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Los funcionarios al desnudo

Editorial Amarante - Los diez pecados capitales de los empleados públicos (Leyenda y realidad de una tribu universal)Acaba de publicarse el ensayo Los diez pecados capitales de los empleados públicos, del que son autores José Ramón Chaves, magistrado y Juan Manuel del Valle Pascual, abogado, y es una ocasión de oro para que cualquiera pueda asomarse al mundo burocrático, mundo que tiene muchos secretos para quienes están fuera de él y acaso no tengan la mejor de las opiniones, por lo que eso de los “pecados”, visto desde fuera tenga una especie de morbo particular que les suscitará cierto interés.


Aprovecho para realizar la siguiente entrevista unas horas antes de la presentación de su obra en el RIDEA – Real Instituto de Estudios Asturianos de Oviedo, y este domingo en la Caseta de la Librería Gaztambide en la Feria del Libro de Madrid.

¿Qué une a un abogado y un juez para ponerse a hablar de empleados públicos en vez de otras cuestiones jurídicas tal vez serias?
JR Chaves: Para hablar de cuestiones jurídicas serias están los tratados y los manuales y los profesores de universidad, que, créanme, además de serias, desde la visión exterior, lo que se puede decir de alguna de ellas es que son aburridas. Hemos sido ambiciosos para tratar lo más serio de una forma divertida, pues como decía Chesterton divertido es lo contrario de aburrido de aburrido, no de serio. Además de la sonrisa a vuelta de página al lector le espera tropezarse con la humanidad de unos personajes y unas situaciones que se mueven en esa inmensa pecera que es la administración.

Por eso, para hablar de los empleados públicos y su mundo, hacían falta dos voces que hubiesen nacido de la experiencia y bien armonizadas. Y es que Juan Manuel y yo compartimos muchos trienios de servicio a la administración, donde hemos sido testigos privilegiados, e incluso víctimas, de lo que sienten, disfrutan o padecen los funcionarios, como de las percepciones de los ciudadanos. Si además unimos la amistad, sintonía y gusto por las letras que nos une, podría pronosticarse que el plato final sería nutritivo y entretenido.

JM del Valle: En efecto, quien no conozca los sueños y pesares de los funcionarios va a encontrase con que donde hay pecados también hay virtudes –todos tenemos un poco de cada cosa-, y en todo caso un mundo lleno de unas vitalidades con las que es fácil que encuentren conexiones. Hemos preferido no utilizar la expresión funcionarios en el título del libro como un signo de complicidad, para reducir distancias, porque el lector se va a sentir más cómplice de los empleados que de los funcionarios, porque todo el mundo comprende mejor el empleo que la función, y explicamos las diferencias. Y lo hemos visto y contado desde dentro y desde fuera, como si fueran figuras en 3D, esto es con fondo y recovecos, palacios y covachuelas, con penas y alegrías, miserias y grandezas, porque, al cabo, se les llame como se les llame tienen más en común con el lector de lo que es de imaginar, son humanos, y hay que decírselo a la gente para que lo comprenda. Aquí damos la visión de un juez y un funcionario, de dos profesionales del derecho que somos o hemos sido empleados públicos, porque al público hemos empleado mucho tiempo de nuestra vida, ya que no sólo hemos atendido a nuestros jefes, o a la institución de la éramos o somos funcionarios, sino al público, que está más presente de lo que nadie puede pensarse de quien prefiere seguir su vocación de trabajar por los demás, antes de hacerlo sólo para sí mismo, ya que el empleo privado siempre ha estado más reconocido, mejor pagado, pero tal vez menos recompensado humanamente.

Editorial Amarante - Los diez pecados capitales de los empleados públicos (Leyenda y realidad de una tribu universal). Foto: La Nueva España

Editorial Amarante – Los diez pecados capitales de los empleados públicos (Leyenda y realidad de una tribu universal). Foto: La Nueva España

¿No están los funcionarios ya bastante criticados como para tildarles, además, de pecadores?
JR Chaves: Somos los primeros defensores de los funcionarios públicos y, en cuanto lean el libro, lo verán. Por ello, precisamente, han de tomar conocimiento de la existencia de leyendas negras sobre su pereza, su intransigencia o ambición, de lo que nos interesa mostrar su realidad y su mito, separando el polvo de la paja, para ir de la leyenda a la ley, que tanto hay oro de ley entre los empleados públicos, como baratijas. Lo curioso, pero injusto, es que se difunda mas lo poco malo que lo mucho bueno, así que nos esforzamos en combatir esta percepción distorsionada.

