Que se ha escrito mucho sobre Nueva York ya lo sabemos, el autor lo reconoce en una reciente entrevista en “La Opinión” de Murcia, pero que un escritor se adentre en el mundo neoyorkino –con la veracidad, ambición y buen resultado– como lo hace Pedro López Fernández, es difícil de encontrar en nuestros escritores pasados, presentes y futuros. Además, el escritor murciano no escribe una novelita cualquiera, “Las cenizas de Manhattan” se adentra en la historia de una familia de inmigrantes polacos y nos retrata la historia del S. XX comprimida en esta píldora literaria muy recomendable por varias razones (y perdonen los lectores que vaya a saco desde estas primeras líneas): No solo el divertimento de la novela pseudohistórica, es la radiografía del capitalismo y la crítica a las mezquindades del hombre en este sangriento y turbio siglo pasado, también las grandezas. Escrita con el rigor, la riqueza lingüística y la premisa de la amenidad, con esa elegancia y buen humor del que ya pudimos disfrutar en su anterior novela “El magistrado Cuernavaca”. Pedro López Fernández nos regala a los lectores lo que para muchos es la novela del año, por muy gallitos que se pongan los premiados planetarios y otros cursis de las letras hispanas.

Pedro López Fernández entrevistado por Carlos Mª Cabrerizo en Salamanca. Foto: Cortesía de Salamanca RTV Al Día

Esta historia es la de los Rosenstock, una humilde familia de emigrantes, a finales del año 1902, y por razones cuya esencia verdadera sólo el futuro esclarecerá, traslada su hogar a Manhattan. Sus vivencias, desde aquel asentamiento primerizo en uno de aquellos “tenements” miserables de la zona del “Lower East Side”, van fluyendo paralelas a las propias de la isla. El relato de la ascensión económica y social de Januarius, el único vástago de la familia, y el del azaroso hallazgo –ya en época más reciente– por parte de William, el último y actual heredero del legado familiar, de un enigmático manuscrito redactado por aquél, se va alternando en esta novela para revelarnos, junto a aquellos acontecimientos públicamente conocidos por todos de la vida del magnate, otra serie de sucesos ignorados con que el destino, de manera caprichosa, se divierte entrelazando los destinos de la gente.

La ciudad de Nueva York, desde comienzos del Siglo XX hasta la más cercana actualidad, comparece en la novela como fascinante enclave físico y temporal que brinda su estampa a esta historia. Los primeros rascacielos, los buques de vapor preñados de zozobra y esperanza, la promesa de opulencia tras la ínsula de Ellis, las nuevas formas de comunicación, las fotos con flash de magnesio, el metro y el ascensor, los coches, gramófonos y el cine…, la magia de aquellos inventos que balbucían sus primeras palabras y mudaban poco a poco las costumbres de la gente… Edison, Tesla, ¡La luz…! Las conquistas laborales, el sufragio femenino, los ufanos años veinte, los gánsteres y la Ley Seca, la crisis del veintinueve, las colas de desempleados tras la honda depresión, la fatídica sorpresa “envuelta en papel de espanto” de un par de guerras mundiales…

Pedro López Fernández en el Café Novelty de Salamanca. De izquierda a derecha: Torrente Ballester, la editora Mercedes Andrés, la esposa del autor, el escritor murciano y Carlos de Tomás.

Más de cien años de historia en el trasiego de una ciudad y en las vidas de los seres que la habitan, sobre todo las de nuestros protagonistas, que transcurren cada una por su cauce con esa inexorabilidad irreprochable con la que avanzan las aguas de un río, y convergen, como ocurre solamente algunas veces y alcanzado ya el final en la novela, de una forma sorpresiva y sin duda inesperada.

El pasado día 18 se presentó “Las cenizas de Manhattan” en Salamanca, el próximo día 26 estará a todo trapo en su pueblo natal Cehegín (Murcia) y el próximo 23 de noviembre en Cartagena, esperamos verlo pronto por Madrid y a buen seguro que en la próxima Feria del libro. Enhorabuena, desde esta tribuna, a este escritor que se va abriendo un hueco merecidísimo en el panorama de la buena literatura actual.

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