la conciencia en infinitas posibilidades cósmicas. La resolución de este proceso es la fusión del principio implacable de la vida-muerte con su destino universal, superando mediante un auténtico salto cuántico la resistencia existencial de la consciencia; el resultado es una fertilización perpetua de seres humanos iluminados cósmicamente. Así, la realización plena del Adán Kadmón deviene de la transformación sagrada de la mente en materia.

Se cuenta que Dios se compadeció de Adán tras desterrarlo del Edén y le envió al arcángel Raziel —entendiendo a los ángeles como energías maestras que señorean un ángulo específico de la creación—. Raziel, cuyo nombre significa «Secretos de Dios», le entregó un libro (el Sefer Raziel) gracias al cual el hombre podría recordar que, en tanto que imagen de Dios, él es el observador del espejo de la existencia.

Curiosamente, y en sintonía con los estudios de Peter Gariaev sobre genética de la onda y biofotones, el esoterismo más profundo parece descubrir una «firma divina» en el propio código genético. Los puentes de sulfuro y los enlaces de hidrógeno que sostienen los ácidos nucleicos del ADN responden a un patrón numérico y estructural equivalente a la secuencia 10-5-6-5.

En la gematría hebrea, estos valores corresponden exactamente a las letras del Tetragrámaton:Y (Yod) = 10 /H (He) = 5/ (Vav) = 6/H (He) = 5. La suma resultante es 26, el valor numérico de YHWH. Esto nos sugiere que el secreto de la secuenciación de la vida coincide con la rúbrica del Dios bíblico: somos seres «firmados», diseñados a imagen y semejanza de nuestro Creador.

21.¿Qué papel desempeña la intuición en el trabajo de un investigador de temas históricos y culturales?

La intuición es la inteligencia que está detrás de la intención.

En la Cábala existe un concepto fundamental denominado ibbur, un término hebreo que significa literalmente «embarazo» o «impregnación» espiritual. Este fenómeno describe cómo una segunda alma puede «ingresar» en una persona durante un periodo de tiempo limitado. Lejos de las interpretaciones folclóricas, cuando hablamos de la intervención de «otra alma», nos referimos a que, en determinados estados de profunda inspiración y cuando nuestro propósito es genuinamente justo, logramos resonar con una inteligencia universal afín que nos nutre y nos eleva.

22.Vivimos en una época de inteligencia artificial y aceleración tecnológica. ¿Cómo crees que estos cambios afectarán a la conciencia humana y a nuestra comprensión de nosotros mismos?

Yo creo en la tradición unida a la idea de trascendencia. Creedme: detrás de todo cambio de paradigma, es necesario proyectar lo mejor del pasado en beneficio de lo que está por venir. De lo contrario, la humanidad acabará desfigurada y aparecerán nuevas “máscaras de dominio” que, ofreciendo libertad y progreso, solo buscarán sustituir a un amo por otro. El hombre debe aspirar a su propia soberanía como ser creado por Dios y dotado de libertad y talento natural. No puede ser un mero “consumidor”, ni un “tecno adicto”.

Ahí va un aviso: Convertirán el progreso y la tecnología en una religión, porque es característica del ser humano plantearse preguntas fundamentales.

En su búsqueda de una “tradición” que legitime esta nueva religión, el transhumanismo hunde sus raíces —según sus propios ideólogos— en los humanismos del Renacimiento y la Ilustración, así como en el racionalismo científico moderno. Nick Bostrom (2011) señala dos fuentes que considera fundacionales: el Discurso sobre la dignidad del hombre (1486) de Giovanni Pico della Mirandola, y el Novum Organum (1620) de Francis Bacon. Para muchos, este segundo texto inaugura la era ilustrada al consolidar una metodología científica basada en la investigación empírico-inductiva en lugar del razonamiento a priori.

Durante la modernidad, los cimientos ideológicos del transhumanismo se sitúan básicamente en el empirismo de David Hume (quien desarrollara las ideas de Bacon y Locke), el materialismo de La Mettrie y su “hombre-maquina”, Condorcet y el evolucionismo darwiniano. Otro referente clásico, Bronislav Malinowski, aportaba a principios del siglo XX, la parte “ritualista “a esta nueva “religión transhumanista””.En su influyente obra “Magia, ciencia y religión”, definía la magia como un arte pragmático integrado en el dominio de lo sacro, dotado de una técnica definida y reconociendo su explicita utilidad. Algo que nos acerca a los sistemas simbólicos en general vinculados con lo supra-humano.

