YO, ABO. Capítulo 38: The Matrix
—¡Collons!, o mejor aún, “Outra vaca no millo”, que suele decir mi padre a menudo para referirse a que un determinado hecho o acción complica aún más todo lo anterior— dije para mí, en un momento de la conversación con el antropólogo y chaman profesor Diego Pérez, en el que parecía que los fusibles de mi cabeza iban a colapsar por tanta información novedosa y, hasta cierto punto, indigerible para mí. Mi interlocutor debió de captar mi gran confusión y parálisis mental, por lo que, tratando de ayudarme a asimilar el nuevo paradigma que trataba de transmitirme con el recurso didáctico de la saga The Matrix, me hizo la siguiente reflexión:
—Hace ya mucho tiempo que estamos tocando fondo, Neo (o Abo, si lo prefieres). El mundo se halla dentro de una crisis sistémica. Cada día, y en la mayoría de los rincones del Planeta se está pidiendo a gritos un cambio profundo, conscientes de que el sistema de creencias y modos de vivir ya nos ha dado todo lo que nos tenía que dar. Sí, Neo, nos encontramos en plena decadencia. Una decadencia de nuestra civilización y de nuestro sistema. La Humanidad ya ha entrado en profunda depresión; en un colapso de malestar en todos los ámbitos.

—Pero esto es terrible, Diego —comenté.
—En la superficie sí; en las profundidades, no.
—¿A qué te refieres, Diego?
—A que hemos de vivir este doloroso tránsito como los místicos vivieron la llamada “La noche oscura del alma”. Te aclaro que se trata de una metáfora utilizada para describir una fase en la vida espiritual de una persona, marcada por el sentimiento de soledad, confusión y desolación. Aunque se asocia principalmente al cristianismo (concretamente al místico San Juan de la Cruz), esta experiencia está presente en todas las tradiciones de todo el mundo.
—Ya, entiendo, pero, ¿es qué tú crees que de verdad ya hemos tocado fondo? ¿Qué estamos tan mal?
—Sí, Neo ( o Abo, como prefieras). De ello estoy absolutamente seguro. Erich Fromm, el psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista, de origen judío alemán y nacido en marzo de 1900, es decir, con el siglo XX, ya nos advirtió que “Estamos produciendo seres humanos enfermos para obtener una economía sana”.
Así que tocar fondo, como hemos tocado, es el punto de partida para la curación. Sí, Neo, ya sé lo que estás pensando que todos tenemos miedo al cambio. Esto es cierto, pero también que sólo nos abrimos al cambio cuando nuestro sufrimiento, dolor, malestar, insatisfacción, infelicidad y vacío existencial es superior a nuestro miedo al cambio. Como te vengo diciendo, estamos tocando fondo colectivamente; pero, al mismo tiempo, es lo que nos llevará a un despertar de Consciencia; a un proceso de indagación, autoconocimiento, del cuestionamiento profundo de las creencias que nos ha llevado a esta saturación de sufrimiento. Yo estoy animando a que debemos adentrarnos como especie en ese malestar, en esa oscuridad, en esta “Noche oscura del alma”, porque bien aprovechado será un motor del cambio, de crecimiento, de evolución. Sí, Neo, debemos aprovechar esta decadencia para salir de ella; de esta manera podremos levantarnos más sabios. Cuando todo pase podremos afirmar con alivio, ¡Qué momento histórico nos tocó vivir! Te recuerdo que el momento más oscuro de la noche es justo antes del amanecer.
—Sí, eso parece —me limité a comentar.
—Pues de igual manera, tras esta oscura etapa de la Humanidad, vendrá otra mucho más luminosa, llena de cambios positivos, transformaciones e innovaciones, tanto a nivel tecnológico y de mejora de nuestras condiciones de vida como a nivel consciencial.
—Estupendo. Entiendo que lo peor ya ha pasado y que en este preciso momento estamos remontando.
—Lamentablemente, no, Neo. Lo peor está por venir.
—¡Joder!, no me asustes, Diego —exclamé muy conmovido.
—Sí, Neo. Como te acabo de decir, lo peor está por venir.
—¿Qué lo peor está por venir? ¡Tierra trágame! ¿Y no se puede hacer nada al respecto?
—Sí, así será. Y no podremos hacer nada al respecto. Lo tendremos que vivir, sí o sí. Y lo que ha de venir es inminente, tan inminente que está a punto de caer como fruta madura. Todo empezará este año que viene. Mis canalizaciones me están diciendo que será dentro de muy pocos meses. Las señales serán muy claras y evidentes, repletas de situaciones inimaginables, terroríficas, apocalípticas, demoníacas, extravagantes, esperpénticas y distópicas.

