En un artículo anterior, ya hicimos referencia a los que me habían parecido los doce mejores documentales que habíamos visto en el reciente Festival de Cine de Málaga, reseñamos cuatro de ellos y entrevistamos a Gretel Marín, directora de El último país.

Hoy, reseñamos otros cuatro documentales y entrevistamos a Jorge Laplace y Juan Antonio O’Donnell, responsables de 23 disparos, que indaga sobre un caso que, 40 años después, aún sigue sin resolverse. Los cuatro documentales de los que hablamos en esta ocasión giran en torno al cine y sobre cómo el cine puede acercarse a la realidad, con soluciones estética y narrativamente radicalmente diferentes.

23 disparos de Jorge Laplace.- Nunca se ha aclarado la muerte de Manuel José García Caparrós en Málaga, el 4 de diciembre de 1977, en plena manifestación de apoyo a la autonomía de Andalucía. Este documental profundiza en los hechos. En la entrevista que publicamos en este artículo, se revelarán amplios detalles de la investigación realizada y explicaremos el contexto del trágico suceso.

 

La cosa vuestra de María Cañas.- El estilo de la artista multimedia sevillana María Cañas es rupturista, heterodoxo, provocador e inclasificable. Cuando aborda una realidad, no podemos afirmar que critica sino que, directamente, ataca e intenta no dejar títere con cabeza, nunca quedando en la superficie sino yendo hacia el tuétano de una realidad que intenta ocultar su lado oscuro. Lo hizo con Sé villana. La Sevilla del diablo, con EXPO LÍO 92 y lo vuelve a hacer con La cosa vuestra, que es su personal aproximación a las fiestas de San Fermín de Pamplona. De María Cañas, no esperen un análisis sesudo ni un reportaje construido de forma rutinaria y cartesiana sino un alarido libre y desencajado que busca revolvernos las entrañas.

 

Rodar en andaluz. El cine en los tiempos del cambio de Eduardo Trías.- Este documental forma parte de una trilogía (el que ahora comentamos es el segundo de la serie y se centra en la década de 1980) que revisa lo que ha sido el intento de crear un cine específicamente andaluz. Nombres como los de Miguel Alcobendas, Nonio Parejo, Pancho Bautista, Gonzalo García-Pelayo, Fernando Ruiz Vergara, Pilar Távora, José Luis López Rubio, Salvador Perpiñá, Francisco Rodríguez Paula, Luis Manuel Carmona, Antonio Cuadri o Juan Sebastián Bollaín desfilan por las imágenes de este documental mostrando el perfil de unos luchadores que intentaron sacar adelante un empeño titánico que se saldó de forma claramente desigual. Por encima del interés histórico de la propuesta y del ámbito regional al que se refiere, rezuma ese espíritu de los cineastas de raza que, por encima de unas circunstancias claramente adversas, trabajaron sin descanso para sacar adelante sus sueños. Y eso resume, en su esencia, la propia naturaleza del séptimo arte.

 

Margarita Alexandre de Fermín Aio.-  La personalidad y biografía de Margarita Alexandre son increíbles y fascinantes. Por ello, sorprende que el nombre de esta actriz y cineasta no sea más conocido en nuestro país. Tras formar parte del reparto de Correo de Indias (1942) de Edgar Neville, El negro que tenía el alma blanca (1951) de Hugo del Carril, Ronda española (1952) de Ladislao Vajda, Quema el suelo (1952) de Luis Marquina o Barco sin rumbo (1952) de José María Elorrieta, pasó a la dirección y a la producción, codirigiendo con Rafael Torrecilla Cristo (1954), La ciudad perdida (1955) y La gata (1956). Por cuestiones derivadas de su vida sentimental, acabó marchándose a la Cuba de la Revolución, participando en la producción de varias películas de Tomas Gutiérrez Alea como Las doce sillas (1962), Cumbite (1964) o La muerte de un burócrata (1966). Pero su vida y su trayectoria van mucho más allá y nos depara varias sorpresas en este documental de Fermín Aio, que acaba constituyendo un documento de incalculable valor histórico para un mejor conocimiento de la historia de nuestro cine.

 

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ENTREVISTA A JORGE LAPLACE Y JUAN ANTONIO O’DONNELL

(Esta entrevista ha sido realizada en colaboración con Marta Moreno, redactora de la revista Aurora Boreal).

