Museo de Valentin Imagen de portada - EL MUSEO DE VALENTÍN O, MEJOR AÚN, UNA PARADA EN EL TIEMPO - Acalanda Magacín
José Antonio Hernández de la Moya Magazine Opinión Redactores

EL MUSEO DE VALENTÍN O, MEJOR AÚN, UNA PARADA EN EL TIEMPO

El 90% de los objetos, libros y documentos expuestos han sido recuperados de los vertederos de la zona.

A Valentín Hernández Sancho, promotor, junto con su esposa Fabiola Chalarca Hernández, de una bella y perpetua iniciativa educativa y cultural en su querido pueblo de Muñana (Ávila), no le gusta que sea conocida como “El Museo de Valentín”, sino por la de “Una Parada en el Tiempo”. No creo sinceramente que sea por una cuestión de “modestia aparte”, sino por la profunda convicción personal del promotor de que este museo no ha surgido por puro deleite, afición o entretenimiento, sino con el generoso propósito de poner al servicio de la sociedad un patrimonio material e inmaterial de valor incalculable que puede servir a las nuevas generaciones de escolares para interpretar nuestro pasado, comprender nuestro presente y vislumbrar nuestro futuro.

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—Mira, José Antonio, lee, por favor, este texto del siglo XIII, “Introducción a los documentos en la época de Don Suero Pérez, obispo de Zamora y canciller del sello real” —me comenta con la intención de que, con un golpe de efecto, comprenda de forma global cuál es el verdadero espíritu de este proyecto museístico.

Cita don Suero Perez - EL MUSEO DE VALENTÍN O, MEJOR AÚN, UNA PARADA EN EL TIEMPO - Acalanda Magacín

Luego, tras esta lectura “meditada y rumiada bien”, me comenta, apuntillando:

Esto mismo es, básicamente, lo que yo pretendo: Que todos estos libros y documentos antiguos que estás cotejando—con una datación de entre 100 y 400 años—motiven a los escolares hacia el interés, la curiosidad y el respeto por la historia y la cultura, así como por la conservación y la protección de nuestro patrimonio cultural.

—¡Qué no es poco, en los tiempos que corren! —le comento yo, algo irónico.

—Si, es verdad que los escolares de hoy están más interesados en las nuevas tecnologías que en cómo vivían sus abuelos, bisabuelos o tatarabuelos, pero creo que hay que hacer una labor pedagógica para que comprendan de dónde vienen y qué cosas positivas pueden aprender de aquellas épocas. Precisamente, a través de todos estos objetos y herramientas en desuso que expone este museo, queremos que nuestros escolares conozcan los usos y costumbres del pasado, para qué servían o cómo se utilizaban, estimulando en ellos el desarrollo de determinadas actitudes, conocimientos y habilidades.

—¿Y algún otro guiño hacia los escolares, pero más de contexto actual? —le pregunto ahora sin ninguna ironía.

—Sí, claro. Este museo ha sido concebido también para la concienciación medioambiental y el reciclaje. Y es que, dado que el 90% de los objetos, libros y documentos han sido recuperados de los vertederos de la zona, queremos que los escolares se interesen por el reciclaje y el respeto por el Medio Ambiente.

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“El Museo de Valentín”, mejor aún, “Una Parada en el Tiempo”, ubicado dentro de un garaje-trastero-almacén, de unos 100 metros cuadrados de extensión, a muy poca distancia de la iglesia del abulense pueblo de Muñana, fue pensado por Valentín Hernández hace mucho tiempo, en torno al año 2001. Valentín recuerda que los primeros objetos como cántaros, pucheros o cristalería —procedentes de la herencia de su madre, Matilde— los iba depositando en la buhardilla de su casa. Luego, una vez realizado la correspondiente adaptación de este local, a partir del año 2019 —el conocido año de la pandemia— fue incrementando la dotación convirtiéndolo en lo que es hoy. Desconoce en estos momentos el número de elementos que lo componen, pero sí que el más antiguo es un catecismo del Concilio de Trento del año 1582 forrado con piel de becerro, y el más moderno una clásica enciclopedia Álvarez.

—¡La gente no imagina lo que hay aquí, hasta que entra! —exclama con cierto orgullo. Hasta hace bien poco, muy pocos tenían conocimiento del importante patrimonio material e inmaterial que contenían las cuatro pareces de este local. A unos les llama la atención que algunos libros estén colgados desde el techo; a otros, las herramientas de labranza que sus antepasados tienen amontonadas en casa; y a la mayoría le sorprende que casi el 90% de todo lo expuesto haya sido recuperado de los vertederos.