La descripción de Diego sobre lo terrorífico que estaba por venir me sobrecogió. Me llenó de un temor de tal magnitud que ya no sabía qué pensar ni qué preguntar. En esto que una auxiliar de vuelo nos ofreció el menú de aerolínea consistente en unas verduras cocidas, pollo o ternera a elegir y un postre. Este menú también incluía bebidas: agua, Coca-Cola y cerveza.
—Si lo desean contamos también con un menú especial para veganos —nos aclaró la auxiliar de vuelo.
—Por mi parte no, gracias —respondí.
—Tampoco por la mía —comentó Diego. Luego —yo creo que para hacerme olvidar mi temor con su predicción de lo que estaba por venir de manera inminente—hizo el siguiente comentario sobre las comidas de avión.
—Oye, Neo: ¿Sabes desde cuándo las aerolíneas comerciales ofrecen a los pasajeros estas comidas?
—Pues no. Nunca he reparado en esta información.
—Desde 1919.
—¿Sí? ¿Desde hace tanto tiempo? Pues yo creía que era desde los años 60.
—Pues ya ves que la cosa viene de lejos. Las primeras comidas aéreas fueron servidas por la compañía aérea británica Hadley Page Transport para atender la ruta Londres-París en octubre de ese año de 1919.
—¡Qué curioso! ¿Y se sabe lo que ofrecían entonces?
—Sí. Al parecer los pasajeros podían elegir entre una sección de bocadillos y frutas.
Nuestra conversación quedó en “stand bay”. Entonces llegó a mi mente una frase de Cicerón, puesta en boca por mi amigo Manel: “El placer de los banquetes debe medirse, no por la abundancia de los manjares, sino por la reunión de los amigos y por la conversación”. Diego debió de captar al instante mi pensamiento culinario y retomando nuevamente nuestra conversación comentó:
—Sabes, Neo, como dijo una vez el gran Luciano Pavarotti, “Una de las mejores cosas de la vida es que debemos interrumpir regularmente cualquier labor y concentrar nuestra atención en la comida”.

—Pues me parece una sabia reflexión. Por cierto: ¿Eres amante de la ópera?
—Sí, lo soy. La ópera es maravillosa; te permite compartir una emoción en estado puro.
—¿Y, a ti, Neo? ¿Te gusta la ópera?
—Ni me gusta ni me disgusta; la respeto y la valoro; creo que se trata de un arte sublime. Lo mío, como sabes, es la informática. Estos últimos años de mi vida lo he dado todo en los estudios; quizás, a partir de ahora pueda sacar algo de tiempo para el “bell arte”.
—Pues harás bien. La ópera es un arte sublime. El contacto directo con una tragedia —especialmente si está bien interpretada, musical y dramáticamente— es algo que difícilmente podrás olvidar, y que guardarás en tu recuerdo para siempre.
—Pues tomo nota, Diego. Seguiré tu consejo y, en cuanto que surja la ocasión, allí estaré, viviendo como dices en vivo la tragedia de una ópera. Y, por cierto, hablando de tragedias, me gustaría que tomáramos nuestra conversación sobre la saga The Matrix. ¿Tú crees que tiene algo que ver con lo que está por venir que, según tu pronóstico, será bastante terrorífico?
—Yo creo que sí que tiene que ver. Veras.
—La película —comenzó a explicarme— inicia su trama en un hotel conocido como “El corazón de la ciudad”. Esto, como puedes imaginarte, es altamente simbólico. Muy pocos se dan cuenta cuando la ven del detalle de que empieza y termina en el mismo sitio. Otro detalle importante es que toda la saga comienza con “Trinity”, el segundo personaje principal, que representa la fuerza femenina angustiada en nuestro mundo. Trinity que, con el tiempo, se convertirá en la pareja de Neo, es atacada por agentes del Estado, representantes del sistema de control para evitar el despertar. Thomas Anderson (Neo) es un joven programador que tendrá que vivir una fuerte experiencia de lucha contra estos agentes para salir de la Matrix. Por cierto, durante toda la película la jerga o el argot más utilizado es de computadoras, ordenadores, hardware y software.
—Pues esto mola, mola mucho.
—Me alegro que te mole, ja, ja, ja. Te sigo contando. Otro detalle que no hay que dejar pasar por alto es que el héroe principal, Neo, siempre aparece dormido en la primera escena. ¿Te da alguna pista?
—¿Pretende decirnos, quizás, que los seres humanos estamos dormidos?