El domingo 4 de diciembre de 1977, se convocaron manifestaciones en todas las capitales andaluzas para reivindicar la autonomía de la región. En Málaga, todo transcurría en medio de un ambiente festivo hasta que un joven empezó a subir la fachada de la Diputación Provincial para colocar una bandera andaluza, ante la negativa del presidente de la corporación a izar la enseña blanquiverde en el balcón del edificio, tal como había hecho la casi totalidad de las instituciones de la ciudad. La detención del joven encrespó los ánimos y acabó con la actuación de las fuerzas antidisturbios. Minutos después, un joven malagueño, Manuel José García Caparrós moría abatido por un fatal disparo de bala. Cuarenta años después, no se ha aclarado qué sucedió para que se produjera este desgraciado suceso y nadie ha sido nunca acusado de haber realizado el disparo. Al identificarse la bala como procedente del arma reglamentaria de la policía, todas las hipótesis apuntan a que el disparo procedió de la pistola de un agente. Pero hasta ahí se ha llegado tanto en el plano judicial como en el de la Comisión formada en el Congreso de los Diputados para, en principio, intentar esclarecer los hechos. Jorge Laplace ha dirigido, con la ayuda de Juan Antonio O’Donnell, exportavoz de la Policía Nacional, el documental 23 disparos para arrojar luz sobre esta tragedia. En esta entrevista, ambos nos dan detalles de enorme interés.

 

En primer plano, Juan Antonio O’Donnell, exportavoz de la Policía Nacional, que actúa como conductor del documental. En segundo plano, Jorge Laplace, director de la cinta. (Fotografía de Lorenzo Hernandez)

 

ACALANDA MAGAZINE: Hola, Jorge y Juan Antonio. Es una decisión muy valiente el intentar abordar el tema de la muerte de Manuel José García Caparrós, ¿no?

JORGE LAPLACE: Este trabajo viene de un encargo de la productora. Se cumplían cuarenta años del asesinato, de la muerte de García Caparrós y Canal Sur quería hacer un documental sobre el tema, sobre en qué punto está todo cuarenta años después. Lo que sí se eligió fue cómo contarlo. Ya se habían hecho dos o tres documentales y siempre habían sido documentales más reflexivos, con un sesgo mucho más político, opiniones… Y nosotros quisimos hacer un documental que pareciese una película de género, un thriller, y tuvimos la suerte de tener a Juan Antonio junto a nosotros, que cumplía esa misión de investigador, que es una investigación real. Una de las cosas que funcionan en el documental es que cuando tú ves a esos policías hablar con Juan Antonio y cuando ves a la gente relatando lo que vio, en todo momento es verdad. Todos son testigos directos, en primera persona. Y siempre tuvimos mucho respeto de grabar desde muy lejos. Fue, realmente, como intentar que todo lo que nosotros vivimos en el proceso de investigación, quedara reflejado en la película.

ACALANDA MAGAZINE: ¿Cómo llegasteis hasta Juan Antonio?

JORGE LAPLACE: Juan Antonio estuvo el día de la manifestación ejerciendo de policía y, además, es, probablemente, la persona que más documentación tiene sobre el tema.

JUAN ANTONIO O’DONNELL: En el documental, no dimos puntada sin hilo, como diría mi abuela. Ellos confiaron en mí. Ellos ya me conocían. ¿Por qué? Porque yo llevo hace muchísimos años, desde principios de este siglo, colaborando con las televisiones, especialmente con Canal Sur, porque fui portavoz de la policía desde 1998 a 2005 y eso me dio la opción de “envenenarme” con el virus de la comunicación. Y, desde entonces, ando, como Alejandro Sanz, con el “corazón partío”. Me buscan, me cuentan algo que yo tenía en mi debe personal e intento tirar del hilo. Yo me considero una persona de una inteligencia media normalísima pero con un sentido común que heredé de mi madre, muy, muy, muy fuerte, muy arraigado… Y cuando yo estaba viviendo esos momentos, era plenamente consciente de que eso era Historia. Y, cuando después, cuentan la Historia deformada, yo intento dar la versión correcta. Por ejemplo, cuando el inconsciente popular dice que el chico muere al intentar poner la bandera… Nada más lejos de la realidad. No porque mereciese morir ningún chico. Son muertes que nunca tuvieron que haberse producido. Al chaval que trepa por la fachada no le pasa nada. Yo le arresto, precisamente para evitar que intentara bajar de nuevo, y para que de alguna manera explicara qué había intentado hacer, que todos sabíamos lo que era, declaró y se fue a su casa. Luego, ese chico falleció por otras causas. Pero, ciñéndonos a lo que me preguntáis, y a lo que ha dicho Jorge, es indudable que para mí fue una enorme satisfacción que Ricardo Llorca, director de Andalucía Digital Multimedia, me llamase, porque ya me conocía por mis numerosas colaboraciones en Canal Sur, donde había estado muchos años en programas fijos, y entonces yo dije que este era el momento de hacer esta especie de catarsis que intenté hacer hace varios años con un libro (que, al final, escribió otra persona, por una serie de historias que ahora no vienen al caso y que no me interesa aquí exponer para no derivar la conversación)… Y eso es lo que en síntesis, que es muy difícil para mí, tenía que decir.

 

Juan Antonio O’Donnell, durante la entrevista. (Fotografía de Lorenzo Hernandez)

 

ACALANDA MAGAZINE: ¿Por qué creen ustedes que se impide que salga a la luz, cuarenta años después, toda la documentación relativa al caso García Caparrós?

