¿No creen ustedes que al tratarse de una obra literaria extraordinaria tuvo que ser concebida por un escritor cultivado, sabio y erudito, repleto de creatividad, dominio del lenguaje y capacidad de expresión?
El escritor de libros de desarrollo personal, finanzas personales y orador motivacional estadounidense Anthony J. Robbins, más conocido como Tony Robbins, ha escrito en su obra “Pasos de gigante” que “Las preguntas son los rayos láser de la conciencia humana. Con su poder puedes atravesar cualquier dificultad u obstáculo”. Yo puedo dar fe de la verdad de este principio porque, por ejemplo, mi obra “APUNTES DE SABIDURÍA” se concibió en un plató de televisión, a raíz de la pregunta de una periodista.
En mi último artículo, EL VERDADERO AUTOR DE LOS «QUIJOTES», exponía —de la mano del profesor Francisco Calero Calero— que su autor podía ser Juan Luis Vives y no Miguel de Cervantes como se ha venido sosteniendo hasta ahora; un artículo, por cierto, que complementa a mis otros dos anteriores: ¿QUIÉN ESCRIBIÓ EL QUIJOTE? en el que argumentaba que, desde que el mundo es mundo, venimos aceptando a pies juntillas y sin rechistar “verdades” que consideramos indiscutibles como la de que el verdadero autor de “El Quijote” es Miguel de Cervantes, y EL PARADIGMA DE LA AUTORÍA DEL QUIJOTE, en el que exploré la cuestión de que la autoría de Cervantes de “El Quijote” constituye uno de los tantos paradigmas o creencias instaladas en la mente individual y colectiva de los seres humanos.

Y, ahora, en este nuevo artículo, que he titulado grandilocuentemente BREVES RESPUESTAS A LAS GRANDES PREGUNTAS SOBRE LA AUTORÍA DE “LOS QUIJOTES”, inspirándome en la conocida obra divulgativa “Breves respuestas a las grandes preguntas”, de Stephen Hawking, sobre las más importantes preguntas en torno al Universo, trataré de responder brevemente —también de la mano del profesor Francisco Calero Calero—a esas grandes preguntas en torno a la autoría de “Los Quijotes”. Son preguntas recurrentes, que me han venido formulando algunas personas de mi entorno más próximo, como mis compañeros y amigos, Juan Antonio Tirado Ruiz e Ignacio José Ayllón (Nacho Ayllón).
He seleccionado 12: ¡Doce preguntas sin piedad!

1.- ¿Se ha cuestionado alguna vez la autoría de “Los Quijotes”?.
Si. La autoría de “Los Quijotes” ha sido objeto de debate y análisis a lo largo de los años. La propia novela nos presenta al escritor arábigo, Cide Hamete Benengeli, como su autor verdadero. A este respecto, algunos estudiosos consideran que es un simple recurso literario; otros, una manera de poner el acento en el contenido de la obra y no en el autor; los hay que sostienen que se trata de un seudónimo detrás del que está Francis Bacon y la hermandad ocultista inglesa “The Sireniacals”. También los hay que sostienen que existe un “autor primero” que redactó la primera versión y un “autor segundo” que realizó una segunda versión.
Fuera de España, en 1917, el austríaco Alfred von Weber Ebenhoff publicó un libro en el que daba ciertas claves acerca de la verdadera historia de El Quijote. Según von Weber, el autor de esta obra fue Francis Bacon, hombre de la corte inglesa en tiempos de Shakespeare, reconocido alquimista y escritor.
Por su parte, el escritor inglés, Francis Carr, en su libro del año 2004, Who Wrote Don Quixote? (¿Quién escribió Don Quijote?) se pregunta: «¿Qué evidencias hay de que Miguel de Cervantes escribió Don Quijote? No hay ningún manuscrito, ninguna carta, ningún diario, ningún testamento, ningún documento que pruebe que escribió esta obra maestra. No hay ningún retrato, ninguna tumba marcada y ningún registro de pago alguno por “Don Quijote”, aunque se hizo popular en España y en el extranjero durante su vida. Carr apunta a la sociedad esotérica de los rosacruces, cuyo principal exponente por aquel tiempo era Francis Bacon.

Y la escritora holandesa, Jettie van den Boom —a quien he tenido el privilegio de entrevistar— autora del libro “The deciphering of the Don Quixote & the unmasking of Avellaneda” (“El desciframiento de Don Quijote y el desenmascaramiento de Avellaneda»), del año 2015, sostiene que, tras sus investigaciones durante una década, la han llevado a considerar que, tanto la primera como la segunda parte —publicadas en 1605 y 1615, respectivamente— de “El Ingenioso Hidalgo Don Quixote de La Mancha» son traducciones del inglés al español. Para Jettie van den Bom, “El Quijote”, contiene ciertos códigos secretos, cifras, anagramas, seudónimos —hasta la fecha, ella ha encontrado unos 100— en los textos en inglés (y en el español de Avellaneda), que se pueden descodificar con la técnica de la esteganografía. Sostiene, además, que Miguel de Cervantes no era más que un pobre escritor español que había vendido su nombre y su historia a los ingleses para sobrevivir, y que Francis Bacon pensó en él como testaferro para situar la obra en España, por ser un país católico y, al mismo tiempo, iniciado en conocimientos herméticos, esotéricos y cabalísticos.
Según me confesó Jettie en la entrevista FRANCIS BACON Y EL QUIJOTE, con la técnica de esteganografía (práctica que oculta información dentro de otro mensaje u objeto físico para evitar su detección) pudo descubrir que, detrás del nombre de Cide Hamete Benengeli, se esconde el de la fraternidad “The Sireniacals Gentlemen”, un grupo misterioso y selecto coordinado por Francis Bacon.
Y, en España, el filólogo y cervantista por excelencia, Américo Castro, autor de El pensamiento de Cervantes (1925) —considerada, por cierto, como una de las obras más importantes sobre la exégesis del universo quijotesco—, Los prólogos al Quijote (1949), Hacia Cervantes (1957) y Cervantes y los casticismos españoles (1967), a la luz de sus investigaciones calificó a Cervantes como “ingenio lego” (genio sin cultura), dictaminando que «Mucho más nos habría valido que, como en el caso de Shakespeare, se discutiera si realmente él fue el autor de esas obras admirables».

Castro vio en “El Quijote” una obra erasmista —como Menéndez Pelayo—, humanista, renacentista y sensible con la situación de los llamados “judíos conversos”. Ciertamente, no dijo explícitamente que Cervantes no escribiera “El Quijote”, pero sembró la simiente de la duda; una duda que en nuestros días ha quedado completamente despejada con la obra “El verdadero autor de los Quijotes de Cervantes y de Avellaneda”, del Catedrático de Filología Latina de la UNED —ya jubilado— Francisco Calero Calero.
El profesor Francisco Calero, basándose en rigurosos estudios defiende la tesis de que, tanto la primera y la segunda parte, así como el de Avellaneda, fueron escritos por el mismo autor; un autor que no es Cervantes, sino el valenciano Juan Luis Vives.

