YO, ABO (Mi primer viaje de Autodescubrimiento y al Metaverso), una novela firmada por Pablo Martín Allué, publicada ya íntegramente por ACALANDA Magazín por entregas, muy pronto verá la luz, tanto en formato digital como en papel, en una gran plataforma editorial. El primer episodio, titulado “¡Vivir es fácil con los ojos cerrados!” —una cita, por cierto, del gran John Lennon— vio la luz en nuestra revista el 2 de enero del año pasado; el último —el 45— titulado “Yo soy tu abuela Julia”, el 19 de julio de este mismo año.

Yo mismo he seguido con mucho interés la intrigante evolución de esta novela, convencido de que la historia que contiene podría ser una llave de oro para abrir las puertas de la felicidad y la dicha, la sabiduría, la salud, el amor y la Consciencia.
Y, ahora, ha llegado el momento de desvelar —utilizando una conocida expresión cinematográfica— “qué hay detrás de las cámaras”, es decir, cómo se ha fraguado esta obra de ficción, Para ello, nada mejor que preguntar directamente a los creadores que están detrás de Abo (Pablo Martín Allué): Casimir Soler y José Antonio Hernández. Casimir a los mandos de las ilustraciones y José Antonio de los textos.

Casimir Soler es doctor en Telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de Cataluña y máster en Economía por ESADE, centrando su dilatada experiencia profesional en la innovación tecnológica. José Antonio Hernández —colaborador habitual de Acalanda— es licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, desarrollando profesionalmente competencias técnicas en Producción Audiovisual y Periodismo Audiovisual, Gestión Comercial y Formación y desarrollo profesional.
La idea inicial de escribir esta novela fue de Casimir Soler. Su pretensión principal era novelar sólo y exclusivamente la intensa y trascendente evolución tecnológica desde principios del siglo XX hasta nuestros días. Por su parte, José Antonio Hernández, consideró también necesario incluir la cuestión de la crisis profunda (en el sentido puramente orteguiano de cambio radical de paradigmas) en el que se halla actualmente la Humanidad. Una encrucijada con dos caminos aparentemente diferentes pero convergentes: el de la Nueva Consciencia Global y el del Transhumanismo.
El resultado final, tras el oportuno proceso creativo desarrollado de manera sinérgica entre Casimir Soler y José Antonio Hernández (Pablo Martín Allué) ha sido una novela escrita de manera autobiográfica, en la que un joven y brillante graduado en ingeniería informática —Pablo Martín Allué— decide realizar un curso de posgrado en la prestigiosa Universidad de Stanford (California).
El relato comienza la misma noche de su graduación, tras recibir un insólito y misterioso mensaje por e-mail de su difunta abuela Julia, invitándole a emprender un camino de iniciación espiritual.

Entonces, ABO —Pablo Martín Allué—, decide viajar hasta la prestigiosa Universidad de Stanford para realizar un curso de postgrado, embarcándose en una aventura sorprendente que le llevará a cuestionar sus creencias más arraigadas sobre la vida y el mundo. Finalmente, empujado por señales y serendipias, consigue descubrir su verdadero propósito, un importante secreto de familia y el futuro que le depara a la Humanidad.
Con un lenguaje espiritual, filosófico y esotérico, “YO, ABO” invita al lector a reflexionar sobre la naturaleza de la realidad y el impacto de la tecnología en nuestras vidas. La historia también profundiza en las relaciones familiares y amistades, destacando diálogos filosóficos sobre la vida, la existencia, la felicidad y la dicha.
En fin, una novela fascinante que combina espiritualidad, sabiduría, misterio, emoción y tecnología, perfecta para quienes buscan una lectura enriquecedora y transformadora.

—PREGUNTA A CASIMIR SOLER: ¿QUÉ TE MOTIVÓ A PLANTEAR LA CREACIÓN DE UNA OBRA DE FICCIÓN BASADA EN LA TECNOLOGÍA?
—RESPUESTA DE CASIMIR SOLER: La inmortalidad.
—Pregunta:¿la inmortalidad? ¿Qué inmortalidad?
—Respuesta: Evidentemente, me refiero a la inmortalidad digital. Es que yo creo que la inmortalidad digital nos ofrece una nueva lente a través de la cual examinar qué significa ser humano en la era de la inteligencia artificial.

—Pregunta: Ya, comprendo, pero, ¿Puede una réplica digital capturar verdaderamente la esencia de un ser humano? Y, ¿Qué aporta a nuestra comprensión de la vida y la muerte?
—Respuesta: Verás, José. Hoy, nos encontramos en el umbral de una nueva era. La inteligencia artificial promete llevar la idea de la inmortalidad a un nivel que antes solo podíamos imaginar en la ciencia ficción. Ya no se trata simplemente de dejar un registro estático de nuestra existencia —como, por cierto, se ha hecho hasta ahora a través del arte plástico, la literatura, la radio, la televisión o el cine, sino de crear una presencia digital que pueda interactuar, «pensar» y hasta «sentir».Imagina un legado que no solo contenga la imagen y la voz de un ser querido, sino que pueda mantener conversaciones, ofrecer consejos y hasta mostrar preocupación por aquellos que dejó atrás. Esta «presencia digital» podría ofrecer consuelo, guía y una sensación de continuidad a las generaciones futuras.
—Pregunta: En todo caso, irreal, simulado…
—Respuesta: ¿Y qué es real? ¿Cómo defines lo real? Esta es la gran pregunta que, como bien sabes, le formula Morfeo a Neo en la emblemática película innovadora Matrix, con la contundente y clarificadora respuesta de, «Si estás hablando de lo que puedes sentir, lo que puedes oler, lo que puedes saborear y ver, entonces lo real son simplemente señales eléctricas interpretadas por tu cerebro». Es obvio que, a lo largo de la historia, el ser humano ha buscado incansablemente formas de trascender su propia mortalidad. Esta búsqueda ha evolucionado profundamente con el paso del tiempo, reflejando no solo nuestros avances tecnológicos, sino también nuestras cambiantes percepciones sobre la vida, la muerte y la realidad. Hoy, empezamos a vislumbrar que la realidad no es lo que veníamos creyendo; que muy probablemente tenían razón Platón y los grandes maestros de filosofía oriental al afirmar que la realidad es maya, una ilusión, una metáfora del Metaverso.

