Jesús A. Losana. Toledo “noir”

Para comenzar con los datos básicos de “Compromiso adquirido” despejemos algunas de las claves de la novela de Jesús A. Losana. Además del título y del nombre del autor, sepamos: “542 páginas. Skyline de Toledo. Accidente de coche de empaque en primer plano, algunas manchas de sangre. 2016. 3ª Edición. Thriller negro.”

En estas apenas tres líneas y escasas 20 palabras se condensa un mundo de esfuerzos, sensaciones, amor por el trabajo bien hecho e ilusiones…, del autor, su entorno y la editorial… y por sinergia necesaria: complicidad de los lectores.

Compromiso adquiridoCompromiso adquirido” no solamente es el título de la novela es el compromiso del esfuerzo titánico que tiene que hacer un escritor que trabaja en otros menesteres para sacar tiempo de donde no lo hay y dedicar horas y horas y más horas a componer una obra de envergadura: 542 páginas como ya he dicho, y además procurar no dar puntada sin hilo y que todo encaje a la perfección, esté bien documentado y se exija a sí mismo que esté bien escrito para un hombre que entonces no tenía el suficiente oficio de escritor.

Pues, que te puede pillar el toro…, pero no ha sido el caso, porque el resultado es esta obra que desarrolla la acción entre Toledo, Madrid y Zaragoza (de ahí el Skyline de Toledo), es una narración que gira en torno a las traiciones, a la corrupción política (ya nos anunciaba algo el vehículo de empaque accidentado), y que no permite que tomemos aliento para mirar otros aspectos del ser humano que no estén al límite, y como no podía faltar: a la muerte se le une el amor, o el desamor que de eso también hay.

Una novela cercana a la novela negra, o que funde dos estilos, usada como mejor instrumento narrativo para conocer la parte más oscura de la sociedad y en especial de las hechuras del individuo, sobre todo cuando los más bajos instintos adoban su existencia.

Jesus A. Losana y Angel Felpeto
Jesús A. Losana hace entrega de un ejemplar de su libro al Consejero de Cultura de Castilla La Mancha, D. Ángel Felpeto

Pero, algunos de ustedes, dirán que este tipo de libros no son literatura con mayúsculas, que es mero y vano entretenimiento, que no alimenta el alma, etcétera. No se equivoquen, hablemos de géneros y pensemos que como en otras artes cada uno tiene su técnica y su estructura y composición. Tan obra de arte es el realismo de Galdós como las Greguerías de D. Ramón Gómez de la Serna, aquí se me antoja el símil de un cuadro de Madrazo en contraposición a un Picasso, por decir algo y salvando las distancias.

Por tanto, piensen los escépticos a “géneros menores”, mal llamados así, que todos los géneros de la narrativa están al mismo nivel. Y ejemplos no faltan para convencer de lo dicho:

Premios Planeta recientes: a Lorenzo Silva y sus novelas de guardias civiles, o a Dolores Redondo y sus agentes forales en la Navarra profunda. Novelas negras…, muy negras. Y este año, sin apartarnos del premio más cuantioso del panorama “letreril” hispano, un thriller oscuro de investigación con el que ha ganado hace unas fechas Javier Sierra.

Pues sí, el entretenimiento manda y mucho, porque si los libros no son amenos pierden uno de sus mayores exponentes.

Jesus A Losana y Carlos de Tomás - Mesa

Deseo terminar estas breves palabras sobre el valor del género con otro ejemplo: la novela que lanzó a la consagración, y le otorgó reconocimiento hace muchos años, al anterior Premio Cervantes D. Eduardo Mendoza, fue una novela negra, negrísima: “La verdad sobre el caso Savolta”.

El buen escritor y sus letras han de estar por encima del género, y en el caso que nos ocupa, mi recomendación y mi apuesta de futuro por Jesús A. Losana. La oportunidad es pequeña para autores desconocidos y especialmente autores de “opera prima” como es este caso. El filtro de la calidad está desvelado, con Jesús hay escritor para rato, pues ya va diciendo que su segunda novela está en el cajón del escritorio.

