YO, ABO. Capítulo 25: Ser o no ser, esa es la cuestión.
Mari-Luz era claramente una mujer expeditiva, vital y rápida en sus reacciones y respuestas. Había aparecido en mi vida de un modo aparentemente circunstancial, pero, tras pocas horas después de haberla conocido, estaba empezando a aceptar que había aparecido en esta nueva y sorprendente etapa de mi vida por alguna razón primordial. Sabía que el destino pone a las personas en nuestras vidas, pero en este momento desconocía por qué y para qué lo estaba ya Mari-Luz en la mía.
Sí, ciertamente lo desconocía casi todo de Mari-Luz, pero al mismo tiempo era plenamente consciente de que había llegado a mi vida por alguna razón o con un propósito, por ahora incomprensible para mí. Empezaba a pensar que Mari-Luz —una mujer muy extrovertida— había surgido justo en este preciso momento de la novela de mi vida fruto de la magia de la sincronicidad. Que se trataba de una coincidencia significativa, una señal del Universo para ayudarme a alcanzar un alto propósito.
Sí, no me quedaba la menor duda de que Mari-Luz no había llegado a mi vida de forma accidental, pues cada situación, cada persona, cada problema, cada suceso, cada experiencia nos lleva siempre hacia el siguiente nivel donde tenemos que estar. Así que, definitivamente, comprendí que Marí-Luz estaba en mi camino para seguirlo decididamente y aprender más sobre mí mismo.
Cuando llegó la cuenta de nuestra comida hice el ademán de abonarla yo, pero Mari-Luz, con su natural impronta de persona decidida y enérgica se anticipó y, cotejando la factura a la velocidad de un rayo, entregó su tarjeta de crédito en la porta cuentas. Por su parte, la camarera del restaurante, con una leve sonrisa, tomó de nuevo el portapapeles para efectuar el pago. Cuando se alejó un poco de nuestra presencia comenté con Mari-Luz mi deseo de abonar esta cuenta.
—Gracias, María-Luz, pero creo que era yo quien tendría que pagar esta cuenta.
—¿Y por qué habrías de pagarla tú, Abo? He sido yo quien te ha invitado.
—Bueno, sí, pero siento que estoy en deuda eterna contigo por todas las enseñanzas que me estás transmitiendo. Sé que me serán de gran utilidad en un futuro.
—Seguro que sí. ¿Sabes por qué estamos en este mundo?
—Pues…no sabría decirte. Cuando nacemos venimos totalmente desnudos y sin ningún tipo de libro de instrucciones. Es una pregunta que yo mismo me he hecho algunas veces.
—Ya, pero entiendo que sin ninguna respuesta convincente.
—Sí, así es, sin ninguna respuesta convincente. Y. Tú, ¿qué piensas al respecto, Marí-Luz?
—Pues, sencillamente, que, si estamos aquí y ahora encarnados no ha sido por casualidad, sino para hacer algo, realizar una misión.
—Sin embargo, las religiones nos vienen diciendo que estamos aquí de paso, para purgar nuestros pecados para después recibir la debida recompensa en la otra vida —comenté.
—¿Y si te dijera que, quizás, deberíamos “invertir la carga de la prueba”, para afirmar que, realmente, hemos venido aquí para convertir este mundo en lo más parecido a lo bueno que hay en el otro?
—¿A sí? Pero… ¿Es que no es radicalmente diferente este mundo del otro?
—Lo es. Pero este mundo no es tan malo como creemos. Mira, Abo, en este mundo tenemos un mayor nivel de dualidad con todo lo malo que conlleva, pero también con todo lo bueno. En este mundo podemos saborear unos buenos alimentos, amar y ser amados, vivir experiencias increíbles; también la dificultad, la superación o vencer nuestros miedos. En otros planos más sutiles no tenemos esta posibilidad de superar los obstáculos que a cada momento nos presenta la vida. Somos guerreros y los guerreros necesitan batallas, es decir, misiones, obstáculos, dificultades. En fin, todo aquello que nos hace crecer y evolucionar.
—Entonces, según tú, Mari-Luz, ¿cuál sería nuestro objetivo en este mundo?
—Experimentar. ¿Te acuerdas de lo que hacías cuando eras pequeño?
—Bueno, sí, me acuerdo que me gustaba mucho jugar y divertirme.