PREGUNTA A JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ. ¿QUÉ TE LLEVÓ A ESCRIBIR UNA NOVELA QUE COMBINA LA ESPIRITUALIDAD Y LA SABIDURÍA CON LA TECNOLOGÍA?
RESPUESTA DE JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ: Básicamente, como has comentado antes, el ser consciente de que en estos momentos la Humanidad se halla dentro de un cambio muy profundo de paradigmas. Esto genera, utilizando una conicidad expresión del filósofo Ortega y Gasset, «No sabemos lo que nos pasa y esto es precisamente lo que nos pasa». No cabe la menor duda de que la Humanidad se halla ante una gran encrucijada; ante dos caminos o senderos aparentemente diferentes: el de la Nueva Consciencia Global y el Transhumanismo. Ambos pretenden — esencialmente— mejorar al ser humano e, incluso, crear un nuevo ser humano mejorado. El primero, desde el llamado «Despertar de la Consciencia», por la que se consiguen determinadas facultades psíquicas y espirituales; el segundo, desde la tecnología, que nos hace más cómodo nuestro mundo material, corrige deficiencias físicas y nos dota de mayores habilidades y capacidades cerebrales. En este preciso momento se constata una «alta tensión entre ambos». Sin embargo, muchos sostenemos que ambos senderos pueden llegar a ser perfectamente compatibles. En realidad, la «cohabitación» de ambas visiones es lo que puede hacer que el mundo evolucione positivamente. Precisamente, YO, ABO (Pablo Martín Allué) encarna, a mi juicio, muy bien esta profunda tensión entre la evolución espiritual y tecnológica.
Pregunta: Bien, conforme, pero si tuvieras que sintetizar con una palabra lo que te motivó a elaborar esta obra, ¿Cuál sería esta palabra?
Respuesta: Compromiso.
Pregunta: Compromiso, ¿Qué compromiso?
Respuesta: Sencillamente, el compromiso de compartir las grandes verdades que he venido adquiriendo a lo largo de mi vida. Unas verdades que no son nuevas, que siempre han estado dentro de nuestros corazones, desde que el mundo es mundo, a la espera de ser descubiertas. Las grandes verdades pronunciadas por los más importantes maestros de la espiritualidad y la sabiduría de manera secular.
Pregunta: ¿Y cuáles son estas grandes verdades, si se pueden saber?
Respuesta: ¡Claro que se pueden saber y deben saberse! El ser humano ya está preparado para comprenderlas y aplicarlas. Aunque no nos lo parezca, estamos dando como humanidad un “salto cuántico” de la Conciencia. Hoy, muchos de nosotros sabemos con certeza que somos inmortales; que somos seres espirituales con experiencias humanas; que lo que llamamos realidad es maya (sueño, ilusión, metaverso), siguiendo una antigua concepción filosófica oriental; y que nuestro propósito esencial dentro de este mundo es despertar de este sueño.
Pregunta: ¿Te ha resultado fácil o difícil escribir esta novela?
Respuesta: ¿Y si te dijera que no tengo la sensación de haberla escrito yo? Que mi trabajo se ha limitado a escribir lo que alguien o algo me ha dictado desde alguna otra dimensión.
Pregunta: ¿Cómo? ¿Me tratas de decir que tu labor se ha limitado al de un simple amanuense?
Respuesta: Aunque te resulte algo extraño esto no es algo inaudito, sino algo bastante corriente, relacionada con la “Ley de la Atracción”, formulada ya en el siglo XIX por Goethe. En una entrevista que le hicieron hace unos años al famoso médico, escritor y comunicador, Mario Alonso Puig, precisamente sobre esta interesante “Ley de la Atracción”, tan en boga en nuestros días, comentaba que «Cuando alguien se compromete de verdad, el Universo o la Providencia también lo hace. ¿Y cómo lo hace? Todo un caudal de sucesos se ponen en marcha, es decir, toda clase de cosas comienzan a suceder, cuando alguien se compromete. Unos sucesos y acontecimientos que jamás habrían sucedido sin este previo compromiso, por medio de sucesos inesperados, recursos insospechados y ayuda material que nunca hubieras podido imaginar».
Pregunta: Todo esto me suena mucho a todas las peripecias que ha tenido que vivir Abo (Pablo Martín Allué) desde su piso de estudiantes en Barcelona, pasando por Málaga, donde residen sus padres; luego viajando hasta la Universidad de Stanford (California) para realizar el curso de posgrado; y, finalmente, llegando hasta las montañas de un encantador pueblo mejicano: San Cristóbal de las Casas.
Respuesta: Efectivamente, y todo esto empujado por señales y serendipias, descubriendo su verdadero propósito, un importante secreto de familia y el futuro que le depara a la Humanidad.
Pues… no se hable más, ya que, recordando aquello de Mayra Gómez Kent, «hasta aquí puedo leer». Si, hasta aquí podemos leer porque, a partir de aquí, empieza para muchos lectores una gran aventura conciencial y tecnológica: la de YO, ABO. MI PRIMER VIAJE DE AUTODESCUBRIMIENTO Y AL METAVERSO.
¡Feliz viaje!
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