Hoy, terminamos el recorrido por el Festival de Málaga con un último artículo sobre los mejores documentales del certamen.

Reseñamos los últimos cuatro títulos y entrevistamos a Ricardo Yebra, director de Lado B, un interesantísimo documental que muestra la capacidad de adaptación del ser humano y, a la vez, los rasgos que todos compartimos aunque miles de kilómetros puedan separarnos.

Elegimos doce documentales como los mejores del Festival y nos quedaban cuatro por comentar. Son los siguientes:

Lado B de Ricardo Yebra.- Un viaje al extremo sur del planeta para acabar encontrando a unos seres humanos que buscan construir sus momentos de felicidad y encontrar su encaje en el mundo. En la posterior entrevista con el realizador, desvelamos algunos de los aspectos más sorprendentes de este documental.

 

Camocim de Quentin Delaroche.- Un pequeño pueblo de Brasil en plena campaña electoral para unas elecciones municipales se convierte en una microrrepresentación de lo que es la política a nivel global. Dos partidos dominantes, que arrastran un largo historial de corrupción e ineficacia, pero que, elección tras elección, compiten por la hegemonía sin que ninguna alternativa sea capaz de romper ese bipartidismo estéril. Camocim narra los esfuerzos de una joven, Mayara Gomes, que apoya a un candidato con pocos recursos económicos a su disposición que busca conseguir un acta de concejal a pesar de competir en evidente desigualdad de oportunidades. Vibrante y desoladora a partes iguales, Camocim es una clara invitación a que reflexionemos como ciudadanos y como responsables de nuestro voto qué podemos hacer para cambiar el orden de cosas existente.

 

La flor de la vida de Claudia Abend y Adriana Loeff.- Las realizadoras invitan a una serie de personas mayores a que cuenten su experiencia ante las cámaras y que expliquen cómo se ve la vida a una edad avanzada. Poco a poco, uno de los personajes va ganando peso y, al final, la historia de una pareja adquiere decisivo protagonismo y acaba llevándonos a una moraleja contradictoria: quien parecía haber llegado con mayor optimismo y entusiasmo a la tercera edad es quien más sufre y se angustia por los errores cometidos. Toda una lección de cómo un documental puede revelar lo que hay más allá de la apariencia.

 

Casa Coraggio de Baltazar Tokman.- Como ya explicamos en un artículo anterior ( ), Casa Coraggio participó como largometraje de ficción en la Sección Zonazine. Pero, como explicamos en ese mismo artículo, su peculiar sistema de rodaje, mezclando ficción y realidad, hace que pueda ser contemplado como el retrato fidedigno de la vida en el pueblo argentino de Los Toldos y de la familia que regenta la única funeraria del lugar. Casa Coraggio es una película que supone un replanteamiento de los mecanismos que rigen (y separan) la ficción y el documental y nos aproxima a la incómoda conclusión de que los mismos son más convencionales que reales.

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ENTREVISTA A RICARDO YEBRA

(Esta entrevista ha sido realizada en colaboración con Marta Moreno, redactora de la revista Aurora Boreal www.auroraboreal.net).

 

José Manuel Cruz y Marta Moreno entrevistando a Ricardo Yebra (Fotografía de Lorenzo Hernandez: www.photolorenzohernandez.com)

¿Qué nos esperaríamos encontrar si viajamos hasta uno de los países más meridionales del planeta, Chile, y llegamos a un pequeño y recóndito pueblo, cuya principal actividad es la pesca?¿Qué seres humanos vivirán en ese lugar tan apartado, lejos de cualquier otro lugar?¿Serán muy diferentes a nosotros?¿Se parecerán más de lo que podamos imaginar? Esta es la propuesta de Lado B de Ricardo Yebra y, tras ver este documental, nos damos cuenta de que los sentimientos son universales aunque tengan la capacidad de adaptarse con casi infinita ductilidad a los entornos más extremos y diversos. El evitar la sensación de desamparo, la convicción de que no podemos aspirar a la felicidad plena sino a pequeños momentos felices a los que tenemos que aferrarnos para no hundirnos, la búsqueda de soluciones personales por encima de las normas y convenciones sociales, la extrema flexibilidad del concepto “familia”, la amistad como tesoro a conservar y alimentar… Todos estos aspectos del ser humano pueden estar presentes en la ciudad más avanzada y moderna del mundo y en la aldea más alejada a orillas del Océano Pacífico.

De todo ello nos habla Lado B y, en esta entrevista, nos amplía detalles de esta experiencia cinematográfica y vital.