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—¿Y, los niños? ¿Qué dicen los niños, público objetivo principal de esta gran iniciativa didáctica y cultural? —le pregunto con curiosidad.

—Bueno, los niños no dicen nada. Todo lo que ven les resulta curioso, pero, todo este mundo que ha quedado atrás, les resulta totalmente extraño y muy alejado en el tiempo. Eso sí, como vienen con la “lección aprendida” del Quijote, les llama poderosamente la atención las ilustraciones emblemáticas de esta novela, impresas en las latas de membrillo, tan típicas de aquella época.

Valentin Collage ninos 2 OK - EL MUSEO DE VALENTÍN O, MEJOR AÚN, UNA PARADA EN EL TIEMPO - Acalanda Magacín

—Y, a ti, Valentín, ¿Qué es lo que más te apasiona de todo lo que has reunido pacientemente durante tantos años?

—¡Los documentos! —exclama sin dudarlo su esposa y copromotora de esta iniciativa museística.

Valentin Examinando documentos - EL MUSEO DE VALENTÍN O, MEJOR AÚN, UNA PARADA EN EL TIEMPO - Acalanda Magacín

—¡Pues sí! —confirma él. Me apasionan las escrituras, los manuscritos, cómo detallan los elementos de un ajuar o una herencia: unos calcetines viejos de lana, una enagua, un jergón, lana para un colchón, dos arrobas de patatas, un carro de heno…Me ha sorprendido ver en algún documento, cómo detallaban el reparto de una pequeña herencia, en la que, tratándose de tres hijos, los tres recibían a partes iguales el huerto, el corral y la casa, en vez de para ti la casa, para ti el corral o para ti el huerto. Claro, luego, cuando un comprador, deseaba comprar algún elemento de esta herencia, se veía obligado a comprar —como se puede leer en un documento— una parte de una octava parte de cincuenta y seis partes del monte.

—Y, a ti, Fabiola, ¿Qué es lo qué más te gusta de este maravilloso proyecto expositivo al que tú has contribuido a crear decisivamente, junto a Valentín?

Fabiola - EL MUSEO DE VALENTÍN O, MEJOR AÚN, UNA PARADA EN EL TIEMPO - Acalanda Magacín

A mí me gusta tal cual está planteado este museo. Creo que satisface la curiosidad de todo el mundo pues cuenta con documentos, libros, herramientas y otros elementos que ilustran el espíritu de una época pasada que algunos aún recordamos muy bien. Fíjate, hace poco, nos visitó un grupo de 20 personas con una diversidad de gustos, pudiendo observar que unos se inclinaban más por los escritos, otros por las historias y los libros, otros por los bordados; en fin, yo creo que este museo tiene la virtud de sacar del alma de cada uno de nosotros nuestras inclinaciones, gustos o preferencias.

—Aunque sé que a ti te gusta estar en un segundo plano, tengo la impresión que este museo tiene mucho de Fabiola. Qué tú le has dado ese toque femenino especial, con tus conocimientos de restauración y buen gusto para la arquitectura de interior.

—No, no lo creas —me responde con sincera humildad. Todo lo que ves aquí se lo ha “currado” Valentín. Eso sí, luego me ha preguntado: ¿Qué te parece esto así?

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“El Museo de Valentín” o, mejor aún, “Una Parada en el Tiempo” es una profunda inmersión en otra dimensión espacio-temporal; una especie de nueva aventura de “El Ministerio del Tiempo”. A sí que, a mí, que soy de la llamada “Babi boom”, no me ha sorprendido en absoluto verme teletransportado al instante hacia un mundo que me es familiar, que forma parte integrante de lo que he sido, soy y seré.

Confieso que, nada más entrar al museo, los innumerables objetos del pasado—que parece que te hablan— presididos por una bella e imponente calesa de finales del siglo XIX, produjeron en mí la apertura del sexto sentido —el sentido del asombro— movilizando recuerdos, pensamientos y emociones, de igual modo que mojar un trozo de magdalena en una taza de té lo hizo en Marcel Proust, el escritor francés de la saga “A la búsqueda del tiempo perdido”.