La tesis sobre la autoría del Quijote por Juan Luis Vives fue expuesta por primera vez por el profesor Calero en año 2012, por medio de un artículo publicado en una revista de pedagogía titulado “Las disciplinas universitarias en El Quijote o de toda imposibilidad, imposible”. En este artículo anticipó las conclusiones contenidas en “El verdadero autor de Los Quijotes de Cervantes y de Avellaneda”, presentado oficialmente en la Facultad de Educación a Distancia (UNED) de Madrid, el 20 de mayo de 2015.
El primer gran pilar en el que fundamenta su tesis se asienta sobre la base de que El Quijote es una obra sapiencial que contiene la sabiduría acumulada por hebreos, griegos, latinos, medievales y renacentistas. Para acceder a esta sabiduría ancestral se requería inexorablemente el conocimiento del griego, hebrero y el latín, lenguas que Cervantes no conocía; un requisito que, sin embargo, sí cumplía Juan Luis Vives. Precisamente, basándose en este mismo argumento, ciertos eruditos británicos han cuestionado la autoría de las obras atribuidas a Shakespeare.

El humanista, Francisco Cervantes de Salazar (1518-1575), que conoció personalmente a Vives en los últimos años de su vida escribió sobre él que:
«Tan grande era su facilidad para expresarse tanto en latín como en griego, que hablaba en el momento sin dar la impresión de que lo hiciese de forma premeditada; ahora bien, esto no resultará extraño a quien conozca gracias a mí que tenía una inteligencia agudísima, un juicio maduro y una memoria segurísima».

Así que, descartada la autoría de Cervantes, el profesor Francisco Calero propone a Juan Luis Vives como el verdadero autor de El Quijote. Vives fue un erudito y un sabio, seguramente el pensador español más universal, más importante y más influyente a partir de la edad moderna. Un hombre virtuoso y humilde, adelantado a su tiempo. Un autor a la altura de la obra más importante de la literatura española, joya de la literatura universal y del pensamiento humano.
En este gran trabajo académico sobre la autoría del Quijote, el profesor Calero compara más de cuatrocientos textos de esta obra con las latinas de Vives concluyendo contundentemente que existe una gran identidad de pensamiento. Y, es que, ciertamente, “El Quijote”, directa o indirectamente, reproduce el pensamiento del maestro Juan Luis Vives: Una figura destacada del humanismo renacentista en Europa, hombre ecléctico y universalista, que avanzó ideas innovadoras en múltiples materias, proponiendo acciones en favor de la paz, la unión de los europeos y la atención a los más necesitados.

2.-¿Qué relevancia tiene el calificativo utilizado por Américo Castro de “ingenio lego” para la determinación de la autoría de “El Quijote”?
El calificativo de “ingenio lego” dirigido a Cervantes procede del bibliógrafo y erudito español, Tomás Tamayo de Vargas, quien así lo llamó en su obra “Junta de libros, la mayor que ha visto España hasta el año 1624”, dando lugar a variadas interpretaciones y debates. Unos consideran que “ingenio lego” es una expresión latina que podemos traducir como “lector con ingenio”, es decir, que la persona en cuestión es un gran lector que utiliza su gran inteligencia y astucia para leer; otros, sin embargo, como el filólogo, historiador y cervantista, Américo Castro, entienden que se refiere a una persona falta de instrucción y que ha leído poco, como fue el caso de Miguel de Cervantes. En todo caso: persona sin conocimientos de las lenguas doctas.
Ninguna biografía determina dónde y cómo adquirió Miguel de Cervantes toda la enorme erudición y sabiduría que contienen “Los Quijotes”. Se viene aceptando que nació Alcalá de Henares el 29 de septiembre de 1547 y que falleció en Madrid el 22 de abril de 1616; que fue novelista, poeta, dramaturgo y soldado español. Asimismo, se viene admitiendo que Cervantes está considerado una de las máximas figuras de la literatura española —de aquí el apelativo de “Príncipe de los Ingenios”— autor del “Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, una obra magna precursora de la novela moderna. Sin embargo, sobre su vida y su obra se han abierto trascendentales enigmas como el de su lugar de nacimiento y su erudición y sabiduría.

Con respecto a su lugar de nacimiento, recientemente se ha redescubierto un documento judicial de 1593 (descubierto en 1914 por el abogado e historiador Adolfo Rodríguez Jurado) que incluye dos firmas de Cervantes. Según el investigador José de Contreras y Saro: «Hay muchos documentos de Miguel de Cervantes, pero este es el único en el que se precisa su edad, se habla de su naturaleza, se habla de su vecindad, se habla de su oficio como criado del rey, y se habla de que es escritor. Todo en un mismo documento». Por lo tanto, surge la duda de Cervantes razonable de si nuestro escritor más universal nació realmente en Alcalá de Henares, en Córdoba o en otros lugares sugeridos como Alcázar de San Juan (Ciudad Real).

Pero como “no hay dos sin tres”, de acuerdo con el principio de la escuela pitagórica que establece que para equilibrar la dualidad debe aparecer un tercer punto, también recientemente, dos profesores de la Universidad de Sevilla, José Solis y Juan Montero, han salido al paso de esta información aduciendo que por el hecho de que Cervantes declarara en un juicio que era “natural de Córdoba”, no significa que hubiera nacido allí. Aclaran que se trata de una antigua polémica del pasado que ya fue resuelta hace más de un siglo por el gran cervantista Francisco Rodriguez Marín determinando que la declaración “soy natural de…” no ha de interpretarse de forma literal, sino para apelar a un sentimiento. En este mismo sentido se ha pronunciado Alfredo Martínez, profesor de Historia del Derecho de la Universidad de Sevilla, diciendo que en la época de Cervantes, la expresión «natural de» no es fidedigna jurídicamente y que, más que una realidad con efectos jurídicos, expresa un sentimiento, es decir, sentirse oriundo de un lugar o que su familia lo sea. Recordemos que su abuelo, don Juan, fue corregidor en Córdoba e introductor en esta ciudad de la Compañía de Jesús.

