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Celebramos la gran fiesta del año casi en todo el mundo la víspera del Año Nuevo. Personalmente la relaciono auditivamente con la inolvidable canción “Un año más” del grupo musical español Mecano. Y es que, automáticamente, al pronunciar “Nochevieja” o “Fin de Año” comienzo a tararear mental o verbalmente las primeras estrofas de esta inolvidable canción. ¿La recuerdan?

En la Puerta del Sol, como el año que fue, otra vez el champagne y las uvas y el alquitrán, de alfombra están. Los petardos que borran sonidos de ayer y acaloran el ánimo para aceptar que ya, pasó, uno más. Y en el reloj de antaño, como de año en año, cinco minutos más para la cuenta atrás, hacemos balance de lo bueno y malo, cinco minutos para la cuenta atrás.

Versión de 2020:

El “Fin de Año”, Nochevieja o Víspera de Año Nuevo es la última noche del año en el calendario gregoriano. De forma precisa, esta noche tan especial comprende desde las 20:00 del 31 de diciembre (Fin de Año) hasta las 06:00 del 1 de enero (Año Nuevo). Se viene celebrando desde 1582, con el cambio del calendario gregoriano.

La mágica noche de Fin de Año viene acompañada de numerosas tradiciones y supersticiones. En todas ellas no podrá faltar la música para animar las reuniones sociales; y, tampoco, pasar por alto un clásico de esta noche especial: brindar con champán como deseo de felicidad y prosperidad.

Miramos hacia el Año Nuevo tratando de atraer a nuestras vidas la buena suerte, es decir, las oportunidades que nos permitan atraer la salud, el amor o la abundancia en todas sus manifestaciones. Para ello, entrarán en juego algunas supersticiones como: besar a tu pareja; brindar; llevar ropa nueva y roja; dejar las puertas abiertas de la casa; empezar con el pie derecho; dar tres saltos con una copa de champán en la mano; comer uvas (una tradición muy española); maquillarse los ojos pues, según una tradición egipcia, hace que los malos espíritus entren por los ojos; buscar una mariposa blanca; tener un hijo ya que, según la tradición, un niño nacido el Año Nuevo será afortunado de por vida; barrer a medianoche para alejar las malas vibraciones las penas y la negatividad; colocar seis monedas debajo de la alfombra de la puerta principal de su casa; poner un billete en el interior del zapato para atraer dinero; vestirse con algo amarillo (color que representa el poder y la riqueza del oro); tener la billetera repleta de dinero y el frigorífico repleto de comida para atraer la abundancia…

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Además, la tradición también nos aconseja sobre lo que no debemos hacer durante esta noche misteriosa: no llorar, por ser un signo de mal augurio; comer pollo porque este animal rasca la tierra con sus patas hacia atrás; sin embargo, sí sería recomendable comer carne de cerdo porque rasca su nariz hacia adelante, un signo de progreso; dejar deudas pendientes o asuntos por resolver; o no salir de casa antes de que el año comience.

Aunque el espíritu de alegría y deseos de felicidad y prosperidad en común en todo el mundo para el último día del año, cada país le pone su propio sello de identidad. Así, por ejemplo, en Alemania, el punto de encuentro principal para la celebración es la Puerta de Brandeburgo, donde a medianoche se lanzan fuegos artificiales y se recibe el Año Nuevo con un vaso de sekt (vino espumoso alemán) o champán. Sin embargo, los británicos siguen la tradición de hacer la cuenta atrás para en cuanto el reloj da las campanadas, abrazarse y besarse para felicitar el año que entra; luego, tras las felicitaciones, todos los presentes se dan la mano y cantan la tradicional canción “Auld Lang Syne”. En Chile, es representativo el espectáculo pirotécnico de la Torre Entel, en la ciudad de Santiago, y el que se realiza en el borde costero de la ciudad de Valparaíso. En Brasil la congregación principal tiene lugar en la playa de Copacabana. En la India existe el “India style”, el recibimiento del Nuevo Año en momentos diferentes repartidos a lo largo de todo el año. En Bengala, por ejemplo, el Año Nuevo coincide con el 15 de abril, primer día del calendario lunar bengalí conocido como Baishakh, de ahí que el festival reciba el nombre de Pohela Boishakh. El Año Nuevo Chino también tiene sus particularidades, debido a que su calendario está basado considerando las fases del Sol y la Luna. Suele oscilar entre el 21 de enero y el 20 de febrero.

