TRAS LA LÍNEA. A propósito de “Zapatos en la estrada” de Carlos de Tomás

Por Manuel Rodeiro.

Apenas había comenzado a degustar el libro Zapatos en la estrada de Carlos de Tomás cuando, de repente, me he enterado de la cuestión del zapato perdido y, como el lector bobo de una novela de intriga, me he detenido ahí, complacido de saber quién es el asesino -lo que no es el caso en esta novela-.

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Manuel Rodeiro (Foto: Antonio Porto)

Decir que antes de leer Vidas en el margen -la anterior novela de Carlos de Tomás– lo primero que me había gustado había sido el título. Luego, en una entrevista, el propio autor lanzaba un aviso a navegantes: la novela iba precisamente de “vidas en el margen” y no de “vidas al margen”, como tal vez algún despistado pudiese suponer. Volver a decir que hay quien escribe por aburrimiento o por desesperación, por dinero o por notoriedad. como hay quién pueda hacerlo para rescatar la vida propia o para proyectar las no vividas, pero también hay otros que lo hace por los otros y para los otros, para dar voz o ceder la palabra a la verdad que permanece oculta tras la ignominiosa línea de la realidad o de la historia. De esta estirpe es Carlos de Tomás.

Porque rara vez hacemos el esfuerzo de ponernos en la piel del otro, la de que quien se levanta resacoso sobre la húmeda hierba de un jardín cualquiera con la cabeza sobre un tetrabrick gastado de vino barato, o se siente la angustia de una expatriada sin papeles; como la desgraciada Irina (heroína de esta novela), un desecho que también en otra vida fue una niña que tuvo una madre y además tocaba el violín, aunque luego acabase dentro de un baúl en un pobre granero de su Ucrania natal.

En Zapatos en la estrada cobran vida esos desposeídos que siempre han tenido cabida en la historia de la literatura y que también, al día de hoy, pululan por las calles de grandes ciudades deprimidas. Muy pocos como Carlos de Tomás los han tratado y reivindicado con tanta ternura y capacidad de redención como en sus thrillers psicológicos, que parecen una literatura tan rusa, como los mismos personajes que le gusta retratar.

Bien sabido es que en literatura todos son tópicos, desde el ciberpunk a los atardeceres o la búsqueda del padre o el tiempo perdido. Todo cabe en un libro si del ectoplasma inicial uno es capaz de dar vida a los personajes y hacer buena literatura con ello. En las dos novelas de Carlos de Tomás que leído hasta el momento, el mundo es tan decididamente feo y nauseabundo, que al principio hay que adentrarse con una pinza en la nariz. Incluso, el lenguaje que lo sirve se pliega a los adjetivos y sustantivos que uno normalmente se inhibe a la hora de pronunciar. Superado este umbral, comenzamos a percibir que allí también hay vida, aunque para ellos nunca parezca salir o ponerse el sol. En medio de la sordidez despuntan sentimientos y anhelos de la que nada antes queríamos saber, y aún menos oír. Entonces surge una mirada compasiva repleta de “humanidad” y nos adentramos en el corazón del hedor con la convicción de que, al final, saldremos más purificados.

Carlos de Tomás es un escritor intempestivo aún cuando se propone retratarnos un mundo, a priori, tan decididamente actual. Abundan en sus libros megalópolis y extrarradios, timos de poca monta o corruptelas de envergadura, como los que cada día aparecen en el telediario. Uno sabe que el escritor no forma parte de esos inframundos, porque normalmente los desheredados no escriben libros, pero es ahí dónde la escritura deviene misión. Muy probablemente, él no sabría describir los pormenores de un chute de caballo, ni los efectos específicos de una nueva anfetamina, pero notamos que él está ahí, que quiere estar ahí para ser el cronista de los desposeídos, el que regresa del infierno para decirnos a que huele todo aquello. Porque no es necesario ser Melville o Conrad para saber cómo huele el mar, ni saber que para lo que a unos huele a col hervida y a vino barato, para otros, a lo que en verdad huele, es a humanidad.