Y en cuanto a su erudición y sabiduría, todas las biografías se limitan a comentar que Cervantes se estableció con 19 años en Madrid en 1566, formándose en el Estudio de la Villa con el catedrático de gramática, Juan López de Hoyos. Al parecer, López de Hoyos, estaba familiarizado con las ideas erasmistas.
En un libro que publicó en 1569 sobre la enfermedad y muerte de la tercera esposa de Felipe II, la reina Isabel de Valois, López de Hoyos incluye dos poesías de Cervantes, a quien califica de «nuestro caro y amado discípulo». Para ciertos cervantistas, estas poesías son las primeras manifestaciones literarias de Miguel de Cervantes.
Nadie ha sabido determinar durante cuánto tiempo asistió Cervantes a esta prestigiosa institución académica. La estancia de Cervantes como estudiante en el Estudio no está nada clara. J.M. Bernáldez Montalvo en su obra “Historia de una Institución madrileña” lo pone en duda: «¿Fue, pues, Cervantes alumno de López de Hoyos en el Estudio Municipal, como reza una lápida conmemorativa de esa institución? Los “madrileñomanos” lo afirman sin reservas. Los cervantistas críticos lo dudan o lo niegan en redondo. Hay algo seguro: solo lo sería por pocos meses»
Sí, en efecto, todo apunta a que la estancia de Cervantes en el Estudio de la Villa lo fue durante muy poco tiempo —quizás meses— pues se conserva una providencia de Felipe II de 1569, por la que establece prender a un tal Miguel de Cervantes, acusado de herir en un duelo al maestro de obras, Antonio Sigura.
Se ha especulado con que,si se tratara realmente del supuesto autor de El Quijote y no de un homónimo, este grave incidente le habría empujado a Cervantes a huir de España, encontrando refugio a las órdenes del cardenal Giulio Aquacviva, siguiéndolo por diferentes ciudades de Italia. Al parecer, no estuvo mucho tiempo a su servicio porque, pronto ocupó el puesto de soldado en la compañía del capitán Diego de Urbina. Embarcado en la galera Marquesa, participó con 24 años, el 7 de octubre de 1571 en la famosa batalla de Lepanto, «la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros», formando parte de la armada cristiana dirigida por don Juan de Austria.
Su periplo italiano, centrado en batallas navales y no, como a veces se comenta en el estudio de la cultura renacentista, finalizó en Nápoles con 28 años en 1575. Durante su regreso a España sería apresado, junto con su hermano Rodrigo, el 26 de septiembre por una flotilla turca y conducido hasta Argel, donde permaneció durante 5 años. De acuerdo con la biografía aceptada esta experiencia dejará una huella significativa en Cervantes que habría quedado reflejada en El trato de Argel, La Galatea y Los trabajos de Persiles y Segismunda.

Una vez en España, su vida no fue, en absoluto, tranquila y propicia para el estudio y la reflexión. En mayo de 1581, Cervantes se trasladó a Portugal, donde se hallaba entonces la corte de Felipe II, con el propósito de encontrar algo con lo que rehacer su vida y pagar las deudas que había contraído su familia para rescatarle de Argel. Le encomendaron una comisión secreta en Orán, por sus muchos conocimientos de la cultura y costumbres del norte de África.
En la época en que se supone que escribió y publicó La Galatea, su primera gran obra literaria (allá por los años 1581-1585) mantiene relaciones con Ana Villafranca de Rojas, casada con un tabernero llamado Alonso Rodríguez. De esta relación nació su hija Isabel Rodríguez y Villafranca, bautizada el 9 de abril de 1584 en Madrid. Fue reconocida por Cervantes cuando contaba con dieciséis años y se había quedado huérfana. Unos meses después, el 12 de diciembre de 1584, Cervantes contrae matrimonio con Catalina de Salazar y Palacios, en el pueblo toledano de Esquivias y en 1587, viajó a Andalucía como comisario de provisiones de la Armada Invencible.
El 21 de mayo de 1590 Cervantes pedía en un memorial dirigido al Consejo de Indias que se le hiciese «merced de un oficio en las Indias», de los tres o cuatro que había vacantes: la contaduría del Nuevo Reino de Granada, la Gobernación de la provincia de Soconusco en Guatemala, la contaduría de las galeras de Cartagena de Indias o el cargo de corregidor —actualmente un alcalde — de la ciudad de La Paz.
En el informe que acompañaba a dicha súplica se citaban todos los méritos de guerra del desafortunado manco, y además se decía que era «hombre hábil y suficiente y benemérito para que V. M. le haga merced, porque su deseo es de continuar siempre en el servicio de V. M. y acabar su vida como lo han hecho sus antepasados, que en ello recibirá muy gran bien y merced». Por cierto, llama la atención que en este informe Cervantes no indicara su condición de escritor. La respuesta del Consejo de Indias no pudo ser más escueta. El futuro “Príncipe de los Ingenios” fue despachado con esta escueta respuesta: «Busque por acá en qué se le haga merced. En Madrid 6 de junio de 1590».
A partir de 1594 (con 47 años) será recaudador de impuestos atrasados, un empleo que le acarreará numerosos problemas y disputas, puesto que era el encargado de ir casa por casa recaudando impuestos, que en su mayoría iban destinados a cubrir las guerras en las que estaba involucrada España.
Con 50 años, entre septiembre y diciembre del año 1597 es encarcelado en la Cárcel Real de Sevilla tras la quiebra del banco donde depositó al parecer la recaudación. Ciertos exegetas de la obra cervantina, han querido ver que en el siguiente texto del prólogo del Quijote que Cervantes pudo concebir la novela: Y, así, ¿Qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación? Evidentemente, la descripción parece más bien un elocuente recurso literario evocador de una vida difícil o adversa más que una pista para señalar dónde se concibió la obra.
Y llegamos a 1604, año en el que Cervantes se instala en Valladolid (Corte Real de Felipe III desde 1601). Este mismo año de 1604, Antonio de Herrera y Tordesillas, Cronista de Indias y Censor de la obra de Miguel de Cervantes, autorizó la impresión. Y en enero de 1605 publicó la primera parte de la que será su obra magna: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. A partir de aquí comienza la leyenda.
Vista a grandes rasgos la biografía de don Miguel de Cervantes Saavedra, me veo en la obligación de colocar la siguiente batería de preguntas a modo de mensaje en una botella para que alguien, cuando la reciba, tenga la gentileza de explicarnos cómo es posible que un “ingenio lego” pudo crear la obra maestra de la literatura española, joya de la literatura universal y del pensamiento humano.
—¿No creen ustedes que al tratarse de una obra literaria extraordinaria tuvo que ser concebida por un escritor cultivado, sabio y erudito, repleto de creatividad, dominio del lenguaje y capacidad de expresión?
—¿No creen ustedes que, como nos indican innumerables estudios de esta obra, su autor tuvo que ser humanista, erasmista, renacentista, sensible con la situación de la cuestión de los “judíos conversos”, dominador de la retórica, jurista, filósofo, conocedor de la historia, preocupado por las soluciones de la pobreza, así como haber leído y estar familiarizado con la fabulística grecolatina, el Asno de oro, la Celestina, el Añadís de Gaula, Obra de agricultura, entre otros autores y obras?
—¿No creen ustedes que el autor de “El Quijote” tuvo que ser un gran conocedor de la Cabalá judía y del hermetismo egipcio? ¿Y de la Biblia?
—¿Saben ustedes que en “El Quijote” podemos hallar todos los saberes: Lingüística, teoría literaria, retórica, autores griegos y latinos, mitología, autores renacentistas, teología, Sagradas Escrituras, mundo musulmán, sabiduría, pedagogía, filosofía, psicología, derecho, historia, guerra y paz, ideas sociales, mujer y matrimonio, medicina, física, matemáticas, astronomía, cultismos y latinismos semánticos, valencianismos, catalanismos y galicismos?
—¿Sabrían decirnos si Cervantes fue un “un desocupado lector”, es decir, alguien que vivió para el pensamiento elevado en cuerpo y alma?.
—¿Sabrían decirnos cuándo y dónde adquirió Cervantes los profundos conocimientos y la sabiduría que contiene “El Quijote”?