En España, lo tenemos claro: La Nochevieja española por excelencia es la de las doce uvas. Consiste en comerse una uva con cada campanada que da el reloj de la Puerta del Sol, en Madrid, a las 12 de la noche el día 31 de diciembre. Antes, claro está, se ha disfrutado de una tradicional cena en reunión con toda la familia y/o amigos. Y…¡ojo! Porque la tradición hay que cumplirla al pie de la letra porque se dice que quien no coma las 12 uvas antes de que terminen las campanadas, no tendrá un año de buena suerte. Parece ser que esta tradición tiene sus orígenes en Elche, en 1909, un año en el que unos viticultores de la comarca alicantina del Bajo Vinalopó la iniciaron para dar salida a un excedente de cosecha; si bien, hay también documentos que apuntan a diciembre de 1897.

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Evidentemente, las celebraciones de “El Fin de Año” tienen un origen ancestral. Los romanos lo relacionaban con Janus, un dios bifronte, con dos caras mirando en sentidos opuestos. Era el dios de las dos puertas, tanto en sentido físico como vital; de los comienzos y los finales; los cambios, los pasos y las transformaciones. Una de sus caras representa lo positivo, lo acertado; la otra, lo negativo, el error, la opción incorrecta. Como dios de los comienzos y transiciones, los romanos le dedicaron el primer mes del año: Enero (del latín Ianuarius).

Y, evidentemente también, el “Fin de Año” tiene un significado profundo, más allá de lo aparente, relacionado con el tiempo. Los griegos tenían dos palabras para referirse al tiempo: Cronos y Kairos. La primera se refiere al tiempo cronológico o secuencial; la segunda al momento indeterminado donde las cosas especiales suceden. Mientras la naturaleza de Cronos es cuantitativa, la de Kairos es cualitativa. Vemos estos dos aspectos del tiempo claramente en la Biblia. Las Sagradas Escrituras se refieren a Cronos al establecer el tiempo para la salvación del hombre dentro del periodo comprendido entre el Génesis (“En el principio, cuando Dios creó los cielos y la tierra…”) y el Apocalipsis ( “… sí, vengo pronto.”); y a Kairos, es decir, el momento sin determinar en que esa salvación puede concretizarse, en pasajes como el del Evangelio de Mateo: “Por tanto, estén despiertos, porque no saben el día ni la hora”.

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En este sentido, el “Fin de Año” es un aspecto de Cronos, el fin de un ciclo de un periodo de 1 año, 365 días, 8.760 horas, 525.600 minutos y 31.536.000 segundos donde, siguiendo la canción de Mecano “En el reloj de antaño, como de año en año, cinco minutos más para la cuenta atrás hacemos repaso de lo bueno y malo”. Y, al mismo tiempo, lo es también de Kairos pues es el tiempo donde puede llegar a producirse el gran cambio deseado en tu vida. Para ello, la sabiduría de la vida nos dice: confía; no dudes, confía. Y si la duda llama a tu puerta, sigue los consejos contenidos en el poema de Mario Benedetti, “No te rindas”:

No te rindas, aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo; aceptar tus sombras; enterrar tus miedos; liberar el lastre; retomar el vuelo.

Sí, efectivamente, cuando dudes, confía y no te rindas, como nos aconseja Mario Benedetti porque —añado yo— la vida comienza a cada instante; porque hoy es el primer día del resto de tu vida.

¡FELIZ AÑO NUEVO!

Podcast: Confía de Lluisa Martínez tvcostabrava.com

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Lluisa Martínez tvcostabrava.com

José Antonio Hernández de la Moya

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