Fahrenheit 451

Es Fahrenheit 451 una novela de mediados del siglo XX, donde el autor, Ray Bradbury, se adentra en un mundo irreal para mostrar cómo es el real en sus aspectos más terribles.

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Es Fahrenheit 451 una  novela de mediados del siglo XX, donde el autor, Ray Bradbury, se adentra en un mundo irreal para  mostrar cómo es el real en sus aspectos más terribles. La ciencia ficción es perfecta para retratar el mundo cotidiano, jugando a inventar otro donde los grandes fracasos sociales: la guerra, la alienación, la incomunicación o la tiranía se han adueñado de los seres humanos.

Nuestro atormentado protagonista, Montag, es bombero, pero en su país los bomberos queman libros, porque está prohibido leer, y por tanto pensar.  Su mujer, Millie, es una insulsa muñeca, como todos sus vecinos, que se recrea permanentemente en una felicidad estúpida, que no se plantea nada en la vida, que tan sólo vegeta sin criticar un solo aspecto de lo que la rodea. Porque en la sociedad en la que el protagonista y su mujer viven es obligatorio ser feliz, y para ello resulta imprescindible no salirse de los cánones establecidos, no mostrarse original, no criticar, no ser disidente, no cuestionar el poder establecido ni levantar la voz.

Hay algunas otras personas que se han atrevido a pensar, a dejar de ser felices por obligación, pero a ser dueños de sus sentimientos y  razón, igual que Montag, arriesgándose a no ser felices, y han desaparecido, liquidadas. Además existe un horrible monstruo, El Sabueso, diseñado para liquidar a los rebeldes de distinto pensamiento al común, algo así como un repelente insecto gigante, accionado por los dueños de la sociedad para  destrozar y aniquilar por completo las bibliotecas clandestinas, las casas de los dueños de libros y las viviendas de las personas críticas.

Nuestro protagonista se debate entre el miedo, la obligación y la paulatina comprensión de la verdad: los individuos que piensan por sí mismos son perseguidos y muertos. Con paciencia y estupor va comprobando cómo su esposa y sus vecinos le abandonan sin sentir nada por ello, cómo sus compañeros siguen quemando libros y van advirtiendo los cambios de mentalidad en él, al que acaban delatando por traidor. Éste se niega a seguir incendiando casas y bibliotecas, y ayudado por algún  disidente individual, acaba por escapar de su ciudad, perseguido por el monstruo, sus compañeros bomberos y las autoridades. La huida se retransmite en televisión.

Llega junto a un río donde también la pequeña pantalla emite la muerte de otro hombre y él consigue escapar, encontrando a diversos ciudadanos que también han abandonado, a la carrera, la tiranía que prohíbe leer. Muchas de las personas que también avanzan  cerca, son defensores a ultranza de algún libro de la literatura universal. En el camino se desata una guerra, un horrible bombardeo que destroza su ciudad, la urbe donde vivía con su esposa. 

Las similitudes de Fahrenheit 451 con nuestra nueva realidad pueden ser varias:

a) Un monstruo convive con la gente aniquilando personas y cerrando bibliotecas. La pandemia nos aniquila hoy también, llevándose por delante a escritores, lectores y a cientos de proyectos culturales.

b) El individuo se debate entre criticar su sociedad siendo perseguido o sobrevivir sin razonar ni poner en evidencia la injusticia o la sinrazón. Esta es  una constante ante y post pandemia.

c) Los libros y la cultura son erradicados, quemados, extinguidos u olvidados en cuartos infames. En las invasiones bélicas, en el nazismo y en cualquier dictadura, con su censura a todo pensamiento de ideología opuesta a la dominante, los libros, como vehículo de expresión del derecho a opinar, son prohibidos e incinerados y sus autores son presos o ejecutados.

d) El protagonista, el crítico, el hombre que se plantea preguntas sobre la existencia y la sociedad piensa que la humanidad se ha equivocado de rumbo. Este pensamiento ha sido muy extendido en el último siglo por primera vez, como un atrevimiento histórico, y el corona virus lo ha resaltado, haciéndonos ver la fragilidad de la vida y el innecesario apego que tenemos a la ostentación, al consumismo y al deterioro de la naturaleza.

e) La defensa de la literatura universal, de los libros y lectores es minoritaria, heroica, siendo un reservorio del ingenio histórico, de la crítica social y la belleza descrita en palabras. El Covid 19 y sus secuelas han clausurado bibliotecas, presentaciones de libros y premios literarios, en su avance mortal contra todo y contra todos. Rescatarlos significará reengancharnos a la cultura, a la inteligencia, al instinto de elevarnos sobre  nuestras miserias de conseguir comida y luchar contra la enfermedad.

f) La televisión de los años cincuenta, fecha en la que se publica la novela,  ya centraba el foco de atención en operaciones a las que el poder quería quedar publicidad, además de ser transmisora instantánea de noticias. Hoy la televisión y los medios de comunicación ofrecen esa doble posibilidad: magnificar la noticia y a la vez mostrarla con rapidez.

Fahrenheit 451, redactada como un relato difícil de creer tiene la facultad de retratar de forma simbólica la sociedad que vivimos, y bucea especialmente en el miedo al monstruo, en la falta de crítica a la destrucción del patrimonio común y en la locura de seguir a la masa en sus abucheos, ejecuciones, burlas  y adulaciones al poder.

Se trata de una obra narrativa de ciencia ficción, publicada en 1.953, escrita por Ray Bradbury (Illinois, Estados Unidos, 1920- 2012), autor de novelas, guiones de televisión y radio. Otras obras suyas son «Crónicas marcianas», publicada en 1.950, «El hombre ilustrado» en 1.951 y «El verano de la despedida», que vio la luz en 2.006, ”Ahora y siempre”, en 2.007 y otras muchas más. Él mismo se consideraba un autor de fantasía, moralista y romántico, amante del relato corto.

Leer Fahrenheit 451 nos conecta a ese género futurista que, desde el siglo XX, con sus novelas y películas ha dibujado una sociedad, normalmente avanzada en el tiempo, donde el progreso ha forjado un mundo que sigue siendo injusto y hasta inhumano, un mundo donde el individuo disidente, el que se da cuenta de que él mismo es un bombero pirómano, no tiene derecho a existir.

Encontremos hueco para leerla.

Cuídate mucho.

Teresa Álvarez Olías

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