Miguel de Cervantes —esto es innegable— fue un andariego y aventurero incansable que se matriculó en la escuela de la adversidad y de los golpes duros; que conoció la pobreza, la guerra, la prisión, el fracaso y el desprecio; que tuvo, en fin, una experiencia humana dura pero riquísima. Ciertamente, anduvo mucho, pero… ¿leyó mucho? Les recuerdo que en el Quijote está escrito que: «El que anda mucho y lee mucho, ve mucho y sabe mucho».
La universalidad del Quijote consiste, no sólo en haber sobrepasado nuestras fronteras, haber sido traducido a muchas lenguas y ser valorado por gentes de todas las condiciones, sino también en ser un arsenal de temas humanos y divinos, tratados o aludidos con la más certera visión y penetrante criterio. Sus citas inolvidables e intemporales demuestran con qué tino describió su autor la realidad del ser humano, desde la crítica literaria, las costumbres populares o cultas, la historia, la moral, la religión, los sentimientos y pasiones, hasta los más mínimos detalles de la existencia cotidiana. Todo ello hace de “El Quijote” una obra sublime, una joya preciosa, un diamante de innumerables aristas, descriptivas de todas las facetas de la vida humana.

Por lo tanto: ¿Estaba preparado Cervantes para diseñar esta catedral literaria, que requiere de grandes conocimientos y de la máxima reflexión?
3.-¿Cuándo y dónde se escribieron “Los Quijotes”?
A ciencia cierta conocemos cuándo y dónde se publicaron, pero no cuándo se concibieron o escribieron. La primera parte —dedicada al Duque de Béjar— de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” fue publicada el 16 de enero de 1605, por la imprenta madrileña de Juan de la Cuesta, situada en la calle Atocha, nº 87, con muchas erratas y una tirada inicial de 1800 ejemplares, de los que hoy se conservan una treintena. La segunda parte vería la luz diez años más tarde, exactamente el 31 de octubre de 1615, una vez tasada por Hernando de Vallejo, escribano de Cámara del Rey, siendo dedicada por Cervantes al Conde de Lemos. El llamado «Quijote de Avellaneda», firmado por “el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de Tordesillas”, se publicó un año antes, en 1614, provocando la publicación de la segunda parte por Cervantes.

Si optamos por la tesis generalmente aceptada de la autoría del Quijote por Cervantes comprobamos que no existe ninguna biografía ni ninguna pista concluyente que nos indique dónde y cuándo fue escrita esta obra. Algunos autores han querido ver en la referencia a la cárcel del prólogo que Cervantes pudo concebirla con 50 años, mientras estuvo preso en la Cárcel Real de Sevilla, entre septiembre y diciembre del año 1597. Sin embargo, no existe ninguna información, ni documento que nos confirme en qué periodo fue escrita.
Si optamos por la tesis sostenida por la escritora holandesa Jettie van den Boom, a la que he tenido el privilegio de entrevistar en mi artículo FRANCIS BACON Y EL QUIJOTE, de que “El Quijote” fue elaborado por la hermandad ocultista inglesa “The Sireniacals”, coordinada por filósofo, político, abogado y escritor inglés, Francis Bacon, y traducida al español por los traductores Thomas Shelton (primera y segunda parte) y James Mabbe (el de Avellaneda), tampoco podemos precisar en qué periodo exacto fue escrito. Podemos deducir, eso sí, que pudo ser a partir del año 1579, cuando Bacon tuvo que regresar desde Cambridge —donde estaba cursando sus estudios— hasta Londres por la muerte súbita de su padre.

Bacon estaba convencido de que había venido a este mundo para un gran propósito: Servir a la humanidad. Llegó a escribir: «Creyendo que nací para el servicio de la humanidad; y considerando el cuidado de la comunidad como una especie de propiedad común, que como el aire y el agua pertenecen a todos, me propuse considerar de qué manera la humanidad podría ser mejor servida, y qué servicio yo estaba por naturaleza mejor capacitado para realizar». Un noble y grandioso propósito de vida que tuvo muy claro desde los 15 años. Educar y ayudar a la humanidad, este fue su gran emblema, su razón principal de vida. Fue un pensador nato que dictaba a sus colaboradores todas las muchas ideas que aparecían continuamente por su mente procedentes, al parecer, desde otras atmósferas o dimensiones.
Jettie van den Boom no cree que Juan Luis Vives escribiera El Quijote. Vives no tenía el humor inglés que, a su juicio, se observa en esta obra. Jettie está convencida de que su autor verdadero fue Francis Bacon, quien firmaba habitualmente sus obras con seudónimos. Un dato que no pasó desapercibido para el bibliógrafo Smedley que, al registrar en la biblioteca de Bacon uno de los volúmenes de su obra “Anatomía de la mente”, publicada en 1576, observó algunas correcciones escritas por el propio Bacon, en las que afirmaba que seguiría publicando bajo seudónimos durante toda su vida. ¿Cide Hamete Benengeli, Cervantes, Shakespeare, Johann Valentín Andreae, los manifiestos de los Rosacruces, etc.?

Por supuesto, a pesar de que publicó seguramente muchas obras con seudónimos, también lo hizo con su propio nombre en obras inmortales como: “Ensayos de moral y política (1597); “El avance del saber” (1605), donde exploró la importancia del conocimiento científico y cómo se puede adquirir de manera natural; “Novum Organum (1620), donde propuso una metodología para reformular las técnicas del estudio científico;”Historia de Enrique VII (1622). Además, también firmó con su propio nombre las obras filosóficas: “Thoughts and Impressions”; “Advancement of Learning”; así como la novela inacabada: “New Atlantis”. Por cierto, una anécdota histórica: Al parecer, el nombre de Gran Bretaña (“Great Brittaine”) fue una sugerencia de Bacon al rey James cuando aceptó la Corona.
Jettie van den Boom considera que el papel de Cervantes fue la de un testaferro que colocó en España “La historia del valeroso e ingenioso hidalgo andante Don Quixote de la Mancha” (título original traducido del inglés al español). Una historia que Bacon tenía en la cabeza —según Jettie— desde hacía tiempo y que dio forma llegado el momento oportuno.

En nuestra entrevista, “Francis Bacon y El Quijote”, Jettie explica que en los cinco años previos a la publicación de la primera parte de esta obra la situación de Cervantes era crítica: tenía muchas deudas y muchos problemas familiares, y se encontraba sin trabajo. Su hermano Rodrigo había muerto el 2 de julio de 1600 en la Batalla de Nieuwpoort. Francis Bacon, bajo el pretexto de poder arreglar la herencia de su hermano, le invitó a que visitara los Países Bajos españoles. Evidentemente, los ingleses le pagaron los viajes y la estancia que duró desde 1602 hasta la mitad de 1604. Por lo tanto, en caso de asumir esta línea de investigación el periodo 1602-1604 podría ser una buena referencia para determinar cuándo se redactó la primera parte de «El Quijote». La segunda —a juicio de Jettie van den Boom— entre 1612 y 1613; y el de Avellaneda entre 1604 y 1613.

