
El texto sostiene que El Quijote contiene un profundo programa educativo basado en la unión entre conocimiento y virtud. A través de las palabras de don Quijote, se defiende que los padres deben guiar a sus hijos hacia la virtud desde pequeños y respetar sus inclinaciones intelectuales.
El autor del artículo —el profesor Francisco Calero— considera sorprendente esta preocupación pedagógica si se atribuye la obra a Cervantes, y propone en cambio a Juan Luis Vives como verdadero autor, ya que sus escritos coinciden claramente con estas ideas. Concluye que la insistencia en formar al ser humano mediante saber y virtud apunta a Vives como el origen de esta concepción educativa presente en la obra.
En el episodio del Caballero del Verde Gabán se diseña un completo programa para educar a los hijos (II, 16):
«A todo lo cual respondió don Quijote:
EL QUIJOTE (II,16)
—Los hijos, señor, son pedazos de las entrañas de sus padres, y así, se han de querer, o buenos o malos que sean, como se quieren las almas que nos dan vida. A los padres toca el encaminarlos desde pequeños por los pasos de la virtud, de la buena crianza y de las buenas cristianas costumbres, para que cuando grandes sean báculo de la vejez de sus padres y gloria de su posteridad; y en lo de forzarles que estudien esto o aquella ciencia, no lo tengo por acertado, aunque el persuadirles no será dañoso, y cuando no se ha de estudiar para pan lucrando, siendo tan venturoso el estudiante que le dio el cielo padres que se lo dejen, sería yo de parecer que le dejen seguir aquella ciencia a que más le viere inclinado».
Nótese que don Quijote, antes de aconsejar a los padres que dejen a sus hijos elegir los estudios para los que estén más inclinados, pone el camino trazado desde pequeños por los pasos de la virtud.
Resulta extraño que en una novela de aventuras disparatadas se muestre una auténtica preocupación por la educación de los hijos. Digo que resulta extraño, además, si el autor de la novela es Miguel de Cervantes, un hombre de escasos estudios y con una vida muy alejada de los ambientes educativos, por decirlo de forma eufemística.
Sin embargo, resulta completamente lógica esa preocupación si el autor verdadero fue Juan Luis Vives, autor de varias obras pedagógicas y que fue calificado por los pedagogos alemanes de finales del siglo XIX y principios del XX como el padre de la pedagogía moderna.
En varias colaboraciones de esta revista he defendido ya esta teoría de que Vives fue el autor de nuestra genial obra. Y con la colaboración presente lo vamos a reforzar.
La educación integral de los niños, esto es, su conocimiento y su virtud, defendida por el valenciano, es la que expone Vives en sus tratados, como vamos a comprobar con textos sacados de las mismas.
En Linguae latinae exercitatio Vives describió de forma muy expresiva la finalidad de la educación. En una escena llena de ternura, un padre lleva a su hijo a la escuela por primera vez y dice al maestro:
«Te traigo a este hijito mío para que lo transformes de bestia en hombre.
JUAN LUIS VIVES
Y el maestro le responde:
Se hará: de bestia se convertirá en hombre».
(Linguae latinae exercitatio)
La misma idea y con las mismas palabras fue utilizada por El Quijote en el episodio del Cuento del loco de Sevilla (II, 1), en el que un loco piensa que ya estaba curado y dice que sus enemigos:
«Dudaban de la merced que Nuestro Señor le había hecho de volverle de bestia en hombre».
EL QUIJOTE
Dada la importancia de esta coincidencia, volvemos a poner las frases juntas: «para que lo transformes de bestia en hombre» (Vives), «volverle de bestia en hombre» (El Quijote).
Cuando un autor quiere que una idea quede bien grabada en los lectores, lo que hace es repetirla una y otra vez. En la misma obra que hemos citado —Linguae latinae exercitatio—, el último diálogo lleva por título Los preceptos de la educación, y en él vuelve Vives a expresar la idea que venimos comentando:
«Volvamos a leerlo. No hay nada más sensato que sus consejos, nada más consistente, prudente y sagrado que sus preceptos. Y de esta manera, con el anticipo que me ofreció de sí mismo, aumentó y encendió en mí de forma maravillosa la sed de beber de una fuente tan dulce de sabiduría. Yo he conocido por experiencia que esta fuente tiene la virtualidad de transformar a la bestia en hombre, al depravado y perverso en bueno, al hombre en ángel».
JUAN LUIS VIVES
(Linguae latinae exercitatio)
Y en otro pasaje de la misma obra:
«En segundo lugar, debemos esforzarnos en cultivar el espíritu y adornarlo con el conocimiento de las cosas y con el conocimiento y la práctica de las virtudes, pues de lo contrario el hombre no es hombre sino bestia».
JUAN LUIS VIVES
(Linguae latinae exercitatio)
En esta última cita, Vives expone con toda claridad su programa educativo: conocimiento de las cosas y conocimiento y práctica de las virtudes. Es lo que hizo también don Quijote, como hemos comprobado en el comienzo de este trabajo. Y todavía se insiste más en las mismas ideas dentro del episodio de El Caballero del Verde Gabán, quien afirma (II, 16):
«Vivimos en siglo donde nuestros reyes premian altamente las virtuosas y buenas letras, porque las letras sin virtud son perlas en el muladar».
EL QUIJOTE
No se pueden expresar con mayor fuerza las ideas que venimos exponiendo. Y, una vez más, Vives vuelve sobre la unión de conocimiento y de virtud en Introductio ad sapientiam (cap. II):
«Además, en la misma alma la instrucción se adquiere para evitar más fácilmente el vicio conocido y para secundar más fácilmente y poseer la virtud conocida, pues en caso contrario la instrucción sería superflua».
JUAN LUIS VIVES
(Introductio ad sapientiam)
Y en De disciplinis (2ª parte, II, 3):
«Cuando un niño sea llevado a la escuela, el padre debe saber que el fruto del estudio que al final debe tener en consideración, por supuesto, no es el honor o la riqueza, sino el cultivo del espíritu, algo que es de muy elevado e incomparable valor, esto es, que el joven llegue a ser más sabio y de mejor virtud por medio de una buena instrucción».
JUAN LUIS VIVES
(De disciplinis)
La conclusión que sacamos de todos los textos ofrecidos es que resulta prácticamente imposible que Cervantes, tal como lo conocemos, tuviera ese interés en unir conocimientos y virtudes y, si excluimos a Cervantes, el autor que más veces y con mayor insistencia defendió esa unión fue Vives y, por tanto, al que mejor podemos atribuir la autoría de nuestra magna obra.
BIBLIOGRAFÍA



(Promocional)
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