Y para terminar, desvelar las últimas cifras de ese resumen-definición que les apuntaba al comienzo de estas palabras: 2016 – 3ª edición.

Un año hace ya que se presentó la novela en La Puebla de Montalbán, lugar del escritor. Desde entonces, un buen puñado de reseñas positivas en diversos medios nacionales y regionales y otro buen puñado de presentaciones por distintas ciudades: Madrid en mayo, La Feria del Libro de Madrid en junio, y este otoño en el Casino de Madrid, entre otros lugares más alejados. Ahora, en la Biblioteca del Alcázar de Toledo presentado por el Consejero de Cultura de Castilla La Mancha D. Ángel Felpeto el pasado día 24 de noviembre.

Al cabo del año ha querido el destino que vuelva a Toledo en ese bucle necesario por autor toledano y destino de la obra. Nunca mejor colofón anual que en ese emblemático lugar. Y que conste que el trasiego no para pues el próximo día 19 de enero Jesús Losana estará en Salamanca como autor invitado al “Ciclo de Encuentros Literarios” que todos los años organiza Editorial Amarante, en este caso abriendo el ciclo: “Novela Negra”. Recuerden, 3ª edición, en breve la 4ª y sigue y sigue, porque lo merece y los lectores lo demandan.

Jesus A Losana - prensa 2017
Reseña de la presentación en “La Tribuna de Toledo”

Juan Meléndez Valdés. 200 aniversario

Hace 200 años moría exiliado en Francia, como su amigo Francisco de Goya y otros tantos intelectuales y artistas españoles a los que los azares de esta España siempre a cuestas con la trifulca y el sinsentido acostumbra a lapidar a los suyos, y en especial siempre a los más ilustres, que en vez de aprender de ellos y ponerles en pedestal los arroja unas veces a las fieras y otras al olvido. Esperemos que ahora no ocurra en Cataluña con Serrat, Eduardo Mendoza, y tantos otros que intentan poner cordura y lucidez en una sociedad que repite y repite y comete siempre los mismos errores.

Poeta, por encima de todo, que anticipó en sus últimas obras el romanticismo que llegaba con fuerza desde afuera, Meléndez Valdés es ese escritor para muchos pre-romántico, en un país donde nunca existieron de esos, como Schiller, Alfieri o el mismo Goethe.

Ilustrado y afrancesado, grandes pecados nacionales después de la Guerra de la Independencia. Ahora, cuando hace 200 años que falleció este ilustre extremeño, ligado profundamente a Salamanca y su universidad, pocos actos, reconocimientos y reseñas alumbran ni siquiera el mundo de las letras. Solo un par de palabra resumen lo referido: patetismo patrio. Pero, por otro lado y desde esta cabecera, que anhela estar siempre del lado de la cultura y especialmente de las letras: Homenaje y recuerdo al maestro.

Biografía

(fuente: Real Academia Española de la Lengua)
Ribera del Fresno (Badajoz), 1754-Montpellier (Francia), 1817
Juan Meléndez Valdés

Elegido académico de la R.A.E. honorario en 1810 y de número en 1812.

Juan Meléndez Valdés fue «el poeta más destacado dentro de las corrientes líricas del siglo XVIII», en palabras de Alonso Zamora Vicente en su Historia de la Real Academia Española (1999, 2015).

Catedrático, fiscal y magistrado, inició la carrera de Derecho en 1772 en la Universidad de Salamanca. En esa ciudad, participó en las academias poéticas, en las que se recitaban y comentaban los autores clásicos y renacentistas, al tiempo que los tertulianos leían sus propias creaciones líricas —Meléndez Valdés adoptó el apelativo poético de Batilo. Como indica Emilio Palacios Fernández —editor de varias obras de Meléndez Valdés— en el Diccionario biográfico español(2011), José Cadalso, «que vivía entonces momentos de esplendor creativo», acudió a la capital del Tormes, siendo su presencia determinante para marcar el rumbo que tomaría la obra de los jóvenes poetas de la llamada escuela poética salmantina.