JORGE LAPLACE: En el 77, había una cierta lógica porque todas las instituciones eran aún instituciones franquistas porque, realmente, había el miedo de que esa noticia derivara en un estallido social como, de hecho, pasó en los días posteriores a la muerte de García Caparrós, con rupturas de escaparates, entre otros incidentes… De hecho, tal como se cuenta en el documental, se encubrió. Y lo de hoy en día sí que es más difícil de entender. Cada uno sí puede tener su opinión personal de por qué la Mesa del Congreso no le da los papeles a las hermanas, algo que sería completamente justo, porque si hubieran matado a mi hermano y alguien tuviera información sobre el hecho y ese alguien, además, lo tiene durante cuarenta años y se niega, entiendo que eso sería un motivo de frustración enorme… Y, realmente, no entendemos por qué ocurre eso aunque yo pueda tener mi explicación personal sobre esa circunstancia.

ACALANDA MAGAZINE: ¿Cuál es el límite temporal de una información oficial clasificada?

JUAN ANTONIO O’DONNELL: La clasificación del Congreso no tiene límite. Ese es el gran error legislativo o normativo… Esa fue la primera investigación que se hizo en el Congreso de los Diputados, la primera comisión investigadora del Congreso, relativa a los sucesos de Málaga y Tenerife, y se aprobó de esa manera, y luego, si queréis, entramos en ello… Yo querría añadir dos cosas en este punto. Ustedes son jóvenes, la mayoría de los que lean esta crónica probablemente también lo sean, pero hay que recordar algo: el parecido de la España actual en normas y régimen democrático como el que felizmente tenemos no tiene absolutamente nada que ver con el sesgo social, la costumbre que existía entonces de callar, de taparlo todo… Y, sobre todo, el único motivo por el que yo disculpo, entre comillas, en parte, ese silencio era que se estaba intentando establecer las bases de una democracia, la paz social… No teníamos siquiera ni Constitución… Las instituciones todavía estaban impregnadas de un dogma y de un dictado, nunca mejor dicho, determinado… No vamos a hablar de cosas que nos lleven a otro lado pero deciros algo: no se va a arreglar nada sustancioso desclasificando estos documentos del Congreso. ¿Por qué? Porque fueron documentos, no quiero ofender a nadie, hechos bajo el prisma de un pacto de silencio entre políticos extremos… ¡Ojo! Chapeau para ellos… Estamos hablando de, posiblemente, algún elemento muy, muy de derechas y de algún elemento radicalmente de izquierdas, hablo de personas que se sentaron allí, y yo los vi porque yo acudí a declarar porque me citaron como testigo, están mis declaraciones recogidas ahí, tengo la suerte de conservarlas porque pedí tener una copia grabada de mi declaración porque, claro, a los policías nos pagan por desconfiar y, lógicamente, yo desconfiaba, no de esas personas, pero sí del destino o manipulación que pudiera llegar a tener en algún momento esa grabación, y yo la conservo… Y puedo decir que, en ningún momento, hacen las preguntas clave que hubiéramos hecho policías o jueces y que sí que están en el sumario. La verdad, entrecomillada, con todas las limitaciones que ustedes quieran, con todas las derivaciones de aquel momento, está en el sumario. Porque en el sumario declararon muchísimos policías, muchísimos testigos, incluso de la extrema izquierda, que estaban, incluso, en el servicio de seguridad de la manifestación (que, por cierto, frente a la Diputación, brilló por su ausencia en el momento álgido)… Si todas estas cuestiones no han salido del sumario, porque ha habido un pacto de silencio o cualquier otro motivo, muchísimo menos va a salir de papeles que escribieron los padres de la patria de aquel momento, en un consenso, que yo diría chapeau por ellos, para crear la paz social.

JORGE LAPLACE: Cuando a Rafael Ballesteros, que era miembro de la comisión del Congreso, se le entrevistó para el documental, él dijo que lo que realmente estaban buscando las hermanas en cuanto a una responsabilidad más allá de lo político no estaba en esa documentación, porque esa comisión era política, la responsabilidad que se buscaba era quién, políticamente, había tenido responsabilidad para que eso pasara, pero no era una investigación policial. Él reafirmó que lo que están buscando las hermanas está mucho más en el sumario, que es a lo que tuvimos acceso nosotros, que en los papeles de la comisión.

ACALANDA MAGAZINE: ¿Qué buscan las hermanas?¿La persona que disparó o la persona que dio la orden de disparar?

JUAN ANTONIO O’DONNELL: Las hermanas buscan la verdad. Y la verdad, amigos míos, siempre y cuarenta años después, es muy relativa. Cada uno tiene su verdad. Y son los ojos de los testigos quienes nos hablan. Y resulta que policías con absoluta sinceridad cuentan versiones diferentes de lo sucedido.

JORGE LAPLACE: Cuando estuvimos entrevistando a policías, yo también tuve la sensación de que, en versiones contradictorias, realmente no había mentiras, sino que había cuarenta años de distancia respecto a los hechos. Posiblemente, en momentos puntuales, existía la conciencia de estar contándote una historia pero, cuarenta años después, ¿cómo se recuerda algo?