—Efectivamente, Pablo, jugar, divertirte, imaginar y soñar despierto eran tus tareas principales de cada día durante tu época infantil. Además, sabías en el fondo de tu corazón que eras un creador de realidad. Pero, luego, según fuiste creciendo, el entorno y la educación te fue castrando, anulando e insertando en tu mente ciertas creencias limitantes. Te hicieron ver que ciertos pensamientos que tenías eran ridículos y que, por lo tanto, tenías que madurar y hacerte un hombre de provecho.
—Y, oye, Mari-Luz… ¿Cómo crees que nos ven otros seres —si es que existen—desde otros planos superiores?
—Bueno, yo creo que nos deben tener cierta envidia, ja, ja, ja. Nuestras vidas deben ser para ellos como una especie de Netflix. ¡Uff, lo que deben disfrutar contemplando todas nuestras innumerables series de thriller e intriga, ciencia ficción, dramas políticos, comedias, terror y animación!
—¿Tú crees?
—Yo creo que para estos seres de planos superiores y sutiles debe resultarles muy interesante ver lo que hacemos desde sus cómodos olimpos celestiales, sabedores de las enormes dificultades perceptivas y cognitivas que tenemos nosotros aquí, en nuestro plano de densidad terrenal. Sí, Abo, aunque no nos lo parezca, nuestro trabajo aquí en la Tierra es titánica, y ellos lo saben. Es que es muy difícil vivir aquí, en este mundo, con esta densidad y con esta confusión, donde estamos siendo bombardeados siempre con informaciones de todo tipo, que en tantas ocasiones consiguen sacarnos de nuestro centro.
En ese momento, la camarera del restaurante —una preciosa jovencita de origen chino— interrumpió nuestra conversación para entregarnos la porta cuentas, la factura y la tarjeta de crédito de Mari-Luz. Con una sonrisa en sus labios nos preguntó si la comida había sido de nuestro agrado. Mari-Luz con su natural desparpajo la espetó:
—¡Maravillosa, preciosa! ¿Verdad, Abo?.
—Sí, a mí me ha gustado mucho. Gracias —asentí.
—Pues muchas gracias por su visita a nuestro restaurante —nos respondió ella con su eterna sonrisa. Espero verles de nuevo pronto por aquí. Que pasen una buena tarde.
Una vez que nuestra amable camarera se alejó de nuestra mesa, continuamos un poco más con nuestra sobremesa y la interesante y divina conversación que habíamos iniciado. En este momento tomé yo la iniciativa con esta pregunta:
—Si, como dices, estamos siendo bombardeados continuamente por informaciones que nos descentran, ¿no crees que nos tendría cuenta aislarnos, escondernos en una cabaña en la montaña, hacernos ermitaños o monjes?
—¿No hemos convenido antes que somos guerreros? ¿Y qué hacen los guerreros?
—Luchar, entiendo —fue mi dubitativa respuesta.
—Sí, luchar. La vida es lucha; también juego, diversión; también superación y crecimiento. Por cierto, ¿has leído la novela “¿Niebla”, de Unamuno?
—Pues no. Me suena de mi época de estudiante de enseñanza básica, pero no, no la he leído.

—Verás. Niebla es una novela escrita por Miguel de Unamuno que narra la historia de Augusto Pérez, un joven rico licenciado en Derecho, hijo único de una madre viuda y sus problemas de amoríos y existenciales. Se siente perdido dentro de una especie de niebla donde desconoce todo. Al final sus constantes cuestionamientos existenciales lo llevan a la muerte al tener que enfrentarse con el hombre que le ha dado una vida ficticia.
—¿Y quién era ese hombre? —pregunté intrigado.
—El propio Unamuno, quien le dice que es un ente de ficción.
—¿Un ente de ficción? ¿Es que, quizás, este gran filósofo y escritor intuyó que el ser humano interactúa en una especie de Metaverso?
—Probablemente. Quizás este gigante del pensamiento lo vislumbró. ¿Has leído su obra “El sentimiento trágico de la vida”?
—Pues no, es que, ya sabes que soy de ciencias.
—Estupendo, pero, sin ánimo de molestarte, el propio Unamuno se hacía esta pregunta: ¿Se hizo el hombre para la ciencia o la ciencia para el hombre?
—Evidentemente, la respuesta correcta es que es la ciencia la que se ha hecho para el hombre.
—Sí. Esto es lo lógico, pero el propio Unamuno comenta: “Si, si, lo veo; una enorme actividad social, una poderosa civilización, mucha ciencia, mucho arte, mucha industria, mucha moral, y luego, cuando hayamos llenado el mundo de maravillas industriales, de grandes fábricas, de caminos, de museos, de bibliotecas, caeremos agotados al pie de todo esto, y quedará ¿Para quién? ¿Se hizo el hombre para la ciencia o se hizo la ciencia para el hombre?”