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Sí, lo confieso, ya desde el principio, una primera visión general al entrar en la sala superó con creces todas mis expectativas, produciendo en mí una variedad de pensamientos, recuerdos y emociones de cálida nostalgia. Y, al descubrir una foto —desconocida para mí— en la que aparecía mi madre, Pilar, muy joven — quizás de antes de casada—, en una celebración religiosa al aire libre, seguramente correspondiente a la entrañable romería de la Virgen de las Fuentes, quedé definitivamente atrapado en un mundo que no me era ajeno. Un mundo infantil de gratos recuerdos.

Por unos instantes, quedé absorto en mis propios pensamientos y sentimientos, desatendiendo las detalladas y apasionadas explicaciones de Valentín, especialmente sobre los documentos que me iba mostrando.

—Veo que no estás a lo que hay que estar —me censuró, al observar que mi cuerpo estaba en la sala, pero no así mi mente y mi corazón, que vagaban claramente por otros espacios y dimensiones en ese instante.

Sombreros - EL MUSEO DE VALENTÍN O, MEJOR AÚN, UNA PARADA EN EL TIEMPO - Acalanda Magacín

—Confía en mí —le respondí reactivamente, tratando de justificarme. Mira, cuando le presentaron al gran Miguel Ángel un bloque de mármol él vio al instante una escultura. De igual modo —y no es que yo piense que me asemejo ni por asomo a este gran artista—yo ya estoy viendo un gran relato para esta exposición.

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Sí —esto debo reconocerlo— en aquel instante no estaba presente. El impacto que había provocado en mí tantas imágenes me había catapultado a otro mundo. Un mundo impregnado por el espíritu navideño y aquellos maravillosos e inolvidables regalos que, como el turrón de “El Almendro”, venían por Navidad: La peonza (para los chicos) y el yoyó (para las chicas); el Meccano para construir coches, aviones, puentes o grúas; la Mariquita Pérez (sólo asequible para niñas de familias pudientes); el Fuerte Comansi (“Juguete completo, juguete Comansi”), para jugar a indios y vaqueros; las Nancy (las “Muñecas de Famosa se dirigen la portal”) para las niñas de papá; también las Barbie, para las niñas más sofisticadas; el Telesketch, para aprender a dibujar; el Scalextric para fomentar la pasión por los vehículos de carreras; los Madelman y los Geyperman (dos superhéroes); Hundir la flota (el juego de estrategia militar en el mar); Magia Borrás (para descubrir los secretos de los grandes magos del mundo)… ¡Ah! Tampoco podía faltar la literatura infantil y juvenil para estimular la imaginación y la creatividad: las novelas de Los cinco (“The famous five”); Mujercitas; Charlie y la fábrica de chocolate; Dune… así como las revistas TBO, Tiovivo Payá, Lily, El Capitán Trueno, Vida y Luz…

Valentin Collage 2 OK 1 - EL MUSEO DE VALENTÍN O, MEJOR AÚN, UNA PARADA EN EL TIEMPO - Acalanda Magacín

—Mira, ver a unos niños en grupo, como muestra esta foto, interesados en la lectura, es para mí el no va más —me comentó, sacándome una vez más de mis profundos pensamientos y emociones, al salir de la sala y contemplar las fotos colocadas a modo de reclamo colocadas en la puerta del museo.  

—Sí, sin duda. ¡Hay tantas cosas positivas que se pueden extraer de los tiempos de antes! —comenté yo lacónicamente.

—Es, de alguna manera —continuó explicándome—, la esencia de lo que yo pretendo transmitir con toda esta colección de objetos y documentos de antaño en la que me he embarcado con Fabiola. Apunta a ese mundo carente de los aparatos tecnológicos de los que hoy disfrutamos, pero abundante de humanidad, entusiasmo y alegría de vivir. Un mundo con unos valores que hoy podrían ser muy útiles para los niños de hoy.

Filatelia OK - EL MUSEO DE VALENTÍN O, MEJOR AÚN, UNA PARADA EN EL TIEMPO - Acalanda Magacín

—Sí, estoy de acuerdo.

—Y, ¿Qué te parece esta otra foto? Es la imagen típica de niños madrileños que, en verano, se subían a un trillo y para ellos esta experiencia era la gloria. Te recuerdo que en aquella época no había coches de choque, ni cosas parecidas.

—Esta foto que ves aquí es un homenaje a las mujeres —me comentó ahora, continuando con su exposición, que tuvieron que hacer frente a situaciones muy duras, como tener que romper el hielo en pleno crudo invierno, para lavar la ropa.