Carlos de Tomás
Carlos de Tomás

Lo que diferencia a Carlos de Tomás de otros que sólo publican libros es que él es un verdadero escritor. La voz superomnisciente de Zapatos en la estrada que revela el músculo de un escritor polivalente, es la misma capaz de inventar géneros como el de Viaje astral, o el haber dado luz a una hermosa obra poética tan mística como Levitaciones. De esos, y de otros empeños, es de donde surgen algunos de los reflejos que parecen colarse en alguna de sus novelas, como cuando se filtra un rayo de luz en medio de la oscuridad. La suya es una escritura sencilla, mínima en sus pretensiones, de gran precisión narrativa y virtuosa en la construcción. No hay más que ver qué bien funcionan los mecanismos narrativos del asunto marciano de Vidas en el margen o el caballito trotón de Zapatos en la estrada. Lo que a Carlos en alguna entrevista le he oído definir como fundido narrativo lo entiendo -siguiendo también otra metáfora rusa- como una matrioshka, ese juego de muñecas huecas que contienen dentro otras muñecas; como cuando en esta novela el escritor se retrata y se ríe de sí mismo, haciendo que el héroe Martín compre una novela barata escrita por un tal Carlos de Tomás.

En su vertiente noir le vemos sobrevolar como a un Humprey Bogart-esta fue la imagen que me hice de él cuando vi su fotografía por primera vez- investido de un Marlow al servicio de los infames. Las tramas de los asuntos más turbios, son menos trascendentes que el relato que él hace de ellos. A uno también le gusta imaginarlo desdeñosamente vestido tras el cristal biselado de su oficina de detective, con el cenicero lleno de colillas deslizando miradas cómplices a su fiel secretaria o soltando frases lapidarias por doquier. Así ve uno al autor de esas pequeñas y necesarias novelas, como el cantor de esa vida inmisericorde y real, que nos traslada en ficciones fantásticas esas vidas marginales que, sin el fulgor de su literatura, serían epopeyas de tres al cuarto colgadas de una pinza en un quiosco de la Gran Vía de Madrid.

Como decía al principio, he leído de un tirón esta novela hasta el capítulo en el que aparece el zapato en la estrada y, sí me he detenido ahí para escribir estas líneas, es porque tenía muy claro lo que quería decir. La chispa me ha asaltado al recordar otra memorable escena de Corazón salvaje de David Lynch: aquella en la que los protagonistas en su fuga nocturna se encuentran con otro accidente de carretera. A poco que la cámara se aproxima al lugar del siniestro, van apareciendo dispersados los objetos personales, como restos de la catástrofe. La chica accidentada, que está a punto de morir, piensa primero en lo que le va a decir a su madre, les pregunta a los protagonistas si está guapa y ya no recuerdo si se pinta o no los labios de carmín. En cualquier caso, es ese carmín, como las bebidas edulcoradas y las drogas, y todos los metílicos de la vida moderna que tan prolíficamente aparecen en las novelas de Carlos de Tomás, lo que nos muestra la crudeza de ese mundo y lo que se oculta tras la línea. Y, al final, lo que la literatura viene a decirnos siempre es, que la vida, es aquello que pasó.

Manuel Rodeiro

Escritor y compositor. Profesor del Departamento de Teoría,
Composición y Dirección de la ESMUC
(Escola Superior de Música de Catalunya)
Autor de la novela “Día Triunfal

 

 

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Día Triunfal. Pessoa deconstruido

Tal vez, ni siquiera Pessoa sea el pretexto para desgranar el leitmotiv que se repite con sutileza en la novela de Manuel Rodeiro, el renacer después del desamor. El escritor nos empuja a la idea de “un amor se cura con otro amor”, da igual con quién, cómo, dónde y por qué. Narración en primera persona, el protagonista acude a un distanciamiento de la realidad para ir apoderándose de su realidad, la que va construyendo desde que conoce a Anna, objetivo sanador.

Día Triunfal, la novela editada por Amarante, está cuajada de poesía, literatura y cine, con el fondo de una Lisboa y entornos -Cascais y Sintra-, que nos meten solo en apariencia en una road movie. Pero son los escenarios de un Portugal transcendente y de una Galicia añorada el adobo de la metaliteratura que esconde, los guiños a escritores y cineastas, y en especial el universo pessoano. Nos encontramos, sin duda, ante una obra con vocación poética, de gran belleza narrativa y una fuerza expresiva difícil de encontrar en escritores de última hora. Tal vez no sea casualidad que la protagonista se llame Anna y en un derroche de generosidad y homenaje a la buena literatura comience la novela solapando la inspiración de Tolstoi en Ana Karenina: “Todo comienzo es ridículo como solo los amores lo son”.