 

Imágenes del documental. Fachada de la Diputación Provincial de Málaga, punto de origen de la tragedia. Joven subiéndose al edificio al intentar colocar la bandera. Inicio de la actuación de las fuerzas antidisturbios.

 

ACALANDA MAGAZINE: ¿Por qué se produjo la carga policial frente a la sede de la Diputación?¿Tenía sentido dicha carga policial en ese momento?¿Había formas más razonables de calmar la situación que recurrir a ese método? Incluso, por contemplar todo el abanico de posibilidades, ¿estaba justificada la carga policial por algún motivo?

JUAN ANTONIO O’DONNELL: Voy a intentar ser bastante ecléctico y no dejarme llevar, ni mucho menos, por el corporativismo. Básicamente, porque esto también costará pensarlo o verlo con ojos de hoy. Había dos policías completamente diferentes. Por un lado, estaba el Cuerpo Superior de Policía, cuyo nombre vulgar en esa época era el de policía secreta, y que era una policía plenamente civil. Y, por otro, una policía uniformada, conocida con el seudónimo de los “grises”, que era la Policía Armada, lo digo sin ninguna carga de negatividad hacia ese cuerpo policial, pero que tenía unos mandos militares. Y la base de su trabajo era mantener lo que entonces se llamaba el “orden público”. Que no es lo que vosotros conocéis hoy como paz social o con otros términos. Estamos hablando de algo muy diferente. Tendríamos que trasladarnos a países que no voy a nombrar pero que está en la mente de todos, en los que tú hablas con policías de esos países equis, de esas repúblicas equis o de esas dictaduras equis y te dicen que cargar contra la gente es su obligación y que no hay que dar ninguna explicación. Y si tienen que disparar, disparan. Aquí, no se trató, ni más ni menos, que de alguien que dijo: “Están asaltando la Diputación”. Ese alguien nunca ha salido a la luz. La comisión investigadora del Congreso sí preguntó por eso, buscando que el responsable fuera el jefe de la Policía Armada, el jefe de la policía secreta, que era a la que yo pertenecía, o el propio Gobernador. Y entre ellos tres tenía que estar la clave. Porque yo no me creo que un agente de la policía armada, uniformado, con la disciplina y el reglamento interno que tenían, produjese de motu proprio la orden de cargar. Por lo tanto, de alguno de estos tres responsables debió de salir la orden de que cargasen. Porque, lo que sí es verdad, es que arreciaba el apedreamiento, hasta con trozos de pavimento, eso lo vi yo, eso no me lo tuvo que contar nadie, y muchos cristales de la fachada delantera se habían roto. Incluso yo vi cómo media cristalera superior, al ser fija, quebró, porque las de abajo, al ser batientes, aguantaban muy bien los impactos. Y una de las lunas cayó justo al lado de un compañero mío. Nosotros, los inspectores, estábamos fuera pero, a requerimiento de nuestros mandos, entrábamos para que les dijéramos qué estaba pasando. En ese momento, me dice uno de los jefes: “Entra, a ver qué está ocurriendo”. Entramos mi compañero y yo, de paisano, nos identificamos una vez más con el policía uniformado que estaba allí, que nos permitió pasar. Las piedras arreciaban, no sólo naranjas como se ha dicho, sino también piedras y trozos del pavimento. Estaba informando al comisario cuando, en ese momento, oigo disparos de elementos antidisturbios, botes de humo, bolas de goma… Y me dice el compañero: “Oye, están diciendo que hay uno trepando por la fachada”. Todo esto se tarda mucho más en contarlo que en vivirlo. Esto es todo simultáneo.

ACALANDA MAGAZINE: Es decir, ¿no está claro qué fue primero, si el intento del joven de colgar la bandera andaluza en el balcón de la Diputación o el inicio del apedreamiento del edificio?

JUAN ANTONIO O’DONNELL: Según mi teoría, no contrastada, porque, como he dicho, yo estaba dentro y no lo vi, al subir el chaval, alguien dijo que el asalto ya se estaba produciendo, era real, y que una persona estaba trepando por la fachada del edificio. Porque, una vez que se dice que alguien está trepando por la fachada, ya se le puede echar toda la imaginación que queráis… Además de la bandera, podía ser, que no era el caso, porque el chaval, por lo que hablé con él, era un bendito, ni siquiera le esposamos porque el hombre se descompuso cuando vio que se le detenía, como digo, podía ser un elemento subversivo, como entonces se llamaba…

ACALANDA MAGAZINE: Entonces, ¿esos incidentes en la Diputación fueron el detonante de todo lo que pasó después?