—¡Hombre, visto de este modo…!
—Es que, Abo, para Unamuno lo real es lo irracional. La razón, contrario a lo que sostuvo Hegel, se construye sobre la irracionalidad. En este punto también parece que se adelantó a su tiempo porque, como seguramente sabrás, hoy la física cuántica está validando algunos de los grandes preceptos expuestos con anterioridad por las más importantes tradiciones espirituales.
—Sí, lo sé. Sobre este extremo he debatido largo y tendido con mis amigos Manel y Gerard. Pero, oye, ¿Y cuál sería para tí ese precepto que aúna ciencia y espiritualidad?
—Claramente, que el mundo es mental, que el observador puede modificar lo observado. Mira, Abo. La concepción de la vida como maya, sueño, ilusión o, en lenguaje tecnológico actual, “Metaverso”, “Matrix”, es muy antigua. Esto lo podemos comprobar en el pensamiento hermético, hindú, la mística persa, la moral budista, la tradición judeocristiana o la filosofía griega.
Mari-Luz no paraba de sorprenderme por su erudición científica y espiritual. Desde el primer instante en que la conocí me percaté de que estaba ante una mujer de mundo, pero no hasta estos niveles. Hasta ahora nos habíamos centrado en cuestiones generales sobre ciencia y espiritualidad, pero aún no se habían dado las condiciones para bajar al ruedo para conocer qué es lo que había detrás de interesante octogenaria que respondía al nombre de Mari-Luz. Tampoco para coger el toro por los cuernos y que sus sabios análisis me sirvieran de ilustración para viajar a California o quedarme aquí, en Europa.
—¿Te parece que continuemos nuestra interesante conversación en mi casa, como habíamos quedado? Es que quiero mostrarte algo que te va a sorprender gratamente. Ah, y de paso trataremos de resolver tu duda cuántica relacionada con el viaje a la Universidad de Stanford para hacer el posgrado.
—Sí, claro, por mi parte encantado. Esta tarde la tengo totalmente libre.
Así que dejamos el restaurante donde habíamos disfrutado de lo lindo de los manjares de la cocina asiática. Me había resultado un escenario magnífico para conversar sobre temas de lo más profundo. Mari-Luz era una gran conversadora. Con sus ochenta años estaba a la última. Por ello, pensé que había conocido a “una joven octogenaria”.
Su casa —un apartamento junto a la playa— se encontraba a unos veinte minutos caminando a paso lento del restaurante. Durante este corto trayecto me volvió a sorprender una vez más por sus altos conocimientos de lo divino y de lo humano.

—Me has sorprendido, Mari-Luz —comencé al iniciar nuestra peripatética conversación— Tu idea sobre la simbiosis entre la física cuántica, el Metaverso y la espiritualidad, ha sido para mí un gran descubrimiento. Nunca antes se me había pasado por la imaginación que ciencia, ingeniería y espiritualidad pudieran ser vasos comunicantes.
—Es que hemos sido educados en la concepción cartesiana de lo racional, sin embargo, como afirmó el gran filósofo chino, Lao Tsé, “El Todo está en todo”. La mente humana ha sido condicionada para fragmentar, dividir y separar.
—Ya. Y, bueno… ¿Qué sabes del Metaverso? Es que últimamente se está hablando mucho de este tema, por lo menos en mi mundo de la ingeniería informática. Me gustaría conocer tu opinión.
—Lo que yo he leído al respecto es que será el futuro de Internet; que la industria tecnológica hará posible que trabajemos, pasemos nuestro tiempo libre y hagamos muchas más cosas en mundos virtuales. ¿Será esto posible a corto o medio plazo? Yo no sabría decirte, pero tengo la impresión de que se están dando ya los primeros pasos en este sentido.
—Lo que está claro es que el Metaverso es una de las grandes tendencias en este momento. Se comienza ya a hablar de ello, no sólo en nuestro círculo de la ingeniería informática, sino también en el gran público joven. Se está avanzando incluso que la próxima plataforma será aún más envolvente, un Internet en que cada uno de nosotros podrá estar presente, y donde no nos limitaremos a mirar.
—Sí, creo que de esto es de lo que se trata. Un Internet de inmersión. Esto, como seguramente sabrás, no es nuevo. El término “Metaverso” se inventó en el año 1992. Se describió en la novela de ciencia-ficción de Lean Stephenson titulada, “Snow Crash”. En esta novela también se utilizó el novedoso concepto de “avatar”.