ACALANDA MAGAZINE: ¿Cómo, siendo malagueño, acabas haciendo un documental en la Patagonia?

RICARDO YEBRA: Pues yo vivía en Madrid y mi ilusión siempre ha sido hacer una película de cine social en Latinoamérica. Entonces, cuando terminas la carrera, siempre hay cosas que te atan y te anclan a la ciudad… Uno siempre quiere irse pero empecé a hacer un Máster en Filosofía allí en Madrid, y tenía trabajos y demás, hasta que un día me dije que tenía que cortar y hacer lo que verdaderamente quería hacer: una película. De la noche a la mañana, me compré un billete sin retorno para América y, como no tenía contactos allí, me puse a hacer autostop. Y así fui conociendo experiencias de gente a las que no tienen acceso gentes de fuera aunque viajen allí porque no suelen recibirlas. Y fui conociendo realidades muy diferentes y así fue como conocí a Jacquelin, la protagonista del documental.

ACALANDA MAGAZINE: ¿Cómo se llama el pueblo donde has grabado Lado B?

RICARDO YEBRA: Se llama Puerto Gala. Yo estaba viviendo, por un mes, en casa de un señor en Puerto Cisnes, que es una ciudad portuaria del sur de Chile. Y trabajaba en un colegio como profesor de inglés. Una mañana, me desperté y vi a Jacquelin, la futura protagonista del documental, cocinando un pescado. Se veía que ella se dedicaba, de vez en cuando, a cocinar el pescado y a venderlo por las ciudades de alrededor. Y me invitó. Me dijo: “¿Por dónde vas a ir haciendo autostop hacia el norte?¿Por el interior o por las islas?”. La verdad es que lo de las islas sonó muy bien, así que le dije que igual hacía esa ruta. Entonces, me contestó que si tomaba ese camino, que me quedara en su casa todo el tiempo que quisiera.

 Jacquelin con su hijo, en una imagen de Lado B.

 

ACALANDA MAGAZINE: Hay algo que dice Jacquelin en la película y es que, cuando entras en una casa, no sabes lo que te vas a encontrar. Ahí está la idea de que nada es lo que parece. Ves un paraíso pero luego ves zonas que están llenas de basura… Jacquelin limpia el pescado y lo tira por la ventana. Son personas que viven en el paraíso pero parece que es un paraíso que tampoco lo cuidan…

RICARDO YEBRA: Sí, exactamente. Además, es lo que yo siempre digo que construyen ficciones como para soportar la realidad. Y, realmente, lo que a mí me parece interesante de los personajes es que te dicen cosas pero te están diciendo otras muy diferentes en el subtexto. Para mí, hay mucho subtexto en las vidas de estas personas y mucho querer creerse historias que no sé hasta qué punto son cómo las cuentan. Es tarea del espectador de verlas y juzgar por ellos mismos si es tan real todo aquello que dicen. Esa contradicción de que dicen que son felices pero te lo dicen casi llorando.

ACALANDA MAGAZINE: ¿Tú conocías la auténtica realidad de Jacquelin antes de rodar el documental?¿O la fuiste descubriendo mientras rodabas?

RICARDO YEBRA: Yo estaba haciendo una película de mi viaje, por una serie de circunstancias personales. Y mi idea era rodar una entrevista con ella debido a su situación. Y, cuando llegué, descubrí al niño, la relación que tenía el niño con la madre, el niño con la niña y, al final, empezó aquello a hacerse más grande y vi una película ahí y me quedé mucho más tiempo del que pensaba. En principio, me iba a quedar dos días, porque venía de quedarme un mes trabajando en este colegio, y me quedé un más en este sitio rodando la película. Después, al final, la película original del viaje empecé montando esta secuencia, que era la que consideraba más atractiva, pero acabó siendo una película con entidad propia. Tengo pendiente en un cajón la película original, a ver si la produzco también.

ACALANDA MAGAZINE: Hay una escena que llama mucho la atención y es cuando entra el profesor en el aula y está solo el niño en clase…

RICARDO YEBRA: En el colegio, hay varios niños (no más de diez) pero sí es verdad que cada uno de ellos está en una clase distinta. Y tienen que acomodar las clases dependiendo de la materia, de los exámenes, de las pruebas, de los trabajos y demás. Hay una curiosidad y es que el gobierno chileno está obligado por ley a generar toda la infraestructura de educación aunque sólo haya un niño en la isla o en el lugar correspondiente. En la Patagonia, hay mucha gente trabajando de forma itinerante y, entonces, es un poco locura porque puede haber más gente trabajando en el colegio que alumnos.