Pero es la definición personal de “el heterónimo” lo que mantiene la solidez de la idea narrativa por encima del argumento. El significado profundo de heterónimo como basamento para lanzarse a una historia compleja y determinadamente intelectual. Todo escritor tiene su día triunfal y Manuel Rodeiro lo ha encontrado en esta obra.

Cuando la narración va tocando a su fin, un jardinero, en conversación con el protagonista, le expresa la idea de la belleza inmediata, distinta de la de ayer y de la de mañana. Es la idea atormentada de el sol del membrillo en Antonio López, o la Lidia de Ricardo Reis cuando la imaginamos cada día mirando la otra orilla del río y encontrando un paisaje distinto en cada mirada. La belleza como concepto efímero, y como tal: combustible que anima la búsqueda constante del artista.

Si hay que poner un pega a esta novela es la velocidad de respuesta que tenemos que imprimir a los estímulos que plantea la propia narración; a veces parece precipitarse por una cascada, aunque deliciosa cascada, deseando que no termine ahí cuando gusta tanto. Acaso, esa rapidez de afrontamiento, de finiquito, sea la crítica negativa ¿se quedó corto el autor, o realmente es la pista por la que el escritor despega? Ahí dejo la cuestión, Manuel Rodeiro tiene la respuesta, el futuro es suyo, futuro literario que algunos esperamos con ganas, pues necesitamos escritores como este, que hace fluir buenas letras pero también autocrítica, necesaria cuando la decadencia de esta sociedad y sus intelectuales cobardes nos aplastan día a día.

Para conocer mejor de lo que aquí se escribe, es recomendable leer la novela, aunque, al menos, la sinopsis de la contraportada nos alumbre… o nos confunda, quién sabe:

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El 8 de marzo de 2014 tuvo lugar en la Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa el Coloquio Internacional sobre el Día Triunfal de Fernando Pessoa, en celebración del centenario del glorioso día en el que el gran poeta portugués gestó los celebrados heterónimos de Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Álvaro de Campos.

Bajo la excusa de la realización de un corto para el concurso convocado por el Coloquio, Lobo -un atribulado escritor maduro escindido entre la frustración de la obra inacabada y el dolor por el recuerdo de un hecho espantoso- se embarca con Anna -pessoana declarada- en un proyecto que, en realidad, es sólo una excusa para la narración entre la experiencia viva y real de la aventura y la búsqueda impenitente del propio yo.

“¿El libro de Manuel Rodeiro? ¿Qué sé yo lo qué es el libro de Manuel Rodeiro” (Alberto Caeiro, Orpheu).

“Sin duda que la obra tiene defectos, y defectos que, siendo para mí bien patentes, no empañan, salvo en lo poco que la empañan, el esplendor de la obra” (Ricardo Reis, Presença).

“Soy demasiado amigo de Manuel Rodeiro para hablar bien de él sin que me sienta mal: la verdad es que es una de las peores hipocresías a que obliga la amistad (…) Por lo demás, el único prefacio a una obra es el cerebro de quien la lee” (Álvaro de Campos, Contemporânea).

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Manuel Rodeiro, nace en Miño (A Coruña) en 1965. Compositor, escritor y profesor. Ha sido director y fundador del Departamento de Música del CGAC (Centro Galego de Arte Contemporánea). Desde 2003 vive en Barcelona y es profesor del Departamento de Teoría, Composición y Dirección de la ESMUC (Escola Superior de Música de Catalunya). Su labor como escritor, crítico y divulgador también es amplia, siendo autor y editor de numerosos artículos y publicaciones en torno a la música y el arte contemporáneo. En el año 2013 le fue otorgado el Premio da Cultura Galega en reconocimiento a su trayectoria.

Fotografía del autor: Antonio Porto

Título: Día Triunfal
Género: Novela. Entorno Pessoano
Año: 2017 (abril)

ISBN: 978-84-946681-6-6
Páginas: 170
Formato: Tapa blanda con solapas
Tamaño: 15 x 21 cm
Precio: 19 €