Para el conglomerado financiero/tecnológico/transhumanista, la forma biológica propia de la especie humana no debe ser sacralizada. Esta “forma” no es inmutable y no tiene el monopolio del respeto y la dignidad. Él transhumanista prefiere la noción de “persona”, una noción determinada por la presencia de ciertos atributos: la consciencia, la sensibilidad, la capacidad de razonar y de elegir, etc.

El transhumanismo afirma que todos los seres dotados de sensibilidad, eventualmente de conciencia-prehumanos, no humanos, o posthumanos-tienen derecho a un estatus moral respetuoso de su bienestar y desarrollo. La supuesta “edenización “de la tierra por la tecnología anuncia la masacre de una naturaleza despojada de sus fines, desvitalizada.

Es más, en el transhumanismo hay una soteriología, es decir, la creencia en que los humanos están inmersos en una condición que debe cambiar, de la cual “necesitan ser salvados”.

Paralelo al transhumanismo aparece el “wokismo”. El termino woke fue inventado por los militantes negros americanos y recogido por la cultura de los campus universitarios a partir de los años 2010. En un principio, se empleó en relación con la teoría crítica de la raza, pero más tarde se utilizó de manera más amplia para designar al conjunto de corrientes universitarias militantes, desde el género hasta la interseccionalidad. Woke, se creó a partir de woken, participio pasado del verbo wake (despertar).

Nos manipulan, y quieren confundir el despertar espiritual del ser humano, con un “despertar dentro de una Matrix”. La desrealización del mundo invade todos los campos, incluido la biología. El lenguaje vuelve a utilizarse como herramienta no para describir imágenes de la realidad, sino para reescribirlas forzando a todo el mundo a aceptarlas doctrinalmente bajo amenaza de ser “señalado” por el movimiento woke

En esto, los woke tienen paralelismo con el manifiesto ciborg, que ya adelantó la idea de utilidad de elaborar “conocimientos situados”. Ya el gramcismo , fue precursor en la idea de quien impone el relato gana la batalla incluso si la razón, la verdad objetiva (basada en la razón más fundamentada) y el sentido común son las victimas primeras. El gramcismo era una doctrina teorizada por el ideólogo marxistas Antonio Gramsci (1860-1937) que puede ser resumida como una reflexión sobre la toma de poder cultural, es decir, sobre la necesidad por parte de un grupo revolucionario de dominar el debate intelectual y cultural, de crear una hegemonía ideológica con el fin de difundir sus ideas y, sobre todo hacerlas banales y naturales para la mayoría. Se trata de buscar una adhesión espontanea, un consentimiento sin ningún tipo de juicio crítico de la opinión publica.

23.¿Piensas que la sociedad actual necesita recuperar formas de sabiduría olvidadas? ¿Cuáles serían las más urgentes?

En cualquier caso, el escenario internacional actual es de una tensión e incertidumbre constantes. Esto es consecuencia directa de las políticas de dominación unipolar de un EE. UU. en permanente conflicto con potencias emergentes; potencias que, aunque ondean la bandera de un mundo “multipolar” y “reequilibrado”, terminan emulando a su rival con las mismas malas artes. Frente a este panorama, resistimos quienes creemos en la utopía de una humanidad soberana, multicultural y verdaderamente emancipada. Una humanidad liberada del miedo y del vasallaje a los grandes fondos de inversión que señorean el planeta; a salvo de la ignorancia, el pensamiento único, el globalismo y el transhumanismo. Solo desde esa soberanía podremos hacer frente a las nuevas derivas del wokismo, la Agenda 2030, el consumismo y el nihilismo, desmascarando los viejos totalitarismos que hoy resurgen bajo el disfraz del filisteísmo cultural o de los nuevos movimientos völkisch.

Considero que la única revolución pendiente, de la que surgirá de un modo natural todos los cambios que harán del ser humano un hombre realizado en armonía con el medio, alcanzado el siglo XXI, es la “Re-Evolución de las Conciencias”. Eso es lo que viene a llamarse: “Ciencia del Ser “, “Esoterismo “, y no tiene nada que ver con la seducción burguesa occidental que tiende a las formas pseudorreligiosas sectarias y neoepiritualistas del tipo New Age que han sustituido la idea de Dios y la trascendencia por un frankestein “nihilista espiritual”.