 

El hijo de Jacquelin con su mejor amiga, en un fotograma de Lado B

 

ACALANDA MAGAZINE: ¿El niño sólo tiene la amiga que aparece en la película?

RICARDO YEBRA: En realidad, mi trabajo como director era un poco aislarlos de alguna forma, porque sí es verdad que entre ellos viven muy separados y encerrados en ellos mismos, pero el niño tiene más amigos. Hay más niños pero sí es verdad que yo vi allí una relación muy bonita y muy entrañable entre ellos y quise darle más importancia a eso.

ACALANDA MAGAZINE: Al niño, aparentemente, se le ve muy feliz, pero carga, podríamos decir, con una buena “mochila”…

RICARDO YEBRA: Al niño le pasa lo que les pasa a muchos padres en muchas familias y es que los padres quieren volver a vivir su infancia a través de sus hijos. Entonces, Jacquelin vive desde Santiago de Chile hasta allí para darle una infancia que ella nunca tuvo. En la película, yo intento sugerir cosas sobre la infancia de Jacquelin que me las contó todas y que no las he puesto porque me parece más interesante sugerirlas que contarlas y ella, al ir a la Patagonia, intenta darle a su hijo otra vida. Y el niño está en una búsqueda continua. Está todo el tiempo por esas pasarelas yendo a muchos sitios pero sin acabar de llegar nunca a ninguno porque no sabe por dónde le van a caer ni por dónde le van a venir las cosas que suceden: tiene a la niña, a la madre, al padre ausente, todo es una incógnita para él…

Panorámica de Puerto Gala en una imagen de Lado B

 

ACALANDA MAGAZINE: ¿No es una relación enfermiza la que tienen madre e hijo?

RICARDO YEBRA: Sí, bueno, es algo que trabajé mucho… Intenté trabajar esa ausencia del padre. Jacquelin habla siempre sobre el marido y la ausencia de la pareja y, al final, realmente, la única forma masculina que existe en la casa es el niño, es la sustitución absoluta de la pareja. Muchas veces, tuve que cortarme en meter imágenes que, a lo mejor, sugerían más de lo que yo quería sugerir. Sí que vi un poco yo eso, no hay mucha gente que lo vea, pero yo intenté ir un poco por ahí…

ACALANDA MAGAZINE: ¿El niño, implícitamente, no sufre una intensa situación de desamparo y, por ello, le da mucha importancia al que llama su tío?¿No está buscando, en realidad, un soporte que le dé orden dentro de la falta de referencias que sufre?

RICARDO YEBRA: El niño está buscando a quién agarrarse y está intentado aferrarse, prácticamente, a una pared lisa. Y lo hace con la madre porque no tiene otra, con la niña y con su “tío”, que es su forma paterna. Y él, además, lo dice. Es así, totalmente.

ACALANDA MAGAZINE: Cuando empezaste el documental, la idea era centrarse en Jacquelin, pero, poco a poco, el hijo va adquiriendo peso específico…

RICARDO YEBRA: Yo creo que se tejen una serie de relaciones entre todos y, al final, se diluye el protagonismo de ella. De hecho, en el cartel de la película quien sale es el niño. ¿Y cuál es el “lado B”? Al final, el título se puede coger por millones de sitios. Y sí que es verdad que cada persona ve a un protagonista distinto. Para mí, el niño es muy protagonista. Yo me vi en una tesitura, en la que no sabía por dónde enfocarlo porque me parecían muy interesantes todos los personajes. Pero yo creo que todos los personajes se nutren entre sí y que, al final, forman un puzle muy interesante de una familia y unas relaciones y unos triángulos amorosos (y no sólo el evidente) que resultaban muy atractivos de retratar.

ACALANDA MAGAZINE: Parece que la madre no quiere que el niño crezca… Por eso, le da el pecho hasta los cinco años, le da tantos besos…

RICARDO YEBRA: ¡Qué bonito! Eso nunca me lo habían dicho pero sí, es posible que sea totalmente así… Su hijo es su figura masculina. Es su niño. Hay una cosa que trabajamos, que no sé si funcionará pero que era lo que queríamos, y que lo hablamos con la montadora, que era esa idea de volver al mar, que simbolizase a la pareja de la madre del niño, a Aliaga. Hay un momento, en mitad de la película, en que volvemos al mar y en el que parece que hemos vuelto a Aliaga, pero se levanta la cámara y a quien se ve es al niño. Y es en ese momento cuando se hace el cambio de personaje y el hijo pasa a ocupar el lugar de la pareja. Porque, en realidad, su hijo es lo único que Jacquelin tiene al fin y al cabo. Hay otro momento en que Jacquelin dice que ella siempre baila con Aliaga y, en la siguiente secuencia, se la ve bailando, pero se la ve bailando con su hijo. Entonces, es el juego con el que jugamos bastante en el montaje.

