Decía que… ¡vaya! se ha ido la luz y no he guardado los cambios…

Hube de rebuscar en mi interior para encontrar un modo de situarme. Comencé tu lectura buscando la metáfora de la vida y me perdí. Entonces abandoné esa pretensión, me dejé llevar por la fantasía y me liberé. Así es como te he leído Sábado Inglés. O así es como te has hecho camino entre mis registros: dejándolos a un lado. Sin embargo, eso no evita que metida en la fantasía me haga preguntas sobre la vida y, más poderoso aún, que la sienta. Porque ahí están los temas primordiales: el sexo, la muerte, el poder, la herida, la enfermedad, el amor, el arte, la utopía…; los asuntos que no tienen solución expuestos a su máxima revolución, en esa literatura desbocada con un toque de refinamiento.

Editorial Amarante - Jorge L Penabade - Sabado inglés

Qué regodeo hay en las perversiones y, aun estando ante descripciones de lo que en ciertos momentos podría ser una intervención del Activismo vienés, quien te escribe remata con acentos de delicadeza, sensualidad o humor, que transforman lo potencialmente hiriente en algo conmovedor, a veces divertido. Es su seña de identidad arrastrar hasta lo más insospechado, desenfrenado, proceloso y refrescar de pronto con una bocanada de humanidad en un detalle. No hay nada en ti de previsible, dilatas la tensión y provocas la sorpresa.

Pero si me he concedido estas palabras para ti es porque hay un acontecimiento central, el mismo que me avivó la suspicacia: ¿qué sucede con ellas? pues, aun siendo protagonistas, quedan veladas en la fuerza dramática de sus cuerpos y, en parte, tal como ellos los experimentan. Avanzaba en la lectura y me guardaba ese envite para quien te ha escrito: si abordaría de frente el conflicto que con ellas se da entre ser figura y fondo, y es que sentía el fondo pero no veía la figura. Es en el doble final, el de las dos historias, donde Jorge L. Penabade te da su máximo golpe de efecto. Las tres mujeres protagonistas asumen toda su potencia y desvelan lo revelable de sus secretos. Aparecen para enmendar la herida. Es un cierre grande, con una expresión del cuidado y la fuerza de lo femenino que hacen de un último gesto perverso un ritual de sanación. Ellas permanecen sin huir, dejando al arbitrio del lector que en medio de toda esa decadencia se proyecte alguna luz. Todo de manera extraña, como de extraña y sugerente eres toda tú, novela.

Belén Blesa Aledo

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