¿Se puede hablar de fútbol en un contexto cultural?

Imaginemos esta situación: Un domingo por la tarde. Nuestro equipo o selección se está jugando la final del título. Todos reunidos frente al televisor, algunos por verdadera pasión, otros por compañerismo. La carne en el asador, quizás unas papitas sobre la mesa. Algunos con un vaso de agua, la mayoría con una botella de cerveza helada. Los amigos que van recorriendo la puerta, la familia cercana, el aire de entusiasmo, de dicha, de alegría o de incertidumbres respirándose en cada uno de los rincones. Se acerca la hora. Los comentaristas en la radio y en la televisión repasando las últimas jugadas, los últimos análisis. El ambiente de camaradería, de amistad que se contagia de cuerpo en cuerpo, sobre todo si es la selección. Todo listo para vivir unos noventa minutos (o a veces ciento veinte) llenos de emoción, angustia, alegría, quizás tristeza pero sobre todo de un momento de la vida viendo correr a veintidós hombres que están dispuestos a sudar, llegar al máximo de lo posible (en el mejor de los casos) para darnos un momento de alegría.

De acuerdo al diccionario de la Real Academia de la Lengua Online, se define como cultura al “conjunto de modos de vida, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico o industrial en una época”. Yendo aún un poco más, se define como cultura popular al “conjunto de manifestaciones en las que se expresa la vida tradicional de un pueblo”. ¿No es el fútbol en ese contexto la manifestación de la vida de un pueblo? ¿No es el fútbol, sobre todo en Sudamérica, un modo de vida ya sea que lo juguemos o no? Para casi todos los países sudamericanos, una vida sin fútbol, una vida sin escuchar los partidos o vivir esa emoción es impensable (no digo imposible). Es parte ya de la vida cotidiana de las personas, forma parte de la manera de entender el mundo, es parte del lenguaje y de los comentarios o comparaciones que se realicen a diario y es parte de la identificación que uno tiene a veces de la mano con el éxito o el fracaso. Los más detractores dicen “el fútbol es un solo un juego”. Y por supuesto que es solo un juego, pero la influencia y el desarrollo cultural del mismo lo han hecho algo más. Pero dejando de lado todo eso, es indudable que el fútbol como tal, es parte de la vida y me atrevo a decirlo de la cultura popular de las personas. Se admira la belleza de las jugadas, se habla de genios del fútbol, se analizan las estrategias, se habla de “ballet” o simplemente de jugadas geniales o de destellos de magia Pero ¿por qué hablar de fútbol en un contexto cultural?

La cultura como cualquier otra actividad humana debe desarrollarse, debe cuidarse y debe perfeccionarse para poder luego integrarse en un pueblo y ser una bandera desde la cual se pueda identificar a ese pueblo como único. Ya sea de pintura, escritura, cine, arte, danza (o porque no fútbol solo como expresión cultural) la cultura debe identificar a un pueblo. He parafraseado el título de la novela de aquel genial escritor Ernesto Sábato, para poder mencionar de que se puede hablar de casi una tumba cultural en el ámbito futbolístico. ¿La tenemos también en el ámbito cultural propiamente dicho?

Hasta hace unas décadas se hablaba muy marcadamente de dos “culturas” futbolísticas: la europea y la sudamericana. Se apreciaba mucho la disciplina europea contra el corazón, el talento y la pasión sudamericana. Y el mundo así lo sintió y lo vivió por mucho tiempo. Mientras que solo recorrían el mundo noticias trágicas de dictaduras en el Perú o de las juntas militares en Argentina o Brasil, se apreciaba la belleza de este deporte  ¿Qué pasó?.  Aún no han pasado por mis cabellos muchos veranos, pero recuerdo aún la época en la que se hablaba de equipos como Peñarol, Santos o Independiente como referencias en el mundo. Me acuerdo aún cuando la copa Libertadores era el torneo más difícil de ganar y el más hermoso por la emoción que desprendía, donde las copas intercontinentales (ahora reemplazadas por el mundial de clubes) eran ganados sin temor por los equipos sudamericanos ¿Qué paso?

El mundo actual ha vivido una violación generalizada de muchas manifestaciones culturales, en pro de la globalización y del desarrollo. Lo que antes era nuestro, ahora es folclórico, lo que antes era hermoso ahora es anticuado, lo que antes nos pertenecía ahora es autóctono y lo que antes nos identificada ahora solo se ve en muchos casos como el recuerdo de algún pasado que queremos olvidar. Durante mucho tiempo rechazamos nuestra identidad, nos creímos lo que no somos y pagamos el precio de vivir pensando en el jardín del vecino. Y no hablo de fútbol solamente. Adoptamos medidas económicas de otros países, admiramos la cultura popular de otros continentes, escuchamos música impuesta. ¿No debería ya ser el momento de creer en nosotros mismos y luchar porque nuestra cultura sea reconocida y apreciada en todo el mundo?

Se han hecho avances interesantes e intentos por así hacerlo. Pero el resultado aún deja mucho que desear. No hablo de nacionalismo barato sino de un sentimiento profundo de que en el aspecto cultural (ya sean las letras, ya sea la pintura o la danza) dejemos huella en el espacio global y no solo pequeños destellos de grandeza cuando uno de nuestros genios (que los tenemos de cuando en cuando) salte a la luz del escenario mundial. Todo esto debe hacerse obviamente como un acto nacional, apoyado por algún gobierno que entienda que no solo la inflación o la deuda deben solucionarse sino el sentimiento nacional y las expresiones que un pueblo identifica.

El fútbol quizás sea al final no la cultura, pero si la expresión sintomática de un pueblo. Viendo los actos de violencia, la desorganización, la falta de espíritu (donde el sueño del jugador promedio es irse al extranjero) que está muy presente en el día a día, da que pensar en qué momento de nuestro vida popular estamos pero sobretodo hacernos pensar hacía donde queremos ir y qué es lo que tenemos que hacer (si es que queremos hacerlo) para llegar ahí.

 

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