JUAN ANTONIO O’DONNELL: Bueno, llevaban yo diría que casi una hora apedreando la fachada de la Diputación. Casi una hora. Y todo era porque culpaban al presidente de ese organismo, con razón o sin ella, también tengo la versión indirecta de él, de tener sólo la bandera española, nacional, no tener además una bandera andaluza como la mayoría de las instituciones, no todas, habían puesto. Pero eso se aireó mucho en la prensa los días antes. Se calentó muchísimo el ambiente. Entonces, lo primero que yo hice fue señalar a un grupo de extrema derecha que se había colocado provocando. Entre todos se produjo una tensión que desembocó en una carga policial, para mí injustificada, pero que tampoco tuvo una relación causa-efecto, porque allí la policía cargó con todo y no pasó nada… Pasó una hora después y a un kilómetro y medio de ese lugar…

ACALANDA MAGAZINE: Entonces, ¿la relación causa-efecto entre los incidentes descritos y la muerte de García Caparrós no es tan directa?

JUAN ANTONIO O’DONNELL: La relación causa-efecto no es tan inmediata pero habrá quien diga lo contrario.

JORGE LAPLACE: Realmente, sí existe. No hay una relación causa-efecto inmediata pero sí hay una relación causa-efecto clara…

JUAN ANTONIO O’DONNELL: Existe una relación porque quienes allí reciben los palos y otros muchos deciden asaltar el cuartel (que estaba en Alameda de Colón, lugar donde Manuel José García Caparrós recibe el disparo mortal). Porque, claro, suponían, con mucha certeza, que el cuartel estaba desguarnecido de policías.

JORGE LAPLACE: Realmente, cuando hablamos de poner o no la bandera, y de cómo eso desemboca en la muerte de García Caparrós, para mí, tanto la bandera como su muerte, es el resultado de la lucha de esas dos Españas, en realidad. Estábamos en un momento en el que una nueva generación venía con unas ansias de libertad y modernidad que la anterior las frenaba y fue ese momento en que se dijo que no, que aquí no se pone otra bandera que no sea la española, y fue esa otra mentalidad la que rechazó eso y pidió autonomía, mayores cotas de autogobierno y vamos a colocar esa bandera… Esa corriente, formada por jóvenes en su mayoría, fueron los que empezaron a tirar piedras contra la policía… Los policías eran policías franquistas, que no podemos juzgar desde la óptica de ahora… Además, en las entrevistas se ve, la mayoría no era gente que tuviera una preparación y una formación como para poder afrontar eso. Entonces, yo creo que lo que funciona en la película es que es un retrato de la Transición, no tanto desde lo discursivo sino desde los hechos… Es decir, tú ves cómo las luchas de fuerzas entre esas dos Españas están en el laboratorio forense, en esa persona que se lleva allí para vigilar, están en lo judicial, están en todo los procedimental… En todos los hechos hay una lucha entre esas dos Españas.

  

Jorge Laplace, atento a las preguntas de Acalanda Magazine y Aurora Boreal (Fotografía de Lorenzo Hernandez)

 

ACALANDA MAGAZINE: De una forma muy fría, ¿no se puede evitar que todo cambio necesite víctimas? Habéis hablado de los incidentes de Tenerife, con la muerte de un estudiante en el campus universitario de La Laguna… También los hubo en Madrid…

JUAN ANTONIO O’DONNELL: Bueno, en Madrid fue ejemplar. Hay que quitarse el sombrero. En plena, plena pre-transición, tirotean a seis jóvenes por ser abogados laboralistas, tócate las narices, es que no los tachan ni de antifranquistas, los tachan de abogados laboralistas y los ametrallan, y sale en perfecto orden toda la izquierda madrileña liderada por Carrillo y por otros y no pasa absolutamente nada… Aquí ocurre esto y revienta Málaga entera. Revientan las cabinas telefónicas, prenden fuego a todos los contenedores de basura, echan cócteles Molotov contra las entidades bancarias… No ocurrió una desgracia por muy poco, porque los cuerpos de policía, bomberos y otros estuvieron muy atentos y se pudo evitar… Claro, ahí se abren otras interrogantes. Pero, claro, yo coincido en lo que dice Jorge, imaginad lo que era España entonces y el mérito que tenemos que dar a esa generación por la calma y el consenso pactado bajo la mesa, o como queráis, para que se aprobara una Constitución, con todos los defectos que queráis, pero que logró aprobarse…

JORGE LAPLACE: Pero también hubo sus víctimas. Es decir, hay que decirlo para que el relato no sea ni en blanco ni en negro. Yo, por lo menos, lo entiendo así.

JUAN ANTONIO O’DONNELL: Lo digo sin carga peyorativa alguna, creo que los héroes son necesarios. Son necesarios históricamente. No digo que los necesite yo o los necesitemos ninguno de nosotros. Porque la vida humana es lo más grande. Pero, si repasas la Historia, siempre hay un referente que ha dado su vida.

  

Imagen del documental. Carlos Carmona, persona que asumió la responsabilidad de llevar al Hospital Carlos Haya a Manuel José García Caparrós (en realidad, ya su cuerpo sin vida). Paró un automóvil y convenció al conductor para ir al centro sanitario. A día de hoy, no se ha podido averiguar la identidad de dicho conductor.