 

El mar tiene un gran protagonismo en Lado B

 

ACALANDA MAGAZINE: ¿Qué aprendiste de toda esta gente?

RICARDO YEBRA: He aprendido una cosa que a mí me pareció brutal, que fue el tema del prejuicio. Mucha gente, al ver el documental, ha criticado la forma de vida que lleva Aliaga y enseguida lo tachan de una cosa u otra y dicen que no se irían con él ni a tomar una cerveza. Y yo estuve allí y es de las personas más bellas que he conocido en todo mi viaje. Me dio de todo. Nada más llegar, él, que trabajaba prácticamente de sol a sol (fui un día a pescar con él y no fui más), me cedió el cuarto del niño, el niño dormía con la madre y él dormía en el salón, en el suelo Siendo el que más trabajaba en la casa y se sacrificó para que yo, su invitado, durmiera en su cama. Yo, que no era nadie. Y aprendí muchísimo de él. Y me enseñó a no juzgar a las personas y relacionarte con los demás en el territorio de lo común, no en lo que te separa de las personas. Esto, a lo largo del viaje, me pasó muchas veces. Estuve en casa de un narcotraficante que me confesó a cámara que había asesinado a una persona y que acababa de salir de la cárcel, me hizo leer el artículo en el coche. Y yo iba acojonado. Cuando llegué a su casa, me puso un asado (era el dueño de todas las carnicerías del pueblo)… Todo eso fue algo que constituyó una gran lección para mí.

ACALANDA MAGAZINE: Realmente, todos estos personajes parece que no creen en la felicidad tal como nosotros la entendemos sino que tienen asumido que sólo hay determinados momentos en que existen retazos de felicidad

RICARDO YEBRA: En el caso de Jacquelin, es que le han pasado tantas cosas desde pequeña, que asume un poco lo que tiene y le saca el mejor partido. Ella tiene una persona maravillosa a su lado, con la que está el noventa por ciento de su tiempo… Aliaga va a su casa sólo por navidad y en verano, a ver a sus hijos, y vive el resto del año con ella. Jacquelin reconoce que no es todo para él pero que es lo que es, sabe lo que es y le saca el mejor partido.

ACALANDA MAGAZINE: Y hay una cosa que me llamó la atención. Y es que, a pesar de su desconexión con el resto del mundo, el fútbol sí que tiene una gran importancia… Ahí se ve que siguen todos los partidos de la Copa América…

RICARDO YEBRA: Coincidió la competición con el momento del rodaje y yo me tragué toda la Copa América con ellos. La veían a diario. Además, ese año ganó Chile y estaban como locos con la selección. Pero sí es verdad que están muy desconectados. Hablan con walkie-talkies, se comunican a través de la señal de la Marina y, de repente, dicen: “Vamos a comunicarnos por el canal 8”. Pero eso lo escucha toda la isla porque lo dicen a través del canal principal. Quien sea, puede pasarse al canal 8 y escuchar la conversación. Es un “marujeo” absoluto. Para que veáis lo lejano que está esto, os voy a contar una anécdota con el agua potable. El día que llegué, me pusieron un té. Y creía que ya me habían puesto la bolsita de la infusión. Pero resulta que me la pusieron luego. Y es que el agua era marrón y yo creí que ya tenía el té en ella… Hay muchas cosas que les ponen los pies en el suelo pero ese frío, ese viento continuo, el no relacionarte con nadie, hace que la vida sea completamente distinta.

Ricardo Yebra, con un ejemplar de Diario de Rusia de John Steinbeck, con fotografías de Robert Capa, una lectura que encaja perfectamente con el perfil de un documentalista (Fotografía de Lorenzo Hernandez: www.photolorenzohernandez.com)

Como han podido comprobar a lo largo de la entrevista, las pasiones y sentimientos humanos más intensos y complejos están presentes hasta en los rincones más escondidos del mundo. Un documental como Lado B es una invitación a que, más que ver las barreras y diferencias que nos separan, nos fijemos en lo que nos une y en lo que, por encima de cualquier distinción de nacionalidad, idioma o raza, nos hace ser personas con un alma común y unas inquietudes que compartimos en todo tiempo o lugar.

 

Parte de las experiencias que vivió Ricardo Yebra en su viaje por el Cono Sur alimentan el contenido de Lado B (Fotografía de Lorenzo Hernandez: www.photolorenzohernandez.com)

 

 

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