José Ramón Chaves

No habrá más Cervantes ni Mozart: malos tiempos para grandes titanes culturales

steinerLeo una entrevista periodística a George Steiner, eminente catedrático de literatura comparada, embajador de las Universidades de Princeton, Stanford, Ginebra y Cambridge, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2001, y su lucidez y claridad sobre la educación y los derroteros de la cultura bibliográfica me maravilla en las siguientes declaraciones que espigueo y que me provocan el ronroneo del aplauso callado junto a serias reflexiones.

Me atrevo a decir que no tienen desperdicio y nos ayudan a contextualizar la cultura.

1. Sobre la educación y el papel de la memoria.

Estoy asqueado por la educación escolar de hoy, que es una fábrica de incultos y que no respeta la memoria. Y que no hace nada para que los niños aprendan las cosas de memoria. El poema que vive en nosotros vive con nosotros, cambia como nosotros, y tiene que ver con una función mucho más profunda que la del cerebro. Representa la sensibilidad, la personalidad.

Archivo_000 (6).jpegEstoy de acuerdo. Soy hijo de una época en que la memoria se utilizaba para almacenar datos, situaciones y contextos de historia y ciencia. Y sobre esos datos, frases y episodios “memorizados”, se podían “colgar” más datos y así poder recuperarlos de forma metódica y rápida, cuando se hacía preciso opinar o solucionar un problema.

Sin embargo, hoy día parece que la memoria tiene que se volátil, porque como todo está en la red, no hay razones para almacenar conocimientos. Creo que esa vituperación del saber memorístico pasará factura a la sensibilidad, solidaridad y productividad de la generación que hoy se mueve en la adolescencia como surferos de la espuma de la información, sin percatarse de que bajo las aguas del mar hay vida maravillosa.

2. Así y todo el diagnóstico del sabio Steiner es optimista:

Enormemente optimista. Vivimos una gran época de poesía, sobre todo en los jóvenes. Y escuche una cosa: muy lentamente, los medios electrónicos están empezando a retroceder. El libro tradicional vuelve, la gente lo prefiere al kindle… prefiere coger un buen libro de poesía en papel, tocarlo, olerlo, leerlo. Pero hay algo que me preocupa: los jóvenes ya no tienen tiempo… de tener tiempo. Nunca la aceleración casi mecánica de las rutinas vitales ha sido tan fuerte como hoy. Y hay que tener tiempo para buscar tiempo.

Archivo_000 (6)Cierto. La conocida frase del cantante John Lennon es escalofriante: “La vida es aquello que te va sucediendo mientras haces otros planes”, y me atrevo a parafrasearla afirmando: “La vida es aquello que perdemos de leer, contemplar o reflexionar, mientras miramos un artilugio tecnológico con el mismo interés que una vaca viendo pasar trenes”.

No pierdo la esperanza de que algún día, por agotamiento, consiga convencer a mi hijo adolescente (pese a un rendimiento académico tan elevado como inexplicable) de que aparte la mirada del Smartphone y lea algo, estudie algo, demuestre curiosidad por la cultura y los porqués, saboree una buena historia en papel o película, en vez de entregarse a lo que, desde los prejuicios de mi edad y experiencia, se me antoja una cultura kleenex, de mensajes vacíos en móviles y tablets, superfluos y ridículos, sin huella ni legado mínimamente aprovechable.

3. Y la gran perla, al hablar de la situación o competencia entre cultura y ciencia, entre el fruto de la creatividad intelectual y el fruto de la investigación científica:

A ver cómo hablamos de esto, es delicado. Estamos usted y yo en una pequeña ciudad inglesa como Cambridge en la que, desde el siglo XII, cada generación ha producido gigantes de la ciencia. Hay ahora mismo 11 premios Nobel aquí. De aquí salieron Newton, Darwin, Hawking… Para mí, el símbolo del avance imparable de las ciencias es Stephen Hawking. Apenas mueve la esquina de una de sus cejas, pero su mente nos ha llevado al extremo del universo. Ningún novelista, dramaturgo, poeta o artista, ni siquiera el mismísimo Shakespeare, habría osado inventar a Stephen Hawking. Bien. Si usted y yo fuéramos científicos, el tono de nuestra charla sería distinto, sería mucho más optimista, porque hoy, cada lunes la ciencia nos descubre algo nuevo que no sabíamos el lunes pasado. En cambio –y esto que le digo es totalmente irracional, y ojalá me equivoque-, el instinto me dice que no tendremos un nuevo Shakespeare, ni un Mozart, ni un Beethoven, ni un Miguel Ángel, ni un Dante, ni un Cervantes el día de mañana. Pero sé que tendremos nuevos Newton, Einstein, Darwin… sin duda. Esto me asusta, porque una cultura sin grandes creaciones estéticas es una cultura empobrecida. Echamos mucho de menos a los titanes del pasado. ¡Ojalá me equivoque y el próximo Proust o el próximo Joyce estén naciendo en la casa de enfrente!

Es cierto que el sosiego de los escritores y artistas del pasado (los últimos diez siglos) les permitía una cultura clásica y enciclopédica, porque la “enciclopedia” de entonces eran unos conocimientos de cultura donde se manejaban con soltura los filósofos griegos, Homero, y de escritores cuya obra se atesoraba por ser fruto de una labor manual o imprenta artesanal. En cambio, en las dos últimas décadas, la “Wikipedia” y la globalización ofrece más conocimientos, libros, arte y planteamientos o ideas, de los que es capaz de digerir una cabeza en una generación.

En efecto, hasta hace veinte años, el menú informativo, cultural y bibliográfico, era frugal, tan escaso como selecto, y se saboreaba y rumiaba, sin pasar hambre y haciendo una buena digestión de palabras, ideas, técnicas, conceptos.

Pero tras la eclosión de internet asistimos a un buffet informativo libre y sin tasa, donde se puede comer todo lo que se quiera en la cantidad que se quiera, sin orden ni concierto, basta con abalanzarse a la red y tomar el video, la imagen, el texto… mirarlo y buscar otro compulsivamente, pero con ello se plantea el desinterés propio de lo que se ofrece abundante, unido al peligro de indigestión y dieta no saludable.

creando libroPor eso, la reflexión de Steiner es aguda. Si se siembra el cerebro con cuidado, de las buenas raíces, brotan plantas y árboles sólidos. Si se siembra con descuido, arrojando semillas variadas a puñados sobre terrenos no preparados, las raíces débiles provocan vegetación frágil y sin fruto.

Por eso, comparto la idea de que un nuevo Cervantes tardará en llegar (entendido como prodigio admirable de creatividad), pero la cruel paradoja radica en que para reconocer ese nuevo Cervantes, será internet y las redes sociales, y la mercadotecnia, los que nos dirán que literatura o qué obra de arte ha de ser considerada buena porque la tendencia que nos ofrecen las máquinas nos dicen o nos dirán que es buena. No sálo consumimos alimentos según marca el mercado, sino que consumimos cultura según marca la invisible tecnología. Terrible. Y mas terrible aún, resulta que tengamos que ser conscientes, de que aunque puede incrementarse con la tecnología la productividad de los genios, numerosa creatividad de calidad de anónimos autores jamás aflorará entre las brumas de tiempos rápidos y electrónicos, donde la mano de un mercado rápido y azaroso marca sus reglas.

Y lo digo en una bitácora, tecleando un ordenador y consultando la red, pero eso no impedirá que ahora me entregue a la lectura, con el placer de saborear experiencias y vida, que un generoso autor comparte, recreándolas con mi imaginación y deteniéndome a reflexionar cuando me place. ¡Qué delicia!

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