Por mi parte, dejo para la especulación la posibilidad de que Francis Bacon y su hermandad “The Sireniacals” recibieron por algún conducto y en algún momento el manuscrito de Vives (autor primero) del Quijote que ellos (Francis Bacon y “The Sireniacals”, autor segundo) adaptaron para incorporar todos los elementos esotéricos a base de códigos secretos, cifras, anagramas o seudónimos en los textos en inglés (y en el español de Avellaneda) que la escritora Jettie van den Boom ha podido descifrar con la técnica de la esteganografía; o descifrados también por la investigadora francesa Dominique Oubier, con los fundamentos expuestos en mi artículo EL CÓDIGO OCULTO DE «EL QUIJOTE».
Y, si, finalmente, lo hacemos en favor de Juan Luis Vives, podemos encontrar muchas pistas fiables sobre el periodo aproximado en que pudo concebirse “El Quijote” en la obra EL VERDADERO AUTOR DE «LOS QUIJOTES» DE CERVANTES Y DE AVELLANEDA, del profesor Francisco Calero. Verán.

En esta obra, el profesor Calero, admite que, con toda seguridad, los editores del Quijote revisaron la lengua, especialmente la ortografía, para adaptarla a los usos del tiempo en que fue publicada, y por lo que respecta al contenido. Ahora bien, dada la complejidad de la obra, se han podido detectar detalles significativos relacionados con discordancias cronológicas, lingüísticas y editoriales. Evidentemente —como acertadamente señala el profesor Calero en la obra mencionada— en cualquier obra literaria se pueden hacer alusiones y referencias a personas y acontecimientos de épocas pasadas, y de hecho se hacen en “El Quijote”. Sin embargo, no se puede confundir una evocación del pasado con una discordancia cronológica. El siguiente ejemplo expuesto por el profesor Calero es muy clarificador.
Cuando Sancho estaba en el gobierno de la ínsula Barataria llegó un correo con un despacho para él o para su secretario. Al preguntar Sancho por la persona de su secretario, uno de los que estaban allí le dijo que era él, porque sabía leer y escribir, y además era vizcaíno. Entonces, Sancho le contesta: Con esa añadidura —dijo Sancho— bien podéis ser secretario del propio emperador. Por todo el contexto —concluye el profesor Calero— se puede comprobar que Sancho se está refiriendo al momento en que habla y no al pasado, lo que es claro indicio de que la obra fue escrita mucho antes de que fuera publicada; por lo tanto, que se refiere a la época del emperador Carlos V, con el que Vives mantuvo una gran relación de amistad y no a las de Felipe II y Felipe III— que eran reyes—, coincidentes con Cervantes.
Otra de las grandes pistas para poder situar la fecha o el periodo aproximado en que fue escrito el Quijote son los personajes. El gran cervantista Francisco Rodríguez Marín en su bien documentado estudio “El modelo más probable del don Quijote”, con su habitual erudición, estudió los posibles modelos reales en los que se pudo inspirar el autor para su creación literaria. Y, tras mucho examen e investigación concluye de este modo: «Estudiada como tengo la amplia genealogía de los Quijadas esquivianos, atrae mi atención más que ningún otro un Alonso Quijada, de quien hasta ahora no he podido averiguar sino que fue hijo segundo del bachiller Juan Quijada y de María de Salazar, nacido antes, quizás mucho antes de 1505, año en que falleció su padre, y que vivió, por lo tanto, como el buen licenciado Pedro Pérez, en el primer tercio del siglo XVI, tiempo en el que había todo su auge la afición a los libros de caballería,y en los que aún lograron muy ostentosas y celebradas imitaciones las aventuras de que están llenos». Por lo tanto, podemos inferir de este estudio que Cervantes no pudo conocer éste y otros modelos, por no coincidir con ellos en el tiempo y haber permanecido muy poco en Esquivias.
Bien, conforme. Por lo que respecta a Vives, ¿Pudo conocer a Alonso Quijada?. Pues sí, a tenor de lo que afirma el mismo F. Rodríguez Marín: «De tan ínclito campeón —Gutierre González Quijada— fue bisnieto Luis Quijada, mayordomo del emperador Carlos V y ayo de su hijo Juan de Austria». Al ser mayordomo de Carlos V, lo más lógico y natural es que lo tratara Juan Luis Vives, así como que le contara las historias de su antigua y dilatada familia.

De esta y otras muchas averiguaciones del erudito Francisco Rodríguez Marín, se puede concluir que, si los personajes reales identificados ejercían sus actividades en 1529, la composición de “El Quijote” se podría situar en torno al año 1535: cinco años antes del fallecimiento de Juan Luis Vives, un momento de máxima madurez del pensador valenciano. Esto parece lo más verosímil, antes de determinarlo en los inicios del siglo XVII de la época de Cervantes.
4.-¿Pudo ser Cervantes un “hijo de su tiempo”, es decir, un genio literario como los muchos que produjo el “Siglo de Oro”?
Todos hemos escuchado muchas veces lo de que ¡Cervantes era un genio! De hecho, la historia le ha otorgado el sobrenombre de “El Príncipe de los Ingenios”. Lo de que Cervantes era un genio se suele utilizar como antídoto para neutralizar la contraparte de que era un “ingenio lego”, es decir, un hombre sin cultura o, si se prefiere, sin conocimientos de las lenguas doctas. Recordemos que “El Quijote” es una obra sapiencial o de erudición y que su autor estaba familiarizado con todos los saberes y era conocedor del griego y el latín y la fabulística grecorromana. Y, además de ser una gran obra de literatura —la primera novela moderna— también lo es de pedagogía, orientada a la mejora de la persona. Sancho —en este sentido— es un buen modelo de transformación de un ser humano y del arte de vivir.
Pues bien: ¿Cervantes era un erudito y un pedagogo? ¿Hablaba el griego y el latín? ¿Era conocedor de la fabulística grecorromana? ¿Y de la Biblia y el Corán? ¿Dónde y cuándo pudo alcanzar esta capacitación?
No debemos confundir sabiduría con erudición. Entre ambos conceptos hay sutiles diferencias. Mientras que la sabiduría implica comprensión profunda y aplicación práctica, la erudición se enfoca en la adquisición de información y conocimientos. En este sentido, el filósofo chino Lao Tsé, afirmó que “El sabio no es erudito; el erudito no es sabio”. Pues bien, Cervantes, ciertamente, por sus extremas y ricas experiencias vitales pudo llegar a ser sabio, pero no erudito. La erudición se consigue, como está escrito en El Quijote, leyendo mucho.
Juan Luis Vives, fue aún más preciso con respecto a la adquisición de la erudición. Escribió en su obra “Introducción a la sabiduría”, la siguiente perla de sabiduría que habría que enmarcar con letras de oro:
No dejes pasar un día sin leer; escribe, vuelve a escribir y haz extractos con frecuencia. No leas nunca sin un lápiz en la mano.

“Cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando” es una de las célebres frases de Pablo Picasso, un universal artista plástico al que venimos considerando un genio; un genio consciente de que para crear una gran obra pictórica no era suficiente tener aptitudes, sino empeño, trabajo y esfuerzo. Y es que la pintura, como cualquier otro arte requiere de formación, técnica y mucha dedicación.
En este mismo sentido, Santiago Ramón y Cajal —autor, por cierto, del ensayo “Psicología de don Quijote y el quijotismo”—, Premio Nobel de Medicina, considerado padre de la Neurociencia moderna, fue “un genio” que no creía en los genios. De hecho, Cajal nunca se vio a sí mismo como un genio ni como alguien especial, sino un ser humano normal que desarrolló una voluntad indomable. De ahí que subrayara el error que suelen cometer muchos biógrafos al atribuir los grandes logros y conquistas de ilustres sabios al genio antes que al trabajo. Exactamente dejó escrito: «A la voluntad, más que a la inteligencia se enderezan nuestros consejos, porque tenemos la convicción de que aquélla es tan educable como ésta, y creemos además que toda obra grande, en arte como en ciencia, es el resultado de una gran pasión puesta al servicio de una gran idea».

Por lo tanto, ¿Pudo escribir Cervantes: «La pluma es lengua del alma; ¿Cuáles fueren los conceptos que en ella se engendraron, tales serán sus escritos?», una sentencia de gran profundidad filosófica y espiritual. “¡De toda imposibilidad, imposible!”, en expresión quijotesca.
En esta misma línea, en el prólogo de la obra se dice:
«Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir el orden de la naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante».
En efecto: “Desocupado lector”, esto es, dedicado en cuerpo y alma al cultivo del pensamiento; “hijo del entendimiento” o, lo que es lo mismo, producto de un arduo trabajo de estudio y erudición; y “cada cosa engendra su semejante”, frase, por cierto, de evocación bíblica, que apostilla la idea de que el presente frutos literarios —como cualquier otro fruto— se ha obtenido sin contravenir el orden propio de la naturaleza.
5.– Aceptando que Vives fuera el autor de “Los Quijotes”:¿Cómo es posible que escribiera una obra de ficción de la complejidad literaria de “El Quijote” siendo un intelectual enfocado en la creación de obras filosóficas y pedagógicas?
El profesor Francisco Calero afirma en su libro JUAN LUIS VIVES, AUTOR DEL LAZARILLO DE TORMES que son muchas las obras de la literatura española en las que Vives está presente. Asimismo, en varios libros y artículos académicos ha defendido que en muchas de las obras importantes del siglo XVI no sólo está presente Vives, sino que es el autor de dichas obras. Basa su argumentación en el método filológico por excelencia, que consiste en la comparación de los textos que, son, al fin y a la postre, los que tienen que dar cuenta y razón de las obras. La presencia de Vives —comenta el profesor Calero de forma categórica— es innegable; lo discutible es si hay que hablar de una imitación e, incluso, plagio o de una autoría, tanto si se trata de obras anónimas como de obras firmadas con nombre falso, pues de todo hubo en nuestro admirable Siglo de Oro español.

Al analizar la obra literaria de Vives descubrimos que fue un excelso escritor, un autor de primera fila. El filólogo y miembro de la Real Academia de la Lengua Española, Francisco Rico Manrique, refiriéndose a su temprana obra Fabula de homine, ha escrito: “Pequeña obra de ingenio y finura”. También, humanista. Sabemos con absoluta certeza que fue amigo íntimo de Erasmo, Moro y Budé, los cuales quedaron admirados de los grandes conocimientos y capacidades del valenciano Juan Luis Vives, dominador de la retórica, lector de La Celestina, El Asno de Oro, el Amadís de Gaula, la Obra de agricultura de Gabriel Alonso de Herrera y, por supuesto, las fábulas grecorromanas de Esopo, Fedro y Aviano.
Siguiendo el principio “Le style c’est l’homme même” (“El estilo es el hombre mismo”) del naturalista, botánico, biólogo, cosmólogo, matemático y escritor francés, Georges-Louis Leclerc, conde de Buffon, y utilizando la metodología filológica por excelencia, la comparación, le ha llevado al profesor Calero a determinar la autoría de El Lazarillo en la persona de Juan Luis Vives —autor excepcional tanto de obras profundas como de ficción y entretenimiento— basándose especialmente en las ideas, así como en las palabras y las frases, la expresión lingüística y el estilo. Con esta fiable metodología ha conseguido hasta noventa y dos argumentos demostrativos de su autoría. En el caso del Quijote más de cuatrocientos.
Pues bien, con este perfil: ¿Alguien puede dudar de las capacidades de Vives para la creación de “El Quijote”?
6.- También, aceptando que fuera Vives el autor de “Los Quijotes”, ¿Por qué se retrasó más de medio siglo la publicación de esta obra?
Vives falleció en 1540 y la primera parte de la obra se publicó en 1605, por lo tanto, hubo un espacio de tiempo de más de medio siglo entre su creación (¿sobre 1535?) y su publicación.
Con respecto a la cuestión de la publicación de El Quijote, el profesor Calero nos aclara que la publicación de un manuscrito tras el fallecimiento de su creador no es ningún obstáculo para la autoría. De hecho, esto era algo completamente habitual por aquella época; incluso, que algunos trabajos literarios no lleguen a publicarse nunca. Hoy podemos comprobar que, en la Biblioteca Nacional, existen actualmente más de 40.000 manuscritos que no fueron publicados. Como botón de muestra, hace unos años se descubrió una obra inédita de Lope de Vega, coetáneo de Cervantes.
Bien, conforme, pero: ¿Dónde quedó depositado el manuscrito de la obra cumbre de la literatura española durante más de medio siglo?
Ciertamente, este es otro de los grandes misterios inherentes al Quijote. El profesor Francisco Calero, considera que lo más verosímil es que que el manuscrito quedara en manos de los sucesores del ducado de Béjar. En su ensayo, LOS DUQUES DE BÉJAR Y EL QUIJOTE, aboga por la tesis de que el duque de Béjar de la Dedicatoria del Quijote se refiere al tercer duque de Béjar, don Francisco de Sotomayor y Portugal, o de Guzmán y Sotomayor (1500-1544), gran amigo de Juan Luis Vives y no al sexto, don Alonso Diego López de Zúñiga y Sotomayor (1601-1619), el duque del tiempo de Cervantes.
Resulta que el duque del tiempo de Cervantes, Alonso Diego López de Zúñiga y Sotomayor era pobre, inculto, tacaño y sin influencia política. Sin embargo, el de Vives era rico, culto, generoso y con gran influencia política. Con esta información, el profesor Calero se hace la siguiente reflexión: Si el tercer duque era poderoso, rico y culto, mientras que el sexto carecía de poder, de dinero y de cultura, ¿no estará dedicado el Quijote al tercer duque de Béjar en lugar de al sexto?
7.- ¿Por qué no firmó Vives “El Quijote”?
Tampoco lo hizo con su otra obra magna: El Lazarillo.

