Para hablar de la peste, de todas aquellas ocasiones en que la enfermedad se ha expandido con tanta virulencia y rapidez que ha llegado a denominarse epidemia, debemos remontar varios siglos atrás. Como en cualquier rincón del planeta, Sevilla no ha quedado exenta de episodios fatídicos en que la desgracia fue un factor común en toda la ciudad dejándola bajo un aspecto realmente desolador e incluso fantasmagórico.

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El ambiente insalubre de épocas anteriores, el constante tráfico naval que llegaba de las Américas hasta el rio hispalense y la rápida propagación a través de las pulgas de las ratas, hizo que la enfermedad fuese altamente mortífera, exterminando muchas veces a más de la mitad de la población. La peste bubónica no fue controlada hasta que en el siglo XIX se descubre el bacilo que la produce, hasta entonces fue una terrorífica amenaza que se repitió en varias ocasiones y que produciría gran angustia y tremendos escalofríos entre la población con solo mencionarla.

Muchos han sido los autores que han escrito sobre esta enfermedad mostrándonos el lado más horripilante y apocalíptico, pero también el surgimiento de la verdadera esencia del ser humano, mostrando su mejor y su peor cara. Por citar algunos títulos, entre los tantos que se pueden encontrar, mencionaré La peste, de Albert Camus, un clásico de la literatura francesa que pone el foco sobre el entendimiento del comportamiento humano en una situación de supervivencia; Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago y El último hombre, de Mary Shelley (creadora de la primera novela de ciencia ficción, titulada Frankenstein). En todas ellas el temor a lo invencible, a la desaparición de la raza humana a causa de enfermedades incurables, queda reflejado como uno de los mayores miedos del ser humano.

Este tipo de máscaras eran utilizadas por los médicos para evitar el contagio con escasa eficacia.
Este tipo de máscaras eran utilizadas por los médicos para evitar el contagio con escasa eficacia.

Es tema recurrente tanto en literatura como en cualquier otra manifestación artística, como es el caso de la pintura.

Valdés Leal, “In ictu oculi”
Valdés Leal, “In ictu oculi”

A siglos de distancia y con la tranquilidad que da saber que la enfermedad está erradicada, se puede viajar, figuradamente hablando, en el tiempo hasta aquellos escenarios en los que transcurrieron los terribles episodios que marcó una ciudad y su historia. Como ruta de interés y en la intimidad de la noche, Sevilla ofrece a sus habitantes la posibilidad de conocer aquellos rincones en los que acontecieron mil y una historias dispares. Una ruta un tanto macabra que nos acerca a ese aspecto más tenebroso y espeluznante, que nos aleja de la algarabía, la luz y la alegría que como característica propia identifica a la capital sevillana.

La Peste en Sevilla, la epidemia y la serie de TV

Isamar Cabeza

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