José Ramón Chaves

Acertado Luis Landero: El mas listo es el que lee

Eso es lo que confiesa el admirable escritor Luis Landero (“Juegos de la edad tardía” – 1989, “El balcón en invierno” – 2014, etc) en una entrevista y es una frase de tanta simplicidad como belleza y verdad.

1. Podrá decirse que hay inventores, artistas y personajes exitosos que no solo no leen sino que incluso alardean de no hacerlo.

Podrá decirse que hay lectores empedernidos en paro.

Podrá decirse que la experiencia es la madre de la ciencia y no necesita de letras.

bibliotecasPero también habrá de decirse que hay personas sin títulos rimbombantes que son felices con sus lecturas, como hay infinidad de personas sin despacho, toga, ni etiqueta, que se mueven como pez en el agua gracias a sus conocimientos leídos.

Y habrá de decirse que leer no resta sino que suma e incluso multiplica.

Que leer enriquece las habilidades de comunicación lingüística.

Que ofrece y acerca mundos lejanos y experiencias ajenas.

Que nos hace poner en justa perspectiva las experiencias propias.

Que nos satisface la curiosidad de lo que deseemos conocer.

Y que nos hace comprender mejor el mundo que nos rodea y ser mas tolerantes y sentirnos mejores y mas felices en nuestros universos mágicos de páginas escritas por otros.

2. Resulta sorprendente que hay personas que se fustigan horas en el gimnasio o pistas deportivas para fortalecer el músculo físico y en cambio desatienden el “músculo cerebral” cuando las neuronas son el mayor regalo para el ser humano y que como las plantas, si no se riegan, se encogen y pudren.

regando el cerebro3. Es cierto que hay muchas fuentes de alimentar las redes neuronales: el cine, el arte, la tertulia, etc, pero una de las más cómodas y efectivas es la lectura. Somos los dueños de elegir el tema y el ritmo de lectura, y además lo leído se reparte en una nube de conocimientos. Unos almacenados discretamente que aflorarán cuando menos lo esperemos y otros quedarán enraizados para utilizarlos conscientemente en la vida personal, profesional o social.

4. Me maravilla la clarividencia de Luis Landero en esta afirmación en la entrevista sobre los “malos tiempos para la lírica lectora”:

Uno puede hacer vaticinios y resultar que dentro de veinte años haya una rebelión, que la gente quede hasta los güevos de la cosa digital y vuelva al libro, que de repente se convierte en un invento revolucionario. De momento lo que es visible es que vamos a peor, basta hablar con el librero o el profesor. En España hay un núcleo duro de lectores, pero falta cantera para sustituirlo. Hay mucha competencia, desde las maquinitas hasta la televisión con sus series magníficas. Si a eso se suma internet y las prestaciones del móvil, ves cómo cambia el entorno y te encuentras con que en el tren o en el metro nadie lleva un libro. No quiero ser pesimista, pero todo invita a un olvido de la tradición y la lectura. Queda un núcleo importante, que quizá sea el más decisivo, la esperanza para el futuro de la sociedad. Ahora mismo el más listo es el que lee. Si un joven me preguntara qué tiene que hacer para triunfar, le diría que leyese, que aprenda a escribir, a hablar, que adquiera referentes y la agilidad mental que te dan los libros. Con todo eso uno se desmarca y puede ser el más listo de la banda. Me niego a pensar que esa maravillosa tradición literaria, filosófica y humanista que tenemos se vaya a liquidar así como así, aunque los signos van por ahí. Shakespeare no fue en vano.”

niños leyendo5. También acierta Luis Landero cuando afirma que en la juventud todos queremos saber historias sin que nos importe mucho si están bien escritas. Dice Luis que “Se te abren los ojos y más si ya vas con un enorme deseo de conocer”. Y aunque la frivolidad juvenil nos lleva a interesarnos mas por el fondo que las formas (mas las batallitas contadas que como se cuenta), todas esas lecturas tienen algo bueno: la que no enseña, entretiene y las que ni enseñan ni entretienen, crea un hábito valiosísimo de explorar y criticar.

6. Leer no es una moda ni una extravagancia sino una necesidad. Espero que dentro de cincuenta años no tengan el mal gusto de alzar un “monumento al lector desconocido” como especie en extinción, sino mas bien un “monumento al lector empedernido” como signo de los tiempos. 

Gracias por comentar