—Sí, así es. Lo que viene a decirnos esta escena es que nosotros estamos dormidos. Es que míster Anderson(Neo) es la representación de cada uno de nosotros, atrapados en la Matrix, en el sistema; pero…
—¿Pero? ¿Pero qué, Diego?
—Que Neo recibe un mensaje encriptado en su ordenador que dice: Despierta Neo.
—¡Joder!, ¡Qué casualidad! —exclamé estruendosamente, al recordar que lo del mensaje en el ordenador fue el pistoletazo de salida que me había llevado hasta donde estaba ahora.
—Dirás causalidad. Ya sabes, Neo, que las casualidades no existen, sino las causalidades.
—Sí, por supuesto. Bueno es que me ha venido el recuerdo de lo que me pasó “La noche de aquel día”.
—¡Claro, claro!, ja, ja, ja. Es que, indudablemente, el Neo de la película Matrix guarda un extraño parecido contigo, con Abo: los dos sois informáticos y los dos recibís encriptados mensajes en las pantallas de vuestros ordenadores desde sabe qué dimensiones.
— Si, extrañas coincidencias, Diego; algo que me está dando un yuyo, que pa qué las prisas.
—Es que, mi joven amigo, como estarás observando ya, el despertar conlleva darse cuenta de que vivimos en un universo mágico, interactivo, empujados por fuerzas desconocidas, que no vemos, pero sí sentimos. Por cierto: ¿Te imaginas cuál fue el siguiente mensaje que recibió el hacker Neo en la pantalla de su ordenador?

—¡Uff! ¿Algo intrigante?
—Sí: La Matrix te posee. También que siga al conejo blanco. Bueno, esto último hace referencia a la novela de Lewis Carroll “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí”, la continuación de “Alicia en el país de las maravillas”.
—Entiendo que se trata de una alegoría de la existencia, como la película Matrix.
—Sí, por supuesto; y esto en muchos detalles. Por ejemplo, el número del apartamento donde vive Neo es el 101, una referencia directa al libro “1984”, de George Orwell, en el que la habitación 101 es el lugar donde se encuentran los miedos más profundos. También es significativo que donde guarda su dinero dice “Simulacra and Simulatión”, un nombre que hace referencia al libro con este título de Jean Baudrillard, en el que se inspiró la película.
—¿Lo has leído?
-Sí, por supuesto. Es un libro que nos explica cómo nos encontramos perdidos, confundiendo el mapa con el territorio; dicho de otra manera, esta obra nos viene a decir que nuestras mentes nos hacen creer que lo que percibimos es real, cuando en realidad se trata de un mundo de ensueños.
—¿Vendría a ser algo así como lo de la famosa alegoría de la caverna de Platón?
—Sí, efectivamente. Como sabes, en ella, Platón explica que existen dos mundos: el mundo de los sentidos (el que conocemos) y el inteligible (el que no depende de los sentidos). Los personajes de este relato están convencidos de que las personas, animales, plantas y objetos proyectados sobre la pared de la caverna es la realidad.

—Pero no lo es. Ya, entiendo.
—No lo es. ¡Claro que no lo es! En un momento de la película, otro de los personajes principales, Morfeo, le pregunta a Neo qué es lo que le ha traído hasta él. Neo responde que la Matrix. Morfeo le aclara que la Matrix está en todos los sitios: en esta habitación, cuando miras por la ventana, cuando enciendes la televisión, cuando vas a trabajar, a la iglesia, cuando pagas tus impuestos, La Matrix es, en fin, el mundo que ha sido puesto delante de tus ojos para cegarte de la verdad. A esto, Neo le pregunta: ¿Qué verdad? Morfeo le contesta: Que eres un esclavo. Como todo el mundo naciste en la esclavitud. Naciste en una prisión. Lamentablemente no se puede decir qué es la Matrix, pues esto debes descubrirlo por ti mismo. El despertar consiste en esto: en ser capaces de ver el sistema de control al que hemos sido sometidos como Humanidad.
—Ya. Pero conseguir el despertar debe ser muy difícil; algo reservado para seres especiales.
-No, Neo (o Abo, como prefieras). Todo depende de una elección.
—¿De una elección? ¿Cuál?
—Precisamente, en esta misma escena de la película, Morfeo le dice a Neo: Esta es tu última oportunidad. Después de esto no hay vuelta atrás. Si eliges tomar la pastilla azul, esto termina aquí, despertarás en tu cama y creerás en aquello que quieras creer; sin embargo, si te decides por la roja yo te mostraré la profundidad de la madriguera. Te aclaro que lo de la madriguera es una nueva referencia al libro de “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí”. En fin, como te estaba diciendo, para conocer la verdad hay que tomar una elección, que solo nosotros mismos podemos tomar. Evidentemente, esta elección ha de ser voluntaria y libre, ya que en ningún caso podemos ser forzados.