24.Si tuvieras que resumir en una sola idea el aprendizaje de toda una vida dedicada a estudiar la historia, los símbolos y la conciencia, ¿Cuál sería?

De esas tres ramas que has mencionado, si fundiéramos sus metales en uno solo, servirían para fabricar un báculo para andar el camino convirtiendo al ser humano de vagabundo en peregrino.

Algunos que se adentran hoy en el esoterismo, deben saber que es un terreno resbaladizo lleno de vericuetos y derivadas, un territorio en el que no se puede penetrar sin brújula, como si fuera un supermercado de las creencias, al que uno accede después de verse varios videos de YouTube habiendo extraído paquetes de datos que despiertan la curiosidad en vez de la “iluminación”.

La información, como los alimentos, mejor natural que procesada, pues como aquellos, lo que excita el gusto, siempre es el aditivo.  El esoterismo no responde únicamente al plano racional intelectual, ni consiste en coleccionar paquetes de datos y experiencias, en el esoterismo, la información se metaboliza en lo más profundo del ser. La conciencia se convierte en un elemento fundamental durante la vida como después de la muerte, porque la mente-conciencia es cualitativamente la misma, no varía cuando se desprende del cuerpo. Si una persona durante la existencia terrena ha despertado conciencia en algún nivel, cuando desencarna permanecerá en el mismo nivel de conciencia. Este destino es común para todos, pero solo los que han sabido transitar con conciencia despierta los caminos de la vida-muerte, que no han bebido el agua del olvido, conservan su memoria y entendimiento.

25.Para terminar, ¿Qué proyectos tienes actualmente entre manos y qué nuevas investigaciones podremos conocer próximamente?

Como acontece con los hombres, así sucede con los libros; hay un destino para ellos, van como guiados hacia los seres que los esperan, llegándoles   en la hora precisa. Ellos también viven, mueren y reencarnan, pues están construidos de esa materia palpitante que sobrevive incluso al tiempo e intención de los autores.

Estoy terminado una ambiciosa obra, algunos de cuyos postulados ya he deslizado en esta interesante entrevista-dialogo-, se trata de EL ESOTERISMO EN LA HISTORIA, HISTORIA DEL ESOTERISMO, un libro de difícil publicación pues 1000 paginas van contra todo criterio editorial moderno; pero lo he escrito porque creo que aún hay personas que, como yo, conciben lo sagrado como permanente.

Junto a mi socia Ana Isabel Redondo dirigimos, desde hace 2 años, los encuentros LOS RETIROS DE ULISES. Aquí tratamos de desmitificar las nuevas prácticas post new age y apostamos por una espiritualidad activa conforme al esoterismo tradicional.

Nos reunimos una vez al mes un pequeño grupo de personas —de igual a igual— para visitar lugares de poder como iglesias, cuevas, dólmenes, castillos etc., y llevar a cabo experiencias y tertulias en ellos.

Nos inspiramos en el personaje de Ulises porque su protagonista, Odiseo (el Ulises latino), se encuentra en el interior de cada ser humano y el tema de la obra es la propia aventura de vivir y la forma más constructiva y transformadora de hacerlo. No es una filosofía ni una reflexión sobre temas alejados de la experiencia, es la misma experiencia vivida desde una dimensión psíquica y espiritual.

También me han ofrecido colaborar en un programa de dimensión mundial como experto en geopolítica existencial, pero…el tiempo dirá.


Después de recorrer estas páginas, el lector comprobará que esta conversación trasciende el formato habitual de una entrevista. Más que un intercambio de preguntas y respuestas, constituye un recorrido por algunos de los grandes interrogantes que han acompañado al ser humano desde el comienzo de la civilización: quiénes somos, de dónde procede nuestra cultura, qué papel desempeñan los símbolos, cuál es el sentido de la conciencia y cómo afrontar un futuro profundamente marcado por la revolución tecnológica.