JM del Valle: Bueno, visión cruel de los funcionarios que no solo parte de la ciudadanía posee sino que aviva la literatura más reconocida. No deja de ser curioso que lo más negativamente escrito de los funcionarios de deba a los autores del siglo XIX, o sea, de hace casi dos siglos, como si fuera perfectamente actual, cuando no lo es. La cosa ha cambiado mucho y tiene que cambiar aún más.

Nadie piensa en un empleado público cuando un médico le salva de la muerte, un enfermero le atiende en un hospital, un bombero le salva de una riada o se juega la vida en un incendio, o un profesor le saca de la ignorancia, le ayuda a desarrollar su vocación. No es ésta la idea que se tiene de un empleado público, sino que solemos quedarnos con la de quien le atiende en la Agencia Tributaria para pagar impuestos, en el Servicio de Empleo sin que le den trabajo, lo que es ingrato. La sanidad, la educación, las carreteras y un sinfín de servicios públicos son prestados discretamente por empleados públicos, es decir profesionales imparciales.

Sus despachos gestionan lo que vemos en la calle. Muchos se quejan culpando al mensajero o empleado público en vez de al mal legislador. Tampoco se tiene en cuenta que tras la gestión del funcionario está la decisión de la autoridad, que a veces no ayuda sino que estorba; tampoco se tiene en cuenta si para hacerlo se cuenta con la financiación suficiente.

Hay algún empleado público corrupto, es verdad, pero hay muchos más que luchan silenciosamente y jugándose el tipo con la corrupción de los que deciden todo eso y más, decidiendo si un terreno debe calificarse de rústico o urbanizable –con el dineral que ello conlleva y ningún funcionario malversa- sin tener, o atender, la información precisa para decidirlo.

Editorial Amarante - Los diez pecados capitales de los empleados públicos (Leyenda y realidad de una tribu universal)

JM del Valle y JR Chaves

¿Quiénes son los destinatarios de esta obra?
JR Chaves: Si tenemos en cuenta que todos los ciudadanos estamos condenados a relacionarnos con empleados públicos a lo largo de la vida, bien está que todos sepamos a lo que nos enfrentamos.

JM del Valle: Los primeros, los ciudadanos, que van a tener que verse de frente con los empleados públicos, es decir, es un poco vacuna; pero también los propios empleados públicos, que van a tener que verse de frente con los ciudadanos… y con sus jefes, y con la opinión pública, es decir, los reporteros del Gran Wyoming, los miembros del partido de la oposición, los maledicentes vocacionales, los que se quejan justamente… Con todos, en suma. Se llega a funcionario porque se gana una oposición, porque se aprende un temario, se hacen bien unos ejercicios. Pero la vida es más compleja, y se aprende viviéndola. Muchas cosas de las que se cuentan en nuestro libro ni se imaginan cuando se estrena uno como empleado público, y las administraciones no se ocupan de que sus empleados públicos las aprendan. Y a nosotros se nos ha ocurrido contarlo, después de llevar muchos trienios sobreviviendo en esa selva de desinformación, para que la gente se defienda con nuestra experiencia.

¿Cuál creen que es el peor pecado de los empleados públicos?
JR Chaves: ¡La paciencia! Porque tienen que aguantar mucho político torpe y algunos ciudadanos arrogantes.

También suele decirse que la pereza pero pienso que el pecado que hemos añadido a los clásicos, y bautizado como “oportunismo”. Ellos entran en lo que se llama la carrera administrativa y desde la toma de posesión, piensan en cobrar mejor, mandar más, promocionarse… En fin, legítimas aspiraciones pero en un entorno donde entra en juego la variable de la política y el sector en que se aterriza. No es igual la promoción del técnico del Técnico de Señales Marítimas (antiguos Torreros de Faros) que la de administrativos del Ayuntamiento de Madrid. Esa lucha por la promoción administrativa recuerde al juego del Monopoly aunque alguien hace trampas, tanto de políticos maliciosos como de jugadores avispados.

