José Ramón Chaves

Trece libros para desternillarte de risa

Hay libros que entretienen. Hay libros que te hacen sonreir. Lo que es maravilloso es un libro que entretenga y te haga sonreír o reír a carcajadas.

Aquí van los libros de mi biblioteca personal con los que mas he disfrutado y que me gustaría compartir. Desearía olvidarlos para poder releerlos como algo nuevo.

Aunque cada uno es el mejor crítico literario de sus propias lecturas, creo que toda sugerencia de buena fe siempre debe ser bien recibida, y por eso me atrevo a indicar los trece libros que creo que, si se les da la confianza de superar una decena de páginas, harán las delicias del lector. No guardan ningún orden (alfabético, autor o género o calidad) ya que en la biblioteca se alojan según les place, pero todos tienen en común un excelente sentido del humor y contribuyen a mostrarnos que la fría realidad tiene un lado cálido y divertido, y eso, nos hará más felices.

Y por supuesto que os agradezco que en comentarios incorporéis la mención de aquellos libros que en vuestra adolescencia o madurez os han hecho reír y que siempre persistirán en vuestra memoria como fuente de nostálgica felicidad.

1. El Diario de Bridget Jones. Helen Fielding.

diario de bridgetHumor inteligente que toma por eje la soledad y el ingenio de una chica que ansia amor y amistad. Diálogos rápidos, situaciones extremas y una trama absorbente del peregrinaje hacia la felicidad.

Helen Fielding cedió los derechos para la película de igual título que irradia simpatía y gracejo pero no está a la altura de una novela que ofrece mas dimensiones, mas situaciones y mas vitalidad.

2. La conjura de los necios. John Kennedy Toolela conjura de los necios

Humor punzante con situaciones desbocadas en torno a una personalidad única e irrepetible.

John Kennedy Toole no legó la agria sorpresa de que pese a su inmenso sentido del humor y dominio de la caricatura emocional se suicidase sin ver publicada esta obra maestra (sería su madre la que consiguió su publicación para el placer de las generaciones futuras).

3. Gracias, Jeeves Wodehousegracias wodehouse

Humor fino y limpio, que va tejiendo una situación cotidiana con hebras de sorpresas, tan ingenioso como agradable.

Wodehouse fue enormemente prolífico y creó una auténtica serie con Jeeves, un mayordomo que siempre saca de apuros a su amo, como un Sancho Panza a la inglesa respecto de Don Quijote.

4. Sin plumas. Woody Allenwoody_allen

Humor denso en varios relatos que juegan con ironía, sarcasmo y desmitificación de lo serio.

Woody Allen nos demuestra que tras los guiones de sus películas hay un escritor que domina la metáfora, el giro expresivo y la situación cómica, con gotas de filosofía.

5. Cyrano de Bergerac. Edmond Rostandcyrano

Bellísima historia de amor salpicada de ingenio con situaciones desternillantes y diálogos brillantísimos.

Edmond Rostand, tras el estreno de esta obra teatral (1897) recibió del Ministro francés del ramo de la Legión de Honor, y además convirtió a Cyrano en el mito del enamorado no correspondido (cuyo trasunto festivo es la figura reciente del “Pagafantas”).

6. La venganza de don Mendo. Pedro Muñoz Secala venganza de don mendo

Una pieza teatral ambientada en la España medieval con una rima simple pero divertidísima y una trama donde se mezcla en clave de humor el amor, el poder y los pecados capitales, trabado increíbles con juegos de palabras.

Muñoz Seca fue un personaje en la vida y un autor divertidísimo hasta su muerte, donde instantes antes de ser fusilado gritó a sus verdugos mientras le apuntaban: “Podéis quitarme mis propiedades y la vida, pero lo que jamás podréis quitarme… es el miedo que estoy pasando”.

7. La gran impúdica. Pitigrillipitigrilli

Relatos con humor ácido que llega a la mente y al corazón

Pitigrilli produjo infinidad de obras literarias, todas sociales y todas con un humor ingenioso pero terriblemente indigesto por la crudeza de lo que desvela.

8. Tres sombreros de copa. Miguel MihuraSombreros de copa

Una obra teatral breve, bajo cuya aparente simpleza hace aflorar explosiones constantes de humor brillante con situaciones absurdas que provocan ronroneos de placer intelectual.

Miguel Mihura demuestra como una situación sencilla puede ofrecer una grandísima riqueza de situaciones divertidas sin perder de vista la crítica social.

9. El laberinto de las aceitunas. Eduardo Mendozalaberinto

Una trama absurda con delirios verbales únicos y que atrapa al lector con una sonrisa permanente.

Eduardo Mendoza es un escritor español de altura internacional y que consigue mejorar con cada nueva obra. Siempre engancha, siempre seduce y siempre divierte.

10. El mundo es un pañuelo. David Lodgelodge

Humor sin frivolidad en situaciones serias.

David Lodge es un profesor universitario con la virtud de saber reírse de su profesión y de la Universidad, además de dominar la técnica de la novela magistralmente. 

11. El último soltero de Nueva York. Dyan SheldonSheldon

Humor rápido, lúcido y visual en torno al amor y la madurez.

Dyan Sheldon es una escritura con una prodigiosa pluma para hacer feliz al lector desde su conocimiento de las emociones simples de las personas que mueven el mundo moderno.

12. El libro de Rachel. Martin Amislibro de rachel

Un prodigio de humor de altos vuelos, con diálogos e imágenes que provocan la mueca y la sonrisa fácil.

Martin Amis es un autor inglés que mezcla su estilo culto y laborioso con una imaginación desbordante y guiños intelectuales constantes al lector. Sabe despertar reflexiones y sonrisas inéditas en el lector.

13. Becas flacas. Tom SharpebecasUna situación delirante que provoca carcajadas encadenadas.

Tom Sharpe es un autor prolífico y un maestro en situaciones enloquecidas pero creíbles en torno al poder, a la condición humana y al motor del mundo. 

En suma, hay que dar una oportunidad a estos libros. No se arrepentirá. En todo caso, si no le gusta, dése el gusto de abandonar el libro que no le atrapa en las primeras páginas, que es sano y recomendable.

Y recuerde que “desternillarse” (no “destornillarse”) supone reír a mandíbula batiente, hasta que las “ternillas” o cartílagos de la mandíbula padecen un dolorcillo gatuno.

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