Amor por leer

Librería Lello de Oporto: Harry Potter ni está ni se le espera

libro-disneyAcabo de visitar Oporto y me he asomado a visitar la librería Lello e Irmao, calificada como de las mejores librerías del mundo.

Realmente es una librería bella y espectacular, quizá de las mas populares del mundo pero no de las mejores.

Lo de popular viene dado porque fue el escenario elegido para el lanzamiento editorial de la obra Harry Potter y el legado maldito (Harry Potter and the cursed child), siendo el imaginario popular el que sitúa allí escenas de la saga. Dentro de la saga, lo que sí existe es el famoso andén 9 y ¾ de la estación de King’s Cross, pero la única conexión entre Harry Potter y la librería Lello es que su autora J.K. Rowling pasó una estancia en Oporto y la visitó. De ahí a que se inspirase en ella para describir la librería Florish & Blotts hay un trecho enorme. Y decir que la escalera Carmín inspiró las escaleras de Hogwarts es mas arriesgado que afirmar que los Fusilamientos de Goya inspiraron a Picasso el Guernica.

O sea, la relación de Harry Potter y la librería Lello se explica en términos de puro marketing.

Eso demuestra que buena parte de las legiones de visitantes de la librería ni siquiera han leído las obras de Rowling sino que se sienten cautivados en el mejor de los casos, por la flauta mágica de unas películas de éxito inspiradas en obras literarias admirables, y en el peor de los casos por el poder seductor de folletos turísticos.

Lo que es innegable es el valor artístico del edificio e instalaciones de la librería, pues cuenta con una bellísima fachada neogótica, datada en 1906 (con un ventanal triple a cuyos lados se representa pintados el Arte y la Ciencia) y una escalera de cuento de hadas que se enrosca en el interior y alfombra de rojo y madera un entorno de libros. Pero pasemos al interior…

Ahora bien, mas allá de la escalera y la fachada, y los detalles conexos magnificados por la publicidad (techo de yeso pintado y vidriera, dos bustos en bronce de Eca de Queiroz y Miguel de Cervantes y los bajorrelieves de escritores portugueses) nos encontramos con un establecimiento comercial por y para el turismo.

Atrás y lejanas en el tiempo quedan las visitas de compradores sin prisa, las tertulias con los libreros y la búsqueda del ejemplar raro. Ahora nos encontramos con libros modernos, libros de viajes, libros de aventuras (en su mayoría lógicamente en portugués) y como no, recuerdos para turistas y todo ello en un contexto donde se pierde mas tiempo en sortear visitantes que en curiosear libros.

Por si fuera poco, la librería cobra tres euros por la entrada (con kiosco de venta y portero incluido) que se aplica como descuento de los libros que se compren, lo que es un estímulo imaginativo para la condición humana, pero que no deja de ocultar el suculento negocio que encierra el establecimiento.

colaPor eso, me sorprende la avalancha de visitantes que jamás pagarían tres euros por visitar un museo, o contemplar obra arquitectónica, o por asomarse a la mítica Torre de los Clérigos (que está a doscientos metros de la librería y que no cuenta con cola de turistas para acceder a las maravillas que esconde y vistas que ofrece).

En cambio, para la librería Lello, los visitantes aguantan colas, soportan empujones y salen satisfechos de la librería… Además, a juzgar por el flujo de personas, el tiempo medio de visita es de cinco minutos ¿por qué salen satisfechos?. Quizá porque si no se puede ir a Venecia sin montar en Góndola, tampoco ir a Oporto y decir que no se visitó la librería Lello.

Así y todo, aquí queda la muestra de la selección de las doce librerías mas bellas del mundo (nótese que “bello” no es “mejor” ni “más popular”) según el criterio de The Guardian, y que ofrece espectaculares fotografías, entre ellas, de la librería Lello.

Así como otros visitan museos, cuando viajo suele perderme en las librerías del lugar, preferentemente librerías de lance, donde se respira la historia, el polvo y la cultura, entre libros y estanterías; y he descubierto librerías maravillosas en Londres, aunque en España hay librerías irresistiblemente seductoras.

Personalmente, ni me gustan las librerías de grandes superficies donde nunca hay nadie que te atienda, ni me gustan las librerías en las que no quieres que te atiendan todavía y sufres la persecución del librero o dependiente. Por ejemplo, me encanta la librería Gaztambide, en Madrid (C/ Gaztambide nº6), sabor clásico y cortesía en una librería que cumple con los anhelos del lector y escritor, pues deja pasear libre y calmosamente entre estanterías, toquetear libros, hojearlos y si interesa, se obtienen respuestas cálidas del librero. Un triángulo maravilloso: lector, librero y libros.

3 replies »

  1. Buenas tardes Sevach, nosotros estuvimos hace un par de semanas en Oporto y no entramos en la librería… No sé, me cuesta tener que pagar por entrar a un espectáculo publicitario.

    No obstante vimos un comercio “a vida portuguesa”, dos edificios a continuación de la librería que tenía articulos antiguos a la venta (hechos en la actualidad) y artículos portugueses en general que fue todo un descubrimiento.

    Un saludo.

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