CONCURSO POÉTICO 

En 1780 la Real Academia Española convocó su tercer concurso poético. Como recuerda Víctor García de la Concha en su obra La Real Academia Española. Vida e historia (2014), contendieron, entre muchos otros, un poeta de renombre, Tomás de Iriarte, y el joven Meléndez Valdés. Debían componer una égloga en «alabanza de la vida del campo» y Valdés escogió una vía neoclásica: «Recordó a Garcilaso e hizo que, en estancias llenas de armonía, dos aldeanos celebraran su tranquila existencia con sus pastoras y ganados, cantando y tocando el caramillo». Ganó Meléndez Valdés con Batilo —así se llamaba su égloga—.

Un año después, en 1781, obtuvo la Cátedra de Humanidades en Salamanca. En esta misma fecha visitó en Madrid a Gaspar Melchor de Jovellanos, quien, como señala Palacios Fernández, acabó siendo su mejor amigo y maestro, especialmente tras la muerte de Cadalso, en 1782. «Este encuentro orientó por nuevos derroteros las inquietudes poéticas de Meléndez Valdés hacia una lírica de tono clásico y después hacia la poesía ilustrada, preocupada por razonar sobre temas sociales, filosóficos y morales». Ese mismo año obtuvo el grado de doctor, como culminación a diez años de estudio.

Su carrera literaria recibió una nueva confirmación en 1784. El Ayuntamiento de Madrid convocó un premio que se otorgaría a dos dramas originales «ajustados a las reglas del arte». Como señala García de la Concha, el jurado, presidido por Jovellanos, eligió Los menestrales, de Cándido M.ª Trigueros, y Las bodas de Camacho el rico, compuesto por Meléndez Valdés.

UN ILUSTRADO

En 1785 publicó Poesías, que dedicó a Jovellanos. La segunda edición, en tres volúmenes, apareció en 1797. El libro, dedicado a Manuel Godoy, «estaba formado —apunta Palacios Fernández— por algunos de los viejos poemas y otros nuevos que reflejaban su compromiso con la sociedad y con sus ideas ilustradas […]. Por entonces, Francisco de Goya le inmortalizó en un retrato, en el que aparece serio y pensativo».

El nombramiento de fiscal de la Sala de Alcaldes de Casa y Corte en Madrid, en 1797, supuso para Meléndez Valdés un período de intensa actividad. Aunque solo ejerció el cargo durante siete meses, sus dictámenes, discursos y contestaciones son la base de sus Discursos forenses, que se publicaron en 1821. En 1811 aparecieron sus Poesías escogidas.

En la época de la invasión napoleónica, en un primer momento el poeta animó al pueblo español a combatir al ejército francés. Sin embargo, según señala Palacios Fernández, su actitud cambió. «Permaneció en Madrid y juró lealtad al rey José Bonaparte. Llegó a ser miembro del Consejo de Estado. Se convirtió en un personaje importante del régimen, al que se dieron recompensas y condecoraciones. Fue nombrado caballero de la Real Orden de España, miembro del Instituto Nacional y recibido en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y, sobre todo, en la Real Academia Española. […] La retirada de los franceses, en agosto de 1812, llevó consigo a una gran cantidad de tropas y personas comprometidas con su gobierno (afrancesados)».