—Entiendo. Parece razonable, pero, dígame Diego, esto de las pastillas azul y roja ¿tiene algún significado oculto?
—Sí. Son parte de la alegoría. El color azul representa la energía pasiva, por lo que si no deseas conocer la verdad tendrías que elegir la pastilla azul. El color rojo, la energía activa, la voluntad, la fuerza que te empuja hacia donde la verdad te lleve.
—Doy por hecho que Neo eligió la roja.
—Sí, así fue. Pero antes de tomarla, Morfeo le dijo: sólo te ofrezco la verdad, nada más, sugiriéndole que lo que obtendrá a cambio no será precisamente una experiencia placentera; porque, Abo, ya te lo adelanto, conocer la verdad no es una experiencia placentera al principio.
Pues bien, cuando Neo despierta, tras tomarse la pastilla roja, aparece en un mundo horroroso, donde todas las ilusiones van desapareciendo, siendo consciente de que lo que había percibiendo a través de sus sentidos era una pura ilusión. Concretamente, Neo despierta en una especie de cuna de gelatina líquida conectado con todo tipo de cables y máquinas a través de su piel.
—¿Con algún significado?
—Sí, viene a decirnos que el sistema nos tiene enganchados y atrapados; que nos tiene asidos con sus ganchos en todas nuestras partes, por lo que nuestra misión urgente y principal es deshacernos de estos ganchos. Cuando Neo mira a su alrededor todo lo lejos que alcanza su vista descubre que hay seres humanos en estas cunas totalmente inconscientes, suministrando su energía a las máquinas; cuando mira hacia abajo ni siquiera puede ver el fondo.

—Ya me parece que lo voy entendiendo. Se trata de una alegoría del estado actual del ser humano, esclavizado, condicionado por las creencias que suministran cada día los medios de comunicación, los gobiernos, las religiones, etc. La gente no está en conexión con la verdad, sino con el mundo del condicionamiento y la fantasía.
—Así es. Luego, al despertar, nos pasa como a Neo que, cuando entra en la nave tiene que reconstruir los músculos, puesto que nunca los había ejercitado. Esto, como puedes imaginarte, es una representación de la debilidad en la que nos encontramos cuando empezamos a despertar, saliendo de la ilusión, en el que tenemos que reconstruirnos a nosotros mismos. Un proceso que lleva, lógicamente, su tiempo. Cuando Neo le pregunta a Morfeo por qué me duelen los ojos, éste le responde que, porque nunca los habías usado, es decir, que hasta ahora nunca había visto el mundo por lo que en verdad es. Morfeo le explica que están en un aerodeslizador, provisto de una tecnología que les permite manifestarse en la Matrix, a través de un programa informático llamado “El constructo”. Con él se puede proyectar cualquier cosa que se desee, haciendo que la mente lo sienta como si fuera real.
—Pero no es real, entiendo, porque se trata de una realidad generada por ordenadores.
—Correcto. Así es como dices. Al propio Neo le surge la duda y le pregunta a Morfeo: ¿Esto no es real?, a lo que Morfeo le responde: ¿Qué es real? Si hablas de lo que puedes oír, ver, oler, saborear o tocar entonces real son las señales eléctricas interpretadas por tu cerebro. Este es el mundo que tú has conocido y que has percibido como real; ahora, tras tu despertar, no es más que pura ilusión, una simple proyección de tu consciencia. Tu mundo de programador informático no era real, sino una creación mental a partir de señales eléctricas interpretadas por tu cerebro. Y hasta aquí puedo leer, ja, ja, ja, Neo, digo Abo.
—Vale, vale. Me quieres decir que si deseo saber más debo verme las películas y sacar las consiguientes conclusiones por mí mismo.
—Efectivamente. Los alimentos, mi querido amigo, han de ser masticados por uno mismo, ja, ja, ja. De igual manera el despertar de la Consciencia ha de ser “masticada” de forma personal e intransferible. ¿Comprenez-vous, monsieur?
—Sí, claro. De acuerdo. Me parece bien. Sólo una cosa más, Diego. Doy por hecho que los tres personajes principales, Neo, Trinity y Morfeo son arquetipos o expresiones de nuestra Consciencia. ¿Me podría decir qué representan?