JM del Valle: Pues sí, la paciencia tal vez, la que les hace aguantar todo lo que les echen sin hacer lo posible por cambiarlo, por cambiar a los superiores, a los compañeros y a los subordinados. Hay que ser paciente para comprender e impaciente para molestarse en hacer más allá de lo que es exigible por cambiarlo. Paciente para oír y escuchar, pero impaciente para mejorar y exigir que se mejoren las cosas. Hay que tener orgullo frente a los orgullosos, y paciente para conseguir que dejen de serlo sin serlo uno mismo, pero aguantando el chaparrón cuando llueve, para achicar después el agua sobrante.

La pereza es la más criticada, y existe en las administraciones y en más sitios. Pero, la verdad, si un empleado abusa de ella es porque su jefe no le corrige; de igual manera que no premia al que trabaja de más, al que desincentiva la desidia del anterior. Con lo que los estándares de trabajo pierden grados por ese estado de la cuestión. A buen rey, mejor subordinado.

¿Cuáles son los antídotos o recetas frente a esos pecados de los empleados públicos?
JR Chaves: Creo que no valen los códigos éticos ni las buenas palabras. El mejor estímulo para un funcionario es sentirse valorado por la sociedad y por la autoridad que le marca el ritmo. Si no te valora ni el jefe ni el cliente, viene el desencanto y la pasividad.Editorial Amarante - Los diez pecados capitales de los empleados públicos (Leyenda y realidad de una tribu universal)

JM del Valle: Hay que rebelarse contra la injusticia, la estulticia. Sin perder las formas, pero atendiendo a lo material, a lo trascendente. Todos debemos esforzarnos en comprender el sistema público. Tanto los superiores, como los ciudadanos deben entender que no es fácil encontrar soluciones a tantos problemas de todos; que los panes y peces presupuestarios no se multiplican, que es difícil la cuadratura del círculo de contentar a todos. Como funcionarios hemos de aceptar las dificultades del sistema, que no olvidemos tiene raíz democrática, y esforzarnos en salvar las dificultades de lo cotidiano, las rutinas, las formas, como también debe el público comprenda las limitaciones del servicio.

¿Su obra que referentes tiene?

JR Chaves: Confesamos que nos inspiramos en la legendaria obra de Fernando Diáz-Plaja, Los siete pecados capitales de los españoles, célebre ensayo que dice verdades en clave de humor y con grandes dosis de autocrítica. Eso sí, nos pasamos con los pecados la añadirle tres, la frivolidad, la intransigencia y el oportunismo. A veces nos quedamos cortos con los destinatarios al limitar tal visión a los empleados públicos.

JM del Valle: Ha sido un punto de partida, no demasiado más, la verdad, pero a veces resultará curioso ver que a los empleados públicos varios de ellos les son ajenos; y que los que sí son propios tienen sus razones y también sus sinrazones. Y, sobre todo, que frente a estos pecados hay no menos virtudes, y muchos esfuerzos para que éstas compensen a aquéllos.

¿Hay mucha literatura de funcionarios?
JR Chaves: En el siglo XIX de la mano de Baroja, Pérez Galdós o Larra, se mostraba el mundo sombrío de las oficinas públicas y las penurias de los cesantes. En el siglo XX no faltan plumas que se mueven en la crítica cómoda y la pincelada costumbrista como Paco Umbral o Cela. Y si pasamos al ensayo con salto espacial nos encontramos con las Leyes de Peter que se refieren al funcionamiento burocrático y las reglas de competencia e incompetencia.