—No la he leído, pero he oído hablar de ella. Es una asignatura pendiente que tengo.
—Yo tampoco, si te sirve de consuelo, pero también como tú, tengo la intención de leerla.
—¡Uff, creo que lo que viene es muy fuerte! Me parece que será otro “pequeño paso para el hombre, y un gran paso para la Humanidad”. Lo que yo he estudiado es que el Metaverso es un mundo virtual paralelo en el que las personas viven como avatares. Hoy, casi treinta años después de ser propuesto, es una visión de futuro. Quizás, en algún momento las plataformas actuales existentes podrían conectarse entre sí para formar un nuevo universo digital.
—Una visión de futuro que se está haciendo presente. En estos momentos, como sabes, ya existen innumerables mundos virtuales que están compitiendo entre sí. Por ejemplo, los criptojuegos, que nos permiten desarrollar una vida virtual para tu avatar con su propia casa.Jugar y ganar dinero también es posible gracias a las criptomonedas específicas de cada plataforma.
—Sí, esto es, en sí mismo increíble. Pero hay más. Al parecer, Microsoft está trabajando ya en una plataforma para trasladar el mundo laboral al espacio virtual. Con ella los compañeros se convertirían en hologramas.
—¿No te parece increíble todo esto, Abo? A mí me resulta asombroso saber que vamos a ser capaces de fusionar el mundo real y el virtual. La comunicación y la interacción podrán sentirse como si estuvieses en la misma habitación, aunque los demás estén en otra parte del mundo.
—Lo es Mari-Luz. Ya lo creo que lo es.
Mientras conversábamos Mari-Luz y yo animadamente sobre el futuro increíble que le esperaba a la Humanidad por medio del Metaverso —un mundo fantástico donde lo que venimos entendiendo por realidad se podría fusionar con lo virtual e irreal—, observaba de reojo a los paseantes que a esa hora de la tarde convergían en nuestro mismo espacio-temporal. Seguramente —pensé— que todos ellos habrán tenido que vivir múltiples ocasiones de endurecimiento, tanto por la soledad como por los amplios y variados sufrimientos que como seres humanos tenemos que enfrentar en la existencia.
Seguramente que todas estas personas con las que me estoy encontrando aquí y ahora, sin saber por qué —reflexioné interiormente— estén siendo dirigidas —como lo puedo estar yo mismo o Mari-Luz— por ciertas fuerzas oscuras en forma de anhelos, ansias, deseos o pujantes necesidades que nos empujan hacia el afuera buscando no se sabe qué, bajo el falso señuelo de la dicha. ¿Y si todo esto que estoy viendo ahora no fuera real sino virtual? ¿Y si las personas de carne y hueso con las me estoy cruzando son avatares, puras creaciones de la Consciencia?
Este simple planteamiento de la posibilidad de que lo que venimos considerando como realidad fuera tan solo un sueño, una ilusión, una sombra o una ficción, en línea con el poético planteamiento que hizo Calderón de la Barca en su obra “La vida es sueño”, me producía una enorme angustia. De repente, Maria-Luz, captando mi inquietud interior, me sacó de mis pensamientos, captando mi atención con esta historia que a mí se me antojaba improvisada y de creación propia.
—Mira, Abo, en cierta ocasión un buscador de la Verdad le preguntó a un maestro iluminado:
—Maestro: ¿Qué es el Metaverso?

—El Metaverso es un mundo virtual —le respondió—, uno al que te podrás conectar utilizando una serie de dispositivos que te harán pensar que realmente estás dentro de él, interactuando con todos sus elementos. Lo que tú consideras el mundo real es, aunque no te lo parezca, también un mundo virtual, un Metaverso.
—¡Cáspita! —exclamó para sus adentros el buscador de la Verdad. ¿Entonces estoy viviendo en un mundo virtual como si se tratara de un Metaverso? ¿Podría ser más explícito? ¿Cómo puede ser que mi mundo no sea real, sino virtual?
—Sí. Así es —le respondió el maestro. Lo que tú consideras real es maya, es decir, ilusorio. Maya significa creación, energía creadora, aparición. Tiene que ver con la forma y la materia, con el mundo manifiesto, con lo que tú llamas realidad. Sin embargo, lo que tú puedes percibir con tus sentidos -siempre mensurable y mutable- es irreal e ilusorio.