El profesor Francisco Calero señala varias razones. La primera es que en los inicios de su carrera deseaba hacerse un nombre entre los humanistas, lo que le obligaba a escribir en latín —la lengua culta—, pues por aquella época suponía un demérito hacerlo en las lenguas vulgares. La segunda es que Vives amaba la libertad por encima de todo, lo que le empujó a no firmar las que podían socavarla. La tercera es que, como judío o hijo de conversos, conocía perfectamente los inconvenientes que podrían derivarse para él y su familia a partir de determinadas manifestaciones religiosas. Y, finalmente, porque Vives era una persona extraordinariamente generosa, que huía del honor y la fama. Su propósito de vida era por encima de todo el bien público y la felicidad. En una carta a su maestro, Erasmo de Rotterdam, le escribe con toda valentía y claridad lo siguiente:
«Por eso te ruego, maestro mío, que no vuelvas a escribirme sobre la fama y la gloria de mi nombre, pues con juramento te aseguro que con estas palabras me siento mucho menos impresionado que lo que puedas creer. El bien público lo tengo en mayor estima. A él contribuiré en la medida que pueda con la mejor voluntad, y consideraré verdaderamente felices a los que en este punto progresen».
8.- ¿Le acarrearon a Vives problemas algunas de sus obras?
Las obras más importantes de Vives no le acarrearon problemas con algunas de las más grandes personalidades históricas de la época. La única que le causó cierto problema fue “De subventione pauperum”,tal como lo reflejó él mismo en su epistolario; y no fue por una gran personalidad histórica, sino un obispo que no era ni siquiera titular del obispado. En 1527 escribió Vives:
«El obispo de Sarepta, vicario del obispo de Tournai, hombre muy versado en latín y muy impuesto en los antiguos escritos de nuestra religión, desgarra mi opúsculo sobre los pobres con muchas infamias: ¡lo acusa de herético y de la secta de Lutero y creo que amenaza con delatarlo! ¿Qué hacer ante tal abuso de poder? ¡Que los que tanto pueden por su autoridad y por la función pública cualquier cosa por desconocida o porque no les agrada inmediatamente la condenan como luterana con una mancha por completo funesta!».

El problema duró sólo dos meses, ya que dos meses después escribió Vives a su íntimo Cranevelt:
«Sobre el de Sarepta no oigo nada; pienso que se ha enfriado; y no veo, si no me engañan extraordinariamente mis ojos, ningún pasaje en dicho opúsculo al que pueda agarrarse ni siquiera la calumnia de un hombre desvergonzadísimo y ante unos jueces muy injustos. En efecto, puse mucho cuidado en evitar que algo retrasase el fruto proyectado, que yo anhelaba para muchos miles de hombres.»
Este incidente no tuvo ninguna importancia, porque la obra circuló libremente y durante la vida de Vives se hicieron las siguientes ediciones: 1ª Brujas, 1525; 2ª Brujas, 1526; 3ª París, 1530; 4ª París, 1532; 5ª Lión, 1532; 6ª Traducción al flamenco, Amberes, 1533; 7ª Traducción al alemán, Estrasburgo, 1533. Ninguna de estas ediciones figuró en el Índice de la Inquisición.
Así pues, en pocos años se hicieron siete ediciones, sin que se produjera ningún problema. Para quienes deseen profundizar en este punto, pueden consultar el libro del profesor Francisco Calero: LA UTOPÍA DE TOMAS MORO Y LA UTOPÍA DE LUIS VIVES.
9.– ¿Por qué Vives no escribió “El Quijote” en latín, que daba por aquel entonces a su autor cierto “caché”?
Entre los mayores humanistas (Erasmo, Moro, Budé), Vives fue el máximo defensor de las lenguas vernáculas, incluso en contraposición del latín. En “De disciplinis” escribió:
«Por este motivo, los padres en el hogar y el maestro en la escuela, han de poner empeño en que los niños hablen bien su lengua patria… Hablarán primero en su lengua, las que les nació en casa, y si al usarla cometen alguna falta, el preceptor la enmendará. Fuera se excusarán en lengua vernácula, para que no se acostumbren en modo alguno en mezclar y confundir las lenguas».

También en “El Quijote” se define que los escritores escriban en su lengua propia:
«Todos los poetas antiguos escribieron en la lengua que encontraron en la leche, y no fueron a buscar las extranjeras para declarar la alteza de sus conceptos, y siendo esto así, razón sería se extendiese esta costumbre por todas las naciones, y que no se desestimase el poeta alemán porque escribe en su lengua, ni el castellano, ni aún el vizcaíno que escribe en la suya».
10ª-¿Por qué ocultó Vives su identidad como judío si vivía fuera de España?
Juan Luis Vives, además de estudiar en las prestigiosas universidades de Valencia y París, lo hizo también —muy a su pesar— en la escuela de la adversidad y de los golpes duros. Su infancia estuvo teñida de angustia y de miedo debido a los continuos problemas de su familia con la Inquisición por su ascendencia judía. Ya en Flandes donde residió desde 1514 (con 22 años), las noticias que le llegaban sobre el proceso inquisitorial de su padre llenaban su corazón de angustia.
Sí, ciertamente, la vida de Juan Luis Vives no fue fácil. A sus padres les fueron confiscadas sus propiedades y quemados en la hoguera por herejía y apostasía y anatematizados. Sus hermanas, Beatriz y Leonor no pudieron reclamar la dote que les correspondía por haber sido confiscadas por la Real Hacienda. El propio Vives tuvo que hacer frente a la enfermedad, el encarcelamiento, la retirada de la pensión real y la expulsión por razones políticas. Y, tras una vida consagrada a la educación y el pensamiento, en sus años finales sufrió una salud muy delicada: padeció gota, fuertes dolores de cabeza, úlcera estomacal, artritis y cálculo biliar. Y, por si esto no fuera poco, con la destrucción de la iglesia de San Donaciano (Brujas-Bélgica), donde había sido enterrado, como consecuencia de unas reformas urbanísticas, su tumba desapareció.
La persecución contra la familia de Vives no terminó con la muerte (matanza) de sus padres, Luis Vives Valeriola y Blanquina March y Almenara, sino que continuó durante muchos años más, ya que la Inquisición continuó la denuncia contra sus hermanos porque quería arrebatarles todos sus bienes.