 

ACALANDA MAGAZINE: ¿Cómo se hacen los informes de balística?¿A partir de los disparos que impactan en las paredes de la calle donde muere García Caparrós? Porque no se hizo a partir de la bala que él recibe…

JUAN ANTONIO O’DONNELL: Sí, sí, se hace de esa bala. La bala no ha desaparecido. Yo le he seguido la historia. Sé, incluso, dónde terminó la bala pero, honradamente, soy persona de palabra y no puedo deciros dónde está. Pero la bala nunca desapareció del sumario. Lo que pasó es que se especuló mucho tras el suceso. Al poco de ocurrir, se escribió un libro (y son amigos míos quienes lo escribieron, que lo hicieron con su mejor voluntad y era necesario hacerlo) pero se defiende una serie de teorías que no se compadecen con la realidad. Se habla de una bala de calibre 7,65 cuando la bala es del 9 corto. Yo tuve la suerte de encontrar una caja de munición análoga, fabricada en octubre de 1977, di con ella y pudimos explicar en qué consistió el peritaje… Entonces, esa bala, lo que le sucede es que, entonces, las cadenas de custodia y todo lo que hoy entendemos como muy normal, no existía. Imaginaros que llega un señor cadáver a urgencias y los médicos del servicio actúan sobre el cuerpo. Eso no se puede hacer. Y la ropa se le da a cualquiera. No se puede tocar la ropa. En la ropa, puede haber huellas de pólvora, lo cual hubiese significado que fue un disparo directamente en contacto con el cuerpo… Puede haber mil cosas. Entonces, todo eso es lo que durante tantos años me preocupó y me hizo pensar sobre cómo podía contar todo lo que yo sabía. Una verdad basada en la evidencia, no en la imaginación. Entonces, esos peritajes que se hicieron tuvieron un sesgo de manipulación, desde mi punto de vista. Porque, señalando claramente, de qué arma había salido y, claramente, el poseedor, tenedor y usuario de ese arma, nunca se dice taxativamente el informe de qué arma y de qué persona se trata. Esos informes periciales necesitan al menos la firma de dos peritos que, categóricamente, digan lo mismo y estén absolutamente de acuerdo en una certeza como para que el juez estime ese peritaje absolutamente indiscutible. Y eso no se da. El peritaje pasa por señalar al autor de un modo sí pero no, tal vez, quizás, permítanme la expresión que acabo de improvisar…

ACALANDA MAGAZINE: La bala le entró a él por la axila…

JUAN ANTONIO O’DONNELL: Sí, le entra por la axila izquierda y se queda depositado en el último tramo de piel, aquí (Juan Antonio se señala el costado derecho).

JORGE LAPLACE: Hay muchas opciones compatibles con la trayectoria de la bala. Si vas corriendo, por ejemplo… La hipótesis más plausible, uniendo todos los testimonios que hemos recopilado, es que García Caparrós estaba en la Alameda de Colón, que es el sitio donde estaba el cuartel de la Policía Armada, que la Policía Armada sale de ahí, cruza el puente y, cuando vuelve, se encuentra bloqueado el acceso a la calle donde se encontraba el cuartel, que es el acceso a su zona de seguridad, que es donde está la gente tirándole piedras, y ellos eran doce al final los que se quedaron, y, claro, tú quieres volver al cuartel… Pero si hay un grupo de gente, que está cortando la calle, y tú estás disparando al aire, y la gente no se va, ¿qué haces? La hipótesis más plausible es que fue un disparo desde lejos y le tocó a él… No pienso que, en ningún momento, el agente quiso matar de forma deliberada a García Caparrós. Estoy muerto de miedo y no tengo ningún tipo de formación y, en un momento dado, se me va absolutamente la cabeza y a la persona que le toca, le toca… Y la trayectoria diagonal hacia abajo que presenta la bala, pues claro, es que si comparamos el Puente de Tetuán con la Alameda de Colón, está en un plano superior… García Caparrós podría haber estado perfectamente corriendo cuando recibió el disparo. Pero, por psicología humana… Si tienes miedo y tú quieres volver al sitio donde te sientes seguro, puedes tener ese tipo de reacción. Carlos Carmona nos contó que recogió a García Caparros allí, dos o tres calles más abajo del cruce donde ahora está la placa que lo recuerda… Donde está la placa es donde lo recogió el coche pero donde le disparan no es allí.

ACALANDA MAGAZINE: ¿Cómo aparece un coche en medio de tanto caos?