Editorial Amarante - Los diez pecados capitales de los empleados públicos (Leyenda y realidad de una tribu universal)

JM del Valle, JR Chaves y Ana Caro

JM del Valle: Pues hay más literatura que realidad, más antigüedad que actualidad. Es como las noticias, que las cabeceras de los periódicos se ensañan más con lo malo que con lo bueno. Esos autores, o son de otro tiempo, o de otros mundos. La paciencia de la que ha hablado mi compañero de tareas ha hecho que se acepte lo que se dice antes que rebelarse frente a lo que no es cierto. Hay que poner las cosas en su sitio, reconocer los errores del colectivo, pero también contando todo lo bueno que se les ha escapado a tan brillantes autores, que debieron tener muy malas experiencias, pobres, sin que hubiera otros –y aquí se cita a no pocos- que tuvieron y tienen cada día otras experiencias bien positivas que hablan mucho a favor del colectivo, por cierto que sin citar ejemplos. Acaso porque estos son menos llamativos para la literatura, para el periodismo. Lo cotidiano no tiene titulares de prensa, novelas, tratados, pero están ahí. Los empleados públicos no tienen -bueno, no tenían- quien les escriba… bien, claro, como el coronel de García Márquez. Y nosotros lo hacemos un poco. Pero como no es cuestión de empatar el partido con una remontada de goles –tipo España/Malta- pues nosotros hacemos algo para poner las cosas más cerca de su sitio, que también hay mucho que corregir.

¿Por qué creen que la mayoría de los ciudadanos critica a los funcionarios pero querrían serlo ellos o para sus hijos?
JR Chaves: Esa es una paradoja curiosa muy española. Se critica lo que se envidia. Y ciertamente se envidia la estabilidad y seguridad del trabajo del funcionario, aunque no sus retribuciones.

JM del Valle: Pero las cosas están cambiando, porque ellos están empezando a querer ser emprendedores, según las últimas encuestas. Debe ser porque se ha extendido la idea de que es estabilidad en la proletarización la de los empleados públicos, en cobrar poco y trabajar más de lo que se retribuye. Más en serio, los padres queremos seguridad para nuestros hijos, porque también la quisimos para nosotros. Y algunos lo queremos también porque tuvimos vocación para ello y todavía la seguimos teniendo. Es que también da gusto trabajar a favor de los demás. Es como una religión de andar por casa, y por ello bautizamos en ella a nuestros hijos. Que apostaten ellos si quieren.

¿Tiene derecho a quejarse y equivocarse el funcionario que cobra modestamente?
JR Chaves: Curiosamente los funcionarios no se quejan sino que aguantan porque se sienten profesionales y muy espartanos. Aguantan cambio de leyes, cambio de jefes, aceptan autoridades políticas que no saben gobernar, soportan medios escasos… Y sin embargo ahí están día a día como la cara visible frente al ciudadano.

JM del Valle: Poco se quejan, o nos quejamos, para lo que se debiera. Lo que pasa es que no le damos tres cuartos al pregonero, y nos quejamos entre nosotros, para ver si cambia la cosa. Y por una especie de pudor, que es aprecio a nuestro ministerio, o ayuntamiento, a la función pública, vaya, no lo cantamos en la plaza pública. Algo de masoquismo hay en eso de ser funcionario público, si me permites la broma. Y si se me permite la generalización, el español es de mucho quejarse.

¿Qué pretende su obra?
JR Chaves: Provocar una sonrisa al lector y aclararle las leyendas negras sobre los funcionarios. Va de reflexión hacia la anécdota y con frecuentes guiños al lector, con una estructura cómoda para leer, incluso al estilo de la rayuela, saltando de un apartado a otro.

JM del Valle: Cuando era más joven había un anuncio, el de la Quina Santa Catalina, de la que se decía: Es medicina y es golosina. Pues esto es lo que pretende esta obra en una primera intención, enseñar animosamente a que se cambien, a que se mejoren las cosas, que es nuestra segunda intención. Por eso esto último es lo que aportamos para rebelarnos en alguna medida contra el sistema, para no ser pacientes con lo que no nos gusta. A la vez que queremos informar al ciudadano que no es empleado público la otra cara de la moneda; y a quien ya es empleado público, o quiere serlo, de qué percal está hecha la vestimenta del empleado público… y su ropa interior. La broma es el arma más letal para atacar a los malvados sin que se enteren hasta que sea demasiado tarde. Y para que los menos alertados lo pillen pronto.

Esté donde esté el lector, le va a resultar útil, pues tiene aquí muchas claves para saber dónde está el bien y dónde el mal, para que nadie le dé gato por liebre. Y si sirve para unas cuantas sonrisas ya habremos empezado una pequeña revolución silenciosa. Hay que ser un poco rebelde, y no hay mejor manera de debilitar a la maldad que presentando su cara más ridícula.

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