DESTITUCIÓN DE LOS AFRANCESADOS

Su afrancesamiento le acarreó, como a otros compañeros de corporación, consecuencias en la Real Academia Española. Como anota Alonso Zamora Vicente, a mediados de octubre de 1814, «una orden personal de Fernando VII destituía a Ramón Cabrera de la dirección y le eliminaba de la lista académica, sin dar razones. Así, entre sobresaltos, se llegó al mes de noviembre. En junta del día 8 se leyó (siempre por oficio enviado por el ministro de Estado, duque de San Carlos) otro deseo de Fernando VII: la eliminación de la lista académica —y de otras corporaciones e instituciones— […] de los afrancesados y liberales […]. La Real Academia Española tuvo que prescindir de Vicente González Arnao, Juan Meléndez Valdés y José Antonio Conde. Igual suerte corrieron los supernumerarios Gómez Hermosilla y Juan Antonio Llorente».

Según cuenta Víctor García de la Concha, los académicos afrancesados —Iriarte, González Arnao, Meléndez Valdés, Conde y Llorente— «siguieron los difíciles avatares de la retirada de las tropas napoleónicas: Valencia, de nuevo Madrid, […] y evacuación definitiva, y muy penosa, a Francia». Allí, en Montpellier, «abatido y en la soledad del destierro», falleció Meléndez Valdés el 24 de mayo de 1817. Sus restos retornaron definitivamente a Madrid en 1866, por iniciativa de la Real Academia Española, para reposar en el Panteón de Hombres Ilustres del cementerio de San Isidro, junto con sus amigos Goya y Moratín.

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Claves sorprendentes del mundo literario, según Eduardo Mendoza

archivo_000-97Siempre he admirado a Eduardo Mendoza (reciente Premio Cervantes 2016) por ser literariamente “ambidextro”, con capacidad para escribir cosas serias y cosas divertidas con fuerza seductora, pero sobre todo porque algunas de sus numerosas obras (“El misterio de la cripta embrujada”, “Sin noticias de Gurp”, por ejemplo) tienen el envidiable don de atrapar al lector y hacerle sonreír, reír, reflexionar y no soltar el libro hasta terminarlo.

Para mí es un prodigioso cruce o delicioso cóctel de Tom Sharpe, Martin Amis y el anónimo autor del Lazarillo de Tormes. Casi nada.

Además resulta cautivador en las entrevistas por su cercanía, llaneza, claridad y mirada irónica sobre la compleja pecera que es la vida. De hecho acepta ser una combinación de gamberro y caballero:

Si eres solo un gamberro, eres un indeseable. Si solo eres un caballero, eres un muermo. (El País, 7-1-17).

Por eso, me pareció oportuno y útil espigar algunas entrevistas a D. Eduardo en que vierte opiniones y criterios sobre el oficio de escritor y el lugar del lector, que aunque siempre lo dice sin pretensiones de pontificar, creo pueden ser de gran interés a los que nos asomamos desde el burladero al mundo literario. Sigue leyendo Claves sorprendentes del mundo literario, según Eduardo Mendoza

Trece libros para desternillarte de risa

Hay libros que entretienen. Hay libros que te hacen sonreir. Lo que es maravilloso es un libro que entretenga y te haga sonreír o reír a carcajadas.

Aquí van los libros de mi biblioteca personal con los que mas he disfrutado y que me gustaría compartir. Desearía olvidarlos para poder releerlos como algo nuevo.

Aunque cada uno es el mejor crítico literario de sus propias lecturas, creo que toda sugerencia de buena fe siempre debe ser bien recibida, y por eso me atrevo a indicar los trece libros que creo que, si se les da la confianza de superar una decena de páginas, harán las delicias del lector. No guardan ningún orden (alfabético, autor o género o calidad) ya que en la biblioteca se alojan según les place, pero todos tienen en común un excelente sentido del humor y contribuyen a mostrarnos que la fría realidad tiene un lado cálido y divertido, y eso, nos hará más felices.

Y por supuesto que os agradezco que en comentarios incorporéis la mención de aquellos libros que en vuestra adolescencia o madurez os han hecho reír y que siempre persistirán en vuestra memoria como fuente de nostálgica felicidad.

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