JUAN ANTONIO O’DONNELL: No se habían cortado calles. No estaba previsto que allí sucediera nada. No había tal previsión que hasta la Policía Armada con sus furgonetas, que, entonces, se les llamaba “lecheras”, estaba colocada en diferentes lugares de Málaga donde se preveía que podían ocurrir mil incidentes. Nunca en las inmediaciones del propio cuartel. Por tanto, la circulación allí no estaba cortada. Sí es verdad que, en cuanto empezaron a llegar ecos de lo que estaba pasando, todos los efectivos se dirigieron allí. El coche podía ser, por ejemplo, de un vecino de la zona o de alguien que le pilló por medio…

JORGE LAPLACE: Sí, pero también es verdad que, tal como lo vivió Carlos Carmona y tal como lo cuenta, sí que hay un punto de extrañeza. No tanto en el hecho de que hubiera un coche como en el comportamiento del conductor… Eso está reflejado en la película. Tal como lo cuenta Carlos, esta persona en ningún momento acelera para llegar al hospital, en ningún momento es capaz de tener la más mínima empatía y preguntar por cómo está, desaparece… Él, como lo relata y como lo recuerda, no se explica por qué esa persona reacciona así. Ya, cada uno puede especular lo que quiera. Pero lo que él recuerda y lo que él cuenta es que no tuvo ningún tipo de empatía con el herido. No preguntó en ningún momento por cómo estaba. Se le decía que acelerara y no aceleraba. No sé si entró en pánico… Pero sí hay un punto de extrañeza en el suceso del coche.

JUAN ANTONIO O’DONNELL: Yo, lo único que puedo decir al respecto, con todo respeto para Carlos, que me parece un testigo fantástico, que da muestras de una memoria brillante, y que no tengo por qué contradecirle, pero si me traslado a situaciones que, por mi profesión, he vivido, puedo decir que un porcentaje altísimo de personas no entrenadas para una situación de emergencia como esa se bloquean. Se bloquean y no son ellas mismas o, sencillamente, brota la parte más prudente de su temperamento, no saben si de esa situación les va a recaer una responsabilidad… La prueba es que él llega e, inmediatamente, el conductor se quita de en medio… Especular que estaba ahí a propósito, pues no, porque el autor lo que hizo fue un acto reflejo torpe, torpísimo, que, en vez de disparar al aire, como hicieron todos, por miedo insuperable, el muy torpe, voy a decirlo así (que Dios me perdone porque ha fallecido), dispara en paralelo… No sólo él, algunos más… Porque los veintidós disparos que contamos y el veintitrés, que impacta en el cuerpo de Manuel José García Caparrós, están contados por la inspección ocular en las paredes…

JORGE LAPLACE: No fue el único disparo. Hubo disparos a dos metros, a dos metros veinte centímetros…

JUAN ANTONIO O’DONNELL: Con ángulos, algunos, letales.

JORGE LAPLACE: De ahí, la teoría más plausible. ¿Por qué disparas tú a ras justo en la calle donde tienes el cuartel? Pues porque quieres volver a él y hay gente bloqueando esa entrada. Vamos a visualizar. Nosotros somos doce y hay doscientas-trescientas personas cortando una calle y tienes miedo de que te apedreen, entonces disparas y a alguno se le fue el disparo.

JUAN ANTONIO O’DONNELL: Manuel José tuvo, además, muy mala suerte. Muy mala suerte. Porque hay una cosa olvidada, que nosotros sacamos en el documental, que es que hay otro herido. El otro herido, como la bala le impacta en un brazo, es una herida que no le impacta de forma grave. Pero es que si a Manuel José no le coge esa trayectoria, que afecta a todos los órganos vitales y a los grandes vasos, Manuel José hubiera llegado con algo de vida y algo se hubiera podido haber hecho. Es verdad que ahí el destino le jugó la peor pasada a este chico con 18 años, que es lo tremendo del caso que me dijo el guionista y director, mi amigo Jorge, que es que lo principal es darle algún tipo de consuelo y explicación a estas mujeres, las hermanas de Manuel José, pero no en base a un discurso, sino en base a lo que yo viví y a lo que podamos aportar en relación al autor.

JORGE LAPLACE: Y es importante hablar de la familia para hablar del cine no sólo como un oficio para contar historias sino también como un oficio de reparación. Creo que de lo más emocionante que tuvo este proyecto fue la llamada de Loli el día después del estreno, cuando lo vio, dando las gracias y viendo cómo desde una película se le estaba dando la información que no se le estaba dando desde la justicia y desde ningún otro lado. Todo el equipo está muy contento de que la familia sabe un poco más, y tiene un poco más de reparación en cuanto a que esa persona no fue un malo malísimo que fue por su hermano, y a saber que lo que pasó es que estuvo en el lugar inadecuado en el momento inadecuado.

 

Imágenes del documental. Las hermanas de Manuel José García Caparrós llevan cuarenta años luchando para que se esclarezca la verdad de lo sucedido.

 

ACALANDA MAGAZINE: Si esa es la explicación del hecho, ¿por qué, cuarenta años después, no hay una actitud por parte de las instituciones de aclararlo de una vez por todas?