A lo largo del diálogo, Iñaki Carmona defiende una idea central: la historia, el conocimiento y la espiritualidad no pueden entenderse como compartimentos estancos. Para él, existe un hilo conductor que une tradición, cultura, ciencia y experiencia interior, invitando al ser humano a una búsqueda permanente de comprensión y de crecimiento.

Naturalmente, no todas las afirmaciones o interpretaciones expresadas en esta entrevista serán compartidas por todos los lectores. Esa diversidad de perspectivas forma parte del propio ejercicio intelectual. Lo verdaderamente valioso es que las ideas aquí expuestas estimulan la reflexión crítica, despiertan nuevas preguntas y recuerdan que la sabiduría comienza precisamente allí donde dejamos de conformarnos con respuestas superficiales.

Siempre defiendo que el conocimiento no consiste únicamente en acumular información, sino en aprender a formular mejores preguntas. Si esta conversación ha conseguido despertar esa inquietud en el lector, habrá cumplido plenamente su propósito. Porque, como demuestra esta entrevista, el viaje hacia la sabiduría nunca termina: siempre queda un símbolo por descifrar, una página de la historia por comprender y un nuevo horizonte de conciencia por explorar.


ACERCA DE JOSÉ IGNACIO CARMONA

Inaki Carmona Collage - IÑAKI CARMONA: LA BÚSQUEDA DE LOS SÍMBOLOS, LA HISTORIA Y LA CONCIENCIA. - Acalanda Magacín

Perfil Profesional y Áreas de Especialización

  • Escritor y Conferenciante: Autor de 7 obras y colaborador en otras 2, con más de 100 artículos publicados a nivel nacional e internacional. Ha impartido conferencias en países como España, Suiza, Estados Unidos, Israel y México.
  • Especialidades: Su campo de estudio e investigación se centra en el simbolismo, la filosofía de la historia, el esoterismo, la masonería, la antropología, el realismo mágico y la dinámica de la conciencia.
  • Formación y Docencia: Posee un Máster Yalta 2.0 en Geopolítica (2026). Es docente de másteres en la Fundación ICLOBY, un lobby internacional de científicos e intelectuales enfocado en el estudio de la conciencia.

Ámbito de la Cultura Judía y Sefardí

Cuenta con una destacada trayectoria en la promoción y preservación de la cultura judeoespañola:

  • Cargos y Representación: Es presidente de Tarbut Sefarad en Polán (Toledo), miembro honorario y responsable de cultura y eventos en la Asociación Sefarad América (Atlanta, EE. UU.) y en la Asociación Sefarad: una puerta abierta a la convivencia.
  • Medios de Comunicación: Actualmente dirige el programa “Soñando Sueños” en Radio Sefarad (portal de la Federación de Comunidades Judías de España). También ideó el espacio “Romancero Sefardí 3: Criptojudíos y Toledo” para el programa La Aventura del Saber de TVE2.
  • Reconocimientos: Ha sido galardonado con la Medalla de las 4 Sinagogas del Consejo Sefardí de Jerusalén y el Premio 2017 de la Asociación Nacional de Empresarios y Amigos de la Cultura (GM) por su labor de difusión de la cultura judía toledana. Es además Socio de Honor de Glorioso Mester.

Colaboraciones en Medios y Otras Experiencias

  • Medios Audiovisuales y Escritos: Es colaborador freelance y ha participado ocasionalmente en cadenas como RTVE, Discovery Max, Telemadrid (en Las Noches Blancas de Fernando Sánchez Dragó), TV Castilla-La Mancha y Localia TV. Asimismo, ha escrito en revistas especializadas como Más Allá de la Ciencia, Año Cero, Enigmas, Symbolos e ITC Journal, entre otras.
  • Asesoría Corporativa: Se desempeñó en el pasado como asesor cultural y de Relaciones Público-Institucionales para una sociedad patrimonial y de inversión hispano-suiza.
  • Investigación de Anomalías (TCI): Es el único español que ha demostrado en laboratorios y estudios profesionales la capacidad de registrar voces de origen no conocido (psicofonías) ante ingenieros de sonido y físicos (como el exdirector de Virgin Records, Philip Newell, y el catedrático Uwe Hartmann). Dichos experimentos y sus correspondientes auditorías científicas —que no hallaron fraude— fueron publicados por una revista del ámbito de la neurociencia y la física cuántica.


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