De este modo lo expresó Vives en una carta a su amigo Cranevelt:
«Han entablado un pleito muy serio y con gran saña contra nuestros bienes; sobreviven tres hermanos, menores de edad».
Cuando la Inquisición actuaba lo hacía de forma implacable como lo demuestra el hecho de que, siendo Vives amigo personal de Carlos V, no pudo salvar a sus padres. Si Vives hubiera publicado el Lazarillo con su nombre —una obra muy crítica contra el poder eclesial— hubieran ido a por él, aunque estuviera fuera de España.
11ª.- La primera y la segunda parte del Quijote se publicaron con una diferencia de 10 años. ¿Sabemos con qué diferencia de años fueron escritas la primera y la segunda parte?
El hecho de que la segunda parte del Quijote se publicara diez años después de la primera no implica que el autor escribiera las dos partes con esa diferencia de años. Vives pudo perfectamente escribir una primera parte más asequible y a continuación una segunda parte, más profunda y elaborada. De hecho, la segunda parte es considerada por los críticos superior a la primera. La razón puede estar en que, con la experiencia de la primera, el autor había profundizado más en la psicología de los personajes y no necesitó de ninguna crítica para superarse a sí mismo.
12ª.-¿Por qué, hasta la fecha, la tesis de la autoría de Juan Luis Vives del Quijote no ha generado un gran “terremoto” entre la comunidad nacional e internacional cervantista?
Esta es una gran pregunta de muy difícil respuesta. Yo mismo se la he planteado al profesor Francisco Calero. Me respondió que al respecto no había tenido “feedback” ni en un sentido ni en otro, ni a favor ni en contra. ¡Increíble! —pensé. ¿Cómo es posible que una investigación tan exhaustiva y contundente haya tenido tan poco eco dentro del insondable universo cervantino?
La tesis de la autoría de “El Quijote” por Juan Luis Vives no procede de un joven doctor y profesor universitario de la rama de la filología que “viene pisando fuerte” y desea hacerse un nombre dentro de este exigente campo académico. Procede, sí, de un joven octogenario que, ya en el atardecer de su vida, ha andado mucho y leído mucho y, por lo tanto, ve mucho y sabe mucho.
Su magnífica e inapelable obra, “El verdadero autor de los “Quijotes” de Cervantes y de Avellaneda”, no es una obra de especulación, sino de erudición. Se trata de una obra científica —de ciencia humanística—.elaborada por un científico experto en filología latina que ha dedicado su vida en cuerpo y alma al estudio de la obra más importante de la literatura española y, probablemente del pensamiento humano, así como al del pensador español más universal e importante a partir de la edad moderna; un intelectual que, ha juicio Erasmo —el gigante del humanismo— poseía una inteligencia poderosa, aguda, versátil, fecunda y en plenitud de salud y lozanía; ¿el padre de un hijo del entendimiento?
Vivimos en la era de la información (o mejor, de la hiperinformación), en una selva mediática que no nos permite ver la luz del Sol, que nos hace dudar de todo, y hasta de nosotros mismos; que nos impide distinguir lo esencial de lo secundario. Cuando he comentado con conocidos, familiares y amigos la tesis del profesor Calero sobre la verdadera autoría del Quijote he observado instantáneamente incredulidad y escepticismo. He podido leer en sus mentes lo de “bueno, una nueva teoría más de la conspiración”. Una reacción “euroescéptica” que no procede sólo de entornos neófitos, sino también de ámbitos académicos y de exploración del universo cervantista. Pero, lejos de conducirme al desánimo, me han ayudado a comprender mejor la conocida reflexión del científico Albert Einstein por la que es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.
En mi artículo “EL PARADIGMA DE LA AUTORÍA DE «EL QUIJOTE” sostengo que la autoría de Cervantes del Quijote es un paradigma, es decir una creencia inconsciente completamente arraigada en nuestras mentes, tanto de forma individual como colectiva; un prejuicio fuertemente aferrado, cual hiedra trepadora, perenne, fuerte y capaz de llenar cualquier espacio, a una suposición implícita que no requiere aparentemente ser confirmada.
Y, ahora, la cuestión estriba en: ¿Quién es capaz de ponerle el cascabel al gato?

Sí, en efecto, ¿Quién es capaz de ponerle, como en la fábula de los ratones de Esopo, un cascabel al gato para saber cuándo se acercaba y tener así tiempo de huir. En nuestro contexto: ¿Quién es capaz de cuestionar ante el academicismo oficial la autoría de Cervantes en favor de Juan Luis Vives?
El profesor Francisco Calero Calero lo ha hecho ya. Ha sido ese ratón capaz de ponerle el dichoso cascabel al gato, es decir, cuestionar serenamente —”No hay nada tan grande como la serenidad”, según Séneca— ante el academicismo oficial que Cervantes sea —”de toda imposibilidad, imposible”— el autor del “Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”.
Yo diría que la tesis desarrollada por el profesor Calero acerca de la autoría del Quijote por parte de Juan Luis Vives es, además de un acto heroico, un maravilloso árbol florido y hermoso cuya simiente fue plantada por el gran patriarca del cervantismo: don Américo Castro. En su obra El pensamiento de Cervantes (1925) hizo numerosas referencias a las obras de Vives. Podemos decir que “Vio a Vives en el Quijote”. No vio barroquismo en el Quijote (propio de la época de Cervantes) y sí un espíritu renacentista, propio de la época de Vives. «Cervantes —escribió— se nos muestra plenamente como una de las más espléndidas floraciones del humanismo renacentista».

Así que, no cabe la menor duda de que Américo Castro vislumbró la figura del verdadero autor del Quijote. Un Américo Castro que, de igual modo que el errante Moisés por tierras desérticas tuvo que ceder su liderazgo a Josué, al fallecer aquel en el Monte Nebo, tuvo que pasar el testigo de sus investigaciones al profesor Francisco Calero. Su obra, “El verdadero autor de los Quijotes de Cervantes y de Avellaneda» es un trabajo científico, riguroso y definitivo; un encuentro con la verdad —el mejor descubrimiento— que siempre nos hace libres, nos adelgaza y no nos quiebra.
Por lo tanto, con estos mimbres, sólo tenemos que esperar a que el tiempo haga su trabajo —“Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”, de acuerdo con el conocido precepto quijotesco; y, no precisamente con el fin de convencer a nadie de esta verdad, si no para que pueda verlo dentro de sí mismo —«No puedo enseñar nada a nadie. Sólo puedo hacerle pensar”, afirmó Sócrates.
Y, aún mejor, con la emuná —la fe auténtica en Dios— practicada durante toda su vida por el verdadero autor del Quijote: Joan Lluís Vives -Ioannes Lodovicus-Juan Luis Vives.
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Me recuerda a Borges. ¿Lo ha leído? Pierre Menard, autor del Quijote. De Francis Bacon también se dice, y en términos casi idénticos de argumentación, que escribió las obras de Shakespeare. Vives, semper vivas,
Américo Castro, Claudio Sánchez Albornoz… Visiones contrapuestas.
De la dialéctica pro cabalística, y el esoterismo figurado, tan interesante, podría hablarse largo y tendido.
Buen trabajo, aunque sea erudito, no sabio. Y la defensa de esa tesis, aunque no se comparta, se estima.
Saludos.