—Sí. Estos tres personajes son claros arquetipos. Morfeo, en la mitología griega es el dios de los sueños; el que revela los sueños. En el contexto de la Matrix representa la expresión de los pensamientos de nuestra Consciencia, nuestra inteligencia, nuestro discernimiento, el aspecto masculino de nuestro ser, el que nos enseña la verdad; Trinity, nuestras emociones y el aspecto femenino de nuestro ser, la compasión, el corazón, la energía del amor, el puente entre Morfeo y Neo, es decir, entre nuestra mente y nuestra voluntad. Neo representa nuestra voluntad, nuestras acciones, nuestro deseo de libertad.
Con lo de nuestro deseo de libertad finalizamos nuestra intensa, entretenida y metafísica conversación sobre la saga The Matrix. Una inolvidable y nutritiva conversación en torno a una mesa desplegable de avión y una comida de catering que no estuvo nada mal. Mientras la azafata de vuelo recogía con una bella sonrisa nuestros platos, cubiertos y restos recordé una frase que escuché en cierta ocasión a no sé quién que “Lo que distingue al hombre inteligente de los animales es el modo de comer”. En ese instante reconocí la verdad profunda de esta afirmación que viene a decirnos que el hombre, aunque sea catalogado como un animal, se diferencia de él por su cultura, historia y su capacidad para hacerse preguntas y trascender. A continuación, desplegando en toda su amplitud mi humana naturaleza de hacerme preguntas, pregunté a Diego:
—Oiga, Diego. Al hilo de lo que hemos conversado. ¿Usted cree que nosotros somos reales? ¿Son reales las personas que nos rodean? ¿Nuestros amigos y familiares son realmente reales, con autonomía o, más bien, engarzados a unas máquinas como las de la Matrix? o, quizás, ¿una especie de NPC (personajes no jugables) o portales orgánicos? Es decir, cuerpos físicos de seres humanos, pero vacíos por dentro. ¿Son reales o son productos de la Matrix?
—Vaya, Neo, veo que vas directamente a la yugular, ja, ja, ja. Tus preguntas tienen enjundia. Trataré de responderlas, pero antes debes aclararme lo de personajes no jugables (NPC). ¿Tienen algo que ver con los videojuegos?
—Pues sí. El término NPC proviene de los videojuegos. En ellos se maneja un personaje principal y en el entorno aparecen otros con carácter decorativo. Son personajes no jugables, programados para seguir a las masas o reaccionar de una manera puntual frente a cada situación.
—Me quieres decir que son personajes vacíos, programados, donde sólo tienen un físico, pero sin conciencia propia, sin autonomía e independencia.
—Sí, esto es lo que son los NPC. Y yo ahora te estoy planteando si este concepto se podría aplicar a los seres humanos, si tu crees que existen seres humanos sin alma, cuerpos humanos vacíos que están para acompañar a aquellos que sí son personajes jugables, autónomos, conscientes, reales, con alma y espíritu.
—Bueno, mi joven y gran amigo, Neo, lo que me estás planteando es ciertamente muy inquietante, ja, ja, ja, pero esto no es nuevo.
—¿No?
—¡No!. Desde hace mucho tiempo se ha venido hablando en foros espirituales de la existencia de seres arcónticos que drenan la energía de los seres humanos.

—¡Ah!. Pues esto de los NPC surgió, como puedes imaginarte, con las redes sociales. El planteamiento es que existe un grupo de personas robotizadas, sin alma, que viven llevados por estándares predefinidos siguiendo las tendencias predominantes como los cortes de pelo, las vestimentas, los tatuajes, las modas ideológicas. Los NPC caerían en fanatismos según su programación. Repiten una y otra vez lo mismo. No tienen criterio propio. Sus preguntas son superficiales, a veces sin sentido. No cuestionan nada, y repiten sus rutinas una y otra vez. Siguen ciegamente los dogmas y las doctrinas que el sistema o gran Matrix les propone e impone. Son seres que tienen una visión casi idéntica de todo. Las mismas reacciones. Las mismas opiniones. Son seres predecibles, que sabes lo que te van a contestar. Que no sorprenden con respuestas elaboradas, fuera de lo habitual. Son seres que se manejan con una serie limitada de nociones. A los disidentes, es decir, a los que cuestionan las cosas del sistema, les tratan con desdén y desprecio, sometiéndoles muchas veces a burlas y aislamientos, ridiculizados y demonizados. Son seres sin pensamiento único. Obedecen al pensamiento de colmena, de colmena humana mental. Los NPC se mueven por autosugestiones. Siguen al pie juntillas el relato justificativo. No empatizan, siempre se cierran. Se diría que no tienen la capacidad para comprender otras visiones o planteamientos, seguramente porque no pueden, al estar configurados de un modo que se lo impide. Estos son los NPC, Diego.
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