Jorge Luis Borges fue uno de los más grandes prosistas es español, un filósofo literario, un erudito absoluto.

Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1899 y murió en Suiza en 1986, así que vivió casi  todo el convulso y maravilloso siglo XX escribiendo, leyendo, opinando sobre la política universal, fundando revistas literarias, trabajando en bibliotecas, viajando por Europa y América, y, desde luego, encumbrando las letras argentinas con la fuerza de sus escritos.

Borges fue un claro defensor del individuo frente  al fascismo y comunismo, también frente a las dictaduras que le tocó presenciar en su país, en la Europa del Este, en España, Portugal y en tantos otros países de Latinoamérica. Bilingüe en español e inglés, hablante de portugués y francés, dominó el latín y el griego como lenguas y culturas, trasmitiendo a sus obras la influencia de innumerables leyendas, crónicas, poesía y filosofía clásicas.

Poeta, periodista y novelista, destacó claramente en el relato corto, afrontando la vertiente esotérica de cualquier historia popular,  y desde luego la cosmopolita de sus argumentos, pues escribió relatos sobre personajes alemanes, indios (de Sudamérica), británicos, musulmanes, españoles y claro, argentinos.

Nacer en Buenos Aires, viajar y vivir en España, tener una abuela inglesa y leer la biblioteca de su padre, escritor también, marcaron su ascendente trayectoria, en un tiempo (las ocho primeras décadas del siglo pasado), en que las revistas literarias eran abundantes, así como las políticas, locales e incluso las de los distintos gremios. La lectura de periódicos, la colaboración en semanarios, la opinión vertida en las cabeceras de la prensa eran moneda de cambio durante la vida del autor, pues la población ansiaba noticias sobre su entorno y sobre el resto del mundo continuamente, ayudada por la fuerza de la televisión y el cine. Borges vibró con todo este estímulo de papel impreso, destacando en la edición de revistas, en la dirección de la biblioteca nacional de su país y en todos sus empleos, siempre relacionados con los libros. Estuvo propuesto al Premio Nobel durante décadas, pero no lo consiguió, quizá debido a su crítica feroz a las dictaduras y al poder establecido en general.

Añadida  a su inteligencia y memoria proverbial, se daba la circunstancia de haber crecido en un barrio bonaerense en un momento, 1920-1930, mágico para esta ciudad, capital trascendental de Latinoamérica, poblada por millones de inmigrantes españoles, italianos y centroeuropeos, que por una parte querían probar fortuna en la agradecida, inmensa y despoblada tierra americana, y por otra, deseaban implantar la democracia en Argentina y todos los otros jóvenes estados, nacidos al albur de la independencia de la metrópoli y de los principios de la revolución francesa.

Compartió con Samuel Beckett, en 1961, el Premio Internacional de Literatura (consistente en 10 mil dólares), otorgado por el Congreso Internacional de Editores en Formentor, Mallorca. Publicó Introducción a la literatura inglesa en 1965 y Literaturas germánicas medievales en 1966. En 1971 publicó  el cuento largo titulado El congreso.

En agosto de 1924 fundó la revista ultraísta Proa junto con Ricardo Güiraldes, autor de Don Segundo Sombra, Alfredo Brandán Caraffa y Pablo Rojas Paz.

Escribió cuentos y poemas sobre el suburbio porteño, sobre el tango, sobre fatales peleas de cuchillo, como Hombre de la esquina rosada y El puñal.

Destacan también sus poemarios Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925)  Cuaderno San Martín (1929 y los libros de relatos Ficciones y El Aleph, publicado este último en 1949, reeditado por el autor en 1974 y galardonado con el primer premio en la categoría Obras de Imaginación en Prosa, en el marco de los Premios Nacionales de la Secretaría de Cultura de Argentina.

El Aleph consta de 17 relatos cortos: El inmortal, El muerto, Los teólogos, Historia del guerrero y la cautiva, Biografía de Tadeo Isidoro Cruz, La casa de Asterión, La otra muerte, Deutsches Requiem, La busca de Averroes, El Zahir, La escritura del Dios, Abenjacán el Bojarí, El muerto en su laberinto, Los dos reyes y los dos laberintos, La espera, El hombre en el umbral y El Aleph que proporciona el título general.

Este cuenta el descubrimiento por parte del protagonista, el mismo autor, de algo maravilloso y singular en la vivienda de su  amada ya muerta, Beatriz Viterbo. Se trata de una esfera pequeña que se halla en el  sótano de esa casa muy antigua en la calle Garay, en el corazón de Buenos Aires, que es  a la vez espejo y centro del universo entero.

En el Aleph todo confluye y se refleja, a la vez. Puede ser considerado  una biblioteca, un canto, una mente general. Además el relato recuerda, tanto en el personaje Carlos Argentino, como en el de Beatriz Viterbo o  en el descenso al sótano, (los infiernos ) a la Divina Comedia de Dante.

Borges, que desbordó conocimiento de las obras históricas de literatura, filosofía, religión o ciencia simbolizó en este pequeño objeto el saber, la ubicación y la fuerza del mundo. La diminuta esfera escondida que irradiaba sabiduría puede considerarse el icono de este autor, original y desbordante en sus argumentos como buen americano y profundamente culto como gran clásico literario.

Teresa Álvarez Olías

 

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