JUAN ANTONIO O’DONNELL: Item más, que diría un rebuscado orador, si hoy no hay ya responsabilidad penal sobre esos hechos…

JORGE LAPLACE: Y cuando los papeles, además, que están buscando son papeles políticos, es decir, que ahí habrá nombres de políticos y responsabilidades políticas, en ningún momento van a señalar a un policía. Pues, bueno, ahí está la respuesta a lo que tú preguntas. Pues porque ahí aparecen nombres de políticos y vete tú a saber.

JUAN ANTONIO O’DONNELL: En la cinta de mi intervención en la comisión del Congreso, dura una hora y en ningún momento me preguntan si yo sospecho quién puede ser el autor del disparo. Es verdad que yo estaba en la Diputación y no vi nada de lo que sucedió. Pero, abundando en el tema de la familia, ni en mis mejores sueños yo pensé que en algún momento iba a estar tomando café con estas hermanas y descubrir que ellas, en ningún momento, buscan revancha. Ni venganza. Es más, lo único que yo hubiera hecho si hubiera podido hablar con ese hombre, lo único que le habría dicho es que nos pidiera perdón. Exclusivamente, en privado. Y tener el consuelo de que esos años él hubiera vivido con ese pesar… Porque hay un detalle técnico. No se trata en ningún momento de un asesinato. No se da ese componente técnico-penal-procesal necesario para que sea un asesinato. Es un homicidio. Pero este hombre actúa de forma absolutamente imprudente. Si este hombre hace hoy lo mismo, coge su arma, se la entrega a su jefe y le explica lo que ha sucedido, le hubieran caído los años que le correspondieran por imprudencia punible o lo que fuese, pero no se hubiera quedado todo en esa enorme nube de ignorancia tanto tiempo que ha hecho mucho daño a la institución policial, inmenso a la familia, y ha hecho un inmenso daño a la Historia… Y si la Historia no se cuenta con un mínimo de elementos de verdad, la Historia nos obliga a las hipótesis de maquinaciones… No aprendemos.

JORGE LAPLACE: Y por cerrar un poco el tema de la familia, decir que lo primordial era hacer justicia a la familia y, por eso, también cuando yo les enseñé la foto de la persona que, presuntamente, pudo hacer el disparo, era el cierre que yo quería dar a la película porque me parecía como resaltar el valor de esta gente, su corazón… No todo el mundo reaccionaría de este modo. Yo no quiero que tú me digas cómo has interpretado el sumario, yo quiero saber los hechos exactos y que, desde la ley, desde la Mesa del Congreso de los Diputados, se nos dé una reparación, desde las instituciones. Que, de pronto, venga un equipo que está haciendo una película y nos explique la hipótesis más plausible. Quieren la verdad. Y eso me parece que es para quitarse el sombrero. Porque ellas, en todo momento, lo que están buscando es la reparación institucional.

Juan Antonio O’Donell (Fotografía de Lorenzo Hernandez)

ACALANDA MAGAZINE: ¿Creéis que cuando las hermanas fallezcan será cuando salga a la luz toda la documentación existente?¿Es posible que, como ellas están vivas, hay resistencia a que esa documentación sea de dominio público?

JORGE LAPLACE: Mi teoría es que no.

JUAN ANTONIO O’DONNELL: Yo creo que, a estas alturas, ahí se está respetando algo que ya no debería enmudecer a nadie ni a negar los documentos a nadie. Y se está magnificando un contenido que es un pacto político. ¿Qué ocurre? Pues que los políticos son los que mandan y, ahí intuyo yo, destapar esos acuerdos pues a lo mejor hace sonrojarse a algún político. Porque yo no creo que le dé ni cargo de conciencia porque si hubo un acuerdo en ese momento fue por la preocupación por la paz social, que, en esa época, no os podéis imaginar el aglutinante enorme que supuso. Es que, si no, aquí hubiéramos tenido otra guerra civil. Os lo puedo garantizar. Yo estaba en Información, manejábamos muchos documentos y mucha información secreta, estuve seis años, y os puedo decir que había mucho interés por los dos extremos, extrema derecha y extrema izquierda, en que esto no triunfara, que no triunfara el pueblo, que es el que quería la paz, era lo que queríamos todos. Yo, ese día, aunque era policía, llevaba un jersey verde. Yo pensaba que era mi pequeña aportación a esa jornada. Ese espíritu de entonces es muy difícil que lo entendáis hoy, afortunadamente, porque lo que dominaba era callarse y no decir la verdad y no ser espontáneo y no respetar la libertad de expresión que hay hoy.

Juan Antonio O’Donnell y Jorge Laplace (Fotografía de Lorenzo Hernandez)

 

Como ven, 23 disparos es, a la postre, mucho más que una investigación sobre la muerte de Manuel José García Caparrós para acabar siendo un retrato de unos años tensos en los que el país se jugó su futuro sobre un alambre de funambulista. Y, por encima de ello, encierra la emoción que despiertan unas hermanas que, cuarenta años después, siguen luchando para encontrar reparación y justicia. Es evidente que, por todo ello, 23 disparos ha sido uno de los documentales fundamentales del 21º Festival de Málaga.

 

 

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