—Esta otra es la imagen típica de la posguerra, bebiendo un poquito de leche recién ordeñá.

—Oye, ¿y esta foto de caballos? —pregunto.

Herramientas OK - EL MUSEO DE VALENTÍN O, MEJOR AÚN, UNA PARADA EN EL TIEMPO - Acalanda Magacín

—Bueno esta foto tiene su cosa. Aquí, en este pueblo, mucha gente cree que este museo lo he montado como un homenaje a Fabiola. En realidad, es una foto de no hace mucho, que nos gustaba a los dos y que parece de otra época.  

—Así que, por lo se viene a saber, este museo es una especie de Taj Mahal, el famoso edificio de la India y una de las 7 maravillas del mundo construido por el emperador Jahan para homenajear a su esposa —comento en tono algo picarón.

—Esta foto de mi padre —prosigue con sus explicaciones, tratando de desviar la conversación de la motivación amorosa de este museo. Como recuerdo cariñoso hacia él. Porque esto era suyo, porque lo ha trabajado, y porque lo que tengo lo ha tenido que trabajar él mucho.

—Y, esta otra foto de la escuela —me explica a modo de conclusión— es muy significativa para mí. Hoy, como sabes, la imagen del maestro ya no es la que era. Así que la he colocado en la entrada como reconocimiento y homenaje a todos ellos, tan importantes en nuestras vidas.

Los Torres OK - EL MUSEO DE VALENTÍN O, MEJOR AÚN, UNA PARADA EN EL TIEMPO - Acalanda Magacín

—En fin, como ya te he comentado anteriormente, vuestro museo ha superado con creces todas mis expectativas —comento ahora yo, a modo de cierre de esta visita. Me parece que, a partir, de ahora, debéis emplear vuestros esfuerzos en ser más conocido y visitado. Que no es verdad aquel dicho antiguo de comerciantes que afirma que “el buen paño en el arca se vende”.

Calesa cueros - EL MUSEO DE VALENTÍN O, MEJOR AÚN, UNA PARADA EN EL TIEMPO - Acalanda Magacín

—Bueno, Valentín, sí cree que en lo de que “el buen paño en el arca se vende”, ja, ja, ja. —comenta ahora Fabiola, de un modo algo jocoso.

—Pues en este punto, tendrá que adaptarse al nuevo dictamen de nuestro tiempo, por el cual todo aquellos que no se conoce no existe —sentencio yo.


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José Antonio Hernández de la Moya (Ávila,1962) es autor de ideas, escritor e investigador independiente. Su trabajo explora el sentido profundo de los hechos históricos, las grandes obras del pensamiento y los procesos creativos, combinando rigor documental, intuición y pensamiento crítico. A lo largo de su trayectoria ha seguido un camino deliberadamente multidisciplinar que abarca la producción audiovisual, el periodismo, la gestión comercial, la formación profesional, el desarrollo personal y la creación de contenidos culturales. A través de sus escritos, comparte ideas que inspiran, despiertan y transforman, convencido de que las grandes preguntas de la vida siempre requieren nuevas miradas y de que la verdad suele ocultarse más allá de lo evidente. Entre sus obras destaca el ensayo ¿Quién escribió realmente El Quijote?, que refleja su constante exploración de los grandes enigmas de la cultura y la historia. Su obra refleja una constante: la búsqueda de la verdad, a menudo oculta tras el silencio de los siglos.

3 comments on “EL MUSEO DE VALENTÍN O, MEJOR AÚN, UNA PARADA EN EL TIEMPO

  1. Avatar de Jaume Mulet
    Jaume Mulet

    Enhorabuena, excelente…!!!!. Probablemente os llegaran un montón de ofertas o regalos para que completéis el museo. Os aseguro que os vendrá pequeño.

  2. Avatar de Luis Pérez Murillo
    Luis Pérez Murillo

    Enhorabuena a Valentín y Fabiola. Un gran y bonito esfuerzo por reunir tanta historia en una habitación. Mucho animo y espero que sirva para no perder tanta historia y cultura de nuestros pueblos…

  3. Avatar de José Ignacio
    José Ignacio

    En ese museo hay muchas cosas que me recuerdan a mi feliz infancia. Merece la pena ya solo por ello. Afloran sentimientos muy agradables. Hay que ir a Muñana (Ávila). De verdad, merece mucho la pena.

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