José Ramón Chaves

Leyeron libros… y la luz se hizo

Leer libros ilumina la mente. Unos con luz radiante y otros mortecina.

Pero junto a los libros legendarios, célebres o insignes, hay libros anónimos que han caído en el momento adecuado en las manos adecuadas, y han proporcionado luz a la humanidad, en sentido real y eléctrico.

libro insigne

Libros y hábito de lectura, que han despertando el talento científico y creativo de personas humildes, con escasos medios y sin maestros, quienes han pasado a la galería de sabios a los que debemos el mundo tal y como lo conocemos. Veamos.

Franklin leyendoCuriosamente Benjamín Franklin (1706-1790), quien fuere padre fundador de los Estados Unidos de América comenzó a trabajar con un impresor a los 12 años lo que desarrolló su afición a la lectura y le permitiría una formación autodidacta como científico e inventor; una de sus frases célebres era “Carecer de libros propios es el colmo de la miseria”.

Faraday leyendo

Al año siguiente de su muerte, tomando el relevo, nacía en Londres Michael Faraday (1791-1867), hijo de un modesto herrero, quien se vio obligado a trabajar desde los 13 años como recadero de un librero y vendedor de periódicos, con conocimientos primarios de gramática y aritmética. Aprendió a encuadernar y aprovechó para leerse todos los libros que caían en sus manos y comenzó a escribir un diario sobre lo que aprendía y las reflexiones que despertaban en él los libros científicos. De esta formación libre, sin rigideces de formación académica, se forjó el inventor del motor generador de electricidad a partir de un imán en movimiento envuelto en un cable. O sea, gracias a la curiosidad y esfuerzo solitario de un chico humilde con libros por maestros, es por lo que podemos hoy día disfrutar de infinidad de los aparatos eléctricos modernos: el secador de pelo, ventiladores, el transformador que acompaña al cargador del móvil, generadores eléctricos, etc.

edison leyendoSu relevo vendría con Thomas Alva Edison (1847-1931) quien huía del aburrimiento del colegio por ser hiperactivo y su padre optó por estimularle la lectura mediante un premio de diez centavos por libro leído, con lo que pasó a leerse en la biblioteca local los libros comenzando por el estante inferior y devorando especialmente los libros científicos, intentando reproducir en el sótano de su casa los experimentos que leía en el sótano de su casa; de ahí a vender periódicos en el tren con cuyo beneficio seguía comprando revistas y libros para saciar su curiosidad; el resultado, entre miles de inventos, sería la bombilla eléctrica.

En suma, a Franklin le debemos el pararrayos, a Faraday el generador de energía eléctrica, y a Edison la bombilla. Para los tres personajes, sus maestros decisivos no fueron eruditos profesores de carne y hueso sino libros de papel repletos de palabras, historias y enseñanzas. O sea, en última instancia, los libros son la fuente de creación y control de la electricidad así como de la luz.

Archivo_000 (7)La simple moraleja radica en el poder de la lectura que unido a la curiosidad y el esfuerzo, hace aflorar y crecer el talento.

Y en sentido contrario, puede pensarse hoy día en que la lectura de los jóvenes pierde la guerra frente a la cultura audiovisual, si no se estarán perdiendo o al menos desviando grandes cerebros, hacia derroteros menos gratificantes. Quizá no se trata tanto de que esos cerebros juveniles reinventen la luz sino que la luz se abra paso en ellos.

Eso sin olvidar que los libros de nuestra biblioteca personal son inquilinos que no molestan y nunca fallan.

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