—¿Y qué es lo real, maestro? ¿Cómo puedo hallarlo?
—Lo real es siempre lo no manifiesto e inmutable.
—¿Y cómo puedo acceder a él?
—Con el despertar de la Consciencia —fue su lacónica y enigmática respuesta.
—Precioso relato, Mari-Luz. Podría servir para explicar lo que es el Metaverso. Como te he venido comentando para mí es toda una revelación la idea de que lo que siempre hemos tomado como realidad sea virtual. La verdad, Mari-Luz este planteamiento me da un poco yuyu.
—Claro, hombre, al principio cualquier idea novedosa produce grandes tensiones en nuestras mentes. Es que la mente, como el estómago, necesitan un tiempo para digerir las ideas y los alimentos. Así que, por favor, Abo, que todo esto no te cree mayores angustias vitales.

—Sí, por supuesto. De momento me quedaré con que el Metaverso es, desde un punto de vista tecnológico el Internet de tercera generación. El Internet del futuro. Del mismo modo que el Internet que hemos conocido hasta ahora es el Internet del mirar, el Metaverso lo será del interactuar, que tendrá importantes aplicaciones en el mundo de la inmobiliaria, de la moda, de los juegos, de las inversiones…pero entiendo que habrá también otras tantas.
—Por supuesto, Abo. Ya lo creo que las habrá. Por ejemplo, dentro del mundo de la educación.En este campo las posibilidades son casi infinitas. Se podrá estudiar sin límites al desplazamiento y a las posibilidades económicas. Simplemente, con un dispositivo se podrá asistir a las mejores universidades del mundo, pudiendo acceder a carreras hasta las que hasta ahora no podían acceder muchos estudiantes.
Al comentar Marí-Luz lo de la posibilidad de estudiar cualquier cosa sin tenerte que desplazar trajo a mi mente el pensamiento de mi dilema vital: el de ir o no ir a cursar mi posgrado en Stanford. ¡Lástima —me dije— que ya no esté desarrollado este sistema! ¡Me evitaría tantos quebraderos de cabeza! También caí en la cuenta del motivo por el que estaba ahora con Mari-Luz, que no era otro que el de conocer su parecer sobre este viaje. No puedo demorarlo más, así que se lo tendré que plantear cuando lleguemos a su casa.
—Bueno, también en el mundo del entretenimiento habrá para dar y tomar —comentó, sacándome de mis disquisiciones vitales. Ahora se están dando los primeros pasos, pero ya ves que podemos ir vislumbrando lo que está por llegar, que es inmenso.
—¿Hasta dónde crees que se puede llegar con esto del Metaverso, Mari-Luz?
—Yo creo que muy lejos. Hasta ahora parece fácil o relativamente posible ver y oír, pero, ¿y por qué no sentir también?
—¿Tú crees, Mari-Luz que se podrá llegar a crear un Metaverso donde podamos sentir? ¡Uff, sería tremendo!

—Sí, claro. No lo pongas en duda. Hoy el Metaverso es un concepto, pero mañana será con total seguridad una realidad. El Metaverso supone esencialmente inmersividad, lo que implica que el observador de esa realidad creada podrá ser afectado desde todos los ámbitos sensoriales (auditivos, visuales, olfativos, gustativos y táctiles) y emocionales (como la tristeza o la alegría, el miedo o la valentía, la ira o la serenidad, la arrogancia o la humildad, la preocupación o la confianza). En unos años la tecnología será capaz de crear los hardware y los softwares necesarios para hacerlo posible. Y, más aún, yo creo que dentro de estos hardware se implementarán nuevos dispositivos que permitan la disociación de las pantallas tal cual las conocemos hasta ahora, tanto en realidad aumentada, desplazando la atención de las manos a los ojos, e incluso dispositivos de muñeca que, con una tecnología sensorial, permita identificar los movimientos de los músculos, convirtiendo las interacciones neuronales en órdenes para los dispositivos, consiguiendo la interectuación de un modo más intuitivo.
—¡Uff, collons, esto me suena a Transhumanismo!
—Sí, claro. En esencia lo que pretende el Transhumanismo es mejorar al ser humano por medio de la tecnología. Esto, como bien sabes, ya ha abierto un enorme debate público ético y moral muy amplio.
—Sí, de esto no cabe duda. Creo que este es precisamente su talón de Aquiles.
—¡Voilá, Abo, ya hemos llegado a mi humilde apartamento! —exclamó Mari-Luz dejando en el aire la contestación a la cuestión planteada.
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